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University of Toronto
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VIAJES DE CRISTÓBAL COLÓN
VIAJES CLASICOS
EDITADOS POR CALPE
Speke (J. H,).— Diario del descubrimiento de las fuentes del Nilo. Tomos I y II, con grabados y cartas.
BouGAiNviLLE (L. A.). — Viaje alrededor del mundo. Tomos I y II, con láminas y cartas.
Bernier (F.). — Viaje al Gran Mogol, Indostán y Cachemira. Tomos I y II, con grabados, láminas y cartas.
La Condamine (C. de).— Viaje a la América meri- dional. Un volumen, con una lámina y un mapa.
Matthews (J.). — Viaje a Sierra Leona. Un volumen, con un mapa.
Darwin (C. R.).— Viaje de un naturalista alrede- dor del mundo. Tomos I y II, con numerosos grabados y dos cartas.
CooK (James).— Primer viaje alrededor del mundo del teniente... Tomos I, II y III, con grabados, láminas y cartas.
Colón (Cristóbal). — Viajes. Un volumen, con una carta.
CooK (James).- Viaje hacia el Polo Sur y alrede- dor del mundo. Tomos I, II y III, con grabados, láminas y mapas.
NúÑEz Cabeza de Vaca (Alvar).— Naufragios y Co- mentarlos. Un tomo, con dos cartas.
EN PRENSA:
Ross ÍJ.).— Narración de un segundo viaje en bus- ca del paso del Noroeste. Dos tomos.
Clapperton.— V^iaje al África central. Dos tomos.
Hernán Cortés.— Cartas de relación sobre la con- quista de Méjico. Un volumen.
MuNGo Park.— Descubrimiento del río Niger. Dos tomos.
Papel fabricado expresamente por La Papimra Española.
M. FERNÁNDEZ DE NAVARRETE
VIAJES
D E
CRISTÓBAL COLÓN
Con una carta
88
CALPE
PROPIEDAD BY CALPE. MADRID, 1922
Levantína de Artes Gráficas.— Cartagena-Madrid.
ÍNDICE
Páginas
Nota biográfica de Cristóbal Colon vii
Primer viaje de Cristóbal Colon 1
Carta del Almirante Cristóbal Colon escrita al escribano de ración de los señores Reyes Ca- tólicos 187
Traducción latina de la carta de Cristóbal Colon al señor Rafael Sánchez, hecha por Leandro Cosco e impresa la primera vez en Roma el año
de 1493 197
Segundo viaje de Cristóbal Colon 213
Memorial que para los Reyes Católicos dio el Al- mirante don Cristóbal Colon en la ciudad de Isabela, a 30 de enero de 1494, a Antonio de Torres sobre el suceso de su segundo viaje a las Indias, y al final de cada capítulo la respues- ta de sus Altezas 245
Tercer viaje de Cristóbal Colon . 267
Carta del Almirante al ama (que había sido) del príncipe don Juan, escrita hacia fines del
año 1500 293
Cuarto y último viaje de Cristóbal Colon 307
Carta que escribió don Cristóbal Colon, Virey y Almirante de las Indias, a los cristianísimos y
muy poderosos rey y reina de España 329
Relación hecha por Diego Méndez de algunos acontecimientos del último viaje del Almirante
don Cristóbal Colon 351
Mapa de los viajes de Colon 344 345
ADVERTENCIA DE ESTA EDICIÓN
Las notas de Fray Bartolomé de las Casas llevan sa nombre. I.as anónimas son de Marliu Fernández deNavarrete. Las señaladas con la letra D, de J. Dantln Cereceda.
Acompaña a esta edición uu mapa (pági- nas 344-345) con Iob derroteros de los cuatro viajas de Cristóbal Colón.
Cristóbal Colón, primer Almirante de Castilla y del Océano, descu- bridor del A'uevo Mundo, nació en Genova o acaso en sus cercanías (l4j6r 14JI?), y murió en Valladolid a 20 de mayo de ijoó.
Tras navegar varios años por las aguas del Mediterráneo, después de 14"/ J se le halla en Lisboa, emporio marítimo de su tiempo. Por enton- ces eran los portugueses los más audaces y diestros navegantes del Viejo Mundo. Entre ellos completó Colón sus conocimientos náuticos; trazó di- ferentes cartas de marear, con cuya venta pudo vivir obscuramente, y na- 7)egó las costas de África, Inglaterra e Islandia.
Acaso en esta t'iltima isla oyese hablar, como vago recuerdo tem'roso, de las viejas expediciones escandinavas, por el año 1000, de Groenlandia a la costa oriental de América. Acaso el dibujo y trazado de las cartas de que tantas veces dependiera su sustento le sugirió ponerse en relaciones con Toscanelli, en demanda de con'iuíta acerca de la figura y tamaño de la Tierra. El error inicial de Toscanelli, quien supuso más corto el ra- dio terrestre, determinó a Colón a hallar un nuevo camino occidental — supuesta la redondez de la Tierra — hacia el país de las especias.
Expuso Colón sucesivamente sus proyectos al Rey de Portugal, a los Reyes Católicos (148S-1486), al Rey de Inglaterra y al de Francia. Ante sí, o apoyándose en el dictamen adverso de Juntas científicas diferentes, las ■iiatro Cortes desecharon sus. para entonces absurdas, pretensiones.
Perdida la esperanza que Colón pusiera en el Monarca francés, decidió el navegante italiano celebrar otra entrevista con el Rey Católico español, y a fines de i4gi Colón comparece ante nueva jfunta en Santa Fe, que, cual la de Salamanca, condenó su proyecto. Desvanecidas con esta desau- torización sus t'iltimas esperanzas, decidió Colón abandonar España. Pen- só regresar a Córdoba para recoger a su hijo Diego y dejar a su hijo na- tural Fernando al cuidado de su madre, Beatriz Enriquez.
En términos de extrema pobreza llegó Colón al convento de La Rábida, con cuyo prior, Juan Pérez, confesor de la Reina, trabó conversación, ha- ciéndole partícipe de sus sueños y miserias. Juan Pérez fué el único que, en el abandono general, comprendió su genio. Poco después instó el fraile a doña Isabel la Católica con tal fuego de convicción, que la expedición quedó decidida.
Armáronse tres carabelas — la Santa María, o capitana, la Pinta y la Niña — en Palos de Maguer. En la primera embarcó Colón como Almiran- te y Juan de la Cosa como maestre; en la segunda, la más velera, Martin Alonso, el mayor de los Pinzones, como capitán y su lurmano Francisco como maestre: en la Niña, la más pequeña, Vicente Yáñez Pinzón, como capitán. A un total de 120 hombres — que Casas reduce a go — se elevaron sus trifnilantes.
El vierrus j de agosto de I4g2 zarpó la débil escuadrilla del puerto de Palos. Las vicisitudes de la navegación por el Océano Atlántico; los pos- teriores descubrimientos cu ¡as Antillas y Tierra Firme, que Colón reali- zara en sus cuatros viajes, vienen contenidos en el texto del libro presente, compuesto con el diario del Almirante y con los documentos que Martín Fernández de Nccvarrete logró reunir.
De la carencia de dotes de gobernación y de grandeza para entender el valor intimo de la próspera fortuna, en que se ensaya el temple y calidad de las almas, nacieron las desdichas posteriores del descubridor de Améri- ca. Cometió desaciertos bastantes para atraerse el desamor y el odio de sus compañeros y para buscar en vano su perdido prestigio cuando, frente a descontentos y revoltosos, hubo de él necesidad. En el tercer viaje el comen- dador Francisco de Bobadilla suspendió al Almirante en sus funciones y aun lo envió a España encadenado. La carta del Almirante a doña Juana ' de la Torre {véase pág. 2gj) pone en antecedentes de estas amarguras. Aun cuando los Reyes libertaron y rehabilitaron plenamente a Cristó- bal Colón, de hecho aquí terminó su, gloriosamente comentado, virreina- to de las Indias.
ESTE ES EL PRIMER VIAGE
Y LAS DERROTAS Y CAMINO QUE HIZO EL ALMIRANTE DON
CRISTÓBAL COLON CUANDO DESCUBRIÓ LAS INDIAS, PUESTO
SUMARIAMENTE (1), SIN EL PRÓLOGO QUE HIZO A LOS REYES,
QUE VA A LA LETRA Y COMIENZA DE ESTA MANERA
In nomine D. N. Jesu Christi
r^ORQUE, cristianísimos, y muy altos, y muy excelen- * tes, y muy poderosos Príncipes, Rey y Reina de las Españas y de las islas de la mar, nuestros Señores, este presente año de 1492, después de vuestras Alte- zas haber dado fin a la guerra de los moros que reina- ban en Europa y haber acabado la guerra en la muy grande ciudad de Granada, adonde este presente año, á dos dias del mes de Enero, por fuerza de armas vide poner las banderas Reales de vuestras Altezas en las torres de Alfambra, que es la fortaleza de la dicha ciudad, y vide salir al Rey Moro á las puertas de la ciudad y besar las Reales manos de vuestras Altezas y
(1) Fray Bartolomé de las Casas, de cuya letra era el ori- ginal de que se sacó esta copia, poseyó muchos papeles es- critos por el mismo Colon, con los cuales escribió su His- toria de Indias, y compendió la relación de este viage cual la publicamos, dejando íntegro el prólogo ó carta dirigida á los Reyes Católicos, que también insertó á la letra en el capítulo 36 de su Historia inédita. Al margen de esta copia puso Casas algunas notas, que hemos conservado con su nombre.
yiAjKS DK COLÓK 1
2 M. FERNANDEZ DE NAVARRETE
del Príncipe mi Señor, y luego en aquel presente mes, por la información que yo habia dado á vuestras Alte- zas de las tierras de India, y de un Principe que es lla- mado Gran Can, que quiere decir en nuestro romance Rey de los Reyes, cómo muchas veces él y sus ante- cesores habian enviado á Roma á pedir doctores en nuestra santa fé, por que le enseñasen en ella (1), y que nunca el Santo Padre le habia proveído, y se perdían tantos pueblos creyendo en idolatrías é recibiendo en sí sectas de perdición, vuestras Altezas, como católi- cos cristianos y Príncipes amadores de la santa fé cris- tiana y acrecentadores della, y enemigos de la secta de Mahoma y de todas idolatrías y heregías, pensaron de enviarme á mí, Cristóbal Colon, á las dichas partidas de India para ver los dichos príncipes, y los pueblos y tierras, y la disposición dellas y de todo, y la manera que se pudiera tener para la conversión dellas á núes tra santa fé; y ordenaron que yo no fuese por tierra al Oriente, por donde se costumbra de andar, salvo por el camino de Occidente, por donde hasta hoy no sa- bemos por cierta fé que haya pasado nadie. Así que, después de haber echado fuera todos los judíos de todos vuestros reinos y señoríos, en el mismo mes de Enero mandaron vuestras Altezas á mí que con arma- da suficiente me fuese a las dichas partidas de India(2),
(1) Paulo ToscanelH daba también estas noticias del Gran Can al canónigo de Lisboa Fernando Martínez en car- ta escrita en Florencia á 25 de Junio de 1474, tomándolas de lo que Marco Polo refiere en el prólogo y otros lugares de la relación de su viage. Toscanelli envió copia de esta carta á Colon cuando este le consultaba sobre su designio de navegar al Occidente para ir á la India. (Véase la Histo- ria de Hern. Colon, cap. 7.)
(2) No hay claridad en esto. Aunque los Reyes deter- minaron mucho antes la expulsión de los judíos, no publi- caron su decreto hasta el 30 de Marzo de 1492; y si bien
VIAJES DE COLON 3
y para ello me hicieron grandes mercedes, y me ano- blecieron que dende en adelante yo me llaniase Don, y fuese Almirante mayor de la mar océana é Visorey y Gobernador perpetuo de todas las islas y Tierra-fir- me que yo descubriese y ganase, y de aquí adelante se descubriesen y ganasen en la mar océana, y así suce- diese mi hijo mayor, y así de grado en grado para siempre jamás; y partí yo de la ciudad de Granada á 12 días del mes de Mayo del mesmo año de 1492, en Sábado; vine a la villa de Palos, que es puerto de mar, adonde armé yo tres navios muy aptos para semejante fecho; y partí del dicho puerto, muy abastecido de muy muchos mantenimientos y de mucha gente de la mar, á tres dias del mes de Agosto del dicho año, en un Viernes, antes de la salida del sol con media hora, y llevé el camino de las islas de Canaria de vuestras Al- tezas, que son en la dicha mar océana, para de allí to- mar mi derrota y navegar tanto que yo llegase á las Indias, y dar la embajada de vuestras Altezas á aque- llos príncipes y cumplir lo que así me habían manda- do; y para esto pensé de escribir todo este viage muy puntualmente de día en dia todo lo que yo hiciese y viese y pasase, como adelante se verá. También, Seño- res Príncipes, allende de escribir cada noche lo que el dia pasare, y el dia lo que la noche navegare, tengo propósito de hacer carta nueva de navegar, en la cual situaré toda la mar y tierras del mar Océano en sus propios lugares, debajo su viento; y mas, componer un libro y poner todo por el semejante por pintura, por latitud del equinoccial y longitud del Occidente, y so- bre todo cumple mucho que yo olvide el sueño y tien- te mucho el navegaf porque así cumple, las cuales se- rán gran trabajo.
comenzaron á tratar con Colon luego que entraron en Gra- nada, no concluyeron las capitulaciones con él hasta 17 de Abril. Así se coocilia lo que aquí dice.
4 M. FERNANDEZ DE NAVARRETE
Viernes 3 de Agosto
Partimos Viernes 3 dias de Agosto de 1492 años de la barra de Saltes (1) á las ocho horas; anduvimos con fuerte virazón hasta elponer del sol, hacia el Sur,60 mi- llas, que son 15 leguas (2); después, al Sudueste y al Sur cuarta del Sudueste, que era camino para las Ca- narias.
El Sábado 4 de Agosto Anduvieron a! Sudueste cuarta del Sur.
(1) Saltes. Isla formada por dos brazos del rio Odiel, frcute de la villa de Huelva. Hubo en ella población por lo menos desde el siglo xii, y continuaba el año de 1267, en que el Rey D. Alonso el Sabio dividió el término de la villa de Saltes con la de Huelva. Ignórase cuándo se despobló, pues aunque en la Suma de Geografía de Martin Fernan- dez de Enciso, impresa en 1519, se hace mención de aquel pueblo, consta que por aquel tiempo solo existia la iglesia adjudicada á las de Huelva: lo que denota que ya no había población. No debió pasar mucho tiempo sin que se arrui- nase la iglesia, pues para conservar su memoria se fundó dentro de Huelva una ermita con título de Nuestra Señora de Saltes, en la que se conserva una cruz, reliquia de la pa- rroquia. Aun existen en la isla vestigios de ella; y su dis- trito está dividido en tierras labrantías, dehesas de pastos y montes acotados de caza menor, cuya propiedad es de los Marqueses de Ayamonte, con título de Condes de Sal- tes. (Dictamen de D. Josef Ceballos al principio de Huelva ilustrada, del Licenciado D. Juan de Mora, impresa en Se- villa, año 1762, y en los capítulos 1, 5 y 13 de esta obra.)
(2) Colon usaba de millas italianas, que son de menor extensión que las españolas, pues cuatro de aquellas equi- valen á tres de estas y á la medida de una legua.
VIAJES DE COLÓN
Domingo 5 de Agosto
Anduvieron su v¡a entre dia y noche, mas de 40 le- guas.
Lunes 6 de Agosto
Saltó ó desencajóse el gobernario (1) á la carabela Pinta, donde iba Martin Alonso Pinzón, á lo que se creyó y sospechó por industria de un Gomes Rascón y Cristóbal Quintero, cuya era la carabela, porque le pesaba ir aquel viage; y dice el Almirante que antes que partiese habian hallado en ciertos reveses y gris- quetas, como dicen, á los dichos. Vídose allí el Almi- rante en gran turbación por no podei ayudar á la di- cha carabela sin su peligro, y dice que alguna pena perdia con saber que Martin Alonso Pinzón era per- sona esforzada y de buen ingenio; en fin, auduvieron entre dia y noche 29 leguas.
Martes 7 de Agosto
Tornóse á saltar el gobernalle á la Pinta, y adobá- ronlo y anduvieron en demanda de la isla del Lanza- rote, que es una de las islas de Canarias, y anduvieron entre dia y noche 25 leguas.
Miércoles 8 de Agosto
Hobo entre los oilotos de las tres carabelas opinio- nes diversas donde estaban, y el Almirante salió mas verdadero, y quisiera ir á Gran Canaria por dejar la carabela Pinta, porque iba mal acondicionada del go-
(1) Gobernarlo ó gobernalle es el timan.
6 M. FERNANDEZ DE NAVARRETE
bernarlo y hacia agua, y quisiera tomar allí otra si la hallara; no pudieron tomarla aquel dia.
Jueves 9 de Agosto
Hasta el Domingo en ia noche no pudo el Almiran- te tomar la Gomera, y Martin Alonso quedóse en aquella costa de Gran Canaria por mandato del Almi- rante, porque no podia navegar. Después tomó el Al- mirante a Canaria (ó á lenerife)^ y adobaron muy bien la Pinta, con mucho trabajo y diligencias del Al- mirante, de Martin Alonso y de los demás; y al cabo vinieron á la Gomera. Vieron salir gran fuego de la sierra de la isla de Tenerife, que es muy alta en gran manera. Hicieron la Pinta redonda, porque era latina; tornó a la Gomera Domingo a 2 de Setiembre con la Pinta adobada.
Dice el Almirante que juraban muchos hombres, honrados españoles, que en la Gomera estaban con Doña Inés Peraza, madre de Guillen Peraza, que des- pués fue el primer Conde de la Gomera, que eran ve- cinos de la isla de Hierro, que cada año vian tierra al Oueste de las Canarias, que es al Poniente; y otros de la Gomera afírmaban otro tanto con juramento. Dice aquí el Almirante que se acuerda que estando en Por- tugal el año de 1484 vino uno de la isla de la Madera al Rey a le pedir una carabela para ir a esta tierra que vía, el cual juraba que cada año la via, y siempre de una manera; y también dice que se acuerda que lo mismo decían en las islas de los Azores, y todos estos en una derrota, y en una manera de señal, y en una grandeza (1). Tomada, pues, agua y leña y carnes, y lo demás que tenian los hombres que dejó en la Gomera
(1) Por muerte de Fernán Peraza, en 1452, quedó el Se- ñorío de las Canarias a su hija Doña Inés, casada con Die- go de Herrera, en cuya posesión los confirmó el Rey D. En-
VIAJES DE COLON /
el Almirante cuando fue á la isla de Canaria á adobar la carabela Pinta, finalmente se hizo a la vela de la di- cha isla de la Gomera, con sus tres carabelas, Jueves á 6 dias de Setiembre,
fique IV a 28 de Setiembre de 1454. Ya entonces, según dice el Almirante, veían los habitantes de la Gomera y del Hie- rro todos los años una tierra al Poniente, que se ha preten- dido ser la imaginaria isla de San Borondnn. Posteriormen- te a esta época continuaron las ilusiones y la preocupación vulgar de su existencia, sin embargo de las expediciones y buques que se despacharon para encontrarla y reconocer- la, sin que pudieran conseguirlo los más hábiles marine- ros que para ello se emplearon. Viera, en su Historia de Canarias, refiere circunstanciadamente todos estos suce- sos con sinceridad y buena crítica (tomo I, lib. 1, § 28, pá- gina 7^' y siguientes), y Feijoo refuta estas visiones como una preocupación de la gente vulgar. (Teatro Critico, tomo IV. Disc. 10, § 10.)
El M. Pedro de Medina, en sus Grandezas de España (ca- pítulo 52, página 47), dice que no muy distante de la isla de la Madera estaba otra que se llamaba Antilia, que ya no se veia y que la halló figurada en una carta de marear muy antigua; y Viera (tom. I, pág. 90) refiere que algunos por- tugueses y habitantes de la Madera veían al Oeste unas tie- rras que jamás pudieron encontrar aunque lo intentaron, y que de ahí tuvo principio el representar en las cartas que entonces se delineaban algunas islas nuevas en nuestros mares, especialmente la Antilia y San Borondon. Esta se halla situada en el globo o mapamundi que construyó Mar- tin de Behem en Nuremberg el año 1492 como al SO. de la del Hierro, aunque interpuestas las islas de Cabo Verde.
De estas preocupaciones, tan arraigadas por el espacio de cerca de cuatro siglos, y que dominaban más en la épo- ca de los descubrimientos, á fines del siglo XV y principios del XVI, y de la maligna emulación con que después del pri- merviaje se procuró rebajar el mérito del gran Colon, pudie- ron nacer las voces de haber sido antes descubierto el nue- vo continente y sus islas, ya por Alonso Sánchez de Huelva ó por otro navegante portugués o vizcaíno, como escribie
8 M. FERNÁNDEZ DE NAVARRETE
Jueves 6 de Setiembre
Partió aquel dia por la mañana del puerto de la Gomera, y toinó la vuelta para ir su viag"e, y supo el Almirante, de una carabela que venia de la isla del Hierro, que andaban por allí tres carabelas de Porlu- gfal para lo tomar; debia de ser de invidia quel Rey tenia por haberse ido a Castilla, y anduvo todo aquel dia y noche en calma, y a la mañana se halló entre la Gomera y Tenerife.
Viernes 7 de Setiembre
Todo el Viernes y el Sábado, hasta tres horas de noche, estuvo en calma.
Sábado 8 de Setiembre
Tres horas de noche Sábado comenzó a ventar Nordeste, y tomó su via y camino al Oueste; tuvo mu- cha mar por proa, que le estorbaba el camino, y anda- ría aquel día 9 leguas, con su noche.
ron varios españoles, ya por Martin de Behem, como han pretendido aun modernamente algunos extrangeros; pero Oviedo, autor coetáneo, asegura que aquella novela con verdad ninguno la podía afirmar, que así corría por el mun- do entre la gente vulgar, y que él la tenía por falsa. Don Cris- tóbal Cladera, en sus Investigaciones históricas, refutó con solidísimas razones y fundamentos estas pretensiones de naturales y extrangeros, defendiendo el mérito y la gloría del primer Almirante de las Indias.
VIAJES DE COLÓN
Domingo 9 de Setiembre
Anduvo aquel d¡a 19 leguas, y acordó contar menos de las que andaba, por que si el viage fuese luengo no se espantase ni desmayase la gente. En la noche andu- vo 120 millas, á 10 millas por hora, que son 30 leguas. Los marineros gobernaban mal, decayendo sobre la cuarta del Nordeste, y aun á la media partida; sobre lo cual les riñó el Almirante muchas veces.
Lunes 10 de Setiembre
En aquel dia con su noche anduvo 60 leguas, á 10 millas por hora, que son 2 leguas y media; pero no contaba sino 48 leguas por que no se asombrase la gente si el viage fuese largo.
Martes 11 de Setiembre
Aquel dia navegaron á su via, que era el Oueste, y anduvieron 20 leguas y mas, y vieron un gran trozo de mastel de nao, de 120 toneles, y no lo pudieron tomar. La noche anduvieron cerca de 20 leguas, y contó no mas de 16 por la causa dicha.
Miércoles 12 de Setiembre
Aquel dia, yendo su via, anduvieron en noche y dia 33 leguas, contando menos por la dicha causa.
Jueves 13 de Setiembre
Aquel dia con su noche, yendo á su via, que era al Oueste, anduvieron 33 leguas, y contaba 3 ó 4 menos.
10 M. FERNÁNDEZ DE NAVARRETE
Las corrientes le eran contrarias. En este dia, al co- mienzo de la noche, las agujas noruesteaban, y a la mañana noruesteaban alg^un tanto (1).
Viernes 14 de Setiembre.
Navegaron aquel dia su camino al Oueste, con su noche, y anduvieron 20 leguas; contó alguna menos; aquí dijeron los de la carabela Niña que habian visto un garjao y un rabo de junco, y estas aves nunca se apartan de tierra, cuando mas, 25 leguas.
Sábado 15 de Setiembre
Navegó aquel dia con su noche 27 leguas su cami- no al Oueste, y algunas mas, y en esta noche, al prin- cipio della, vieron caer del cielo un maravilloso ramo de fuego en la mar, lejos de ellos 4 ó 5 leguas.
Domingo 16 de Setiembre
Navegó aquel dia y la noche á su camino, el Oues- te; andarian 39 leguas, pero no contó sino 36; tuvo aquel dia algunos nublados; lloviznó; dice aquí el Al- mirante que hoy y siempre, de allí adelante, hallaron aires temperantísimos; que era placer grande el gusto de las mañanas, que no faltaba sino oir ruiseñores. Dice él: «y era el tiempo como Abril en el Andalucía». Aquí comenzaron a ver muchas manadas (2) de yerba muy verde, que poco habia, según le parecía, que se había desapegado de tierra, por la cual todos juzga-
(1) Primera observación que se hizo de la variación magnética.
(2) Así el original; quizá manchas
VIAJES DE COLÓN 11
ban que estaba cerca de alguna isla (1); pero no de tierra firme, según el Almirante, que dice: porque la tierra firme hago más adelante.
Lunes 17 de Setiembre
Navegó á su camino, el Oueste, y andarían en dia y noche 50 leguas y mas: no asentó sino 47; ayudábales la corriente; vieron mucha yerba y muy a menudo, y era yerba de peñas, y venia la yerba de hacia Ponien- te; juzgaban estar cerca de tierra (2)^ tomaron los pi- lotos el Norte marcándolo, y hallaron que las agujas noruesteaban una gran cuarta, y temian los marineros, y estaban penados y no decian de qué. Conociólo el Almirante, mandó que tornasen a marcar el Norte en amaneciendo, y hallaron que estaban buenas las agu- jas; la causa fué porque la estrella parece que hace movimiento y no las agujas (3). En amaneciendo aquel
(1) No era infundada esta sospecha, pues iban aproxi- mándose a unas rompientes que se señalan en nuestras cartas como vistas en el año 1802.
{'¿) En esta situación todavía distaban las rompientes 40 leguas al Oeste.
(3) El ingenioso Colon, que fue el primer observador de ia variación, procuraba disipar los temores de su gente explicándoles de un modo especioso la causa de este fenó- meno. Así lo asegura su historiador Muñoz, y así era la verdad, como se comprueba al ver las reflexiones que hace en su tercer viaje sobre estas alteraciones del imán. La misma sorpresa y cuidado de los pilotos y marineros es una prueba decisiva de que hasta entonces nadie había no- tado esta variación en las agujas. Así lo dicen Casas, Her- nando Colon y Herrera, historiadores exactos y fidedignos, y por lo mismo es muy singular que haya cundido tanto la opinión de que el primero que observó las declinaciones del imán fuese Sebastian Caboto, que no salió a descubrir hasta el año 1497, con permiso del rey de Inglaterra Enri- que VII, suponiendo que pubUcó esta novedad el año
12 M. FERNÁNDEZ DE NAVARRETE
Lunes vieron muchas mas yerbas, y que parecían yer- bas de ríos, en las cuales hallaron un cangrejo vivo, el cual guardó el Almirante, y dice que aquellas fueron señales ciertas de tierras, porque no se hallan 80 le- guas de tierra; el agua de la mar hallaban menos sala- da desde que salieron de las Canarias; los aires, siem- pre mas suaves; iban muy alegres todos, y los navios quien mas podia andar andaba por ver primero tie- rra; vieron muchas toninas, y los de la Niña mataron una. Dice aqui el Almirante que aquellas señales eran del Poniente, «donde espero, en aquel alto Dios en cu- yas manos están todas las victorias, que muy presto nos dará tierra». En aquella mañana dice que vido un ave blanca que se llama Rabo de junco, que no suele dormir en la mar.
Martes 18 de Setiembre
Navegó aquel dia con su noche, y andarían mas de 55 leguas; pero no asentó sino 48; llevaba todos estos días mar muy bonanza, como en el rio de Sevilla. Este día Martin Alonso, con la Pinta, que era gran vele- ra, no esperó, porque dijo al Almirante desde su ca- rabela que había visto gran multitud de aves ir hacía el
de 1549, y que otros la atribuyan á un tal Criñon, piloto de Dieppe, hacia el año 1534. Nuestro erudito Feijoo incu- rrió en este error, y lo sostuvo, tomándolo, según dice, de monsieur Fonteneile en su Historia de la Real Academia de Ciencias, del año 1712. (Teat. Crit., tom. V, Disc. 11, y Carta 5." del tomo I.) El P. Fournier (Hidrog., lib. 11, ca- pitulo 10) atribuye la primacía de aquella observación á Caboto y á Gonzalo Fernandez de Oviedo, sin duda por- que habló de ella en el lib. 2, cap. 1 1 , de su Historia gene' ral de las Indias. Así se ha procurado obscurecer el mérito de Colon hasta en las observaciones que eran propias de su situación é hijas de su meditación y conocimientos.
VIAJES DE COLÓN 13
Poniente y que aquella noche esperaba ver tierra (1), y por eso andaba tanto. Apareció á la parte del Norte una gran cerrazón, qués señal de estar sobre la tierra.
Miércoles 19 de Setiembre
Navegó su camino, y entre dia y noche andaria 25 le- guas, porque tuvieron calma; escribió 22. Este dia, á las diez horas, vino á la nao un alcatraz, y á la tarde vieron otro, que no suelen apartarse 20 leguas de tie- rra (2); vinieron unos Ilovizneros sin viento, lo que es señal cierta de tierra; no quiso detenerse barloven- teando el Almirante para averiguar si habia tierra; mas de que tuvo por cierto que á la banda del Norte y del Sur habia algunas islas, como en la verdad lo estaban, y él iba por medio dellas; porque su voluntad era se- guir adelante hasta las Indias, y el tiempo es bueno, porque placiendo á Dios á la vuelta se veria todo: es- tas son sus palabras... Aquí descubrieron sus puntos los pilotos: el de la Niña se hallaba de las Canarias 440 leguas; el de la Pinta, 420; el de la donde iba el Almirante, 400 justas (3).
Jueves 20 de Setiembre
Navegó este dia al Oueste cuarta del Norueste, y á la media partida, porque se mudaron muchos vientes con la calma que habia; andarian hasta 7 ó 8 leguas. Vinieron á la nao dos alcatrazes, y después otro, que fue señal de estar cerca de tierra, y vieron mucha yer- ba, aunque el dia pasado no hablan visto de ella. To- maron un pájaro con la mano que era como un garjao;
(1) Las rompientes les demoraban al Oeste, a 20 leguas de distancia.
(2) Estaban como a 10 leguas de las rompientes.
(3) Es exacta la distancia que señala el Almirante.
14 M. FERNÁNDEZ DE NAVARRETE
era pájaro de rio y no de mar; los pies tenia como gaviota; vinieron al navio en amaneciendo dos ó tres pajaritos de tierra cantando, y después, antes del sol salido, desaparecieron; después vino un alcatraz; venia del Ouesnorueste; iba al Sueste, que era señal que de- jaba la tierra al Ouesnorueste, porque estas aves duer- men en tierra y por la mañana van á la mar á buscar su vida, y no se alejan 20 leguas.
Viernes 21 de Setiembre
Aquel dia fue todo lo mas calma, y después algún viento; andarían entre dia y noche, delio á la via y de- llo no, hasta 13 leguas; en amaneciendo hallaron tanta yerba que parecía ser la mar cuajada de ella (1), y venia del Oueste; vieron un alcatraz, la mar muy llana, como un rio, y los aires los mejores del mundo. Vieron una ballena, que es señal que estaban cerca de tierra, por- que siempre andan cerca (2).
Sábado 22 de Setiembre
Navegó al Ouesnorueste más ó menos, acostándose á una y otra parte; andarían 30 leguas; no velan casi yerba; vieron unas pardeias y otra ave; dice aquí el Almirante: mucho me fue necesario este viento contra-
(1) Las corrientes llamadas de las Canarias y ecuatorial del Norte condujeron a Colón al Mar de los Sargazos, re- manso del Atlántico septentrional, a la altura de la Flori- da, en el que se acumula número prodigioso de algas, prin- cipalmente sargazos. Esta es la hierba con que en estos días Colón fué tropezando, dificultándole a veces la nave- gación.— D.
(2) Es muy fundado el j'iicio del Almirante, pues nave- gaba por el Norte de las dichas rompientes, á 4 leguas de distancia.
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rio, porque mi gente andaban muy estimulados (1), que pensaban que no ventaban estos mares vientos para volver a España; por un pedazo de dia no hubo yer- ba; después, muy espesa.
Domingo 23 de Setiembre
Navegó al Norueste, y á las veces á la cuarta del Norte, y á las veces á su camino, que era el Oueste, y andaría hasta 22 leguas; vieron una tórtola y un alca- traz, y otro pajarito de rio, y otras aves blancas; las yerbas eran muchas, y hallaban cangrejos en ellas, y como la mar estuviese mansa y llana, murmuraba la gen- te diciendo que pues por allí no había mar grande, que nunca ventaría para volver a España; pero des- pués alzóse mucho la mar y sin viento, que los asom- braba^/^or lo cual dice aquí el Almirante: así, que muy necesario me fue la mar alta, que no pareció, salvo el tiempo de los judíos cuando salieron de Egipto contra Moysen, que los sacaba de captiverio.
Lunes 24 de Setiembre
Navegó á su camino al Oueste dia y noche, y anda- rían 14 leguas y medía; contó 12; vino al navio un al- catraz, y vieren muchas pardelas.
Martes 25 de Setiembre
Este dia hubo mucha calma, y después ventó; y fue- ron su camino al Oueste hasta la noche. Iba hablando el Almirante con Martin Alonso Pinzón, capitán de la otra carabela. Pinta, sobre una carta que le había en- viado tres días hacia á la carabela, donde, según pare-
(1) Aquí comienza á murmurar la gente del largo viage. Casas.
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ce, tenia pintadas el Almirante ciertas islas por aquella mar (1), y decía Martin Alonso que estaban en aque- lla comarca, y respondía el Almirante que así le pare- cía á él; pero puesto que no hubiesen dado con ellas, lo debía haber causado las corrientes, que siempre ha- bían echado los navios al Nordeste, y que no habían andado tanto como los pilotos decían; y estando en esto dijo el Almirante que le envíase la carta dicha, y enviada con alguna cuerda comenzó el Almirante á cartear en ella con su piloto y marineros; al sol pues- to subió el Martín Alonso en la popa de su navio, y con mucha alegría (2) llamó al Almirante, pidiéndole albricias, que vía tierra, y cuando se lo oyó decir con afirmación el Almirante, dice que se echó a dar gra- cias á nuestro Señor de rodillas, y el Martín Alonso decía: Gloria in excelsis Deo, con su gente; lo mismo hizo la gente del Almirante, y los de la Niña subié- ronse todos sobre el mastel y en la jarcia, y todos afir- maron que era tierra, y al Almirante así pareció, y que habría a ella 25 leguas; estuvieron hasta la noche afir- mando todos ser tierra; mandó el Almirante dejar su
(1) Esta carta delineada por el Almirante no podía de- jar de ser como la que Paulo Toscanelli, médico florentin y célebre astrónomo de su tiempo, envió á Lisboa en 1474. Comprendia desde el Norte de la Irlanda hasta el fin de Guinea, con todas las islas que están situadas en este vía- ge; y hacia el Occidente se representaba el principio de la India, con las islas y lugares por donde se podría andar. Co- lon vio esta carta, y su lectura de las relaciones de los via- geros, especialmente de Marco Polo, le confirmó en la ¡dea de hallar por el Occidente la misma India adonde ellos ha- bían ido por la parte oriental. Por esta causa la situación de las costas é islas, tomada de noticias tan vagas, debía ser muy imperfecta é inexacta, como lo era también en el pla- nisferio de Martin de Behcm, construido en 1492.
(•_') Alegrón de tierra por Martin Alonso, pero no lo era. Casas.
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camino, que era el Oueste, y que fuesen todos al Sud- ueste, adonde había parecido la tierra; habrían anda- do aquel dia al Oueste 4 leguas y media, y en la no- che, al Sudeste, 17 leguas, que son 21, puesto que de- cía á la gente i3 leguas, porque siempre fingía á la gente que hacía poco camino porque no les pareciese largo; por manera que escribió por dos camines aquel víage: el menor fue el fingido, y el mayor, el verdade- ro; anduvo la mar muy llana, por lo cual se echaron á nadar muchos marineros; vieron muchos dorados y otros peces.
Miércoles 26 de Setiembre
Navegó á su camino al Oueste hasta después de mediodía. De allí fueron al Sudueste hasta conocer que lo que decían que había sido tierra no lo era, sino cíelo; anduvieron día y noche 31 leguas, y contó a la gente 24. La mar era como un río; los aires, dulces y suavísimos.
Jueves 27 de Setiembre
Navegó á su vía al Oueste; anduvo entre día y no- che 24 leguas; contó á la gente 20 leguas; vinieron mu- chos dorados; mataron uno; vieron un rabo de junco.
Viernes 28 de Setiembre
Navegó á su camino al Oueste; anduvieron día y noche, con calmas, 14 leguas; contaron 13; hallaron poca yerba; tomaron dos peces dorados, y en los otros navios, mas.
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Sábado 29 de Setiembre
Navegó á su camino al Oireste; anduvieron 24 le- guas; contó á la gente 21; por calmas que tuvieron anduvieron entre dia y noche poco. Vieron un ave que se llama rabiforcado (1), que hace gomitar á los alcatra- zes lo que comen para comerlo ella, y no se mantiene de otra cosa; es ave de la mar, pero no posa en la mar ni se aparta de tierra 20 leguas; hay de estas muchas en las islas de Cabo Verde; después vieron dos alca- trazes; los aires eran inuy dulces y sabrosos, que diz que no faltaba sino oir al ruiseñor, y la mar, llana como un rio; parecieron después en tres veces tres alcatra- zes y un forcado; vieron mucha yerba.
Domingo 30 de Setiembre
Navegó su camino al Oueste; anduvo entre dia y noche, por las calmas, 14 leguas; contó 11; vinieron al navio cuatro rabos de junco, que es gran señal de tie- rra, porque tantas aves de una naturaleza juntas es se- ñal que no andan desmandadas ni perdidas; viéronse cuatro alcatrazes en dos veces; yerba, mucha.
Nota. Que las estrellas que se llaman las guardias, cuando anochece están junto al brazo de la parte del Poniente y cuando amanece están en la linea debajo del brazo al Nordeste, que parece que en toda la noche vo andan salvo tres líneas, que son nueve horas, y esto cada noche; eíto dice aquí el Almirante. También en anocheciendo las agujas noruestean una cuarta, y en
(1) El rabiforcado, o rabiahorcado, es ave del gen. 7a- chypetkes, de la misma (amilia que \oi pelicanos o alcatra- ces.— D.
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amaneciendo están con la estrella justo, por lo cual parece que la estrella hace movimiento como las otras estrellas, y las ag-ujas piden siempre la verdad.
Lunes 1 .° de Octubre
Navegó su camino al Oueste; anduvieron 25 leguas; contó á la gente 20 leguas; tuvieron grande aguacero. El piloto del Almirante temia hoy en amaneciendo que habicin andado desde la isla de Hierro hasta aquí 578 leguas al Oueste; la cuenta menor que el Almi- rante mostraba a la gente eran 584 leguas; pero la ver- dadera que el Almirante juzgaba y guardaba era 707.
Martes 2 de Octubre
Navegó su camino al Oueste noche y dia, 39 leguas; contó a la gente obra de 30 leguas; la mar, llana y bue- na siempre: á Dios muchas gracias sean dadas, dijo aquí el Almirante; yerba venia del Este al Oueste, por el contrario de lo que solía; parecieron muchos peces; matóse uno; vieron una ave blanca que parecía ga- viota.
Miércoles 3 de Octubre
Navegó su vía ordinaria; anduvieron 47 leguas; con- tó á la gente 40 leguas. Aparecieron pardelas; yerba, mucha, alguna muy vieja, y otra muy fresca, y traia como fruta (1), y no vieron aves algunas; creía el Almi-
(1) Acaso esta yerba muy fresca que traía como fruta no eran sino las algas, sargazos y Fucus de que ya se habló en nota, y la fruta, los conceptáculos de los extremos de las frondes de los Fucus. La inmensa pradera flotante que for- man al acumularse en el remanso central del circuito de las
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rante que le quedaban atrás las islas que traia pinta- das en su carta. Dice aquí el Almirante que no se qui- so detener barloventeando la semana pasada, y estos dias que habia tantas señales de tierra, aunque tenia noticia de ciertas islas en aquella comarca, por no se detener, pues su fin era pasar a las Indias; y si detu- viera, dice él que no fuera buen seso.
Jueves 4 de Octubre
Navegó á su camino al Oueste; anduvieron entre dia y noche 63 leguas; contó a la gente 46 leguas; vi- nieron al navio más de 40 pardelas juntas y dos alca- trazes, y al uno dio una pedrada un mozo de la cara- bela; vino á la nao un rabiforcado y una blanca como gaviota.
Viernes 5 de Octubre
Navegó á su camino; andarían 11 millas por hora por noche y dia andariau 57 leguas, porque aflojó la noche algo el viento; contó a su gente 45; la mar, en bonanza y llana: á Dios, dice, muchas gracias sean da- das; el aire, muy dulce y temprado; yerba, nenguna; aves pardelas, muchas; peces golondrinas volaron en la nao muchos.
Sábado 6 de Octubre
Navegó su camino al Vueste ó Oueste, qués lo mis- mo; anduvieron 40 leguas entre dia y noche; contó á la gente 33 leguas. Esta noche dijo Martin Alonso
corrientes se ha llamado Mar de los Sargazos, y ocupa ea el Atlántico Septentrional extensión superior a 6.000 mi- llas «uadradas. — Ü.
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que seria bien navegar a la cuarta del Oueste, á la parte del Sudueste; y al Almirante pareció que no de- cía esto Martin Alonso por la isla de Cipango, y el Almirante via que si la erraban que no pudieran tan presto tomar tierra, y que era mejor una vez ir á la tierra fírme y después á las islas.
Domingo 7 de Octubre
Navegó á su camino ai Oueste; anduvieron 12 mi- llas por hora dos horas, y después 8 millas por hora, y andaria hasta una kora de sol 23 leguas; contó á la gente 18. En este dia, al levantar del soi, la carabela Niña, que iba delante por ser velera, y andaban quien mas podia por ver primero tierra, por gozar de la merced que los Reyes a quien primero la viese habían prometido, levantó una bandera en el topo del mastel, y tiró una lombarda por señal que vían tierra, porque asi lo había ordenado el Almirante. Tenia también or- denado que al salir del sol y al ponerse se juntasen todos los navios con él, porque estos dos tiempos son mas propios para que los humores den mas lugar á ver mas lejos. Como en la tarde no viesen la tierra que pensaban los de la carabela Niña que habían visto, y porque pasaban gran multitud de aves de la pau'te del Norte al Sudueste, por lo cual era de creer que se iban á dormir á tierra ó huían quizá del invierno, que en las tierras de donde venían debía de querer venir, porque sabia el Almirante que las mas de las islas que tienen los portugueses por las aves las descubrie- ron, por esto el Almirante acordó dejar el camino del Oueste y poner la proa hacia Ouesudueste (1), con de-
(l) El cambio de rumbo al Sudoeste dicese obedeció a consejos de Martín Alonso Pinzón, comandante de la Pin- ta. El marinero Vallejo, de Moguer, declaró en el pleito del Almirante que Pinzón vio en la tarde pasar loros con
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terminación de andar dos dias por aquella via. Esto comenzó antes una hora del sol puesto. Andarían en toda la noche obra de 5 leguas, y 23 del dia; fueron por todas 28 leguas noche y dia.
Lunes 8 de Octubre
Navegó al Ouesudueste, y andarían entre dia y no- che 11 leguas y media ó 12, y á ratos parece que an- duvieron en la noche If) millas por hora, si no está mentirosa la letra; tuvieron la mar como el rio de Se- villa: gracias á Dios, dice el Almirante; los aires, muy dulces, como en Abril en Sevilla, qués placer estar á ellos, tan olorosos son. Pareció la yerba muy fresca; muchos pajaritos del campo, y tomaron uno que iba huyendo al Sudueste, grajaos y ánades y un alcatraz.
Martes 9 de Octubre
Navegó al Sudueste; anduvo cinco leguas; mudóse el viento y corrió al Oueste cuarta al Norueste, y an- duvo 4 leguas; después, con todas, 11 leguas de dia, y á la noche, 20 leguas y media; contó á la gente 17 le- guas. Toda la noche oyeron pasar pájaros.
Miércoles 10 de Octubre
Navegó al Ouesudueste; anduvieron á 10 millas por hora y á ratos 12 y algún rato á 7, y entre dia y noche 59 leguas; contó á la gente 44 leguas no mas. Aquí la gente ya no lo podía sufrir: quejábase del largo viage; pero el Almirante los esforzó lo mejor que pudo dán- doles buena esperanza de los provechos que podrían
rumbo Sur, y supuso que habría tierra en tal dirección. — Nota D.
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haber. Y anadia que por demás era quejarse, pues que él habia venido á las Indias, y que así lo habia de proseguir hasta hallarlas, con el ayuda de nuestro Señor.
Jueves 11 de Octubre
Navegó al Ouesudueste; tuvieron mucha mar, mas que en todo el viage habian tenido. Vieron pardelas y un junco verde junto á la nao. Vieron los de la cara- bela Pinta una caña y un palo, y tomaron otro palillo, labrado á lo que parecia con hierro, y un pedazo de caña y otra yerba que nace en tierra, y una tablilla. Los de la carabela Niña también vieron otras señales de tierra y un palillo cargado descaramojos (1). Con estas señales respiraron y alegráronse todos. Andu- vieron en este dia, basta puesto el sol, 27 leguas.
Después del sol puesto navegó á su primer camino, al Oueste; andarían 12 millas cada hora, y hasta dos horas después de media noche andarían 90 millas, que son 22 leguas y media. Y porque la carabela Pinta era mas velera é iba delante del Almirante, halló tierra y hizo las señas quel Almirante habia mandado. Esta tie- rra vido primero un marinero que se decia Rodrigo de Triana; puesto que el Almirante, á las diez de la no- che, estando en el castillo de popa, vido lumbre; aun- que fue cosa tan cerrada que no quiso afirmar que fuese tierra; pero llamó á Pero Gutiérrez, respostero destrados del Rey, é díjoie que parecia lumbre, que mirase él, y así lo hizo y vídola; díjolo también á Ro- drigo Sánchez de Segovia, quel Rey y la Reina envia- ban en el armada por veedor, el cual no vido nada porque no estaba en lugar do la pudiese ver. Después quel Almirante lo dijo se vido una vez ó dos, y era como una candelilla de cera que se alzaba y levantaba,
(1) Por de escaramujos.
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lo cual á pocos pareciera ser indicio de tierra. Pero el Almirante tuvo por cierto estar junto á la tierra. Por lo cual, cuando dijeron la Salve, que la acostumbran decir é cantar á su manera todos los marineros, y se hallan todos, rogó y amonestólos el Almirante que hi- ciesen buena guardia al castillo de proa, y mirasen bien por la tierra, y que al que le dijese primero que via tierra le daria luego un jubón de seda, sin las otras mercedes que los Reyes hablan prometido, que eran 10.000 maravedís de juro á quien primero la viese. A las dos horas después de media noche pareció la tie- rra, de la cual estarían 2 leguas. Amañaron (1) todas las velas, y quedaron con el treo (2), que es la vela grande y sin bonetas, y pusiéronse á la corda (3), tem- porizando hasta el dia Viernes, que llegaron á una isle- ta de los Lucayos, que se llamaba en lengua de indios Guanahani (4). Luego vieron gente desnuda, y el Al- mirante salió á tierra en la barca armada,y Martin Alon-
(1) Amañaron por amainaron.
(2) Treo, vela cuadrada que se ponía solo cuando habla mal tiempo, para correr.
(3) Ponerse á la corda es ponerse al pairo ó atravesa- do para no andar ni decaer del punto en que se está.
(4) Examinado detenidamente este diario, sus derrotas, recaladas, señales de las tierras, islas, costas y puertos, pa- rece que esta primera isla que Colon descubrió y pisó, po- niéndole por nombre San Salvador, debe ser la que está si- tuada mas al Norte de las Turcas, llamada del Gran Turco. Sus circunstancias conforman con la descripción que Colon hace de ella. Su situación es por el paralelo de 21° 30'; al Norte de la medianía de la isla de Santo Domingo. — Nava- rrete. — Es error grave de Navarrete haber supuesto que la primer isla americana descubierta por Colón perteneciese al archipiélago de las Turcas, al N. de Haití. La isla de Gua- nahani, que Colón llamó San Salvador, es la actual isla Watling, del Archipiélago de las Bahama o Lucayas, a los 24° de lal. N. — D.
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SO Pinzón y Vicente Anes (1), su hermano, que era ca- pitán de la Niña. Sacó el Almirante la bandera Real, y los capitanes con dos banderas de la Cruz Verde, que llevaba el Almirante en todos los navios por seña, con una F y una Y; encima de cada letra, su corona, una de un cabo de la )^ y otra de otro. Puestos en tie- rra, vieron árboles muy verdes y aguas muchas y frutas de diversas maneras. El Almirante llamó á los dos ca- pitanes y á los demás que saltaron en tierra, y á Ro- drigo Descovedo, Escribano de toda el armada, y á Rodrigo Sánchez de Segovia, y dijo que le diesen por fé y testimonio cómo él por ante todos tomaba, como de hecho tomó, posesión de la dicha isla por el Rey é por la Reina sus señores, hacie«do las protestaciones que se requirian, como mas largo se contiene en los testimonios que aíl» se hicieron por escripto. Luego se ayuntó allí mucha gente de la isla. Esto que se sigue son palabras formales del Almirante, en su libro de su primera navegación y descubrimiento de estas Indias. «Yo (dice él), porque nos tuviesen mucha amistad, porque conosci que era gente que mejor se libraria y convertiria á nuestra Santa Fé con amor que no por fuerza, les di á algunos de ellos unos bonetes colora- dos y unas cuentas de vidrios, que se ponian al pescue- zo, y otras cosas muchas de poco valor, con que hobie- ron mucho placer y quedaron tanto nuestros que era maravilla. Los cuales después venian á las barcas de los navios adonde nos estábamos, nadando, y nos traian papagayos y hilo de algodón en ovillos, y azaga- yas, y otras cosas muchas, y nos las trocaban por otras cosas que nos les dábamos, como cuentecillas de vi- drio y cascabeles. En fin, todo tomaban, y daban de aquello que tenían, de buena voluntad. Mas me pare- ció que era gente muy pobre de todo. Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y también
(1) Debe decir Yañez.
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las mujeres, aunque no vide mas de una, farto moza, y todos lo que yo vi eran todos mancebos, que ninguno vide de edad de mds de treinta años, muy bien hechos, de muy fermosos cuerpos y muy buenas caras; los ca- bellos, gruesos cuasi como sedas de cola de caballos, é cortos; los cabellos traen por encima de las cejas, salvo unos pocos detras, que traen largos, que jamas cortan; dellos se pintan de prieto, y ellos son de la color de los canarios, ni negros ni blancos, y deilos se pintan de blanco, y dellos de colorado, y dellos de lo que fallan, y dellos se pintan las caras, y dellos todo el cuerpo, y dellos solo los ojos, y dellos solo el nariz. Ellos no traen armas ni las cognocen, porque les amostré espadas y las tomaban por el filo, y se corta- ban, con ignorancia. No tienen algún fierro; sus azaga- yas son unas varas sin fierro, y algunas de ellas tienen al cabo un diente de pece, y otras de otras cosas. Ellos todos á una mano son de buena estatura de grandeza, y buenos gestos, bien hechos; yo vide algu- nos que tenian señales de feridas en sus cuerpos, y les hices señas qué era aquello, y ellos me amostra- ron cómo alli venían gente de otras islas que estaban acerca y les querían tomar, y se defendían; y yo crei, é creo, que aquí vienen de tierra firme á tomarlos por captivos. Ellos deben ser buenos servidores y de buen ingenio, que veo que muy presto dicen todo lo que les decía, y creo que ligeramente se harían cristianos, que me pareció que ninguna secta tenian. Yo, placien- do á nuestro Señor, levaré de aquí al tiempo de mi partida seis á V. A. para que deprendan fablar. Nin- guna bestia, de ninguna manera, vide, salvo papagayos, en esta isla.» Todas son palabras del Almirante.
Sábado 13 de Octubre
«Luego que amaneció vinieron á la playa muchos testos hombres, todos mancebos, como dicho tengfo,
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y todos de buena estatura, gente muy fermosa; los ca- bellos no crespos, salvo corredios y gruesos corno sedas de caballo, y todos de la frente y cabeza muy ancha, mas que otra generación que fasta aquí haya visto, y los ojos muy fermosos y no pequeños, y ellos ninguno prieto, salvo de la color de los canarios, ni se debe esperar otra cosa, pues está Lesteoueste con la isla del Hierro (1), en Canaria, so una línea. Las pier- nas muy derechas, todos a una mano, y no barriga, salvo muy bien hecha. Ellos vinieron á la nao con al- madías, que son hechas del pie de un árbol, como un barco luengo, y todo de un pedazo, y labrado muy á maravilla, según la tierra, y grandes en que en algunas venían 40 ó 45 hombres, y otras mas pequeñas, fasta haber dellas en que venia un solo hombre. Remaban con una pala como de fornero, y anda á maravilla; y si se le trastorna, luego se echan todos á nadar, y la en- derezan y vacian con calabazas que traen ellos. Traían ovillos de algodón filado, y papagayos, y azagayas, y otras cositas que seria tedio de escrebir, y todo daban por cualquiera cosa que se los diese. Y yo estaba aten- to y trabajaba de saber si había oro, y vide que algu- nos dellos traían un pedazuelo colgado en un agujero que tienen á la nariz, y por señas pude entender que yendo al Sur ó volviendo la isla por el Sur que esta- ba allí un rey que tenia grandes vasos dello, y tenia muy mucho. Trabajé que fuesen allá, y después vide que no entendían en la ida. Determiné de aguardar fasta mañana en la tarde, y después partir para Sud- ueste, que según muchos dellos me enseñaron decían que había tierra al Sur y al Sudueste y al Norueste, y questas del Norueste les venían a combatir muchas veces, y así, ir al Sudueste a buscar el oro y piedras preciosas. Esta isía es bien grande, y muy llana, y de (1) La verdadera situación de esta isla respecto a la del Hierro es: O., 5° S.; E., 5° N. — Navarrete. — Téngase en cuenta el error de Navarrete.— Z>.
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árboles muy verdes, y muchas aguas, y una lag-una en medio muy grande, (1) sin ninguna montaña,y toda*e!la verde, qués placer de mirarla; y esta gente, farto man- sa, y por la gana de haber de nuestras cosas, y tenien- do que no se les ha de dar sin que den algo y no lo tienen, toman lo que pueden y se echan luego a na- dar; mas todo lo que tienen lo dan por cualquiera cosa que les den; que fasta los pedazos de las escudillas y de las tazas de vidrio rotas rescataban, fasta que vi dar 16 ovillos de algodón por tres ceotis (2) de Por- tugal, que es una blanca de Castilla, y en ellos habria mas de una arroba de algodón filado. Esto defendiera y no dejara tomar a nadie, salvo que yo lo mandara to- mar todo para V. A., si hobiera en cantidad. Aquí nace en esta isla; mas por el poco tiempo no pude dar así del todo fé, y también aquí nace el oro que traen col- gado á la nariz; maspor no perder tiempo quiero ir á ver si puedo topar á la isla de Cipango (3). Agora, como fue noche, todos se fueron á tierra con sus almadias. >
Domingo 14 de Octubre «En amaneciendo mandé aderezar el batel de la nao
(1) La mayor parte de las islas del Archipiélago de Bahama son de origen coralino. La isla de Guanahaoi, o de Watling, es un atoll, como lo da a entender la laguna cen- tral, que ya llamara la atención de Colón, y la grande res- tinga de piedras que cerca toda aquella isla alrededor, como dice en el domingo 14 de octubre. — D.
(2) Por Ceuti o cepti, moneda de Ceuta que corría en Portugal.
(3) Marco Polo, en el cap. 106 de la relación de su viage, asegura haber visto esta isla, de la cual hace una larga des- cripción, y añade que estaba situada en alta mar, a distan- cia de L500 millas del continente de la India. El Dr. Ro- bertson dice que probablemente es el Japón. (Recherches hist. sur rinde ancienne, sec. 3).
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y las barcas de las carabelas, y fue al luengo de la isla, en el camino del Nornordeste, para ver la otra parte, que era de la otra parte del Leste que habia, y tam- bién para ver las poblaciones, y vide luego dos ó tres y la gente, que venian todos á la playa llamándonos y dando gracias á Dios; los unos nos traian agua; otros, otras cosas de comer; otros, cuando veian que yo no curaba de ir á tierra, se echaban á la mar nadando y venian, y entendiamos que nos preguntaban si eramos venidos del cielo; y vino uno viejo en el batel dentro, y otros a voces grandes llamaban todos, hombres y mu- geres: venid á ver los hombres que vinieron del cielo; traedles de comer y de beber. Vinieron muchos y mu- chas mugares, cada uno con algo, dando gracias á Dios, echándose al suelo, y levantaban las manos al cielo, y después a voces nos llamaban que fuésemos á tierra; mas yo temia de ver una grande restinga de piedras que cerca toda aquella isla al rededor, y entre medias queda hondo y puerto para cuantas naos hay en toda la cristiandad, y la entrada dello muy angosta. Es verdad que dentro desta cinta hay algunas bajas; mas la mar no se mueve mas que dentro en un pozo. Y para ver todo esto me moví esta mañana, porque supiese dar de todo relación á vuestras Altezas, y también adonde pudiera hacer fortaleza, y vide un pe- dazo de tierra que se hace como isla, aunque no lo es, en que habia seis casas, el cual se pudiera atajar en dos dias por isla; aunque yo no.veo ser necesario, por- que esta gente es muy simplice en armas, como verán vuestras Altezas de siete que yo hice tomar para le llevar y deprender nuestra fabla y volvellos, salvo que vuestras Altezas, cuando mandaren, puédenlos todos llevar a Castilla, ó tenellos en la misma isla captivos, porque con 50 hombres los terna todos sojuzgados y les hará hacer todo lo que quisiere; y después, junto con la dicha isleta están huertas de árboles las mas hermosas que yo vi, é tan verdes y con sus hojas como
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Us de Castilla en el mes de Abril y de Mayo, y mucha agua. Yo miré todo aquel puerto, y después me volví a la nao y di la vela, y vide tantas islas, que yo no sabia determinarme á cuál iria primero, y aquellos hombres que yo tenia tomado me decían por señas que eran tantas y tantas que no había número, y anombraron por su nombre mas de 100 (1). Por ende, yo miré por la mas grande (2), y aquella determiné andar, y así hago, y será lejos desta de San Salvador 5 leguas, y las otras, dellas mas, dellas menos; todas son muy llanas, sin montañas, y muy fértiles, y todas pobladas, y se ha- cen guerra la una á la otra, aunque estos son muy sim- plices y muy lindos cuerpos de hombres.»
Lunes 15 de Octubre
«Había temporejado esta noche con temor de no llegar á tierra á soro^ir antes de la mañana, por no sa- ber si la costa era limpia de bajas, y en amaneciendo cargar velas. Y como la isla fuese mas lejos de 5 le- guas, antes será 7, y la marea me detuvo, sería medio día cuando llegué á la dicha isla, y fallé que aquella haz, qués de la parte de la isla de San Salvador, se corre Norte Sur, y hay en ella 5 leguas, y la otra que yo seguí se corría Leste Oueste, y hay en ella mas de 10 leguas. Y como desta isla vide otra mayor al Oueste, cargué las velas por andar todo aquel día fas- ta la noche, porque aun no pudiera haber andado al cabo del Oueste, á la cual puse nombre la isla de San-
(1) La multitud de estas islas indica que deben ser las que forman los Caicos, las Inaauas chica y grande. Marigua- na, y demás que se hallan al Oeste. - Navarrete.
Persiste Navarrete en el error. Las islas a que Colón se refiere son las más occidentales, pertenecientes a las Bahama. — D.
(2) Esta isla grande debe ser la que llaman Gran Caico, y dista de la primera 6 '/< leguas.
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ta María de la Concepción (1), y cuasi al poner del sol sorgí acercí\ del dicho cabo, por saber si habia allí oro, porque estos que yo habia hecho tomar en la isla de San Salvador me decian que ahí traían manillas de oro muy grandes á las piernas y á los brazos. Yo bien creí que todo lo que decian era burla para se fugir. Con todo, mí voluntad era de no pasar por ning'una isla de que no tomase posesión, puesto que tomado de una se puede decir de todas; y sorg"! é estuve hasta hoy Mar- tes, que en amaneciendo fui á tierra con las barcas ar- madas, y salí, y ellos, que eran muchos, así desnudos y de la misma condición de la otra isla de San Salvador, nos dejaron ir por la isla y nos daban lo que les pedia. Y porque el viento cargaba á la traviesa Sueste no me quise detener y partí para la nao, y una almadia gran- de estaba abordo de la carabela Niña, y uno de los hombres de la isla de San Salvador, que en ella era, se echó á la mar y se fué en ella, y la noche de antes á medio echado el otro (2) y fué atrás la alma-
dia, la cual fugió que jamas fué barca que le pudiese alcanzar, puesto que le teníamos grande avante. Con todo dio en tierra, y dejaron !a almadia, y alguno de los de mi compañía salieron en tierra tras ellos, y to- dos fugeron como gallinas, y la almadia que habian dejado la llevamos abordo de la carabela A'ma, adon- de ya de otro cabo venia otra almadia pequeña con
(1) Esta parece ser la que hoy se llama Caico del Norte: aunque con el nombre de Santa María de la Concepción comprendió todo el grupo de las islas inmediatas, que se lla- man los Caicos, como se nota mas adelante, en el dia 16 de Octubre. — Navarrete. — Continúa Navarrete en su error. La isla de la Concepción se llama así aún y pertenece a las Bahama y no a los Caicos. — D.
(2) Con la ininteligible escritura de esta palabra en el original, y el vacío ó hueco que sigue, queda obscuro el sentido del período. Acaso quiso decir: y la noche de antes al medio se echó el otro á nado, y fue atrás la almadia. &c.
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un hombre, que venia á rescatar un ovillo de algodón, y se echaron cilgunos marineros á la mar porque él no queria entrar en la carabela, y le tomaron; y yo, que estaba á la popa de la nao, que vide todo, envié por él, y le di un bonete colorado y unas cuentas de vidrio verdes pequeñas, que le puse al brazo, y dos cascabe- les, que le puse á las orejas, y le mandé volver su al- madia, que también tenia en la barca, y le envié á tie- rra; y di luego la vela para ir á !a otra isla grande que yo via al Oueste, y mandé largar también la otra alma- dia que traia la carabela Niña por popa, y vide des pues en tierra al tiempo de la llegada de! otro á quien yo habia dado las cosas susodichas, y no le habia que- rido tomar el ovillo de algodón, puesto quel me lo queria dar, y todos los otros se llegaron á él, y tenia á gran maravilla é bien !e pareció que eramos buena gente y que el otro que se habia fúgido nos habia he- cho algún daño y que por esto lo llevábamos, y á esta razón usé esto con él de le mandar alargar, y le di las dichas cosas porque nos tuviesen en esta estima, por- que otra vez cuando vuestras Altezas aquí tornen á enviar no hagan mala compañia; y todo lo que yo le di no valia 4 maravedís. Y así partí, que serian las diez horas, con el viento Sueste, y tocaba de Sur para pa- sar a estotra isla, la cual es grandísima, y adonde to- dos estos hombres que yo traigo de la de San Salva- dor hacen señas que hay muy mucho oro, y que lo traen en los brazos en manillas, y á las piernas, y á las orejas, y al nariz, y al pescuezo. Y habia de esta isla de Santa María á esta otra 9 leguas Leste Oueste, y se corre toda esta parte de la isla Norueste Sueste, y se parece que bien habría en esta costa más de 28 le- guas (1) en esta faz, y es muy llana, sin montaña nin- guna, así como aquellas de San Salvador y de Santa María, y todas playas sin roquedos, salvo que á todas
(1) Son solo 19 leguas.
VIAJES DE COLON
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hay algunas peñas acerca de tierra debajo del agua, por donde es menester abrir el ojo cuando se quiere surgir é no surgir mucho acerca de tierra, aunque las aguas son siempre muy claras y se ve el fondo. Y des- viado de tierra dos tiros de lombarda, hay en todas es- tas islas tanto fondo que no se puede llegar á él. Son estas islas muy verdes y fértiles, y de aires muy dulces, y puede haber muchas cosas que yo no sé, porque no me quiero detener por cal-r y anclar muchas islas para fallar oro. Y pues estas dan así estas señas que lo traen á los brazos y á las piernas, y es oro, porque les amos- tré algunos pedazos del que yo tengo, no puedo errar, con el ayuda de nuestro Señor, que yo no le falle adonde nace. Y estando á medio golfo destas dos is- las, es de saber de aquella de Santa María y de esta grande, á la cual pongo nombre la Fernandina (1), fa- llé un hombre solo en una almadia que se pasaba de la isla de Santa María á la Fernandina, y traía un poco de su pan, que sería tanto como el puño, y una cala- baza de agua, y un pedazo de tierra bermeja hecha en polvo y después amasada, y unas hojas secas que de- be ser cosa muy apreciada entre ellos, porque ya me trujeron en San Salvador dellas en presente, y traía un cestillo á su guisa, en que tenia un ramalejo de cuen- tecillas de vidrio y dos blancas, por las cuales conoscí quel venia de la isla de San Salvador, y había pasado á aquella de Santa María, y se pasaba á la Fernandina, el cual se llegó á la nao; yo le hice entrar, que así lo demandaba él, y le hice poner su almadía en la nao, y guardar todo lo que él traía, y le mandé dar de comer pan y miel, y de beber, y así le pasaré á la Fernandi- na, y le daré todo lo suyo, porque dé buenas nuevas de nos para, á nuestro Señor aplaciendo, cuando vues-
(1) Conócese ahora con el nombre de ¡nagua chica. — Navarrete. — Fiel a su error original, Navarrete cree ser Inagua chica la isla que llamó Colón Fernandina, y que hoy se identifica con Exuma grande. — U.
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tras Altezas envíen acá que aquellos que vinieren res- ciban honra y nos den de todo lo que hobiere.»
Martes 16 de Octubre
«Partí de las islas de Santa María de la Concepción, que sería ya cerca del medio dia, para la isla Fernán- dina,\a. cual amuesíra ser g'randísima al Oueste,y nave- gué todo aqael dia con calmería; no pude llegar á tiem- po de poder ver el fondo para surgir en limpio, porque es en esto mucho de haber gran diligeacia por no pen- der las anclas; y así, temporicé toda esta noche hasta el dia, que vine á una población, adonde yo surgí, é adonde habia venido aquel hombre que yo hallé ayer en aquella almadia á medio golfo, el cual habia dado tantas buenas nuevas de nos que toda esta noche no faltó almadias abordo de la nao, que nos traían agua y de lo que tenían. Yo á cada uno le mandaba dar al- go, es á saber, algunas contecillas: 10 ó 12 dellas de vidrio en un filo, y algunas sonajas de latotí destas que valen en Castilla un maravedí cada una, y algunas agujetas, de que todo tenían en grandísima excelencia, y también los mandaba dar, para que comiesen cuando venían en la nao, miel de azúcar; y después, á horas de tercia, envié el batel de la nao en tierra por agua, y ellos de muy buena gana le enseñaban á mi gente adonde estaba el agua, y ellos mismos traían los ba- rriles llenos al bate!, y se folgaban mucho de nos ha- cer placer. Esta isla es grandísima y tengo determina do de la rodear, porque, según puedo entender, en ella, ó cerca della, hay mina de oro. Esta isla está desviada de la de Santa María 8 leguas cuasi Leste Oueste,y este cabo adonde yo vine, y toda esta costa, se corre Nor- norueste y Sursuesle,y vide bien 20 leguas de ella, mas ahí no acababa. Agora escribiendo esto di la vela con el viento Sur para pujar á rodear toda la isla, y traba- jar hasta que halle Samoei, que es la isla ó ciudad
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adonde es el oro, que así lo üicen todos estos aue aquí vienen en la nao y nos lo decían los de la isla de San Salvador y de Santa María. Esta gente es se- mejante á aquellas de las dichas islas, y una fabla y unas costumbres, salvo questos ya me parecen algún tanto mas doméstica gente, y de tracto, y mas sotiles, porque veo que kan traído algodón aquí á la nao y otras cositas: que saben mejor refetar (1) el pagamen- to que no hacían los otros; y aun en esta isla vide pa- ños de algodón fechos como mantillos, y la gente mas dispuesta, y las mugeres traen por delante su cuerpo una cosita de algodón que escasamente les cobija su natura. Ella es isla muy verde y llana y fértilísima, y no pongo duda que todo el año siembran panizo y cogen, y así todas otras cosas; y vide muchos árboles muy disformes de los n'jestros, y delíos que tenían los ra- mos de muchas maneras y todo en un pie, y un ramito es de una manera y otro de otra, y tan disforme que es la mayor maravilla del mundo cuánta es la diversi- dad de !a una manera á la otra, verbi gracia: un ramo tenia las fojas a manera de cañas y otro de manera de lentisco; y así, en un solo árbol, de cinco ó seis de es- tas maneras, y todos tan diversos; ni estos son enjeri- dos, porque se pueda decir que el enjerto lo hace, an- tes son por los montes, ni cura dellos esta gente. No le conozco secta ninguna, y creo que muy presto se tornarían cristianos, porque ellos son de muy buen en- tender. Aquí son los peces tan disformes de los nues- tros qués maravilla. Hay algunos hechos como gallos de las mas finas colores del mundo, azules, amarillos, colorados y de todas colores, y otros pintados de mil maneras; y las colores son tan finas que no hay hom- bre que no se maraville y no tome gran descanso á verlos. También hay ballenas; bestias en tierra no vide
(1) Acaso refertar, v. a. ant.: contradecir, repugnar, re- sistir, rehusar ó regatear.
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ning'una de ninguna manera, salvo papagayos y la- gartos; un mozo me dijo que vido una grande culebra. Ovejas ni cabras ni otra ninguna bestia vide, aunque yo he estado aquí muy poco, que es medio día; mas si las iiobiese no pudiera errar de ver alguna. El cer- co desta isla escribiré después que yo !a hobiere ro- deado.>
Miérc&les 17 de Octubre
«A medio día partí de la población adonde yo es- taba surgido, y adonde tomé agua para ir rodear esta isla Fernandina, y el viento era Sudueste y Sur; y como mi voluntad fuese de seguir esta costa desta isla adonde yo estaba al Sueste, porque así se corre toda Nornorueste y Sursueste, y quería llevar el dicho cami- no de Sur y Sueste, porque aquella parte todos estos indios que traigo y otro de quien hobe señas en esta parte del Sur á la isla á que ellos llaman Samoet, adonde es el oro; y Martin Alonso Pinzón, capitán de la carabela Pinta, en la cual yo mandé a tres de estos indios, vino á mí y me dijo que uno dellos muy certi- ficadamente le había dado á entender que por la par- te del Nornorueste muy mas presto arrodearía la isla. Yo vide que el viento no me ayudaba por el camino que yo quería llevar, y era bueno por el otro; di la vela al Nornorueste, y cuando fué acerca del cabo de la isla, á dos leguas, hallé un muy maravilloso puerto con usa boca, aunque dos bocas se le puede decir, porque tiene un isleo en medio, y son ambas muy an- gostas, y dentro muy ancho para cien (1) navios si fuera fondo y limpio, y fondo al entrada; parecióme razón del ver bien y sondear, y así surgí fuera del, y fui en él con todas las barcas de los navios, y vimos que no habia fondo. Y porque pensé cuando yo le vi que era boca de algún rio, habia mandado llevar barri-
(1) En el original dice parecían; pero es error conocido.
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les para lomar agfua, y en tierra halé unos ocho ó diez hombres, que luego vinieron á nos, y nos amostraron ahi cerca la población, adonde yo envié la g-ente por agua, una parte con armas, otros con barriles, y así la tomaron; y porque era iejuelos me detuve por espacio de dos horas. En este tiempo anduve así por aquellos árboles, que era la cosa mas fermosa de ver que otra que se haya visto, veyendo tanta verdura en tanto grado como en el mes de Mayo en el Andalucía, y los árboles todos están tan disformes de los nuestros como el día de la noche; y así las frutas, y así las yerbas y las piedras y todas las cosas. Verdad es que algunos árboles eran de la naturaleza de otros que hay en Castilla, por ende había muy gran diferencia, y los otros árboles de otras maneras eran tantos que no hay persona que lo pueda decir ni asemejar á otros de Castilla. La gente toda era una con los otros ya di- chos, de las mismas condiciones, y así desnudos y de la misma estatura, y daban de lo que tenían por cual- quiera cosa que les diesen; y aquí vide que unos mo- zos de los navios les trocaron azagayas por unos pe- dazuelos de escudillas rotas y de vidrio, y los otros que fueron por el agua me dijeron cómo habían estado en sus casas, y que eran de dentro muy barridas y lim- pias, y sus camas y paramentos de cosas que son como redes de algodón (1); ellas las casas son todas á manera de alfaneques, y muy altas y buenas chime- neas (2); mas no vide entre muchas poblaciones que yo vide ninguna que pasase de 12 hasta 15 casas. Aquí fallaron que las mugeres casadas traian bragas de al- Sfodon; las mozas no, sino salvo algunas que eran ya de
(1) Llámense hamacas.
(2) Estas chimeneas no son para humeros, sino unas coronillas que tienen encima las casas de paja de los in- dios. Por esto lo dice, puesto que dejan abierto por arriba algo para que salga el humo. — Casas.
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edad de 18 años. Y ahí había perros mastines y bran- chetes, y ahí fallaron uno que había al nariz un peda- zo de oro que sería como la mitad de un castellano, en el cual vieron letras; reñí yo con ellos porque no se lo rescataron y dieron cuanto pedia, por ver qué era y cuya esta moneda era; y ellos me respondieron que nunca se le osó resg'atar. Después de tomada la agua volví á la nao, y di la vela, y salí ai Norueste tanto que yo descubrí toda aquella parte de la isla hasta la costa que se corre Leste Oueste, y después todos estos in- dios tornaron á decir que esta isla era mas pequeña que no la isla Samoet, y que seria bien volver atrás por ser en ella mas presto. El viento allí luego mas calmó y comenzó á ventar Ouesnorueste, el cual era contrario para donde habíamos venido, y así tomé la vuelta y navegué toda esta noche pasada al Lestesues- te, y cuándo al Leste todo y cuándo al Sueste; y esto para apartarme de la tierra porque hacia muy gran ce- rrazón y el tiempo muy cargado; él era poco y no me dejó llegar á tierra á surgir. Así que esta noche llovió muy fuerte después de media noche, hasta cuasi el día, y aun está nublado para llover; y nos, al cabo de la isla de la parte del Sueste, adonde espero surgir fasta que aclarezca, para ver las otras islas adonde tengo de ir; y as?, todos estos días después que en estas Indias estoy ha llovido poco ó mucho. Crean vuestras Alte- zas que es esta tierra la mejor é mas fértil, y tempera- da, y llana, y buena que haya en el mundo. >
Jueves 18 de Octubre
«Después que acláreselo seguí el viento, y fui en derredor de la isla cuanto pude, y surgí al tiempo que ya no era de navegar; mas no fui en tierra, y en ama- neciendo di lávela.»
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Viernes 19 de Octubre
«En amaneciendo levanté las anclas y envié la ca- rabela Pinta a! Leste y Sueste y la carabela Niña al Sursueste, y yo con la nao fui al Sueste, y dado orden que llevasen aquella vuelta fasta medio dia, y después que ambas se mudasen las derrotas y se recogfieran para mi; y lueg^o, antes que andásemos tres horas, vimos una isia al Leste, sobre la cual descargamos, y llegamos a ella todos tres navios antes de medio dia á la punta del Norte, adonde hace un isleo y una restin- ga de piedra fuera de él, al Norte, y otro entre él y la isla grande, la cual anorobraron estos hombres de San Salvador que yo traigo la isla Saometo, a la cual puse nombre la Isabela (1). El viento era Norte, y quedaba el dicho isleo en derrota de la isla Fernán- dina, de donde yo habia partido, Leste Oueste, y se corria después ia costa desde el isleo al Oueste, y habia en ella 12 leguas fasta un cabo, á quien yo llamé el Cabo hermoso, que es de la parte del Oueste; y así es fermoso, redondo y muy fondo, sin bajas fuera de él, y al comienzo es de piedra y bajo, y mas adentro es playa de arena, como cuasi la dicha costa es, y ahí sur- gí esta noche, Viernes, hasta la mañana. Esta costa toda y la parte de la isla queyo vi es toda cuasi playa, y la isla más fermosa cosa que yo vi; que si las otras son muy hermosas, esta es mas: es de muchos árboles y muy verdes, y muy grandes, y esta tierra es mas alta
(1) Parece que la Isabela corresponde a la isla que aho- ra se conoce con el nombre de /nagua grande, y los indios llamaban Saometo. — Navarrete.
Es la isla Larga del Archipiélago de las Lucayas— al E. de la isla Fernandina — , que Juan de la Cosa, en su mapa de 1500, llama Yumay. — D.
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que las otras islas falladas, y en ella algún altillo, no que se le pueda llamar montaña, mas cosa que afer- mosea lo otro, y parece de muchas aguas allá al me- dio de la isla; de esta parte al Nordeste hace una grande angla, y ha muchos arboledos, y muy espesos y muy grandes. Yo quise ir á surgir en ella para salir á tierra y ver tanta fermosura; mas era el fondo bajo y no podía surgir salvo largo de tierra, y el viento era muy bueno para venir á este cabo adonde yo surgí agora, al cual puse nombre Cabo Fermoso, porque así lo es; y así, no surgí en aquella angla, y aun porque vide este cabo de allá tan verde y tan fermoso, así como todas las otras cosas y tierras destas islas, que yo no sé adonde me vaya primero, ni me sé cansar los ojos de ver tan fermosas verduras y tan diversas de las nuestras, y aun creo que ha en ella muchas yerbas y muchos árboles que valen mucho en España para tin- turas y para medicinas de especería; mas yo no los cognozco, de que llevo grande pena. Y llegando yo aquí á este cabo vino el olor tan bueno y suave de flores 6 árboles de la tierra, que era la cosa mas dulce del mundo. De mañana, antes que yo de aquí vaya, iré en tierra á ver qué es aquí en el cabo; no es la po- blación salvo allá mas adentro, adonde dicen estos hombres que yo traigo que está el Rey y que trae mu- cho oro; y yo de mañana quiero ir tanto avante que halle la población y vea ó haya lengua con este Rey, que según estos dan las señas él señorea todas estas islas comarcanas, y va vestido, y trae sobre sí mucho oro; aunque no doy mucha fé a sus decires, así por no los entender yo bien, como en cognoscer quellos son tan pobres de oro que cualquiera poco que este Rey traiga les parece á ellos mucho. Este á quien yo digo Cabo Fermoso creo que es isla apartada de SaometOf y aun hay ya otra entremedias pequeña; yo no curo asi de ver tanto por menudo, porque no lo podía facer en cincuenta años, porque quiero ver y descubrir lo mas
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que yo pudiere, para volver a vuestras Altezas, ánues- do Señor aplaciendo, en Abril. Verdad es que fallan- to adonde haya oro o especería en cantidad me dé- teme fasta que y© haya dello cuanto pudiere; y por esto no fago sino andar para ver de topar en ello.*
Sábado 20 de Octubre
«Hoy al sol salido levanté las anclas de donde yo estaba con la nao surgido en esta isla de Saometo, al cabo del Sudueste, adonde yo puse nombre el Cabo de la Laguna, y á la isla la Isabela, para navegar al Nordeste y al Leste de ¡a parte del Sueste y Sur, adonde entendí de estos hombres que yo traigo que era la población y el Rey de ella, y fallé todo tan bajo el fondo que no pude entrar ni navegar á ello, y vide que siguiendo el camino del Sudueste era muy gran rodeo, y por esto determiné de me volver por el ca- mino que yo había traído del Nornordeste de la parte del Oueste, y rodear esta isla para (1) el vienta
me fué tan escaso que yo nunca pude haber la tierra al longo de la costa, salvo en la noche; y por qués peli- gro (2) surgir en estas islas, salvo en el día, que se vea con el ojo adonde se echa el ancla, porque es todo manchas, una de limpio y otra de non, yo me puse á temporejar á la vela toda esta noche del Domingo. Las carabelas surgieron porque se hallaron en tierra temprano, y pensaron que á sus señas, que eran cos- tumbradas de hacer, iría á surgir; mas no quise. >
Domingo 21 de Octubre
«A las diez horas llegué aquí á este cabo del ísleor y surgí, y asimismo las carabelas; y después de haber
(1) Igual vacío en el original: parece falta reconocerla.
(2) Asi el original: parece ha de decir peligroso.
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comido fui en tierra, adonde aquí no habia otra pobla- ción que una casa, en la cual no fallé á nadie: que creo que coa temor se habian fúgido, porque en ella esta- ban todos sus aderezos de casa. Yo no les dejé tocar nada, salvo que me salí con estos capitanes y g^ente á ver la isla; que si las otras ya vistas son muy fermosas y verdes y fértiles, esta es mucho mas y de grandes arboledos y muy verdes. Aqui es unas grandes lagu- nas, y sobre ellas y á la rueda es el arboledo en mara- villa, y aquí y en toda la isla son todos verdes y las yerbas como en el Abril en el Andalucía; y el cantar de los pajaritos, que parece que el hombre nunca se querría partir de aquí, y las manadas de los papaga- yos, que ascurecen el sol; y aves y pajaritos de tantas maneras y tan diversas de las nuestras, que es maravi- lla; y después ha árboles de mil maneras, y todos de su manera fruto, y todos huelen que es maravilla, que yo estoy el mas penado del mundo de no los cognoscer, porque soy bien cierto que todos son cosa de valía, y de ellos traigo la demuestra, y asimismo de las yerbas. Andando así en cerco de una destas lagunas vide una sierpe (1), la cual matamos y traigo el cuero a vues- tras Altezas. Ella como nos vido, se echó en la lagu- na, y nos le seguimos dentro, porque no e.a muy fon- da, fasta que con lanzas la matamos: es de 7 palmos en largo; creo que destas semejantes hay aqui en esta laguna muchfs. Aquí cognoscí del lináloe (2), y mañana he determinado de hacer traer á la nao 10 quiníales, porque me dicen que vale mucho. También andando en busca de muy buena agua fuimos á una población aquí cerca, adonde estoy surto media legua; y la gen- te della como nos sintieron, dieron todos á fugir, y de- jaron las casas, y escondieron su ropa y lo que tenian
(1) Yüana (Iguana) debió de ser esta. — Casas.
(2) Lo mismo que áloe, planta de la que se extrae el acíbar, jugo coDcreto de las hojas. — D.
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por el monte; yo no dejé tomar nada ni la valia de un alfiler. Después se ¡legraron á nos unos hombres de- líos, y uno se llegó del todo aquí; yo di unos cascabe- les y unas cuentecillas de vidrio, y quedó muy conten- to y muy alegre, y porque la amistad creciese mas y los requiriese algo le hice pedir agua, y ellos, después que fui en la nao, vinieron luego á la playa con sus ca- labazas llenas y folgaron mucho de dárnosla, y yo les mandé dar otro ramalejo de cuentecillas de vidrio, y dijeron que de mañana vernian acá. Yo queria hinchir aquí toda la vasija de los navios de agua; por ende, si el tiempo me da lugar, luego me partiré á rodear esta isla fasta que yo haya lengua con este Rey, y ver si puedo haber del el oro que oyó que trae, y después partir para otra isla grande mucho, que creo que debe ser Cipango, según las señas que me dan estos indios que yo traigo, á la cual ellos llaman Colba (1), en la cual dicen que ha naos y mareantes muchos y muy grandes, y de esta isla otra que llaman Bosio (2), que también dicen qués muy grande, y á las otras que son entremedio veré así de pasada, y según yo fallare re- caudo de oro ó especería determinaré lo que he de facer. Mas todavía tengo determinado de ir á la tierra firme y á la ciudad de Guisay, y dar las cartas de vues- tras Altezas al Gran Can (3) y pedir lespuesta, y venir con ella.»
(1) Parece error en el original, por Cuba, como se com- prueba mas adelante.
(2) Acaso Bohío, como dice después.
(3) Colón creyó siempre haber descubierto las costas orientales de la India. Así, pensaba ir a Guisay (Kinsai o Hang-Cheufu, en China) y visitar después al Gran Khan. Quedaba el Gran Khan como un eco o recuerdo de los re- latos de los viajeros venecianos. En el siglo xiii, Khubilai Khan, en la época que la dinastía de los Tchínguis alcanzó su apogeo, intentó una expedición guerrera al Japón (el Cipango de la Edad Media). — ü.
44 M. FERNÁNDEZ DE NAVARRETE
Lunes 22 de Octubre
«Toda esta noche y hoy estuve aquí aguardando sí el Rey de aquí ó otras personas traerían oro ó otra «osa de sustancia, y vinieron muchos de esta gente, se- mejantes á los otros de las otras islas, así desnudos y así pintados, dellos de blanco, dellos de colorado, de- llos de prieto, y así de muchas maneras. Traían azaga- yas y algunos ovillos de algodón a resgatar, el cual trocaban aquí con algunos marineros por pedazos de vidrio, de tazas quebradas y por pedazos de escudi- llas de barro. Algunos dellos traían algunos pedazos de oro colgado a! nariz, el cual de buena gana daban por un cascabel destos de pié de gavilano y por cuen- tecillas de vidrio; mas es tan poco, que no es nada; que es verdad que cualquiera poca cosa que se les dé ellos también tenían á gran maravilla nuestra venida, y creían que éramos venidos del cielo. Tomamos agua para los navios en una laguna que aquí está acerca del Cabo del isleo, que así la nombré, y en la dicha laguna Martin Alonso Pinzón, capitán de la Pinta, mató otra sierpe tal como la otra de ayer, de 7 palmos, y fice to- mar aquí del lináloe cuanto se falló.»
Martes 23 de Octubre
«Quisiera hoy partir para la isla de Cuba, que creo que debe ser Cipango, según las señas que dan esta gente de la grandeza della y riqueza, y no me déteme mas aquí ni (1) esta isla alrededor para ir á la
población, conao tenia determinado, para haber len- gua con este Rey ó Señor, que es por no me detener mucho, pues veo que aquí no hay mina de oro, y al
(1) Igual vacío en el original.
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rodear de estas islas ha menester muchas maneras de viento, y no vienta así como los hombres querrian. Y pues es de andar adonde haya trato grande, digo que no es razón de se detener salvo ir á camino, y calar mucha tierra fasta topar en tierra muy provechosa, aunque mi entender es questa sea muy provechosa de especería; mas que yo no la cognozco, que llevo la mayor pena del mundo, que veo mil maneras de árbo- les que tiene cada uno su manera de fruta, y verde agora como en España en el mes de Mayo y Junio, y mil maneras de yerbas, eso mesmo con flores,y de todo no se cognosció, salvo este liñaioe de que hoy man- dé también traer á la nao mucho para llevar a vuestras Altezas. Y no he dado ni doy la vela para Cuba por- que no hay viento, salvo calma muerta y llueve mucho; y llovió ayer mucho sin hacer ningún frió, antes el día hace calor, y las noches temperadas como en Mayo en España en el Andalucía.»
Miércoles 24 de Octubre
«Esta noche á media noche levanté las anclas de la isla Isabela del Cabo del isleo, qués de la parte del Norte adonde yo estaba posado, para ir á la isla de Cuba, adonde oí desta gente que era muy grande y de gran trato, y había en ella oro, y especerías, y naos grandes, y mercaderes; y me amostró que al Ouesud- ueste iría á ella, y yo asi lo tengo, porque creo que si es así como por señas que me hicieron todos los indios de estas islas y aquellos que llevo yo en los navios, por- que por lengua no los entiendo, es la isla de Cipan- go, de que se cuentan cosas maravillosas (1), y en las
(1) Según Humboldt, con referencia a Titsing (Anales de los Emperadores del Japón), en contraste con la riqueza que Colón atribuia al Japón, reinaba entonces un dairio, Go-tsuts¡ Mikado no-in, tan mísero que hubo de enterrár- sele pobremente. Reinó de 1465 a 1300. — Z).
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esperas (1) que yo vi y en las pinturas de mapamundos es ella en esta comarca, y así navegué fasta el día al Ouesudueste, y amaneciendo calmó el viento y llovió. y así casi toda la noche; y estuve así con poeo viento fasta que pasaba de medio dia, y entonces tornó á ven- tar muy amoroso, y llevaba todas mis velas de la nao, maestra, dos bonetes, y trinquete, y cebadera, y meza- na, y vela de gavia, y el batel por popa; así anduve al camino fasta que anocheció, y entonces me quedaba ei Cabo Verde (2) de la isla Fernandina, el cual es de la parte de Sur; á la parte de Oueste me quedaba ai Nor- ueste, y hacia de mí á él 7 leguas. Y porque ventaba ya recio y no sabia yo cuánto camino hobiese fasta la dicha isla de Cuba, y por no la ir á demandar de noche, porque todas estas islas son muy fondas a no hallar fondo todo en derredor, salvo á tiro de dos lombardas, y esto es todo manchado un pedazo de ro- quedo y otro de arena, y por esto no se puede segu- ramente surgir salvo á vista de ojo, y por tanto acordé de amainar las velas todas, salvo e! trinquete, y andar con él, y de á un rato crecía mucho el viento y hacia mucho camino, de que dudaba, y era muy gran cerra- zón, y llovía; mandé amainar el trinquete y no anduvi mos esta noche dos leguas >, &c.
Jueves 25 de Octubre
Navegó después del sol saiido al Oueste Sudueste hasta las nueve horas; andarían 5 leguas; después mudó el camino al Oueste; andaban 8 .nillas por hora, hasta la una, después de medio dia, y de allí hasta las tres, y andarían 44 naillas. Entonces vieron tierra, y
(1) Acaso por esferas.
(2) Todavía se llama asi el cabo meridional de la isla Larga (Long Islund). - D.
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eran 7 á 8 islas (1), en luengo todas de Norte a Sur; distaban de ellas 5 leguas, &c.
Viernes 26 de Octubre
Estuvo de las dichas islas de ia parte del Sur; era todo bajo cinco ó seis leguas; surgió por allí. Dijeron los indios que llevaba que habia delías a Cuba anda- dura de dia y medio con sus almadias, que son nave- tas de un madero, adonde no llevan vela. Estas son las canoas. Partió de allí para Cuba, porque por las serias que los indios ie daban de la grandeza y del oro y perlas deüa pensaba que era ella, conviene á saber, Cipango.
Sábado 27 de Octubre
Levantó las anclas salido el sol de aquellas islas, que llamó las islas de Arena por el poco fondo que tenían de la parte del Sur hasta 6 leguas. Anduvo 8 milías por hora hasta la una del día al Sursudueste, y ha- brían andado 40 millas, y hasta la noche andarían 28 millas al mesmo camino, y antes de noche vieron tie- rra. Estuvieron la noche al reparo, con mucha lluvia que llovió. Anduvieron el Sábado fasta el poner del sol 17 leguas al Sursudueste.
Domingo 28 de Octubre
Fue de allí en demanda de la isla de Cuba al Sur- sudueste, á la tierra delia mas cercana, y entró en un
(1) Deben ser los Cayos orientales y meridionales del Gran Banco de Bahama, que despiden placer de sonda al Sur, y donde estuvo fondeado Colon el día 2G de Octubre, partiendo desde allí para dar vista á Cuba, como en efecto la víó, entrando el día ¿8 en el puerto de Ñipe.
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rio muy hermoso y muy sin peligro de bajas ni otros inconvenientes, y toda la costa que anduvo por aili era muy hondo y muy limpio fasta tierra; tenia la boca del rio 12 brazas, y es bien ancha para barloventear; sur- gió dentro, diz que a tiro de lombarda. Dice el Almi- rante que nunca tan hermosa cosa vido, lleno de árbo- les todo cercado el rio, fermosos y verdes y diversos de los nuestros, con flores y con su fruto, cada uno de su manera. Aves, muchas, y pajaritos que cantaban muy dulcemente; habia gran cantidad de palmas de otra manera que las de Guinea y de las nuestras: de una estatura mediana y los pies sin aquella camisa, y las hojas muy grandes, con las cuales cobijan las casas; la tierra, muy llana; saltó e! Almirante en la barca y fue á tierra, y llegó á dos casas que creyó ser de pescado- res, y que con temor se huyeron, en una de las cuales halló un perro que nunca ladró, y en ambas casas ha- lló redes de hilo de palma y cordeles, y anzuelo de cuerno, y fisgas de hueso y otros aparejos de pescar, y muchos huegos dentro, y creyó que en cada una casa se juntan muchas personas; mandó que no se tocase en cosa de todo ello, y así se hizo. La yerba era gran- de como en el Andalucía por Abril y Mayo. Halló verdolagas muchas y bledos. Tornóse á la barca y an- duvo por el rio arriba un buen rato, y diz que era gran placer ver aquellas verduras y arboledas, y de las aves, que no podía dejallas para se volver. Dice que es aquella isla !a mas hermosa que ojos hayan visto, llena de muy buenos puertos y ríos hondos, y la mar, que parecía que nunca se debía de aizar porque la yerba de la playa llegaba hasta cuasi el agua, la cual no sue- le llegar donde la mar es brava; hasta entonces no ha- bía experimentado en todas aquellas islas que la mar fuese brava. La isla dice qués llena de montañas muy hermosas, aunque no son muy grandes en longura, sal- vo altas, y toda la otra tierra es alta de la manera de Sicilia; llena es de muchas aguas, según pudo enten-
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der de los indios que consigo ileva, que tomó en la isla de Guanahani, los cuales le dicen por señas que hay 10 ríos grandes y que con sus canoas no la pue- den cercar en veinte días. Cuando iba á tierra con los navios salieron dos almadias ó canoas, y como vieron que los marineros entraban en la barca y remaban para ir á ver el fondo del rio para saber dónde habian de surgir, huyeron las canoas. Decian los indios que en aquella isla habia minas de oro y perlas, y vido el Almirante lugar apto para ellas y almejas, qués seña! dellas, y entendía el Almirante que allí venían naos del Gran Can, y grandes, y que de allí a tierra firme habia jornada de diez días. Llamó el Almirante aquel río y puerto de San Salvador (1).
Lunes 29 de Octubre
Alzó las anclas de aquel puerto y navegó al Po- niente para ir diz que á la ciudad donde le parecía que le decían los indios que estaba aquel Rey. Una punta (2) de la isla le salía á Norueste seis leguas de allí; otra punta (3) le salía al Leste 10 leguas; andada otra legua vido un río, no de tan grande entrada, al cual puso nombre el rio de la Luna (4); anduvo hasta hora de vísperas. Vido otro río muy mas grande que los otros, y así se lo dijeron por señas los indios, y cerca de él vido buenas poblaciones de casas; llamó al rio el rio de Mares (5). Envió dos barcas á una po- blación por haber lengua, y á una de ellas un indio de
(1) Conócese con el nombre de Puerto o Bahía de Ñipe, a seis leguas al SSE. de la punta de Muías.
(2) La punta de Muías.
(3) Punta Cabana, hacia el cayo de Moa.
(4) Debe ser el puerto de Bañes, que está al NNO. del anterior.
(5) Ha de ser el puerto de las Nuevitas del Príncipe.
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los que traía, porque ya los entendían algo y mostra- ban estar contentos con los cristianos, de las cuales todos los hombres y mujeres y criaturas huyeron, des- amparando las casas con todo lo que tenían, y mandó el Almirante que no se tocase en cosa. Las casas diz que eran ya mas hermosas que las que habían visto, y creía que cuanto mas se allegase á la tierra firme se- rian mejores. Eran hechas á manera de alfaneques, muy grandes, y parecían tiendas en real, sin concierto de calles, sino una acá y otra acullá, y de dentro muy barridas y limpias, y sus aderezos muy compuestos. Todas son de ramas de paln-i::> muy hermosas.
Hallaron muchas estatuas en figura de mugeres, y muchas cabezas en manera de caralona (1), muy bien labradas. No sé sí esto tienen por hermosura ó adoran en ellas. Había perros, que jamas ladraron; había ave- citas salvages mansas por sus casas; había maravillo- sos aderezos de redes y anzuelos y artificios de pes- car; no le tocaron en cosa dello. Creyó que todos los de la costa debían de ser pescadores que llevan el pescado la tierra dentro, porque aquella isla es muy grande, y tan hermosa que no se hartaba de decir bien della. Dice que halló árboles y frutas de muy maravi- lloso sabor, y dice que debe haber vacas en ella y otros ganfdos, porque vido cabezas en hueso que le parecieron de vaca. Aves y pajaritos y el cantar de los grillos en toda la noche, con que se holgaban to- dos; los aires, sabrosos y dulces de toda la noche; ni frío ni caliente. Mas por el camino de las otras islas, en aquellas diz que hacia gran calor y allí no, salvo templado como en Mayo; atribuye el calor de las otras islas por ser muy llanas y por el viento que traían has- ta allí, ser Levante, y por eso cálido. El agua de aque- llos ríos era salada á la boca; no supieron de dónde bebían los indios, aunque tenían en sus casas agua
(1) Por carátula, careta o mascarilla.
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dulce. En este rio podían los navios boltejar (1) para entrar y para salir, y tienen muy buenas señas ó mar- cas: tienen siete ú ocho brazas de fondo á la boca y dentro cinco. Toda aquella mar dice que le parece que debe ser siempre mansa como el rio de Sevilla, y el agua aparejada para criar perlas. Halló caracoles grandes, sin sabor, no como los de España. Señala ia disposición del rio y del puerto (2) que arriba dijo y nombró San Salvador, que tiene sus montañas her- mosas y altas como la Peña de los enamorados, y una delias tiene encima otro montecijlo á manera de una hermosa mezquita. Este otro rio y puerto (3) en que agora estaba tiene de la parte del Sueste dos monta- ñas así redondas, y de la parte de! Oueste Norueste un hermoso cabo llano, que sale fuera.
Martes 30 de Octubre
Salió del rio de Mares, al Norueste, y vido cabo lleno de palmas, y púsole Cabo de Palmas (4), des- pués de haber andado 15 leguas. Los indios que iban en la carabela Pinta dijeron que detras de aquel cabo habia un rio (5) y del rio á Cuba habia cuatro jorna- das (6), y dijo el capitán de la Pinta que entendía que
(1) Canal de la entrada del puerto de las Nuevitas del Principe.
(2) «El puerto de Baracoa. > — Casas. — No es sino el puerto de Ñipe.
(.<) «O es este el de Baracoa, por lo que dice del cabo Llano.» — Cesas. — No es sino del puerto de las Nuevitas del Principe; las dos montañas son las lomas del Mañueco, y el cabo Llano, la Punta de Maternillo.
(4) Llámase hoy el Alto de Juan Dañue.
(5) Rio Máximo.
(6) «Muy ascuras andaban todos por no entender á los indios. Yo creo que la Cuba que los indios les decían era la provincia de Cubanacan, de aquella isla de Cuba, que tie- ne minas de oro &c.» — Casas. — No era sino Cuba, la ca- pital de la isla.
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esta Cuba era ciudad, y que aquella tierra era tierra firme muy grande, que va mucho al Norte, y que e! Rey de aquella tierra tenia guerra con el Gran Can, al cual ellos llamaban Cami, y á su tierra ó ciudad, Fava, y otros muchos nombres. Determinó el Almirante de llegar á aquel rio y enviar un presente al Rey de la tie- rra (1) y enviarle la carta de los Reyes, y para ella te- nia un marinero que habia andado en Guinea en lo mismo, y ciertos indios de Guanahani que querían ir con él, con que después los tornasen a su tierra. Al parecer del Almirante distjaba de la línea equinoccial 42 grados hacia la banda del Norte (2), si no está co- rrupta la letra de donde trasladé esto, y dice que ha- bia de trabajar de ir al Gran Can, que pensaba que estaba por allí, ó á la ciudad de Cathay (3), qués del Gran Can, que diz que es muy grande, según le fue dicho antes que partiese de España. Toda aquesta tie- rra dice ser baja y hermosa y fonda la mar.
Miércoles 31 de Octubre
Todala noche Martes anduvo barloventeando, y vído un río donde no pudo entrar por ser baja la entrada, y pensaron los indios que pudieran entrar los navios como entraban sus canoas, y navegando adelante halló un cabo que salía muy fuera, y cercado de ba-
(1) «Toda esta tierra es la isla de Cuba y no tierra fir- me.»— Casas.
(2) Los cuadrantes de aquel tiempo medían la doble al- tura, y, por consiguiente, los 42° que dice distaba de la equi- noccial hacia el N. deben reducirse a 21° de latitud N., que es, con corta diferencia, el paralelo por donde navegaba Colon.
(3) Marco Polo hace la discripcion del gran reino de Cathay, y con este nombre se conoce aun la China en mu- chas partes del Oriente, según el Dr. Robertson. (Recherch. hittor., sect. 3.)
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jos (1), y vido una concha ó bahia donde podian es- tar navios pequeños, y no lo pudo encavalgar porquel viento se había tirado del todo al Norte (2), y toda la costa se corria al Nornorueste y Sueste, y otro cabo que vido adelante le salia mas afuera. Por esto y por- quel cielo mostraba de ventar recio se hobo de tornar al rio de Mares.
Jueves 1° de Noviembre
En saliendo el sol envió el Almirante las barcas á tierra á las casas que allí estaban, y hallaron que era toda la gente huida, y desde á buen rato pareció un hombre, y mandó el Almirante que lo dejasen asegu- rar, y volviéronse las barcas, y después de comer tor- nó á enviar á tierra uno de los indios que llevaba, el cual desde lejos les dio voces diciendo que no hobie sen miedo porque era buena gente y no hacían mal á nadie, ni eran del Gran Can, antes daban de lo suyo en muchas islas que habían estado, y echóse á nadar el indio y fue á tierra, y dos de los de allí lo tomaron de brazos y lleváronlo á una casa, donde se informaron del. Y como fueron ciertos que no se les había de ha- cer mal, se aseguraron y vinieron luego á los navios mas de 16 almadias ó canoas con algodón hilado y otras cosíllas suyas, de las cuales mandó el Almirante que no se tomase nada, por que supiesen que no buscaba el Almirante salvo oro, á que ellos llaman nucay; y así, en todo el día anduvieron y vinieron de tierra á los navios, y fueron de los cristianos á tierra muy seguramente. El Almirante no vido á alguno dellos oro, pero dice eJ Almirante que vido
(1) Es lo que ahora se llama Boca de Carabelas grandes y Punta del Matemillo.
(2) «Por esto que dice aquí del viento que llevaba es cierto que era Cuba por la costa que andaba.» — Casas.
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á uno dellos un pedazo de plata labrado colgfado i la nariz, que tuvo por señal que en la tierra ha- bía plata. Dijeron por señas que antes de tres dias venian muchos mercaderes de la tierra dentro á com- prar de las cosas que allí llevan (1) los cristianos, y darian nuevas del Rey de aquella tierra, el cual, según se pudo entender por las señas que daban, questabade allí cuatro jornadas, porque ellos hablan enviado mu- chos por toda la tierra á le hacer saber del Almirante. Esta gente dice el Almirante es de la misma calidad y costumbre de los otros hallados, sin ninguna secta que yo conozca, que fasta hoy aquestos que traigo no he visto hacer ninguno oración, antes dicen la Salve y el Ave María con las manos al cielo, como le amues- tran, y hacen la señal de la cruz. Toda la lengua tam- bién es una, y todos amigos, y creo que sean todas estas islas y que tengan guerra con el Gran Can, á que ellos llaman Cavila, y á la provincia Bafan, y así an- dan también desnudos como los otros. Esto dice el Almirante. El rio dice que es muy hondo, y en la boca pueden llegar los navios con el bordo hasta tie- rra; no llega el agua dulce á la boca con una legua, y es muy dulce. Y es cierto, dice el Almirante, questa es la tierra firme, y que estoy, dice él, ante Zayto y Guin- say, 100 leguas (2) poco mas ó poco menos lejos de lo uno y de lo otro, y bien se amuestra por la mar, que viene de otra suerte que fasta aquí no ha venido, y ayer, que iba al Norueste, fallé que hacia frió.
(1) Ha de decir llevaban.
(2) «Esta algaravía no entiendo yo.> — Casas. — Como el Almirante estaba persuadido que aquella tierra era el ex- tremo del continente de la India, se creía también á distan- cia de 100 leguas de las ciudades que cita. Marco Polo ha- ce la descripción de Quinsay ó Giunsay en el cap. 9S de la relación de su viaje.
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Viernes 2 de Noviembre
Acordó el Almirante enviar dos hombres españo- les: el uno se llamaba Rodrig-o de Jerez, que vivia en A,yamonte, y el otro era un Luis de Torres, que habia vivido con el Adelantado de Murcia, y habia sido ju- dío, y sabia diz que hebraico y caldeo y aun algo ará- bigo, y con estos envió dos indios: uno de los que con- sigo traia de Guanahani, y el otro, de aquellas casas que en el rio estaban poblados. Dióles sartas de cuen- tas para comprar de comer si íes faltase, y seis dias de término para que volviesen. Dióles muestras de espe- cería para ver si alguna della topasen. Dióles instruc- ción de cómo habían de preguntar por el Rey de aque- lla tierra, y lo que habían de hablar de parte de los Re- yesdeCast¡lla:cómo enviaban al Almirante para queles diese de su parte sus cartas y un presente, y para sa- ber de su estado y cobrar amistad con él y favorece- Ue en lo que hobíese dellos menester, &c., y que su- piesen de ciertas provincias y puertos y ríos de que el Almirante tenia noticia, y cuánto distaban de allí, &c. Aquí tomó el Almirante el altura con un cuadran- te esta noche, y halló que estaba 42 grados (1) de la línea equinoccial, y dice que por su cuenta halló que habia andado desde la isla del Hierro 1.142 leguas (2), y todavía afírma que aquélla es tierra firme.
Sábado 3 de Noviembre En la mañana entró en la barca el Almirante, y por-
(1) «Esto es falso, porque no está Cuba sino en grados.» — Casas. — Debe entendérsela doble altura. Véase la nota 2.* en el día 31 de Octubre.
(2) La verdadera distancia andada era de 1.105 leguai.
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que hace el rio en la boca un gran lago, el cual hace un singularísimo puerto, muy hondo y limpio de pie- dras, muy buena playa para poner navios á monte (1) y mucha leña, entró por el río arriba hasta llegar ai agua dulce, que sería cerca de dos leguas, y subió en un montecillo por descubrir algo de la tierra, y no pudo ver nada por las grandes arboledas, las cuales eran muy frescas, odoríferas, por lo cual dice no tener duda que no haya yerbas aromáticas. Dice que todo era tan hermoso lo que via, que no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza, y los cantos de las aves y pajaritos. Vinieron en aquel día muchas almadias ó canoas á los navios á resgatar cosas de algodón filado y redes en que dormían, que son hamacas.
Domingo 4 de Noviebmre
Luego, en amaneciendo, entró el Almirante en la barca y salió á tierra á cazar de las aves que el día an- tes había visto. Después de vuelto vino á él Martin Alonso Pinzón con dos pedazos de canela, y dijo que un portugués que tenia en su navio había visto a un indio que traía dos manojos della muy grandes; pero que no se la osó resgatar por la pena quel Almirante tenia puesta que nadie resgatase. Decía mas: que aquel indio traia unas cosas bermejas como nueces. El Contramaestre de la Pinta dijo que había hallado árboles de canela. Fue el Almirante luego allá, y halló que no eran. Mostró el Almirante á unos indios de allí canela y pimienta, parece que de la que llevaba de Castilla para muestra, y conoscíéronla diz que, y dije- ron por señas que cerca de allí había mucho de aque- llo, al camino del Sueste. Mostróles oro y perlas, y respondieron ciertos viejos que en un lugar que llama-
(1) Poner los barcos á monte era vararlos en la playa para limpiar ó recorrer sus fondos.
VIAJES DE COLÓN 57
ban Bohio (1) había infinito, y que lo traian al cuello, y á las orejas, y á los brazos, y á las piernas, y también perlas. Entendió mas: que decian que habia naos gran- des y mercaderías, y todo esto era al Sueste. Entendió también que lejos de allí había hombres de un ojo, y otros con hocicos de perros, que comían los hombres, y que en tomando uno lo degollaban y le bebían su sangre y le cortaban su natura. Determinó de volver á la nao el Almirante á esperar los dos hombres que ha- bia enviado, para determinar de partirse á buscar aquellas tierras si no trujesen aquéllos alguna buena nueva de lo que deseaban. Dice mas el Almirante>€s- ta gente es muy mansa y muy temerosa, desnuda, como dicho tengo, sin armas y sin ley. Estas tierras son muy fértiles; ellos las tienen llenas de mames (2), que son como zanahorias(3),que tienen sabor de castañas,y tie- nen faxones (4) y fabas muy diversas de las nuestras, y mucho algodón, el cual no siembran y nace por los montes, árboles grandes, y creo que en todo tiempo lo haya para coger, porque vi los cogujos abiertos y otros que se abrían, y flores todo en un árbol, y otras mil maneras de frutas que no me es posible escríbir,^/y
(1) tBohio llamaban los indios de aquellas islas á las casas, y por eso creó que no entendía bien e) Almirante. Ante debía de decir por la Isla Española, que llamaban Haití.* — Casas.
(2) Los aquí llamados mames por Colón son tubérculos de alguna especie del gen. Dioscorea (acaso la D. trífida), que se llaman también ñames o yames, perfectamente dis- tinta de la batata o aje de los historiadores primitivos de Indias. — D.
(3) «Los ajes ó batatas son estos.» — Casas. — Oviedo, en su Historia natural de las Indias, cap. 82, distingue los ajes de las batatas. Aquéllos (dice) tiran á un color como entre morado azul, y éstas son mas pardas y mejores. No les da el nombre de mames.
(4) Acaso fexoes, por fréjoles ó judías, como mas ade- lante.
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todo debe ser cosa provechosa. Todo esto dice el Almirante.
Lunes 5 de Noviembre
En amaneciendo mandó poner la nao á monte y los otros navios, pero no todos juntos, sino que quedasen siempre dos en el lugar donde estaban, por la seguri- dad, aunque dice que aquella gente era muy segura y sin temor se pudieran poner todos los navios junto en monte. Estando así vino el Contramaestre de la Niña á pedir albricias al Almirante porque había hallado almáciga; mas no traía la muestra porque se le había caído. Prometióselas el Almirante, y envió á Rodrigo Sánchez y á Maestre Diego á los árboles, y trajeron un poco della, la cual guardó para llevar á los Reyes, y también del árbol; y dice que se cognosció que era almáciga, aunque se ha de coger á sus tiempos, y que había en aquella comarca para sacar 1.000 quintales cada año. Halló diz que allí mucho de aquel palo que le pareció lináloe. Dice mas: que aquel puerto de Ma- res (1) es de los mejores del mundo y mejores aires y mas mansa gente, y porque tiene un cabo de peña al- tillo 9e puede hacer una fortaleza, para que si aquello saliese rico y cosa grande estarían allí los mercaderes seguros de cualquiera otras naciones; y dice: nuestro Señor, en cuyas manos están todas las victorias, ade- rezca todo lo que fuere su servicio. Diz que dijo un indio por señas que el almáciga era buena para cuan* do les dolía el estómago.
Martes 6 de Noviembre
Ayer en la noche, dice el Almirante, vinieron los dos hombres que había enviado á ver la tierra dentro,
(1) «Este debe ser Baracoa.» — Casas. — No es sino las Auevitas del Principe.
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y le dijeron cómo habian andado 12 leguas que había hasta una población de 50 casas (1), donde diz que habia 1.000 vecinos, porque viven muchos en una casa. Estas casas son de manera de alfanequcs grandísiinos. Dijeron que los habian rescebido con gran solemni- dad, según su costumbre, y todos, así hombres como mugeres, los venían á ver, y aposentáronlos en las me- jores casas; los cuales los tocaban y les besaban las ma- nos y los pies, maravillándose y creyendo que venían del cielo, y así se lo daban á entender. Dábanles de comer de lo que tenían. Dijeron que en llegando los llevaron de brazos los más honrados del pueblo á la casa principal, y diéronles dos sillas, en que se asenta- ron, y ellos todos se asentaron en el suelo en derredor de ellos. El indio que con ellos iba les notificó la ma- nera de vivir de los cristianos y cómo eran buena gen- te. Después saliéronse los hombres y entraron las mu- geres, y sentáronse de la misma manera en derredor dellos, besándoles las manos y los pies, atentándoles si eran de carne y de hueso como ellos. Rogábanles que se estuviesen allí con ellos al menos por cinco días. Mostraron la canela y pimienta y otras especias quel Almirante les habia dado, y dijéronles por señas que mucha della habia cerca de allí al Sueste; pero que en allí no sabian si la habia. Visto como no te- nían recaudo de ciudades, se volvieron, y que sí qui- sieran dar lugar a los que con ellos se querían venir, que mas de 500 hombres y mugeres vinieran con ellos, porque pensaban que se volvían al cíelo. Vino, empe- ro, con ellos un principal del pueblo y an su hijo y un hombre suyo; habló con ellos el Almirante; hízoles mucha honra; señalóle muckas tierras é islas que habia en aquellas partes; pensó de traerlos á los Reyes, y diz que no supo qué se le antojó: parece que de miedo y de noche escuro quísose ir á tierra; y el Almirante diz
(1) Debe ser la villa del Principe ó el Bayamo.
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que porque tenía la nao en seco en tierra, no le que- riendo enojar, le dejó ir, diciendo que en amaneciendo tornaria, el cual nunca tornó. Hallaron los dos cris- tianos por el camino mucha gente que atravesaba á sus pueblos, mujeres y hombres, con un tizón en la mano, yerbas para tomar sus sahumerios que acostumbra- ban (1); no hallaron población por el camino de mas de cinco casas, y todos les hacian el mismo acatamien- to. Vieron muchas maneras de árboles é yerbas é flo- res odoríferas. Vieron aves de muchas maneras diver- sas de las de España, salvo perdices y ruiseñores, que cantaban, y ánsares, y desio hay allí harto; bestias de cuatro pies no vieron, salvo perros que no ladraban. La tierra, muy fértil y muy labrada de aquellos mames y fexoes (2), y habas muy diversas de las nuestras; eso
(1) En la Historia general de Indias, que escribió el Obispo Casas, capítulo 46, refiere mas circunstanciada- mente este suceso. «Hallaron (dice) estos dos cristianos por el camino mucha gente que atravesaban a sus pueblos, mu- geres y hombres; siempre los hombres con un tizón en las manos y ciertas yerbas para tomar sus sahumerios, que son unas yerbas secas metidas en una cierta hoja seca también, á manera de mosquete hecho de papel, de los que hacen los muchachos la Pascua del Espíritu Santo; y encendido por una parte de él, por la otra chupan ó sorben ó reciben con el resuello para adentro aquel humo, con el cual se ador- mecen las carnes y cuasi emborracha, y así diz que no sienten el cansancio. Estos mosquetes, ó como los llamáremos, lla- man ellos tabacos. Españoles cognoscí yo en esta Isla Espa- ñola que los acostumbraron á tomar, que siendo reprendidos por ello, diciéndoseles que aquello era vicio, respondían que no era en su mano dejarlos de tomar. No sé qué sabor ó provecho hallaban en ellos. > Véase aquí el origen de nues- tros cigarros. ¿Quién diría entonces que su consumo y uso llegaría á ser tan común y general, y que sobre este vicia nuevo y singular se había de establecer una de las mas pin- gües rentas del Estado?
(2) Lo mismo que fréjoles ó judias.
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mismo panizo y mucha cantidad de algodón cogido y fíiado y obrado, y que en una sola casa habian visto mas de 500 arrobas, y que se pudiera haber aUí cada año 4.000 quintales. Dice el Almirante que le parecía que no lo sembraban y que da fruto todo el año; es muy fino, tiene el capillo muy grande; todo lo que aquella gente tenia diz que daba por muy vil precio, y que una gran espuerta de algodón daba por cabo de agujeta ó otra cosa que le dé. Son gente, dice el Al- mirante, muy sin mal ni de guerra; desnudos todos, hombres y mugeres, como sus madres los parió. Ver- dad es que las mugeres traen una cosa de algodón so- lamente tan grande que le cobija su natura y no mas, y son ellas de muy buen acatamiento, ni muy negras, salvo menos que canarias. «Tengo por dicho, serení- simos Principes (dice el Almirante), que sabiendo la lengua dispuesta suya personas devotas religiosas, que luego todos se tornarían cristianos; y así, espero en nuestro Señor que vuestras Altezas se determinarán á ello con mucha diliorencia, para tornar á la Iglesia tan grandes pueblos, y los convertirán, así como han des- truido aquellos que no quisieron confesar el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo; y después de sus dias, que todos somos mortales, dejarán sus reinos en muy tran- quilo estado y limpios de heregía y maldad, y serán bien rescebidos delante el Eternp Criador, al cual ple- ga de les dar larga vida y acrecentamiento grande de mayores reinos y señoríos, y voluntad y disposición para acrecentar la santa religión cristiana, así como hasta aquí tienen fecho, amen. Hoy tiré la nao de monte (1) y me despacho para partir el Jueves, en nom- bre de Dios, é ir al Sueste á buscar del oro y espece- rías y descobrir tierra.» Estas todas son palabras del Almirante, el cual pensó partir el Jueves; pero porque
(1) Tirar la nao de monte es botarla ó echarla al agua cuando está varada.
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le hizo el viento contrario no pudo partir hasta doce dias de Noviembre.
Lunes 12 de Noviembre
Partió del puerto y rio de Mares al rendir del cuar- to de alba, para ir á una isla que mucho afirmaban los indios que traia que se llamaba Babeque (1), adonde, según dicen por señas, que la gente della coge el oro con candelas de noche en la playa, y después con martillo diz que hacian vergas dello, y para ir á ella era menester poner la proa al Leste cuarta del Sues- te. Después de haber andado ocho leguas por la cos- ta delante halló un rio, y dende andadas otras cuatro halló otro rio, que parecía muy caudaloso y mayor que ninguno de los oíros que habia hallado. No se quiso detener ni entrar en alguno dellos por dos respectos: el uno y principal, por quel tiempo y viento era bue- no para ir en demanda de la dicha isla de Babeque; lo otro, porque si en él hobiera alguna populosa ó famo- sa ciudad cerca de la mar se pareciera, y para ir por el rio arriba eran menester navios pequeños, lo que no eran los que llevaba; y así se perdiera también mu- cho tiempo, y los semejantes rios son cosa para des- cubrirse por sí. Toda aquella costa era poblada, ma- yormente cerca del rio, á quien puso por nombre eí rio del Sol; dijo quel Domingo antes, 11 de Noviem- bre, le había parecido que fuera bien tomar algunas personas de las de aquel rio para llevar á los Reyes, porque aprendieran nuestra lengua para saber lo que hay en la tierra, y porque volviendo sean lenguas de los «ristianos y tomen nuestras costumbres y las cosas de la Fé, «porque yo vi é cognozco (dice el Almiran- te) questa gente no tiene secta ninguna, ni son idóla-
(1) Isla de Babeque ó Bohío llamaban los indios á la costa de tierra firme, conocida también de ellos por Cari- taba.
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tras, salvo muy mansos, y sin saber quesea mal, ni ma- tar á otros, ni prender, y sin armas, y tan temerosos que á una persona de los nuestros fuyen 100 dellos, aunque burlen con ellos, y crédulos y cognoscedores que hay Dios en el cielo, é firmes que nosotros habe- rnos venido del cielo, y muy presto á cualquiera ora- ción que nos les digamos que digan, y hacen el señal de la cruz ^. Así, que deben vuestras Altezas deter- nainarse á los hacer cristianos, que creo que si comien-* zan, en poco tiempo acabará de los haber convertido á nuestra Santa Fé multidumbre de pueblos, y cobran- do grandes señoríos y riquezas y todos sus pueblos de la España; porque sin duda es en estas tierras grandísima suma de oro, que no sin causa dicen estos indios que yo traigo que ha en estas islas lugares adonde cavan el oro y lo traen al pescuezo, á las ore- jas y á los brazos é á las piernas, y son manillas muy gruesas, y también ha piedras y ha perlas preciosas y infinita especería; y en este rio de Mares, de adonde partí esta noche, sin duda ha grandísima cantidad de almáciga, y mayor si mayor se quisiere hacer, porque los mismos arboles, plantándolos, prenden de ligero y ha muchos y muy grandes, y tienen la hoja como len- tisco, y el fruto, salvo qués mayor así los árboles como la hoja, como dice Plinio é yo he visto en la isla de Xió en el Archipiélago (1), y mandé sangrar muchos destos árboles para ver si echaría resina, para la traer, y como haya siempre llovido el tiempo que yo he es- tado en el dicho rio no he podido haber della, salvo muy poquita que traigo á vuestras Altezas, y también puede ser que no es el tiempo para los sangrar, que esto creo que conviene al tiempo que los árboles co- mienzan á salir del invierno y quieren echar la flor, y
(1) Antes de venir á Portugal y á España habla navega- do y visto Colon todo el mar de Levante. (Véase el cap. 4 de su Hist., escrita por su hijo D. Hernando.)
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acá ya tienen el fruto cuasi maduro agfora. Y tanabien aquí se habría grande suma de algodón, y creo que se vendería muy bien acá sin le llevar á España, salvo á las grandes ciudades del Gran Can que se descubri- rán sin duda, y otras muchas de otros señores que ha- brán en dicha servir á vuestras Altezas, y adonde se les darán de otras cosas de España, de las tierras de Oriente, pues estas son á nos en Poniente, y aquí ha también infinito lináloe, aunque i.o es cosa para hacer ^ran caudal; mas del almáciga es de entender bien porque no lo ha, salvo en la dicha isla de Xió, y creo que sacan dello bien 50.000 ducados, sí mal no me acuerdo; y ha aquí en la boca del dicho rio el mejor puerto que fasta hoy vi, limpio é ancho é fondo, y buen lugar (1) y asiento para hacer una villa é fuerte, é que cualesquier navios se puedan llegar el bordo á los muros, é tierra muy temperada y alta, y muy buenas aguas. Así, que ayer vino abordo de la nao una almadia con seis mancebos, y los cinco entraron en la nao; estos mandé detener é los traigo. Y después envié á una casa que es de la parte del río del Poniente, y trujeron siete cabezas de mugeres, entre chicas é grandes, y tres niños. Esto hice porque mejor se comportan los hom- bres en España habiendo mugeres de su tierra que sin ellas, porque ya otras muchas veces se acaeció traer los hombres de Guinea para que deprendiesen la lengua en Portugal, y después que volvían y pensa- ban de se aprovechar dellos en su tierra por la buena compañía que le habían hecho y dádivas que se les habían dado, en llegando en tierra jamas parecían. Otros no lo hacían así. Así que teniendo sus mugeres ternán gana de negociar lo que se les encargare, y también estas mugeres mucho enseñarán á los nues- tros su lengua, la cual es toda una en todas estas islas
(1) Este puerto, al cual Colon llamó del Sol, debe ser el puerto del Padre.
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de India, y todos se entienden y todas las andan con sus almadias, lo que no han en Guinea, adonde es mil maneras de lenguas, que la una no entiende la otra. Esta noche vino abordo en una almadia el marido de una destas mujeres, y padre de tres fijos, un macho y dos fembras, y dijo que yo le dejase venir con ellos, y á mí me aplogó mucho, y quedan agora todos con- solados con el que deben todos ser parientes, y él es ya hombre de 45 años.> Todas estas palabras son for- males del Almirante. Dice también arriba que hacia algún frió, y por esto que no le fuera buen consejo en invierno navegar al Norte para descubrir (1). Navegó este Lunes hasta el sol puesto 18 leguas al Leste cuar- ta del Sueste, hasta un cabo, á que puso por nombre el Cabo de Cuba (2).
Martes 13 de Noviembre
Esta noche toda estuvo á la corda, como dicen los marineros, que es andar barloventeando y no andar nada, por ver un abra, que es una abertura de sierras como entre sierra y sierra, que se comenzó á ver al poner del sol, adonde se mostraban dos grandísimas inoQtañas (3), y parecía que se apartaba la tierra de Cuba con aquella de Bohío, y esto decían, los indios que consigo llevaban, por señas. Venido el día claro dio las velas sobre la tierra, y pasó una punta que le pareció anoche obra de dos leguas, y entró en un gran golfo, cinco leguas al Sursudueste, y le quedaban otras
(1) «Desto que aquí dice parece que si navegara hacia el Norte, en dos dias sin duda descubriera la Florida.» — Casas.
(2) Este cabo, según el viage que hizo Colon al Este desde su salida del rio de Mares (Nuevitas), debe ser la Punta de Muías.
(3) «Estas montañas eran la una el Cabo de Cuba, que se llama punta de Mahici.> — Casas. — No eran sino las Sie- rras del Cristal y las del Moa.
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cinco para llegar al cabo, adonde en medio de dos g-randes montes hacia un degollado, el cual no pudo determinar si era entrada de niar; y porque deseaba ir á la isla que llamaban Babeque, adonde tenia nueva, según él entendia, que habia mucho oro, la cual isla le salia al Leste; como no vido alguna grande población para ponerse al rigor del viento, que le crecía mas que nunca hasta allí, acordó de hacerse á la mar y andar al Leste con el viento, que era Norte, y andaba ocho millas cada hora, y desde las diez del día, que tomó aquella derrota, hasta el poner del sol anduvo 56 mi lias, que son 14 leguas, ai Leste, desde el Cabo de Cuba. Y de la otra tierra del Bohio, que le quedaba á solaviento, comenzando delcabo del sobredicho golfo, descubrió á su parecer 80 millas, que son 20 leguas, y corríase toda aquella costa Lesueste y Ouesnoroeste.
Miércoles 14 de Noviembre
Toda la noche de ayer anduvo al reparo y barlo- venteando (porque decia que no era razón de navegar entre aquellas islas de noche hasta que las hubiese descubierto), porque los indios que traía le dijeron ayer Martes que habría tres jornadas desde el rio de Mares hasta la isla de Babeque, que se debe entender jornadas de sus almadias, que pueden andar 7 leguas, y el viento también le escaseaba; y habiendo de ir al Leste no podía sino a la cuarta del Sueste, y por otros incorvenientes que allí refiere se hobo de detener hasta la mañana. Al salir del sol determinó de ir á buscar puerto, porque de Norte se habia mudado el viento al Nordeste, y si puerto no hallara fuérale ne- cesario volver atrás, á los puertos que dejaba en la isla de Cuba. Llegó á tierra, habiendo andado aqiiella noche 24 millas al Leste cuarta del Sueste; anduvo al Sur (1) millas hasta tierra, adonde vio muchas
(1) Igual vacío en el original.
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entradas y muchos isletas y puertos, y por quel vien- to era mucho y la mar muy alterada no osó acometer á entrar, antes corrió por la costa al Norueste cuarta del Oueste, mirando si habia puertos, y vido que ha- bía muchos, pero no muy claros. Después de haber andado asi 64 millas halló una entrada muy honda, an- cha un cuarto de milla, y buen puerto (1), y rio, don- de entró y puso la proa al Sursudueste, y después al Sur hasta llegar al Sueste, todo de buena anchura y muy fondo, donde vido tantas islas que no las pudo contar todas, de buena grandeza, y muy altas tierras, llenas de diversos árboles de mil maneras, é infinitas palmas. Maravillóse en gran manera ver tantas islas y tan altas, y certifica á los Reyes que las montañas que desde antier ha visto por estas costas y las destas islas que le parece que no las hay mas altas en el mun- do ni tan hermosas y claras, sin niebla ni nieve, y al pié dellas grandísimo fondo; y dice que cree que es- tas islas son aquellas innumerables que en los mapa- mundos en fin de Oriente se ponen (2); y dijo que creia que habia grandísimas riquezas y piedras pre- ciosas y especería en ellas, y que duran muy mucho al Sur y se ensanchan á toda parte. Púsoles nombre la mar de nuestra Señora, y al puerto que está cc^ca de la boca de la entrada de las dichas islas puso puerto del Príncipe, en el cual no entró mas de velle desde fuera hasta otra vuelta que dio el Sábado de la sema- na venidera, como allí parecerá. Dice tantas y tales cosas de la fertilidad y hermosura y altura destas islas que halló en este puerto, que dice á los Reyes que no se maravillen de encarecellas tanto, porque les certifí-
(1) Parece debe ser el puerto de Tanamo. en Cuba.
(2) Véase el mapamundi de Martin de Behem, cons- truido en 1492 y publicado por Mur y por Cladera, y se ad- vertirá la multitud de islas que se coloca'ía al extremo oriental de la India.
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ca que cree que no dice la centésima parte: algunas deüas que parecia que llegan a! cielo y hechas como puntas de diamantes; otras, que sobre su gran altura tiene» encima como una mesa, y al pié dellas fondo grandísimo, que podrá llegar á ella una grandísima ca- rraca (1), todas llenas de arboledas y sin peñas.
Jueves 15 de Noviembre
Acordó de andallas estas islas con las barcas de los navios, y dice maravillas dellas, y que halló almáciga é infinito lináloe, y algunas dellas eran labradas de las raices de que hacen su pan los indios, y hailó haber encendido fuego en algunos lugares; agua dulce no vido; gente habia alguna, y huyeron; en todo lo que anduvo halló hondo de 15 y 16 brazas, y todo basa, que quiere decir quel suelo de abajo es arena y no peñas, lo que mucho desean los marineros, porque las peñds cortan los cables de las anclas de las naos.
Viernes ^6 de Noviembre
Porque en todas las partes, islas y tierras donde en- traba dejaba siempre puesta una cruz, entró en la bar- ca y fue á la boca de aquellos puertos, y en una pun- ta de la tierra halló dos maderos muy grandes, uno mas largo que el otro, y el uno sobre otro, hechos una cruz, que diz que un carpintero no los pudiera poner mas proporcionados; y adorada aquella cruz, mandó hacer de los mismos maderos una muy grande y alta cruz. Halló cañas por aquella playa, que no sabia don- de n ician, y creía que las traería algún río y las echa- ba á la playa, y tenía en esto razón. Fue á una cala dentro de la entrada del puerto de la parte del Sues-
(1) Con este nombre designaban ó conocian ya á los navios de mayor magnitud en el siglo xiii, según lo expre- sa el Rey D. Alonso el Sabio en la part. 2.", tít. 24, ley 7.
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te (cala es una entrada angosta que entra el agfua del mar en la tierra); allí hacia un alto de piedra y peña como cabo, y a! pié del era muy fondo, que la mayor carraca del mundo pudiera poner el bordo en tierra, y habia un lugar ó rincón donde podian estar seis na- vios sin anclas como en una sala. Parecióle que se po- día hacer allí una fortaleza á poca costa, si en algún tiempo en aquella mar de islas resultase algún resgate famoso. Volviéndose á la nao, halló los indios que consigo traía que pescaban caracoles muy grandes que en aquellas mares hay, y hizo entrar la gente allí é buscar si habia nácaras, que son las ostias donde se crian las perlas, y hallaron muchas, pero no perlas, y atribuyólo á que no debía de ser el tiempo deílas, que creía él que era por Mayo y Junio. Hallaron los mari- neros un animal que parecía taso o taxo. Pescaron también con redes, y hallaron un pece, entre otros mu- chos, que parecía propio puerco, no como tonina, el cual diz que era todo concha muy tiesta, y no tenia cosa blanda sino la cola y los ojos, y un agujero de- bajo della para expeler sus superfluidades; mandólo salar para llevarlo que viesen los Reyes.
Sábado 17 de Noviembre
Entró en la barca por la mañana y fue á ver las is- las que no habia visto por la banda del Sudueste; vido muchas otras y muy fértiles y muy graciosas, y en- tre medio deltas muy gran fondo; algunas dellas divi- dían arroyos de agua dulce, y creía que aquella agua y arroyos salían de algunas fuentes que manaban en los altos de las sierras de las islas. De aquí yendo adelante halló una ribera de agua muy hermosa y dul- ce, y salía muy fria por lo enjuto della; había un pra- do muy lindo, y palmas muchas y altísimas mas que las que habia visto; halló nueces grandes de la India,
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creo que dice, y ratones grandes (1) de los de India también, y cangrejos grandísimos. Aves vido muchas, y olor vehemente de aimizque, y creyó que lo debía de haber allí. Este día, de seis mancebos que tomó en el rio Mares, que mandó que fuesen en la carabela Niña, se huyeron los dos mas viejos.
Domingo 18 de Noviembre
Salió en las barcas otra vez, con mucha gente de los navios, y fue á poner la gran cruz que habia mandado hacer de los dichos dos maderos á la boca de la en- trada del dicho puerto del Príncipe, en un lugar visto- so y descubierto de árboles; ella muy alta y muy her- mosa vista. Dice que la mar crece y descrece allí mu- cho mas que en otro puerto de lo que por aquella tierra haya visto, y que no es mas maravilla, por las muchas islas, y que la marea es al revés de las nues- tras, porque allí la luna al Siidueste cuarta del Sur es baja mar en aquel puerto. No partió de aquí por ser Domingo.
Lunes 19 de Noviembre
Partió antes quel sol saliese, y con calma, y después* a! medio dia, ventó algo al Leste y navegó al Nornord- este; al poner del sol le quedaba el puerto del Prin- cipe al Sursudueste, y estaría del 7 leguas. Vido la isla de Babeque al Leste justo, de la cual estaría 60 mi- llas. Navegó toda esta noche al Nordeste escaso; añ-
il) *Hutias debían de ser.> — Casas. — Oviedo, en la Relac. sumar, de la Hisi. nat. de Indias, cap. 6, dice que las hutías son cuasi como ratones ó tienen con ellos algún deudo ó proximidad; y los cortes son como conejos ó gaza- pos chicos, y no hacen mal, y son muy lindos y de varioi colores.
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<laria 60 millas, y hasta las diez del dia Martes otras 12, que son por todas 18 leguas, y al Nordeste cuarta del Norte.
Martes 20 de Noviembre
Quedábanle el Babeque, ó las islas del Babtque, al Lesueste, de donde salía el viento que llevaba, contra- rio. Y viendo que no se mudaba y la mar se alteraba, determinó de dar ia vuelta al puerto del Principe, de donde habia salido, que le quedaba 7,5 leguas. No qui- se ir á la isleta que llamó Isabela, que le estaba 12 le- guas, que pudiera ir á surgir aquel diá, por dos razo- nes: la una, porque vido dos islas al Sur, las queria ver; la otra, porque los indios que traia, que habia to- mado en Guanahaniy que llamó San Salvador, que estaba 8 leguas de aquella Isabela, no se le fuesen, de los cuales diz que tiene necesidad, y por traellos á Castilla &c. Tenían diz que entendido que en hallan- do oro los había el Almirante de dejar tornar á su tie- rra. Llegó en parage del puerto del Príncipe; pero no lo pudo tomar porque era de noche y porque lo de- cayeron las corrientes al Norueste. Tornó á dar la vuel- ta y puso la proa al Nordeste con viento recio; aman- só y mudóse el viento al tercero cuarto de la noche; puso la proa en el Leste cuarta (del Nordeste; el vien- to era Susueste y mudóse al alba de todo en Sur, y tocaba en el Sueste. Salido el sol, marcó el puerto del Principe, y quedábale al Sudueste y cuasi á la cuarta del Oueste, y estaría del 48 millas, que son 12 Jeguas.
Miércoles 21 de Noviembre
AI sol salido navegó al Leste con viento Sur; andu- vo poco, por la mar contraria; hasta horas de vísperas
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hobo andado 24 millas. Después se mudó el viento al Leste y anduvo al Sur cuarta del Sueste, y al poner del sol habia andado 12 millas. Aquí se halló el Al mirante en 42° de la línea equinoccial (1) á la parte del Norte, como en el puerto de Mares; pero aquí di- ce que tiene suspenso el cuadrante hasta llegar a tie- rra, que lo adobe. Por manera que le parecía que no debía distar tanto, y tenia razón, porque no era posi- ble como no estén es^tas islas sino en (2) gra- dos. Para creer quel cuadrante andaba bueno le mo- vía ver, diz, que el Norte (3) tan alto como en Casti- lla, y si esto es verdad, mucho allegado y alto andaba con la Florida; pero ¿dónde están luego agora eslas islas que entre manos traía? Ayudaba á esto que ha- cia diz que gran calor; pero claro es que si estuviera en la costa de la Florida que no hobiera calor, sino frío; y es también manifiesto que en 42° en ninguna parte de la tierra se cree hacer calor si no fuese por alguna causa de per acciciens, lo que hasta hoy no creo yo que se sabe. Por este calor que allí el Almi- rante dice que padecía, arguye que en estas Indias, y por allí donde andaba, debía de haber mucho oro. Este día se apartó Martin Alonso Pinzón con la cara- bela Pinta, sin obediencia y voluntad del Almirante, por cudicía, diz que pensando que un indio que el Al- mirante habia mandado poner en aquella carabela le había de dar mucho oro, y así, se fue sin esperar, sin causa de mal tiempo, sino pOrque quiso. Y dice aquí el Almirante: «otras muchas me tiene hecho y dicho.»
Jueves 22 de Noviembre Miércoles en la noche navegó al Sur cuarta del
(1) Son solo 21° de latitud. (Véase la nota 2.' en el dia 31 de Octubre.)
(2) Igual vacio en el original.
(3) Falta el verbo era ó esía¿>a para completar la oración.
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Sueste con el viento Leste, y era cuasi calma; al ter- cero cuarto ventó Nornordeste; todavía iba al Sur, por ver aquella tierra que por allí le quedaba, y cuando sa- lió el sol se halló tan lejos como el dia pasado, por las corrientes contrarias, y quedábale la tierra 40 millas. Esta noche Martin Alonso sio^uió el camino del Leste para ir á la isla de Babeque, donde dicen los indios que hay mucho oro, el cual iba á vista del Almirante, y habría hasta él 16 millas. Anduvo el Almirante toda la noche la vuelta de tierra, y hizo tomar algunas de las velas y tener farol toda la noche, porque íe pare- ció que venia hacia él, y la noche hizo muy clara, y el ventecillo. bueno para venir á él si quisiera.
Viernes 23 de Noviembre
Naveg-ó el Almirante todo el dia hacia la tierra, ai Sur siempre, con poco viento, y la corriente nunca le dejó llegar á ella; antes estaba hoy tan lejos della ai poner del sol, como en la mañana. El viento era Les- nordeste y razonable para ir al Sur, sino que era poco; y sobre este cabo encabalga otra tierra ó cabo que va también al Leste, a quien aquellos indios que lle- vaba llamaban Bohio, la cual decían que era muy grande y que había en ella gente que tenia un ojo en la frente, y otros que se llamaban caníbales, á quie» mostraban tener gran miedo. Y desque vieron que lleva (1) este camino, diz que no podían hablar por- que los comían, y q«e son gente muy armada. El Al- mirante dice que bien cree que había algo dello; mas que pues eran armados, sería gente de razón, y creía que habían captívado algunos, y que porque no vol- vían a sus tierras dirían que los comían. Lo mismo creían de les cristianos y del Almirante al princip¡o> que algunos los vieron.
(1) Ha de decir llevaba.
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Sábado 24 de Noviembre
Navegó aquella noche toda, y á la hora de tercia del dia tomó la tierra sobre la isla llana (1), en aquel mismo lugar donde habia arribado la semana pasada cuando iba á la isla de Babeque. Al principio no osó llegar á la tierra porque le parecía que aquella abra de sierras rompia la mar mucho en ella. Y en fin llegó á la mar de nuestra Señora, donde habia las muchas is- las, y entró en el puerto, questá junto á la boca de la «ntrada de las islas, y dice que si él antes supiera este puerto y no se ocupara en ver las islas de la mar de nuestra Señora, no le fuera necesario volver atrás, aunque dice que lo da por bien empleado por haber visto las dichas islas. Así, que llegando á tierra, envió la barca y tentó el puerto, y halló muy buena barra, honda de seis brazas, y hasta 20, y limpio, todo basa; entró en él poniendo la proa al Sudueste, y después volviendo al Oueste, quedando la isla llana de la par- te del Norte, la cual con otra su vecina hace una la- guna de mar en que cabrían todas las naos de Espa- ña (2) y podian estar seguras, sin amarras, de todos los vientos. Y esta entrada de la parte del Sueste, que se entra poniendo la proa al Sursudueste, tiene la salida al Oueste muy honda y muy ancha; así que se puede pasar entremedio de las dichas islas, y por cognosci- miento dellas, á quien viniese de la mar de la parte del Norte, qués su travesía desta costa. Están las di- chas islas al pié de una grande montaña (3), qués su
(1) Cayo de Moa.
(2) «Este debe ser e! puerto que llamó 5anta Catalina, porque llegó á él su víspera.» — Casas. — No es sino el puer- to de cayo de Moa, cuya descripciÓD es muy exacta.
(3) Las sierras de Moa.
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longfura de Leste Oueste, y es harto lueng^a y mas alta y luengfa que ninguna de todas las otras que están en esta costa, adonde hay infinitas, y hace fuera una restin- ga a! luengo de la dicha montaña, como un banco, que llega hasta ia entrada. Todo esto de la parte del Sueste, y también de la parte de la isla llana hace otra restin- ga, aunquesta es pequeña, y así, entremedias de am- bas hay grande anchura y fondo grande, como dicho es. Luego, á la entrada á la parte del Sueste, dentro, en el mismo puerto, vieron un rio grande (1) y muy hermoso, y de mas agua que hasta entonces hablan visto, y que bebía el agua dulce hasta la mar. A la en- trada tiene un banco; mas después adentro es muy hondo de ocho y nueve brazas. Está todo lleno de palmas y de muchas arboledas, como los otros.
Domingo 25 de Noviembre
Antes del sol salido entró en la barca, y fué a ver un cabo ó punta de tierra (2) al Sueste de la isleta llana, obra de una legua y media, porque le parecía que había de haber algún rio bueno. Luego, á la en- trada del cabo de ia parte del Sueste, andando dos ti- ros de ballesta, vio venir un grande arroyo de muy linda agua, que decendia de uaa montaña (3) abajo, y hacía gran ruido. Fue al rio, y vio en él unas piedras relucir, con unas manchas en ellas de color de oro (4), y acordóse que en el rio Tejo, que al pié dé! junto á la mar se halló oro, y parecióle que cierto debía tener oro (5), y mandó coger ciertas de aquellas piedras para llevar á los Reyes. Estando así dan voces los mozos
(1) Es el río de Moa.
(2) Punta del Mangle ó del Guarico.
(3) De las sierras de Moa.
(4) «Estas debían ser piedras de Margarita.» — Casas
(5) «No hay duda sino que allí lo había.» — Casas.
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grumetes diciendo que vian piñales (1). Miró por la sierra, y vídolos tan grandes y tan maravillosos que no podía encarecer su altura y derechura, como husos gordos y delgados, donde cognosció que se podian hacer navios é infinita tablazón y masteles para los mayores naos de España. Vido robles y madroños, y un buen rio, y aparejo para hacer sierras de agua. La tierra y los aires, mas templados que hasta allí, por la altura y hermosura de !as sierras. Vido por la playa muchas otras piedras de color de hierro, y otras que decían algunos que eran de minas de plata, todas las cuales trae el rio. Allí cogió una entena y mastel para la mezana de la carabela Niña. Llegó á la boca del rio, y entró en una cala (2) al pié de aquel cabo de la parte del Sueste, muy honda y grande, en que cabrían 100 naos sin alguna amarra ni anclas, y el puerto, que los ojos otro tal nunca vieron. Las sierras, altííimas, de las cuales descendían muchas aguas lindísimas; y todas las sierras llenas de pinos, y por todo aquello di- versísimas y hermosísimas florestas de árboles. Otros dos ó tres rios le quedaban atrás. Encarece todo esto en gran manera a los Reyes, y muestra haber rescibi- do de verlo, y mayormente los pinos, inestimable alegría y gozo, porque se podian hacer allí cuantos na- vios desearen, trayendo los aderezos, si no fuere ma- dera y pez, que allí se hará harta, y afirma no encare- cello la centésima parte de lo que es, y que plugo a nuestro Señor de le mostrar siempre una cosa mejor que otra, y siempre en lo que hasta allí había descu- bierto iba de bien en mejor, así en las tierras, y arbo- ledas, y yerbas, y frutos, y flores, como en ¡as gentes, y siempre de diversa manera, y así en un lugar como en otro. Lo mismo en los puertos y en las aguas. Y final- mente, dice que cuando el que lo ve le es tan gran-
(1) «Haylos, pinos admirables.» — Casas.
(2) Puerto de Jaragua.
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de admiración, cuánta mas será á quien lo oyere, y que nadie lo podrá creer si no lo viere.
Lunes 26 de Noviembre
Al salir el sol levantó las anclas del puerto de Santa Catalina, adonde estaba dentro de la isla llana, y na- vegó de luengo de la costa, con poco tiempo Sudues- te, al camino del Cabo del Pico (1), que era al Sues- te. Llegó al cabo tarde porque le calmó el viento, y llegado vido al Sueste cuarta del Leste otro cabo, questaria del 70 millas, y de allí vido otro cabo, que estarla hacia el navio al Sueste cuarta del Sur, y parecióle que estaría del 20 muías, al cual puso nom- bre el Cabo de Campana (2), al cual no pudo llegar de día porque le tornó á calmar del todo el viento. Andaría en todo aquel día 32 millas, que son 8 leguas. Dentro de las cuales notó y marcó nueve puertos muy señalados (3), los cuales todos los marineros ha- cían maravillas, y cinco rios grandes, porque iba siem- pre junto con tierra para verlo bien todo. Toda aque- lla tierra es montañas altísimas muy hermosas, y no secas ni de peñas, sino todas andables, y valles hermo- sísimos. Y así los valles como las montañas eran lle- nos de árboles altos y frescos, que era gloria mirarlos, y parecía que eran muchos piñales. Y también detrás del dicho Cabo del Pico, de la parte del Sueste, están dos isletas que terna cada una en cerco dos leguas, y dentro dellas tres maravillosos puertos y dos gran- des rios. En toda esta costa no vido poblado ninguno
(1) Punta del Mangle ó del Guarico.
(?) Es Punta Vaez.
(3) Entre los nueve puertos que dice vio y marcó en aquel trozo de costa deben notarse la ensenada Yamani- qiiey los puertos á& Jar agua y de Taco, Cayaganueque, de Nava y Maravi.
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desde la mar; podria ser haberlo, y hay señales dello» porque donde quiera que saltaban en tierra hallaban señales de haber gente y huegos muchos. Estimaba que la tierra que hoy vido de la parte de Sueste del Cabo de Campana era la isla que llamaban los indios Bohío: parécelo porquei dicho cabo está apartado de aquella tierra. Toda la gente que hasta hoy ha hallado diz que tiene grandísimo temor de los de Caniba ó Canima, y dicen que viven en esta isla de Bohío, la cual debe de ser muy grande, según le parece, y cree que van á tomar á aquellos á sus tierras y casas, como sean muy cobardes y no saber de armas. Y á esta cau- sa le parecía que aquellos indios que traía no suelen poblarse á la costa de la mar, por ser vecinos á esta tierra, los cuales diz que después que le vieron tomar la vuelta de esta tierra no podían hablar, temiendo que los habían de comer, y no les podía quitar el temor, y decían que no tenían sino un ojo y la cara de perro, y creía el Almirante que mentían, y sentía el Almirante que debían de ser del señorío del Gran Can que los captivaban.
Martes 27 de Noviembre
Ayer al poner del sol llegó cerca de un cabo, que llamó Campana, y porquei cíelo claro y el viento poco no quiso ir á tierra á surgir, aunque tenía de sota- vento cinco ó seis puertos maravillosos; porque se de- tenia mas de lo que quería, por el apetito y deleitación que tenía y rescíbia de ver y mirar la hermosura y frescura de aquellas tierras donde quiera que entraba, y por no se tardar en proseguir lo que pretendía. Por estas razones se tuvo aquella noche á la corda y tem- porejar hasta el día. Y porque las aguages y corri'in- tes lo habían echado aquella noche mas de cinco ó seis leguas al Sueste adelante de donde había anoche-
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cido, y le había parecido la tierra de Campana; y allende aquel cabo parecía una grande entrada que mostraba dividir una tierra de otra, y hacia como isla en medio, acordó voiver atrás, con viento Sudueste, y vino adonde le había parecido el abertura, y halló que no era sino una grande bahía (1), y al cabo della, de la parte del Sueste, un cabo, en ei cual hay unamontaña(2) alta y cuadrada, que parecía isla. Saltó el viento ea el Norte, y tornó á tomar la vuelta del Sueste, por correr la costa y descubrí; Lodo lo que allí hobíese. Y vído luego al pié de aquel Cabo de Campana un puerto (3) maravilloso y un gran rio, y de allí a un cuarto de le- gua otro río, y de allí á medía legua otro río, y dende á otra medía legua otro río, y dende á una legua otro rio, y dende á otra otro río, y dende á otro cuarto otro río, y dende á otra legua otro río grande, desde el cual hasta el Cabo de Campana habría 20 millas, y le quedan al Sueste; y los mas destos ríos tenían gran- des entradas y anchas y limpias, con sus puertos ma- ravillosos para naos ¿randísimas; sin bancos de arena ni de peña ni restingas. Viniendo así por la costa, á la parte del Sueste del dicho postrero río halló una gran- de población (4), la mayor que hasta hoy haya hallado, y vído venir infinita gente á la ribera de la mar dando grandes voces, todos desnudos, con sus azagayas en la mano. Deseó hablar con ellos y amainó las velas, y surgió y envió las barcas de la nao y de la carabela, por manera ordenados que rio hiciesen daño alguno a los indios ni lo rescibíesen, mandando que les diesen algunas cosillas de aquellos resgates. Los indios hicie- ron ademanes de no los dejar saltar en tierra y resis- tirlos. Y viendo que las barcas se allegaban mas á tie rra y que no les habian miedo, se apartaron de la mar.
(1) Era el puerto de Baracoa.
(•2) El monte del Yunque.
(3) El puerto de Maravi.
(4) La de Baracoa.
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Y creyendo que saliendo dos ó tres hombres de las barcas no temieran, salieron tres cristianos, diciendo que no hobiesen miedo, en su lengua, porque sabian algo della por la conversación de los que traen con- sigo. En fin, dieron todos á huir que ni grande ni chi- co quedó. Fueron los tres cristianos á las casas, que son de paja y de la hechura de las otras que habian visto, y no hallaron á nadie ni cosa en alguna deltas. Volviéronse á los navios y alzaron velas á medio dia para ir á un cabo hermoso (1) que quedaba al Leste, que habria hasta él ocho leguas. Habiendo andado me- dia legua por la misma bahía, vido el Almirante á la parte del Sur un singularísimo puerto (2), y de la par- te del Sueste unas tierras hermosas á maravilla, así como una vega montuosa dentro en estas montañas, y parecían grandes humos y grandes poblaciones en ella, y las tierras muy labradas; por lo cual determinó de se bajar á este puerto y probar si podía haber lengua ó práctica con ellos; el cual era tal que si á los otros puertos había alabado, éste dice que alababa mas con las tierras y templanza y comarca dellas y población; dice maravillas de la lindeza de la tierra y de los ár- boles, donde hay pinos y palmas (3), y de la grande vega, que aunque no es llana de llano (4), que va al Sur- sueste, pero es llana de montes llanos y bajos, la mas hermosa cosa del mundo, y salen por ella muchas ri- veras de aguas que descienden destas montañas. Des- pués de surgida la nao saltó el Almirante en la barca para sondar el puerto, qués como una escodilla; y cuando fue frontero de la boca al Sur halló una entra- da de un rio que tenia de anchura que podía entrar una galera por ella, y de tal manera que no se veía
(1) La punta de Maici.
(2) El puerto de Baracoa.
(3) Siempre donde hay palmas de las muy altas es fér- tilísima tierra. - Casas.
(4) Quiere decir que uo es rasa. — Casas.
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liasta que se llegase a ella, y entrando por ella tanto como longura de la barca tenia cinco brazas y de ocho de hondo. Andando por ella, fue cosa maravillosa ver Jas arboledas y frescuras, y el agua clarísima, y las aves y amenidad, que dice que le parecia que no quisiera salir de allí. Iba diciendo á los hombres que llevaba en su compañía que para hacer relación a los Reyes de las cosas que vían no bastaran rail lenguas á referillo ni su mano para lo escribir, que le parecia questaba encantado. Deseaba que aquello vieran muchas otras personas prudentes y de crédito, de las cuales dice ser cierto que no encarecieran estas cosas menos que él. Dice mas el Almirante aquí, estas palabras: «cuánto »será el beneficio que de aquí se puede haber, yo no >lo escribo. Es cierto, Señores Príncipes, que donde >hay tales tierras que debe haber infinitas cosas de aprovecho; mas yo no me detengo en ningún puerto, aporque querria ver todas las mas tierras que yo pu- »diese para hacer relación dellas á vuestras Altezas, y >tambien no sé la lengua, y ia gente destas tierras no »me entienden, ni yo ni otro que yo tenga á ellos; y >estos indios que yo traigo muchas veces le entiendo >una cosa por otra, al contrario (1), ni fio mucho de- litos porque muchas veces han probado a fugir. Mas '♦agora, placiendo a nuestro Señor, veré lo mas que yo
> pudiere, y poco á poco andaré entendiendo y conos- >ciendo, y faré enseñar esta lengua á personas de mi >casa, porque veo qués toda la lengua una fasta aquí; >y después se sabrán los beneficios, y se trabajará de
> hacer todos estos pueblos cristianos, porque de ligero »se haráy porque ellos no tienen secta ninguna ni son >idólatr3S, y vuestras Altezas mandarán hacer en estas » partes ciudad é fortaleza, y se convertirán estas tie- »rras. Y certifico á vuestras Altezas que debajo del
(1) De esta mala ó equivocada inteligencia resultan en esta relación muchos nombres mal expresados.
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»soI no me parece que las pueda haber mejores en fer- »tilidad, en temperancia de frío y calor, en abundancia »de ag-uas buenas y sanas, y no como los rios de Gui- »nea, que son todos pestilencia; porque, loado nuestro
• Señor, hasta hoy de toda mi g^ente no habido perso- »na que le haya mal la cabeza ni estado en cama por 'dolencia, salvo un viejo de dolor de piedra, de que »él estaba toda su vida apasionado, y lueg^o sanó al >cabo de dos dias. Esto que digo es en todos tres na »víos. Así, que placerá á Dios que vuestras Altezas en- »viarán acá ó vernán hombres doctos, y verán después »la verdad de todc. Y porque atrás teng-o hablado del »sitio de villa é fortaleza en el rio de Mares, por el »buen puerto (1) y por la comarca; es cierto que todo >es verdad lo que yo dije, mas no ha ninguna compa- »ración de allá aquí, ni de la mar de nuestra Señora; >porque aquí debe haber infra la tierra grandes pobla- >c¡ones y gente innumerable y cosas de grande prove- >cho, porque aquí y en todo lo otro descubierto, y «tengo esperanza de descubrir antes que yo vaya á «Castilla, digo que terna la cristiandad negociación »en ellas, cuanto mas la España, á quien debe estar su- sjeto todo. Y digo que vuestras Altezas no deben
• consentir que aquí trate ni faga pié ningún extrange- »ro (2), salvo católicos cristianos, pues esto fue el fin »y el comienzo del propósito, que fuese por acrecen- >tamiento y gloria de la Religión cristiana, ni venir á >estas partes ninguno que no sea buen cristiano.» To- das son sus palabras. Subió allí por el rio arriba y ha- lló unos brazos del rio, y rodeando el puerto (3) halló á la boca del rio estaban unas arboledas muy gracio-
(1) El puerto de las Nuevitas.
(2) Véase con cuánto fundamento apoyaron nuestras leyes de Indias este consejo de Colon, tanto mas imparcial cuanto era dado por un extrangero, aunque ya naturalizado en España.
(3) El de Baracoa.
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sas, como una muy deleitable huerta, y aili halló una almadia ó canoa hecha de un madero tan grande como una fusta de 12 bancos, muy hermosa, varada debajo de una atarazana ó ramada hecha de madera y cubier- ta de grandes hojas de palma, por manera que ni el sol ni el agua ie podían hacer daño; y dice que allí era el propio lugar para hacer una villa ó ciudad y fortaleza, por el buen puerto, buenas aguas, buenas tierras, bue- nas comarcas y mucha leña.
Miércoles 28 de Noviembre Estúvose en aquel puerto aquel día, porque llovía y hacia gran cerrazón, aunque podía correr toda la cos- ta con el viento, que era Sudueste y fuera á popa; pero porque no pudiera ver bien la tierra, y no sabiéndola es peligroso á los navios, no se partió. Salieron á tie- rra la gente de los navios á lavar su ropa; entraron al- gunos de ellos un rato por la tierra adentro; hallaron grandes poblaciones y (as casas vacías, porque se ha- bían huido todos. Tornáronse por otro rio abajo, ma- yor que aquel donde estaban en el puerto.
Jueves 29 de Noviembre Porque llovia y el cíelo estaba de la manera cerra- do no se partió. Llegaron algunos de los cristianos á otra población cerca de la parte de Norueste, y halla- ron en las casas á nadie ni nada, y en el camino topa- ron con un viejo que no les pudo huir; tomáronle y díjéronle que no le querían hacer mal, y diéronle al- gunas cosíllas del resgate y dejáronlo. El Almirante quisiera vello para vestillo y tomar lengua del, porque le contentaba mucho la felicidad de aquella tierra y disposición que para poblar en ella había, y juzgaba que debía de haber grandes poblaciones. Hallaron en una casa un pan de cera (1), que trujo a los Reyes,
(1) Esta cera vino allí de Yucatán, y por esto creo que esta tierra es Cuba. — Casas.
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y dice que donde cera hay también debe haber otras mil cosas buenas. Hallaron también los marineros en una casa una cabeza de hombre dentro en un cestillo, cubierto con otro cestillo y colg^ado de un poste de la casa, y de la misma manera hallaron otra en otra población. Creyó el Almirante que debia ser de algu- nos principales del linage, porque aquellas casas eran de manera que se acog^en en ellas mucha gente en una sola, y deben ser parientes descendientes de uno solo.
Viernes 30 de Noviembre
No se pudo partir porquel viento era Levante, muy contrario á su camino. Envió ocho hombres bien arma- dos, V con ellos dos indios de los que traía, para que viesen aquellos pueblos de la tierra dentro, y por haber lengua. Llegaron á muchas casas y no hallaron á nrf^ic ni nada, que todos hablan huido. Vieron cuatro mancebos questaban cavando en sus heredades; así como vieron los cristianos dieion á huir; no los pudie- ron alcanzar. Anduvieron diz que mucho camino. Vieron muchas poblaciones y tierra fértilísima, y toda labrada, y grandes riveras de agua, y cerca de una vie- ron una íilmadia ó canoa de 95 palmos de longura, de un solo madero, muy hermosa, y que en ella cabrían y navegarían ciento y cincuenta personas-
Sábado 1 .° de Diciembre
No se partió por la misma causa del viento contra- rio y porque llovía mucho. Asentó una cruz grande á la entrada de aquel puerto, que creo llamó el Puerto Santo (1), sobre unas peñas vivas. La punta es aquella questá á la parle del Sueste, á la entrada del puerto, y quien hobiere de entrar en este puerto se debe lie-
(1) Es el de Baracoa.
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gar mas sobre la parte del Norueste á aquella punta que sobre la otra del Sueste, puesto que al pié de am- bas, junto con la peña, hay 12 brazas de hondo, y muy limpio; mas á la entrada del puerto, sobre la punta del Sueste, hay una baja que sobreagua (1), la cual dista de la punta tanto que se podria pasar entre medias, habiendo necesidad, porque al pie de la baja y del cabo todo es fondo de 12 y de 15 brazas, y á la entrada se ha de poner la proa al Sudueste.
Domingo 2 de Diciembre
Todavía fue contrario el viento y no pudo partir; dice que todas las noches del mundo vienta terral, y que todas las naos que allí estuvieren no hayan miedo de toda la tormenta de mundo, porque no puede reca- lar dentro por una baja que está al principio de! puet - to &c. En la boca de aquel rio diz que halló un gru- mete ciertas piedras que parecen tener oro; trujólas para mostrar á los Reyes. Dice que hay por allí, á tiro de lombarda, grandes rios.
Lunes 3 de Diciembre
Por causa de que hacia siempre tiempo contrario no partía de aquel puerto, y acordó de ir á ver un cabo muy hermoso un cuarto de legua del puerto, de la parte del Sueste; fue con las barcas y alguna gente ar- mada; al pié del cabo había una boca de un buen rio, puesta la proa al Sueste para entrar, y tenía (2) 100 pasos de anchura; tenia una braza de fondo á la en- trada ó en la boca; pero dentro había 12 brazas, ó 5, y 4, y 2, y cabrían en él cuantos navios hay en España.
(1) Hay, en efecto, este bajo en la punta SE. de la en- trada de este puerto, que está descrita con mucha exactitud.
(2) Rio Boma.
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Dejando un brazo de aquel rio fue al Sueste, y halló una caleta en que vido cinco muy grandes almadias, que los indios llaman canoas, como fustas muy hermosas, y labradas que diz era placer vellas, y al pié del monte vido todo labrado. Estaban debajo de árboles muy es- pesos, y yendo por un camino que salia á ellas fue- ron á dar á una atarazana muy bien ordenada y cu- bierta, que ni sol ni ag-ua no les podia hacer daño, y debajo della habia otra canoa, hecha de un madero romo las otras, como una fusta de 17 bancos; era placer ver las labores que tenia y su hermosura. Subió una montaña arriba, y después hallóla toda llana y sem- brada de muchas cosas de la tierra, y calabazas, que era gloria vella; y en medio della estaba una gran población; dio de súbito sobre la gente del pueblo, y como los vieron, hombres y mugeres dao de huir. Ase- guróles el indio que llevaba consigo de los que traia diciendo que no hobiesen miedo, que gente buena era. Hízolos dar el Almirante cascabeles y sortijas de la- tón y contezuelas de vidrio verdes y amarillas, con que fueron muy contentos. Visto que no tenian oro ni otra cosa preciosa y que bastaba dejallos seguros, y que toda la comarca era poblada, y huidos los demás de miedo,y certifica el Almirante a los Reyes que 10 hom bres hagan huir a 10.000: tan cobardes y medro- sos son que ni traen armas, salvo unas varas, y en el cabo de ellas un palillo agudo tostado, acordó volver- se. Dice que las varas se las quitó todas con buena maña, resgatándoselas de manera que todas las dieron. Tornados adonde habían dejado las barcas envió cier- tos cristianos al lugar por donde subieron, porque le habia parecido que habia visto un gran colmenar; an- tes que viniesen los que habia enviado ayuntáronse muchos indios y vinieron a las barcas, donde ya se ha- bia el Almirante recogido con su gente toda; uno dellos se adelantó en el rio junto con la popa de la barca, y hizo una grande plática, quel Almirante no en-
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tendía, salvo que los otros indios de cuando en cuan- do alzaban las manos al cielo y daban una grande voz. Pensaba el Almirante que lo aseguraban y que les pla- cía de su venida; pero vido al indio que consigo traía demudarse la cara, y amarillo como la cera temblaba mucho, diciendo por señas quel Almirante se fuese fuera del rio, que los querian matar, y llegóse á un cristiano que tenia una ballesta armada, y mostróla á los indios, y entendió el Almirante que los decia que ios matarían todos porque aquella ballesta tiraba le- jos y mataba. También tomó una espada y la sacó de la vaina, mostrándosela diciendo lo mismo, lo cual cido por ellos dieron todos a huir, quedando todavía temblando el dicho indio de cobardía y poco cora- zón; y era hombre de buena estatura y recio. No qui- so el Almirante salir del rio, antes hizo remar en tie- rra hacia donde ellos estaban, que eran muy muchos, todos teñidos de colorado y desnudos como su ma- dre los parió, y algunos dellos con penachos en la ca- beza y otras plumas, todos con sus manojos de azaga- yas. «Llegúeme a ellos y díles algunos bocados de pan, »y demándeles las azagayas, y dábales por ellas á unos »un cascabelito, a otros unasortijuela de latón, á otros »unas contezuelas; por manera que todos se apacigua- »ron y vinieron todos á las barcas, y daban cuanto te- >n¡an, porque (1) que quiera que les daban. Los mari- »neros habían muerto una tortuga, y la cascara estaba »en la barca enped azos, y los grumetes dábanles della »como la uña, y los indios les daban un manojo de «azagayas. Ellos son gente como los otros que he ha- »llado (dice el Almirante), y de la misma creencia, y >creian que veníamos del cielo, y de lo que tienen »luego lo dan por cualquiera cosa que les den, sin de- >cir qués poco, y creo que así harían de especería y de
{ 1 ) Así el original. Debe decir por cualquiera cosa que les daban.
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»oro si lo tuviesen. Vide una casa hermosa, no muy «grande, y de dos puertas, porque así son todas, y en- >tré en ella y vide una obra maravillosa, como cáma- »ras hechas por una cierta manera que no lo sabria »decir, y colgado al cielo della caracoles y otras cosas. »Yo pensé que era templo, y los llamé, y dije por se- >ñas si hacian en ella oración; dijeron que no, y subió »uno dellos arriba y me daba todo cuanto allí habia, y >dello tomé algo.>
Martes 4 de Diciembre
Hízose á la vela con poco viento, y salió de aquel puerto, que noxnhr ó Puerto Santo; á las2 leguas vido un buen rio, de que ayer habló(l); fue de luengo de costa, y corríase toda la tierra, pasado el dicho cabo, Lesues- te y Ouesnoroeste, hasta el Cabo Lindo (2), que está al cabo del Monte, al Leste cuarta del Sueste, y hay de uno á otro 5 leguas. Del cabo del monte, á legua y media hay un gran rio algo angosto; pareció que te- nia buena entrada y era muy hondo, y de allí á tres cuartos de legua vido otro grandísimo rio, y debe ve- nir de muy lejos; en la boca tenia bien 100 pasos, y en ella ningún banco, y en la boca ocho brazas y buena entrada, porque lo envió á ver y sondar con la barca, y tiene el agua dulce allí hasta dentro en la mar, y es de los caudalosos que habia hallado, y debe haber grandes poblac¡(,.nes. Después del Cabo Lindo hay una grande bahía que sería buen paso por Lesnordes- le y Sueste y Sursudueste.
Miércoles 5 de Diciembre
Toda esta noche anduvo á la corda sobre el Cabo Lindo, adonde anocheció, por ver la tierra que iba al
(1) £1 río Boma.
(2) Es la Punta del Fraile.
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Leste, y al salir del sol vido otro cabo (1) al Leste, á 2 leguas y media; pasado aquel vido que la costa volvía al Sur y tomaba del Sudeste (2), y vido luego un cabo muy hermoso y alto (3) á la dicha derrota, y distaba desotro 7 leguas; quisiera ir allá; pero por el deseo que tenia de ir á la isla de Babeque, que le que- daba, según decian los indios que llevaba, al Nordeste, lo dejó. Tampoco pudo ir al Babeque porque el vien- to ^que llevaba era Nordeste. Yendo así miró al Sues- te y vido tierra (4), y era una isla muy grande, de la cual ya tenían diz que información de los indios, á que llamaban ellos Bohio, poblada de gente. De esta gen- te diz que los de Cuba 6 Juana (5), y de todas eso- tras islas tienen gran miedo, porque diz que comían los hombres. Otras cosas le contaban los dichos in- dios, por señas, muy maravillosas; mas el Almirante no diz que las creia, sino que debían tener mas astucia y mejor ingenio los de aquella isla Bohio para los cap- tivar quellos, porque eran muy flacos de corazón. Así que, porquel tiempo era Nordeste y tomaba del Nor- te, determinó de dejar á Cuba ó Juana y que hasta en- tonces había tenido por tierra firme por su grandeza, porque bien habría andado en un parage ciento y vein- te leguas; y partió al Sueste cuarta del Leste, puesto que la tierra quel había visto se hacía al Sueste daba este resguardo, porque siempre el viento rodea del Norte para el Nordeste, y de allí a! Leste y Sueste. Cargó mucho el viento, y llevaba todas sus velas, la
(1) Punta de los Azules.
(2) Frontón oriental de Cuba, que es una gran playa, á que llaman Punta de Maici.
(3) «Este debe ser la Punta de. Maici, que es la postre- ra de Cuba.» — Casas. — No es así, pues este cabo es el de •San Nicolás, en la Isla Española ó de Santo Domingo.
(4) «Esta es la £s/>año/a, según parece.» — Casas. — Así es.
(5) «Aquí parece que debía de haber puesto nombre el Almirante a Cuba /uaná.» — Casas.
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mar llana y la corriente que le ayudaba, por manera que hasta la una, después de medio día, desde la ma- ñana, hacia de camino 8 millas por ahora, y eran seis horas aun no cumplidas, porque dicen que allí eran las noches cerca de quince horas; después anduvo 10 mi- llas por hora, y así andaría hasta el poner del sol 88 mi lias, que son 22 leguas; todo al Sueste, Y porque se hacia noche mandó á la carabela Niña que se adelan- tase para ver con día el puerto, porque era velera, y llegando á la boca del puerto (1), que era como la bahía de Cádiz, y porque era ya de noche, envió á su barca que sondase el puerto, la cual llevó lumbre de candela, y antes quel Almirante llegase adonde la ca- rabela estaba barloventeando y esperando que la bar- ca le hiciese señas para entrar en el puerto, apagósele la lumbre á la barca. La carabela, como no vido lumbre, corrió de largo é hizo lumbre al Almirante, y llegando á ella contaron lo que habia acaecido. Estando en esto, los de la barca hicieron otra lunibre; la carabela fue á ella, y el Almirante no pudo y estuvo toda aquella no- che barloventeando.
Jueves 6 de Diciembre
Cuando amaneció se halló 4 leguas del puerto; pú- sole nombre Puerto Maria (2), y vido un cabo hermo- so al Sur cuarta del Sudueste, al cual puso nombre Cabo del Estrella (3), y parecióle que era la postrera tierra de aquella isla hacia el Sur, y estaría el Almi- rante del 28 millas. Parecióle otra tierra (4), como isla no grande, al Leste, y estaría del 40 millas. Quedábale otro cabo muy hermoso y bien hecho, á quien puso
(1) Puerto del Mole de San Nicolás, en la Isla Española.
(2) Puerto de San Nicolás.
(3) Cabo de San Nicolás.
(4) La continuación de la costa septentrional de la Isla Etpaiola.
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nombre Cabo del Elefante (1), al Leste cuarta del Sueste, y distábale ya 54 millas. Quedábale otro cabo ai Lesueste, al que puso nombre el Cabo de Cinquin; estaría del 28 millas. Quedábale una gran escisura ó abertura ó abra á la mar, que le pareció ser rio (2), ai Sueste, y tomaba de la cuarta del Leste; habria del á la abía 20 millas. Parecíale que entre el Cabo del Ele- fante del de Cinquin habia una grandísima entrada (3), y algunos de los marineros decian que era aparta- miento de isla; aquélla puso por nombre la Isla de la Tortuga. Aquella isla grande parecía altísima tierra, no cerrada con montes, sino rasa como hermosas campi- ñas, y parece toda labrada, ó grande parte della, y pa- recían las sementeras como trigo en el mes de Mayo en la campiña de Córdoba. Viéronse muchos fuegos aquella noche, y de dia muchos humos como atalayas, que parecía estar sobre aviso de alguna gente con quien tuviesen guerra. Toda la costa desta tierra va al Leste. A horas de vísperas entró en el puerto dicho, y púsole nombre Puerto de San Nicolás, porque eradla de San Nicolás, por honra suya (4), y á la entrada del se maravilló de su hermosura y bondad, y aunque tie- ne mucho alabados los pwertos de Cuba, pero sin du- da dice él que no es menos este, antes los sobrepuja y ninguno le es semejante. En boca y entrada tiene le- gua y media de ancho y se pone la proa al Sursueste, puesto que por ¡a grande anchura se puede poner la proa adonde quisieren. Va de esta manera al Sursues- te 2 leguas; y á la entrada del por la parte del Sur se hace como una angla, y de allí se sigue así igual hasta el cabo, adonde está una playa muy hermosa y un cam-
( 1 ) Es la Punta Palmista.
(2) Puerto Escudo.
(3) Canal' de Isla Tortuga.
(4) «No entiendo cómo á este puerto puso arriba Puer- to María y ahora de San Nicolás. ^ — Casas. — Todavía con- serva el nombre de San Nicolás.
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po de árboles de mil maneras, y todos cargados de frutas, que creía el Almirante ser de especería y nue- ces moscadas, sino que no estaban maduras y no se conoscia, y un rio en medio de la playa. El hondo de este puerto es maravilloso que hasta llegar á la tierra, en longura de una (1) no llegó la sondaresa ó
plomada (2) al fondo con 40 brazas, y hay hasta esta longura el hondo de 15 brazas, y muy limpio, y así es todo el dicho puerto de cada cabo hondo dentro á una pasada de tierra de 15 brazas, y limpio, y desta manera es toda la costa, muy hondable y limpia, que no parece una sola baja, y al pié della, tanto como longura de un remo de barca de tierra, tiene cinco brazas, y después de la longura del dicho puerto, yendo al Sursueste, en la cual longura pueden barloventear mil carracas, boja un brazo del puerto al Nordeste por la tierra dentro una grande media legua, y siempre en una misma an- chura, como que lo hicieran por un cordel, el cual que- da de manera questando en aquel brazo, que será de anchura de 25 pasos, no se puede ver la boca de la en- trada grande, de manera que queda puerto cerrado (3), y el fondo de este brazo es, así en el comienzo hasta la fin, de 11 brazas, y todo basa ó arena limpia, y hasta tierra y poner los bordos en las yerbas tiene ocho bra- zas. Es todo el puerto muy airoso y desabahado; de árboles, raso. Toda esta isla le pareció de mas peñas que ninguna otra que haya hallado; los árboles, mas pequeños, y muchos dellos de la naturaleza de España, como carrascos y madroños y otros, y lo mismo de las yerbas. Es tierra muy alta, y toda campiña ó rasa, y de
(1) Igual vacío en el original.
(2) Sondalesa ó sondaresa. La cuerda del grueso del dedo meñique, y de mas de 100 brazas de larga, en cuyo extremo se asegura el escandallo ó plomada paia medir la profundidad del mar y conocer la calidad de su fondo.
(3) Es el Carenero, dentro del mismo puerto de San Ni' colas.
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muy buenos aires, y no se ha visto tanto frió como allí, aunque no es de contar por frió; mas díjolo al respec- to de las otras tierras. Hacia enfrente de aquel puerto, una hermosa vega, y en medio della, el rio susodicho; y en aquella comarca (dice) debe haber grandes po- blaciones, según se veíanlas almadias con que navegan, tantas y tan grandes dellas como una fusta de 15 ban- cos. Todos los indios huyeron, y huian como vian los navios. Los que consigo de las isletas traia tenian tan- ta gana de ir á su tierra, que pensaba (dice el Almi- rante) que después que se partiese de allí los tenia de llevar á sus casas, y que ya lo tenian por sospechoso porque no lleva el camino de su casa, por lo cual dice que ni les creia lo que le decían ni los entendía bien, ni ellos á él, y diz que habia el mayor miedo del mun- do de la gente de aquella isla. Así que, por querer ha- ber lengua con la gente de aquella isla, le fuera nece sario detenerse algunos días en aquel puerto; pero no io hacia por ver mucha tierra y por dudar quel tiem- po le duraría. Esperaba en nuestro Señor que los in- dios que traia sabrían su lengua y el la suya, y des- pués tornaría y hablará con aquella gente, y placerá á Su Magestad (di;;e él) que hallará aigun buen resgate de oro antes que vuelva.
Viernes 7 de Dicitmbre
Ai rendir del cuarto del alba dio las velas y salió de aquel Puerto de San Nicolás, y navegó con el viento Sudueste al Nordeste 2 leguas, hasta un cabo que hace el Carenero, y quedábale al Sueste un angla y el Cabo de ia Estrella al Sudueste, y distaba del Almiran- te 24 millas. De allí navegó al Leste luengo de costahas- ta el Cabo Cinquin, que sería 48 millas; verdad es que las 20 fueron al Leste cuarta del Nordeste, y aquella costa es tierra toda muy alta y muy grande fondo; has- ta dar en tierra es de 20 y 30 brazas; fuera tanto como
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un tiro de lombarda no se halla fondo, lo cual todo ¡o probó el Almirante aquel dia por la costa mucho á su placer, con el viento Sudoeste. El angla que arri- ba dijo llega diz que al Puerto de San Nicolás tanto como tiro de una lombarda, que si aquel espacio se atajase ó cortase quedaría hecha isla; lo demás bojaria en el cerco 3 ó 4 millas. Toda aquella tierra era muy alta y no de árboles grandes, sino como carrascos y madroños, propia diz tierra de Castilla. Antes que lle- gase al dicho Cabo Cinquin con 2 leguas, halló un agrezuela (1) como la abertura de una montaña (2), por la cual descubrió un valle grandísimo, y vídolo todo sembrado como cebadas, y sintió quedebia deha- ber en aquel valle grandes poblaciones, y á las espal- das del había grandes montañas y muy altas, y cuando llegó al Cabo de Cinquin, lo demoraba el Cabo de la Tortuga al Nordeste, y habría 32 millas (3), y sobre este Cabo Cinquin, á tiro de una lombarda, está una peña en la mar, que sale en alto, que se puede ver bien; y estando el Almirante sobre el dicho cabo le demo- raba el Cabo del Elefante al Leste cuarta del Sueste, y habría hasta él 70 millas (4), y toda tierra muy alta. Y á cabo de 6 leguas halló una gran angla (5), y vído por la tierra dentro muy grandes valles y campiñas v montañas altísimas, todo á semejanza de Castilla. Y dende á 8 millas halló un rio muy hondo, sino que era angosto, aunque bien pudiera entrar en él una carraca, y la boca todavía sin banco ni bajas. Y dende á 16 millas halló un puerto (6) muy ancho y muy hondo has- ta no hallar fondo en ¡a entrada ni á las bordas á tres
(1) Así en el original; quizá ahrezuela ó anglezuela.
(2) Bahía Mosquito.
(3) Debía demorarle al Norte, á distancia de 11 millas.
(4) También hay error en esla distancia, pues debe ser de 15 millas.
(5) Puerto Escudo.
(6) La misma Bahía Mosquito que vio antes.
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pasos, salvo 15 brazas, y va dentro un cuarto de legua. Y puesto que fuese aun muy temprano, como la una después de medio día, y el viento era á popa y recio, pero porque el cielo mostraba querer llover mucho y habia gran cerrazón, que es peligrosa aun para la tie- rra que se sabe, cuanto mas en la que no se sabe, acordó de entrar en el puerto, al cual llamó Puerto de la Concepción, y salió á tierra en un rio no muy gran- de questá al cabo del puerto, que viene por unas ve- gas y campiñas que era maravilla ver su hermosura; llevó redes para pescar, y antes que llegase á tierra saltó una lisa como las de España propia en la barca, que hasta entonces no habia visto pece que pareciese á los de Castilla. Los marineros pescaron y mataron otras, y lenguados y otros peces como los de Castilla. Anduvo un poco por aquella tierra, qués toda labra- da, y oyó cantar el ruiseñor y otros pajaritos como los de Castilla. Vieron cinco hombres, mas no les qui- sieron aguardar, sino huir. Halló arrayan y otros árbo- les y yerbas como los de Castilla, y así es la tierra y las montañas.
Sábado 8 de Diciembre
Allí en aquel puerto les llovió mucho, con viento Norte muy recio; el puerto es seguro de todos los vientos excepto Norte, puesto que no le puede hacer daño alguno, porque la resaca es grande, que no da lugar á que la nao labore sobre las amarras ni el agua del rio. Después de media noche se tornó el viento al Nordeste y después al Leste, de los cuales vientos es aquel puerto bien abrigado por la isla de la Tortuga, questá frontera 36 millas (1).
(1) Esta distancia es solo de 11 millas.
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Domingo 9 de Diciembre
Este dia llovió é hizo tiempo de invierno como en Castilla por Octubre. No habia visto población, sino una casa ¡nuy hermosa, en el Puerto de San Nicolás, y mejor hecha que en otras partes de las que habia vis- to. La isla es muy grande, y dice el Almirante no será mucho que boje 200 leguas; ha visto qués toda muy labrada; creia que debian ser las poblaciones lejos de la mar, de donde ven cuando llegaba, y así huian todos y llevaban consigo todo lo que tenian, y hacian ahu- madas como gente de guerra. Este puerto tiene en la boca l.OOO pasos, qués un cuarto de legua; en ella ni hay banco ni baja, antes no se halla cuasi fondo hasta en tierra á ia orilla de la rnar, y hacia dentro en luengo va 3.000 pasos, todo limpio, y basa, que cualquiera nao puede surgir en él sin miedo y entrar sin resguardo; al cabo dé! tiene dos bocas de rios que traen poca agua; enfrente del hay unas vegas las mas hermosas del mun do y cuasi semejables á las tierras de Castilla, antes és- tas tienen ventaja, por lo cual puso nombre á dicha isla la Isla Española
Lunes 10 de Diciembre
Ventó mucho el Nordeste, y hízole garrar las an- clas medio cable, de que se maravilló el Almirante, y echólo á i^ue las anclas estaban mucho á tierra y ve- nia sobre ella el viento. Y visto que era contrario para ir á donde pretendía, envió seis hombres bien ade- rezados de armas á tierra» que fuesen 2 ó 3 leguas dentro de la tierra para ver si pudieran haber lengua. Fueron y volvieron, no habiendo hallado gente ni ca- sas; hallaron empero unas cabanas y caminos muy an-
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chos y lugfares donde habían hecho lumbre muchos; vieron las mejores tierras del mundo, y hallaron árbo- les de almáciga muchos, y trujeron della, y dijeron que habia mucha, salvo que no es agora el tiempo para co- gella porque no cuaja.
Martes 11 de Diciembre
No partió por el viento, que todavía era Leste y Nordeste. Frontero de aquel puerto, como está dicho, está la Isla de la Tortuga^ y parece grande isla, y va la costa de ella cuasi como !a Española, y puede haber de la una á la otra, á lo mas,101eguas (1), conviene á sa- ber, desde el Cabo de Cinquin á la cabeza de la Tor- tuga; después la costa della se corre al Sur. Dice que queria ver aquel entremedio destas dos islas por ver la Isla Española, qués la mas hermosa cosa del mun- do, y porque, según le decian los indios que traia, por allí se habia de ir á la Isla de Babeque, los cuales le decian que era isla muy grande y de muy grandes montañas y ríos y valles, y decian que la Isla de Bohio era mayor que \a Juana, á que llaman Cuba, y que no está cercada de agua, y parece dar á entender ser tie- rra firme, qués aquí detrás desta Española, á que ellos llaman Carifaba (2), y que es cosa infinita, y cuasi traen razón que ellos sean trabajados de gente astuta, porque todas estas islas viven con gran miedo de los de Caniba; y así, torno á decir, como otras veces dije, dice él, que Caniba no es otra cosa sino la gente del Gran Can, que debe ser aquí muy vecino, y terna navios y vernán á captivarlos, y como no vuelven creen que se los han comido. Cada día entendemos mas á estos
(1) Ya se ha visto que son solo 11 millas. Acaso son errores de la copia que hizo Casas.
(3) Aludían á las costas de Tierra-firme.
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indios y ellos á nosotros, puesto que muchas veces ha- yan entendido uno por otro (dice el Almirante). En- vió gente á tierra; hallaron mucha almáciga sin cua- jarse; dice que las aguas lo deben hacer, y que en Xió la cogen por Marzo, y que en Enero la cogerían en aquestas tierras, por ser tan templadas. Pescaron mu- chos pescados como los de Castilla, albures, salmo- nes, pijotas, gallos, pámpanos, lisas, corbinas, cama- rones, y vieron sardinas; hallaron mucho lináloe.
Miércoles 12 de Noviembre
No partió aqueste dia por la misma causa del vien- to contrario dicha. Puso una gran cruz á la entrada del puerto, de la parte del Oueste, en un alto muy visto- so, en señal (dice él) que vuestras Altezas tienen la tierra por suya, y principalmente por señal de Jesu- cristo nuestro Señor, y honra de la cristiandad; la cual puesta, tres marineros metieron por el monte á ver los árboles y yerba, v oyeron un gran golpe de gente, todos desnudos como los de atrás, á los cuales llamaron é fueron tras ellos, pero dieron los indios á huir. Y finalmente, tomaron una muger, que no pudie- ron mas, porque yo (él dice) les había mandado que tomasen algunos para honrallos y hacelles perder el miedo, y si hobiese alguna cosa de provecho, como no parece poder ser otra cosa, según la fermosura de la tierra; y así, trujeron la muger, muy moza y hermosa, á la nao, y habló con aquellos indios, porque todos te- nían una lengua. Hízola el Almirante vestir, y dióle cuentas de vidrio y cascabeles y sortijas de latón, y tornóla á enviar á tierra muy honradamente, según su costumbre; envió algunas personas de la nao con ella, y tres de los indios que llevaba consigo, por que ha- blasen con aquella gente. Los marineros que iban en la barca, cuando la llevaban á tierra, dijeron al Alrai-
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rante que ya no quisiera salir de la nao, sino quedarse con las otras mugeres indias que habia hecho tomar en el puerto de Mares de la Isla Juana de Cuba. To dos estos indios que venian con aquella india diz que venían en una canoa, qués su carabela, en que nave- gan de alguna parte, y cuando asomaron á la entrada del puerto y vieron los navios volviéronse atrás y deja- ron la canoa por allí en algún lugar, y fuéronse camino de su población. Ella mostraba el parage de la pobla- ción. Traía esta mujer un pedacito de oro en la nariz, que era señal que habia en aquella isla oro.
Jueves 13 de Diciembre
Volvieron los tres hombres que habia enviado el Al- mirante con la muger á tres horas de la noche, y no fueron con ella hasta la población porque les pareció lejos ó porque tuvieron miado. Dijeron que otro dia vernian mucha gente á los navios, porque ya debían de estar asegurados por las nuevas que daría la muger. El Almirante, con deseo de saber si habia alguna cosa de piovecho en aquella tierra, y por haber alguna lengua con aquella gente, por ser la tierra tan hermosa y fér- til, y tomasen gana de servir á los Reyes, determinó de tornar á enviar á la población, confiando en las nue- vas que la india habría dado de los cristianos ser bue- na gente, para lo cual escogió nueve hombres bien aderezados de armas y aptos para semejante negocio, con los cuales fue un indio de los que traía. Estos fueron á la población (1), questaba 4 leguas y media al Sueste, la cual hallaron en un grandísimo valle, y vacía, porque como sintieron ir los cristianos, todos hu-
(1) Pueblo conocido en el dia con el nombre de Gro- M orne, situado á orillas del A/o de los tres Ríos, que des agua media milla al Oeste del Puerto de Paz.
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yeron, dejando cuanto tenían la tierra dentro. La pobla- ción era de 1.000 casas y de más de 3.000 hombres. El indio que llevaban los cristianos corrió tras ellos dando voces, diciendo que no hobiesen miedo, que los cris- tianos no eran de Cariba, mas antes eran del cielo, y que daban muchas cosas hermosas á todos los que ha- llaban. Tanto los imprimió lo que decian, que se ase- guraron y vinieron juntos dellos mas de 2.000 y todos venian á los cristianos y los ponian las manos sobre la cabeza, que era señal de gran reverencia y amistad, los cuales estaban todos temblando hasta que muchos los aseguraron. Dijeron los cristianos que después que ya estaban sin temor iban todos á sus casas, y cada uno les traia de lo que tenia de comer, que es pan de nia- mes (1), que son unas raices como rábanos grandes que nacen, que siembran y nacen y plantan en todas sus tierras, y es su vida; y hacen dellas pan y cuecen y asan y tienen sabor propio de castañas, y no hay quien no crea, comiéndolas, que no sean castañas. Dábanles pan y pescado y de lo que tenían. Y por que los in- dios que traia en el navio tenian entendido quel Almi- rante deseaba tener algún papagayo, parece que aquel indio que iba con los cristianos díjoles algo desto, y asi, les tmjeron papagayos y los daban cuanto les pe- dian sin querer nada por ello. Rogábanles que no se viniesen aquella noche y que les darian otras muchas cosas que tenian en la sierra. Al tiempo que toda aque- lla gente estaba junta con los ciistianos vieron venir una gran batalla ó multitud de gente con el ma- rido de la muger que habia el Almirante honrado y en-
(1) Niames ó ñames eran los ajes, especie de batatas, de cuyas raices hacían pan y tenían el sabor o gusto de las castañas. Así lo dicen más adelante, en los días 16 y 21 de Diciembre. También llamaban cuzabi al pan que hacian de la raíz de la planta llamad? yuca. (Véase a Oviedo en el cap. 5.' de su Hist. nat. de las Indias.)
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viado, la cual traian caballera sobre sus hombros, y venian á dar gracias á los cristianos por la honra quel Almirante le habia hecho y dádivas que le habia dado. Dijeron los cristianos al Almirante que era toda gente más hermosa y de mejor condición que ninguna otra de las que habian hasta allí hallado; pero dice el Al- mirante que no sabe cómo puedan ser de mejor con- dición que las otras, dando á entender que todas las que habian en las otras islas hallado eran de muy bue- na condición. Cuanto á la hermosura, decian los cris- tianos que no habia comparación así en los hombres como en las mugeres, y que son blancos mas que los otros, y que entre los otros vieron dos mugeres mozas tan blancas como podían ser en España. Dijeron tam- bién, de la hermosura de las tierras que vieron, que ninguna comparación tienen las de Castilla, las mejores en hermosura y en bondad, y el Almirante así lo vía por las que ha visto y por las que tenia presentes, y decíanle que las que vía ninguna comparación tenían con aquellas de aquel valle, ni la campifia de Córdoba llegaba aquella con tanta diferencia como tiene el día de la noche. Decian que todas aquellas tierras estaban labradas y que por medio de aquel valle pasaba un rio (1) muy ancho y grande que podía regar todas las tierras. Estaban todos los árboles verdes y llenos de fruta, y las yerbas, todas floridas y muy altas; los canii- nos.muy anchos y buenos; los aires eran como en Abril en Castilla; cantaba el ruiseñor y otros pajaritos como en el dicho mes en España, que dicen que era la ma- yor dulzura del mundo. Las noches cantaban algunos pajaritos suavemente; los grillos y ranas se oian mu- chas; los pescados, como en España. Vieron muchos almacigos y lináloe, y algodonales; oro no hallaron, y no es maravilla en tan poco tiempo no se halle. Temó aquí el Almirante experiencia de qué horas era el día
(1) Llamado de los Tres Ríos.
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y la noche, y de sol á sol; halló que pasaron 20 ampo- lletas que son de á media hora, aunque dice que allí puede haber defecto, porque ó no la vuelven tan pres- to ó deja de pasar algo. Dice también que halló por el cuadrante questaba de la línea equinoccial 34 gra- dos (1).
Viernes 14 de Diciembre
Salió de aquel Puerto de la Concepción con terral, y luego, desde á poco, calmó, y así lo experimentó cada dia de los que por alií estuvo. Después vino viento Le- vante; navegó con él al Nornordeste; llegó á la Isla de la Tortuga; vido una punta della, que llamó la Punta Pierna, q\ie estaba al Lesnordeste de lacabezadela isla, y habría 12 millas, y de alli descubrió otra punta, que llamó la Punta Lanzada, en la misma derrota del Nord- este, que habría 16 millas. Y así, desde la cabeza déla Tortuga hasta la Punta Aguda habría 44 millas, que son 11 leguas, al Lesnordeste. En aquel camino habia algunos pedazos de playa grandes. Esta isla de la Tor- tuga es tierra muy alta, peto no montañosa, y es muy hermosa y muy poblada de gente como la de la Isla Española, y la tierra así toda labrada, que parecía ver la campiña de Córdoba. Visto quel viento le era con- trario y no podía ir á la isla Baneque (2), acordó tor- narse al Puerto de la Concepción, de donde habia sa- lido, y no pudo cobrar un rio questá de la parte del Leste de! dicho puerto dos leguas.
Sábado 15 de Diciembre
Salió del Puerto de la Concepción otra vez para su
(1) Hay error en este número, pues debe ser 20 grados.
(2) Otras veces dice Baveque.
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•camino; pero en saliendo del puerto ventó Leste recio, su contrario, y tomó la vuelta de la Tortuga hasta ella, y de allí dio vuelta para ver aquel rio que ayer quisiera ver y tomar y no pudo, y desta vuelta tampoco lo pudo tomar, aunque surgió media legua de sotaviento en una playa, buen surgidero y limoio. Amarrados sus na- vios, fué con las barcas á ver el rio, y entró por un bra- zo de mar questá antes de media legua, y no era la boca; volvió, y halló la boca, que no tenia aun una bra- za y venia muy recio; entró con las barcas por él para llegar á las poblaciones que los que antier habia en- viado hablan visto, y mandó echar la sirga en tierra, y tirando los marineros della subieron las barcas dos ti- ros de lombarda, y no pudo andar mas por la reciura del corriente del rio. Vido algunas casas y el valle grande donde están las poblaciones, y dijo que otra cosa mas hermosa no habia visto, por medio del cual valle viene aquel vía. Vido también gente á la entrada del rio, mas todos dieron á huir. Dice mas: que aque- lla gente debe ser muy cazada, pues vive con tanto te- mor, porque en llegando que llegan á cualquiera parte, luego hacen ahumadas de las atalayas por toda la tie- rra, y esto mas en esta isla Española y en la Tortuga, que también es grande, que en las otras que atrás dejaba. Puso nombre al valle. Valle del Paraíso, y al rio, Guadalquivir, porque diz que así viene tan grande como Guadalquivir por Córdoba, y á las veras ó ribe- ras del, playa de piedras muy hermosas,y todo andable.
Domingo 16 de Diciembre
A la media noche, con el ventezuelo de tierra, dio las velas por salir de aquel golfo, y viniendo del bordo de la Isla Española, yendo á la bolina, porque luego a la hora de tercia ventó Leste; á medio golfo halló una canoa con un indio solo en ella, de que se maravillaba
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el Almirante cómo se podia tener sobre el agua siendo el viento grande. Hízolo meter en la nao á él y á su canoa, y halagado dióle cuentas de vidrio, cascabeles y sortijas de latón, y llevólo en la nao hasta tierra á una población (1) que estaba de allí 16 millas, junto á la mar, donde surgió el Almirante y halló buen surgi- dero en la playa junto á la población, que parecia ser de nuevo hecha, porque todas las casas eran nuevas. El indio fuese luego con su canoa á tierra, y da nuevas del Almirante y de los cristianos por ser buena gente, puesto que ya las tenían por lo pasado de las otras donde habían ¡do los seis cristianos, y luego vinieron mas de 500 hombres, y desde á poco vino el Rey de- llos, todos en la playa, juntos á los navios por questa- ban surgidos muy cerca de tierra. Luego, uno á uno y muchos á muchos, venían á la nao sin traer consigo cosa alguna, puesto que algunos traían algunos granos de oro finísimo en las orejas y en la nariz, el cual lue- go daban de buena gana. Mandó hacer honra á todos el Almirante, y dice e\: porgue son la mejor gente del mundo y mas mansa; y sobre todo, que tengo mucha esperanza en nuestro Señor que vuestras Altezas los harán todos cristianos, y serán todos suyos, que por suyos los tengo. Vido también quel dicho Rey estaba en la playa, que todos le hacían acatamiento. Envióle un presente el Almirante, el cual diz que rescibió con mucho estado, y que seria mozo de hasta 21 años, y que tenía un ayo viejo y otros consejeros que le con- sejaban y respondían, y quél hablaba muy pocas pala- bras. Uno de los indios que traía el Almirante habló con él; le dijo que como venían los cristianos del cielo y que andaba en busca de oro y quería ir á la Isla de Baneque, y él respondió que bien era y que en la dicha isla había mucho oro; el cual amostró al aguacil del Almirante, que le llevó el presente, el ca-
(1) Puerto de Paz.
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mino que había de llevar, y que en dos dias iría de alli á ella, y que si de su tierra hablan menester algo lo daria de muy buena voluntad. Este Rey y todos los otros andaban desnudos como sus madres los parieron, y asi las mugeres, sin algún empacho, y son ios mas hermosos hombres y mugeres que hasta allí hobieron hallado; harto blancos, que si vestidos anduviesen y se guardasen del sol y del aire, serian cuasi tan blancos como en España, por questa tierra es harto fría y la mejor que lengua pueda decir: es muy alta, y sobre el mayor monte podrian arar bueyes, y hecha toda á campiñas y valles. En toda Castilla no hay tierra que se pueda comparar a ella en hermosura y bondad. Toda esta isla y la de la Tortuga son todas labradas como la campiña de Córdoba. Tienen sembrado en ellas ajes, que son unos ramillos que plantan, y al pié de ellos nacen unas raices como zanahorias, que sirven por pan, y rallan y amasan y hacen pan deilas, y des- pués tornan á plantar el mismo ramíllo en otra parte y torna á dar cuatro ó cinco de aquellas raices, que son muy sabrosas, propio gusto de castañas. Aquí las hay las mas gordas y buenas que había visto en ninguna parte, porque también diz que de aquellas había en Guinea. Las de aquel lugar era. tan gordas como la pierna, y aquella gente todos diz que eran gordos y valientes, y no flacos, como los otros que antes habia hallado, y de muy dulce conversación^ sin secta. Y los árboles de allí diz que eran tan viciosos que las hojas dejaban de ser verdes y eran prietas de verduras. Era cosa de maravilla ver aquellos valles y los ríos y bue- nas aguas, y las tierras para pan, para ganado de toda suerte, de que ellos no tienen alguna, para huertas y para todas las cosas del mundo quel hombre sepa pe- dir. Después, á la tarde, vino el Rey á la nao; el Almi- rante le hizo la honra que debía, y le hizo decir cómo era de los Reyes de Castilla, los cuales eran los mayo- res Príncipes del mundo. Mas ni los indios quel Almi-
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tnía, qve eran los intérpretes, creian nada, ni el Rey taspoco, áao creian que venian del cíelo, y que los reini» de los Re5'es de Castilla eran en el cielo, y BO ea este mondo. Pusiérorle de comer al Rey de las oosss de CasftflU, y él comía un bocado y después dá- rí:? todo á sus consejeros y al ayo, y á los demás que =:e: 3 consig-o. «Crean vuestras Altezas questas tierras •son en tanta cantidad buenas y fértiles, y en especial , = r-- - J ^tta Isla Española, que no hay persona que lo
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