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LOS NUEVOS DERROTEROS

DEL

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OBRAS DEL MISMO AUTOR

Tesoro de la lengua española. Estudio acerca de diversas dificultades de la lengua : acentuación, ortog^ratia, género, número, conjugación y régimen. Corrección de barbarismos. Discusión de los galicismos y neologismos mas frecuentes. Un volumen en de 400 páginas, tela.

Curso práctico de gramática y corrección del estilo, adaptado á las nece- sidades del lenguaje americano.

Lecciones de cosas (Curso infantil) un tomo en cuadrado, con 40O grabados, en colaboración con ¡Miguel de Toro y Gómez.

Enmiendas al Diccionario un vol. en 16' de 215 pag.

Apuntaciones lexicográficas, un vol. en 16° de 281 pag.

Americanismos, un vol. en 16" de 287 pag.

Ortología castellana de nombres propios, un vol. en 8^ de 493 pag.

La lectura de los clásicos [Teatro de Calderón, anotado), un vol. en 16".

Pequeño Larousse ilustrado, un vol. en de 1528 pag.

MIGUEL DE TORO Y GISBERT

CORRESPONDIENTE DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

LOS NUEVOS

DERROTEKOS DEL IDIOMA

(o9S*í 6) 53-

parís

R. ROGER Y F. CHERNOVIZ, EDITORES

95, BOULEVARD RASPAIL, Y 38. RLE DE FLEURUS

1918

Propiedad de los Editores

PROLOGO

Causa verdadera sorpresa a muchas personas el nuevo rumbo que toma el idioma español en ciertos libros his- panoamericanos modernos. Frases de corte algo extraño, imitado con frecuencia del francés, considerable numero de voces nuevas, campean en dichas obras, y reina en ellas una especie de anarquía lingüística. A quienes aun tienen el culto de nuestras glorias pasadas, estas nove- dades producen no sólo desconfianza, sino hasta indig- nación. r*ara otros, olvidadizos de lo que hemos sido y admiradores sólo de lo que en otros países se hace, tal moditicación es signo de regeneración que hemos de celebrar incoiidicionalmentey alentar con todas nues- tras fuerzas. Algunos, entusiasmados con la novedad, y [)oco al corriente de lo que es el español moderno, han querido dar a esta nueva forma del lenguaje escrito el nombre de neo español.

A decir verdad la corriente de que hablamos no tiene nada nuevo, y es forma naturalísima de la evolución del idioma. Natural es que en el siglo xx se hable distintamente de tomo se habló en el siglo xvi, v no ha de sorprendernos que medie por lo menos análoga distancia entre el idioma de Rubén Darío y el de Cer- vantes, que entre el de éste y el del arcipreste de Hita, separados que están unos de otros por un período de tres siglos. Las verdaderas bases del idioma contem- poráneo se hallan pues más bien en los autores espa- ñoles y americanos del siglo diecinueve que en la me- dia docena de franceses, casi olvidados hoy en su misma patria, y de quienes algunos modernos escritores pre- tenden haber sacado su estilo. En verdad, sin que ellos se dieran cuenta de lo que hacían, contentáronse con seguir la tendencia evolutiva natural del idioma espa- ñol, y lo que deliberadamente agregaron, copiándolo

M. de Toro. Los nuevos derroteros del idioma. 1

2 PROLOGO

de los franceses, es cabalmente lo menos vivo de su obra, y lo que más pronto ha de desaparecer.

¡ Neo español! Hace falta toda la fatuidad de un fran- cés para llegar a figurarse que haya podido ejercer la lengua de su tierra semejante influencia en la de una raza que puebla ambos continentes, para cuyos culti- vadores el sol, como en los dominios de Garlos Quinto, no se pone jamás, en la de una raza que cuenta tantas y tan magnas obras literarias, y que en el siglo xvii dio papilla a los más preclaros ingenios franceses.

Y es precisa una completa ignorancia de las leyes del idioma para figurarse que, en menos de un siglo, el progreso material y la emancipación comercial de América hayan podido transformar tan completamente la tradición lingüística heredada de la antigua metró- polij, que pueda considerarse su idioma como distinto del que sigue hablándose en España.

¡ Pues si precisamente la evolución lingüística es una de las cosas más lentas y más automáticas que se cono- cen! ¡ Si antes de sorprendernos por la supuesta evo- lución de esos países alejados de España históricamente desde hace tanto tiempo, debiéramos admirarnos de ver subsistir en ellos, con la misma lozanía que en España voces, giros y construcciones que sólo tradicionalmente se comunican de padres a hijos! La mayor parte de las alteraciones lingüísticas que creen algunos americanos propias de su continente y muestras de una evolución propia, no son sino provincialismos españoles o arcaís- mos. Fuera de los elementos deorigen puramente indio, todo lo que difiere en el español hablado de América del español escrito de España puede hallarse en la misma península. Y lo único que ha podido separar una de otra ambas evoluciones, casi paralelas, ha sido la centra- lización castellana de España, posterior a la colonización de América y que ha dado al provincialismo de Cas- tilla, el que menos pudo desarrollarse en America, preexcelencia sobre el provincialismo andaluz, gallego, extremeño, asturiano o bable, que fué que más colo- nizó el Nuevo Mundo. Si Felipe II, en vez de poner la capital de su reino en ^Madrid, la hubiese colocado en Sevilla, apenas se notaría diferencia entre el español vulgar de América y el de España.

PROLOGO 3

En cuanto a las influencias extrañas que han podido obrar sobre el español moderno, han sido las mismas en ambos continentes. Algo de Alemania, un poco más de Inglaterra y mucho de Francia, tales son los elemen- tos que en ellos han influido sobre el español escrito y, de rechazo, sobre el español hablado. Galicismos y anglicismos tienen los españoles tantos como los ame- ricanos. Y en cuanto a la construcción afrancesada, al dichoso neo español, « qui est du francais par la syn- taxe », hacía tiempo que lo conocían los españoles, cuando nos lo presentaron como cosa nueva algunos jóvenes. Sólo que aquéllos usaban galicismos sin que- rer, y éstos nos quieren convencer de que lo hacen de intento. La misma Fernán Caballero, que no tenía sin embargo pretensiones de innovadora, está llena de gali- cismos de construcción. Y basta leer el prólogo del diccionario de Baralt para convencernos que aun en el siglo xviii abundaban ya en España los traductores que, sin quererlo, escribían en un guirigay que era también « du francais par la syntaxe ».

Para mostrar que el fenómeno no tiene nada de ame- ricano he estudiado, al redactar la presente obra, el vocabulario de cierto número de escritores españoles y americanos. No quiere decir mi selección que no haya tomado sino los escritores más notables ; otros muchos hubiera podido escoger, con los que hubiera hecho análogas observaciones. Pero, no queriendo dar a esta parte de mi obra dimensiones exageradas he tenido que ceñirme a unos cuantos nombres. En algunos casos mi elección se debe sólo a que tenía ya leídos y apuntados los libros citados.

Pero con la muestra podrán convencerse mis lectores de que la evolución presente viene a ser casi análoga en los escritores americanos que más alardean de haber transformado el idioma y en ciertos españoles que no hacen gala de dicha pretensión.

Obsérvase en- casi todos los autores estudiados una propensión señalada a la fabricación de voces nuevas, no siempre indispensables, una licencia grande para la admisión de vocablos extranjeros, especialmente fran- ceses, una tendencia ala simplificación de la frase, que abandonando los enrevesados períodos de antaño, se

4 PROLOGO

Jiace cada vez más breve, más regular, más enemiga de la inversión.

Por desgracia nótase en muchos de ellos un desaliño grande en la construcción, una vacilación detestable en el uso dei régimen de nombres y verbos, una ignorancia del carácter de nuestra lengua que les hace incurrir no pocas veces en construcciones irregulares, galicadas a veces y a veces sencillamente bárbaras, y soljre todo una manía detestable por el empleo de palabras que no entienden. Este último abuso, que critico en el capítulo titulado « Moderno dis'paratorio », hará quizás reir a muchos, pero a algunos ha de causar profunda pena, pues no puede darse prueba más clara de la incultura española actual.

En materia de neologismos y galicismos tengo la juanga sumamente ancha. Tolero todo lo nuevo y aun lo aplaudo siempre que lo merece ; sólo censuro el neologismo cuando es del todo inútil o feo. Para riada tengo en cuenta en mis juicios el Diccionario de la Academia, que de considerarse como el archivo de gran parte del idioma, pero de ningún modo como la norma intangible de éste. O jala dicha parte de mi trabajo pueda servir de aviso a la Academia española acíerca de la necesidad cpie hnv de rejuvenecer considerablemente su obra, publicando nuevamente un diccionario de Au- toridades en el que tengan cabida citas de los grandes escritores modernos, y de guía a los profesores de len- gua V literatura españolas que, en presencia del moderno desbordamiento de neologismos, no saben a' veces qué han de celebrar y qué han de criticar.

Respecto de la Gramática me he mostrado algo más severo. Si es lícito en efecto tomarse ciertas libertades con la retórica y sacar de la frase y de la palabra todos los efectos de expresión y de arte que quieran inven- tarse, no cabe la misma libertad en lo tocante a la gra- mática. Esta, bien entendida, no es sino la clasificación de las formas adoptadas unánimemente para que cier- tas combinaciones de letras o de palabras signifiquen siempre una misma cosa. La ortografía será todo lo caprichosa o lo artificial que se quiera, pero hace falla adoptar una sola manera de escribir cada palabra si queremos que el idioma no se convierta en una especie

PROLOGO 5

de Babel. En cuanto a los pronombres, preposiciones, adverbios, etc., son meras palabras de enlace que serán tanto mas útiles cuanto mejor determinado esté su oficio en la oración. Alguna elasticidad puede darse sin em- Ijargo al régimen de las palabras, que no estando en nuestra lengua perfectamente determinado aún, puede sufrir algunas modificaciones si tienen éstas por objeto hacer más clara la frase. Pero tal ha de ser la única razói) que nos autorice a innovar en semejante asunto y no el mero hecho de que un régimen se use en francés y no en nuestra lengua. Sin ser enemigo absoluto de imitar a los franceses en lo que su lengua tenga mejor que la nuestra, combatiré siempre la imitación cuando ésta no enriquezca el español. Por ultimo, nunca me alzaré con bastante indignación contra el barbarismo que consiste en emplear palabras a tontas y a locas, porque suenan, y en darles un sentido que jamás pen- saron tener. Nadie tiene obligación de usar un vocabu- lario riquísimo, es más, creo que más vale pecar en esta materia por carta de menos que por carta de más, pero, ya que haga alarde, el escritor de usar palabras que no conozca el lector, no se exponga a que éste, al buscar en un diccionario el sentido de una voz desco- nocida, se encuentre con que significa precisamente lo contrario de lo que con ella quiso expresarse.

En la sección de esta obra referente a la lexicografía, ocupóme especialmente en mis estudios preferidos. Tras un examen bastante detenido de la última edición del diccionarioacadémico, apuntoalgunasobservaciones referentes al tecnicismo científico anatómico y botánico, que. como todos los demás tecnicismos anda sumamente abandonado entre nosotros. Hago también una reseña de los dos últimos diccionarios de argentinismos que se han publicado, haciendo ver una vez más, por medio de estas obras, lo mucho que queda aún por hacer en la lexicografía española.

Me daré por satisfecho si, después de hojeada esta obra, quedan algunos lectores convencidos de que la lengua española es mucho más rica, más viva, más susceptible de asimilación de lo que muchos se figuran, de que su fuerza de evolución sigue tan fuerte en la pe- nínsula como en América, verificándose dicha evolución

6 PRÓLOGO

por direcciones casi idénticas. Y sobre todo de que, siendo el español suficientemente rico y hermoso por sólo, inútil es acudir en busca de la belleza a lenguas ajenas cuyas galas, por valiosas que sean, nunca val- drán para vestir la lengua de Cervantes sus propios riquísimos atavíos.

EL VOCABULARIO MODERNO

Blasco Ibánez.

Pedro de Répide.

Arturo Reyes.

Pío Raroja,

Emilia Pardo Bazán.

Martínez Ruiz.

Miguel de Unamuno.

Salvador Rueda.

Díaz Rodríguez.

Rubén Darío.

Gómez Carrillo.

Vargas Vila.

Armando Vasseur.

Enrique Rodó.

Blanco Fombona.

La Joven Literatura americana.

Del Montón,

EL VOCABULARIO DE BLASCO IBANEZ

Aunque no sea considerado Blasco Ibáñez como escri- tor modernista, en la acepción que generalmente se da a esta palabra, el ilustre autor de La Barraca, de Los Muertos mandan, y de Sangre y arena^ es uno de los más notables constructores del idioma actual. En su obra prodigiosa adquiere el vocabulario castellano una poten- cia y una vida que no sospechábamos siquiera. Voces castizas y olvidadas ya, palabras pintorescas de la lengua vulgar y aun del caló de Madrid, sabrosos provincia- lismos en los que alguna vez descubrimos el abuelo de tal o cual americanismo, neologismos audaces y bien formados, galicismos en la proporción que corresponde a un idioma del que cada día va enseñoreándose más al influencia transpirenaica, todo ello suministra al lexicógrafo, amén del correspondiente deleite de colec- cionista, infinidad de datos para ir catalogando las riquezas recónditas de nuestra lengua tan mal estudiada hasta hoy día.

En un libro anterior. Apuntaciones lexicográficas^ cité ya gran número de palabras que figuraban en Los Muertos ?u andan y no eslaLhan incluidas en el Diccionario de la Academia.

La última edición de dicho Diccionario ha venido a cercenar la cosecha de antaño. Ciento treinta y seis palabras y acepciones tenía apuntadas en aquel libro. Dieciséis de ellas han entrado en el nuevo léxico. Y no vava a figurarse el candido lector que la Academia hizo una selección entre aquellas ciento treinta y seis voces, y que por lo tanto no le gustaron las ciento veinte res- tantes. No, la Academia no ha pensado en utilizar mi trabajo, no por mala voluntad, sino por no tener cono» cimiento de él. Buena prueba de ello es que no ha

EL VOCABULARIO DE BLASCO IBÁÑEZ 9

enmendado casi ninguna de las numerosas erratas materiales que señalo en varios de mis libros, mientras que ha expurgado concienzudamente mi obrita Enmien- das al Diccionario de la Academia, que por lo suges- tivo del título no podía menos de llegar a sus manos. ¡ Nada ! es triste confesarlo, sólo dando palos le hacen caso a uno. Después de aquella obra algo violenta, quise adoptar un tono más suave y seguí reuniendo reparos al léxico oficial en Apuntaciones, Tesoro de la Lengua, Americanismos, Ortología de Jiombres propios. \ Gomo si los hubiera echado a un pozo !

Tengo otra serie de apuntes para la nueva edición, no tendré más remedio que darle un título llamativo si quiero que sirvan de algo.

Decía pues que algunas palabras han sido incluidas en la nueva edición del diccionario. Son las siguientes : mentón, alarmante, inexpresivo, hotel, festival, auto- matismo^ rebencazo (que acaba de meter el diccionario como americsimsTno), cosquillear, automatismo,fragmen- tario, rudimentario, pavimentado y congestionado, voces, las dos últimas, cuyos verbos figuran ahora en el diccionario ; sinvergüenza, mutismo, inconsciencia.

Pero aun faltan en los Diccionarios infinidad de pala- bras del idioma usual, que tan abundantemente usa el gran novelista para deleite de sus lectores. A las que quedan de mi primer rebusco en Los Muertos mandan agregaré otras sacadas de La Catedral.

Pertenecen al lenguaje común y debieran por lo tanto estar catalogadas ya por los Diccionarios, de Los Muertos mandan : ventanal (5) ; montante, en acepción distinta de la académica (5) ; caserón de pocos huecos (6) ; panfiles, rampines (10) ; vedijas de humo (15) ; botiflers (18); ahuecador{i9) ; tufillo [25] ; espadaña de hierro (30); payesía (48) ; guitarreo (58) ; butifarras, en la acepción histórica (65); timba (71), por casa de juego; magno- liero (73) ; chapoteo (73) ; hotelero (80) ; mágicas desnu- deces (82) ; encontronazo (94) ; desconchadura (151), tan bueno como desconchado; frasco., arma de lostorsarios ibiceños (179) ; tamborileo (184); teja (205), por som- brero eclesiástico; ¡futro! (211); el escogido de las parejas Í242) ; cogotera de un tricornio (24.5) ; ritual de un festejo (316) : el plumeo de un abanico (340) ;

10 EL VOCABULARIO DE BLASCO IBÁÑEZ

tintineo (341); cric crac (358); estridencia (359); foco eléctrico (386) ; un dulce sopor !/i05) ;

De La Catedral : este fuelle hace aire (21) ; una triple barbilla 'v2i9), de sentido más amplio que el académico ; el bestia de tuhermano (121) ; bicornio {260) ; blusa (242); prenda íémenina ; contrafuertes y botareles (57), que la Academia da como sinónimos; un camándulas (116); las cancelas de la catedral (33) ; carraspeo (9) ; nuestros generales de ir por casa (264) ; cascabeleo (258) ; da- verías (22) ; copeo fino (149), introducido en la últimaf edición del Diccionario, con sentido más restringido; coral (143) ; cuartucho (110) ; cuatrillón (246) -.chicarrón (44); sin más guía que la chispa de su linterna (175); desgarbo (288); doselete (7); la espiral de su cigarrillo (275) ; el tiempo del francés (149) ; por la francesada {X.2im.- poco académico) ;g^«c/¿/'( 131) ;^«c/íó (134); ^i¿erre/'« (254), prenda militar ; guillati (138) ; jugueteo (112) ; malhu- mor (272) ; manchadordel órgano (128-174) ; máuser{21 Vy, los negros, enemigos de la monarquía (40) ; ¡ olé¡ (218) ; unos parditos (100) ; estirar la pata (302) \ patatin patcl- tcin {211)\ una perdida (122); perrería (101) ; un perro gordo (100) ; prójima (134) ; querindango (297) ; tener redaños {i'Si)\ a regañadientes {9^)] repiqueteo (173); respaldo del hueco de la escalera (11) ; santero andante (194); sargenta (145); señoritinga (153); sopas con leche [ioi) ; presidente del supremo (280); un tapa- ojos {23A) ; de mal teque (148); ¡total! (182); zapate- rin (103).

Terminados en miento y mentó, hallamos, en La Cate- dral : adecentamiento (265) ; retoñamiento (47) ; com- ¡partimento (112).

En ismo hallamos, en La Catedral : industrialismo (268); anticlericalismo (204); mesticismo (189); hiera- tismo{i39). En Los Muertos mandan : legitimismo (149); animalismo (287); quietismo {289).

En dad terminan, en La Catedral: virtuosidad {il8) \ materialidad (103); sublimidad (113), por cosa sublime. En Los Muertos mandan : acometividad ( 116-343) ;/?e^rt- josidad (353) ; leñosidad (48) ; lacrimosidad {io3) ; copro- piedad (191), y angulosidad (263).

En ista encontramos, en Los Muertos mandan : budista (352) ; y en La Catedral : fuguistas y contrapuntistas {1^3).

EL VOCABULARIO DE BLASCO IBÁÑEZ 11

En ción, de Los Muertos Mandan : dignip.cación (126) V de La Catedral : degeneración (187) ; superalimenta- ción ^154; ; ocupado en enormes concepciones (269).

En ería trae La Catedral : limpio de extranjerías modernas (283) ; camaradería (306).

En aje, en La Catedral : andamiaje (156), tan bueno como andamiada ; y en Los Muertos Mandan : care- naje (375) ; invernaje (.59).

Entre los demás neologismos tenemos, en La Cate- dral : prehistoria (176) -.apoteca (104) ; y en Los Muertos mandan : falansterio [11) ; gliptoteca (79) \urhe (161).

Si pasamos a los calificativos, tropezamos en La Cate- dral con gran cantidad de adjetivos de perfecto sabor castellano y cuya ausencia del diccionario causa cierta admiración : achicharrador (221) ; aplastante {26^) ; ase- llorado (106); losas berroqueñas (45); con cada som- brero como un quitasol (119); ponerse cejijunto 24); comodón (38); el muy condenaclo {122) \ confianzudo [Vi^y, delgaducho (153); ubres desmayadas {i^T) ; versos dul- zones (145); embrutece do r {WV^); guillado (331); malo- liente (128); música muy movida (140) ; neto (39), en la acepción de política ; ponerse perdido (121) rabitieso (261) ; ratonil (146) ; tristón (218) ; verde [i'dQ), por des- creído, de la cascara amarga (que en la Academia trae sentido distinto del que yo le conocía).

En Los Muertos mandan : señorial (5) ; suavidad aca- ramelada (7) ; mármol avellanado (29) ; sollerense (46) ; pechugonas j caderudas (88); anonadador (160); cha- parro (340); crujidor (349) ; mirada vidriosa (407) ; vibra- dor (409) ; liornés (179) ; formenterino (194) ; corsé mon- jil (199) ; achocolatado (205) ; pinchoso (224) ; payés (266).

Terminados enado, en La Catedral: adamasquinado (189); entelado (295), que da el Diccionario como anti- cuado; enturbantado (172); estacionado (206). En Los Muertos mandan : enquistado [163) ; congestionado (241); acorazado de rojo (288) ; aureolado (408) ; adosado (412) (ya hay adosar en el Suplemento de la última edición del Diccionario); obsesionado (160), del que ya hablo en otra parte.

En ador trae La Catedral: detentador [268) ; cuida- dor (270j.

En ico, igualmente en La Catedral : semieclesidstico

12 EL VOCABULARIO DE BLASCO IBÁÑEZ

(23); escultórico {Q^) que compite ventajciamente con escultural, académico ; esquelético (221-292) ; extralitúr- gico {X'\'6 \ Indostánico (258); hdMv'xo lev í tico (74); pue- blos oceánicos (209); canto polifónico (141).

En <-//, en La Catedral: craneal{Qb) ; anticlerical {226); frío y convencional (291). En Los Muertos mandan : ancestral (263) ; asexual (78),

En esco^ en La Catedral : simiesco (26-135); cana- llesco (148) ; manolesco (254). En Los Muertos mandan : porcelanesco (19); marineresco (111) ; paladinesco (197; ; tantalesco (247); mesalinesco (416K Todas estas voces están en general bien formadas.

En ante o iente^ tenemos, en />« Catedral: aventura emocionante (85), que realmente es preferible a conmo- vedora ; clarividente (80); estatua yacente (58). En Los Muertos mandan : inquietante (186), que podía susti- tuirse por: inquietador; lagrimiente {211), malo, en lugar de lagrimoso; desbordante (29^); palpante {362); lloriqueante (376) ; barba rastreante (52), poco simpático. En íaco leemos en La Catedral : satiriaco fl35), que no es malo.

Entre 16s demás adjetivos, en La Catedral hallamos : antihumano (177); antisemita {9); bajo latino (1'87); ros- siniano (111-136). En Los Muertos mandan : salón columnario (10); guerra milenaria (47); inconmovible (422); endurecido (331), por empedernido.

Como adverbios, en La Catedral : campanudamente (182); quedamente (163), son excelentes.

En cuanto a los verbos, encontramos igualmente gran riqueza de formas interesantes. En La Catedral : ate- nacear {d>9), sentido figurado; extrañarse (288); fijarse en una cosa {292-91) \ guardarse (101), por meterse en el bolsillo ; largar una puñalada (234) ; implantar (84) ; reá^íí/'^tr (134), anticuado en la Academia; llevar a mal- traer (97); matar de hambre (178); catolicismo de pan- llevar {i^3-2^'S)\ compenetrarse {313); recalar {loO), por venir, llegar; sanear un veneno (22.5) ; tropezarse (319). En Los Muertos mandan: olisquear (297), tan bueno como el oliscar del Diccionario; transparentar (341); contrabandear (31 A), muy expresivo; inmovilizar (405j, que parece mentira no esté en el Diccionario.

Menos satisfactorios son, en Los Muertos Mandan :

EL VOCABULARIO DE BLASCO IBÁÑEZ 13

emplazar cañones (io9j, por colocarlos ; emerger el busto riela falda (19), por salir; recomenzar (353), de sabor Irancés. En La Catedral: distender sus miembros (76), por estirarlos; distanciarse [Z^S))^ por alejarse; cono- cer (14), por reconocer; la felicidad del no ser (34), ¿por qué no de no existir?; apelotonado en un foso (34), menos bonito que hecho un ovillo, ya que no ovillado (académico); comunicar dos habitaciones (29), que no me gusta como verbo activo; la muerte se incuba en sus entrañas (315); ventanas que, escalonándose.. (12); la tribu se procreaba (23).

Hay algunos extranjerismos en las obras de Blasco Ibáñez. En La Catedral : armonium fl07l; triforium (57), a los que pretiero las formas castellanizadas en o; detri- tus (71) que a decir verdad tampoco me gusta con la forma detrito, académica. Creo que vale más dejarlo en latín, lo mismo que macas, que algunos quieren tradu- cir por moco ; violoncello (1U8), que se dice más común- mente violoncelo ; dúo de amantes (112) ; scherzo (112) ; particella (137); fioriture (140), al que prefiero floreo; parterres áe TO&diXeB (112), por canastillos; argot {\^S), por caló; rococó (259), que muchas veces pue^e tradu- cirse ¡)or churrigueresco; /•/7í7(208), por riel; boch{2Vl). Medianas transcripciones son : mitins (que gramatical- mente daría mítines y metinges (2i5j, que más bien será metingues.

En Los Muertos mandan : rictus (392) ; bullón (355) ; logia (29); sports (78), que debe seguir sustituyéndose por deportes, pues lo que es sport no lo pronuncia a dere- chas ningún hispanoamericano; restaurant (78); hall (89) son aceptables, ya que tan bonito es lo inglés y lo francés. Pompón (218) no aventaja en nada a nuestra antigua borla o madroño.'

Si pasamos al estudio de los galicismos propiamente dichos encontramos en La Catedral : un bagaje de nue- vas ideas (83), que es bueno, ya que no hemos de decir equipaje de ideas; cubrefuego (171), al que prefiero el castellano queda, siendo la cosa tan antigua en español como en francés: encuadrado por los tejados (33 tiene en su contra que encuadrar es muy feo, por su parecido con meter en una cuadra (aquí podría decirse recortado); gama de colores (288) no vale escala (aunque esté gama

14 EL VOCABULARIO DE BLASCO IBÁÑEZ

en el Diccionario) ; gesto (262;, por ademán es en abso- luto inútil. ¿Cómo se traduce ademán al francés ? Por geste. Pues la recíproca existe. Levantar los hombros (110), por encogerse de ellos, es malo; manivela (64) está metiéndosenos en casa y es lástima, pues ya tenía- mos para decir lo mismo manubrio y cigüeña. Pero ¿ qué le hemos de hacer? en materia de tecnicismo indus- trial'estamos desarmados; los primeros que introdu- cen en nuestro idioma esas palabras : obreros, fabri- cantes y aun ingenieros, son demasiado ignorantes o desidiosos para hacer otra cosa mejor; marcador [i2iy)^ por contador, es malo también ; marcar la presencia (325) no vale señalarla; melopea (138) por melopeya es malo, ¿ decimos acaso : epopea, prosopopea ?; misión (20). en el sentido de obra a la que se está destinado, es excelente, mal que le pese a los cultiparlistas; placas rojas en el i-ostro (147), son francesas como algunas placas que se le deslizaron a la Academia en las definiciones de su obra. ¿Hemos de rechazarlas por eso? Creo que no. Espec- tros rampantes (327) me gustarían más si fuesen ras- treros fantasmas, por ejemplo ; color p/o/e/« (112), como color /o^r/, color lila, han entrado ya al idioma, aliviando estas formas del pesadísimo de, v. gr. : color de lila. Repliegues (316) son excelentes.

En Lo5 Muertos mandan : terraza de café, es bueno; accidentes del camino (42) lo usa ya todo el mundo; abordable{86) e inabordable {102) son aceptables, puesto que hasta abordar ha perdido ya la coroza infamante que le colgaron losbaraltómanos; secreter (90) es tan feo como neceser., que está en el Diccionario y buró, que extirparon en la última edición del mismo;¿>oj^eo (82)es bueno; péndula (152) por reloj, no debe aceptarse; nadaderas de pez (171) no vale las usuales aletas; e:r- pansión sanguínea (223) es inferior a derrame sanguíneo.

Entre los verbos hallamos en La Catedral : bordear el cisma (195), por orillarlo ; imponerse (273), íjue no tiene pero (según el P. Juan Mir lo usan escritores « in- correctos » como Castelar, Cánovas, el marqués de Valmar, Navarro y Ledesma) ; impresionarse (28), es excelente ; de obsesionar (318) véase lo que digo en la pág.77. . _

Dejo para lo último dos verbos : curiosear por los

EL VOCABULARIO DE BLASCO IBÁÑEZ 15

Últimos rincones de la catedral (38), que yo tenía por Argentinismo, y desvestirse los sacerdotes en la sacristía) (333), acerca del cual no puede dejar de acudirse al precioso estudio que sobre este verbo y otras palabras que empiezan por des, publicó mi erudito amigo }*Ionner Sa.ns [Con motivo deU'erbo Desvestirse, pasatiempo lexi- cográfico, Buenos Aires, 1895). Explícanos dicho autor que Desvestirse es antiquísimo español, y aduce un texto del concilio de León, de 1267 : « Et se el clérigo non ovier comenzado la sagra, desvístase et non diga la misa ».

Y, como remate de este rápido estudio, apunto a continuación algunas papeletas de voces incluidas en La Catedral, que son académicas desde la última edición V por consiguiente no han podido ser utilizadas en los anteriores párrafos : congestionar (257); abordar (310- 98); pirrarse 263); policmco (85); rudimentario (139); igualitario (306,; adosado (V29); intelectuales {2Í0); pro- letariado {210) ; sinvergüenza {[ 17) \ juerga (149); hier- bajoilil); galonista [262 : chulería (26); barbián {i50}.

Son quince, que con las dieciséis de Los Muertos man- dan, constituyen una notable adición al Diccionario oficial.

EL VOCABULARIO DE PEDRO DE RÉPIDE

El autor de Los Cohetes de la Verbena no es uno de esos reformadores tremendos que necesitan transformar hasta el modo de darse los buenos días, antes de po- der escribir, en una lengua flexible, elástica, armoniosa y colorida, ideas que les era imposible exponernos de otro modo.

Pedro de Répide, para encantarnos con sus pinturas animadas de la vida madrileña, se contenta con la lengua de todo el mundo, bastante rica, como podrá verse a contiuuación. Por no observarse apenas en él la inten- ción neológica, tienen más importancia histórica quizás los neologismos que en su obra se emplean. Por lo me- nos podemos suponer que los usan otras personas además del escritor. Y como al apuntar que Répide usa la lengua de todo el mando, no quiero decir que em- plea sólo las palabras incluidas en el Diccionario de la Real Academia, resulta que hemos de sacar buena cose- cha de la lectura de su obra.

Encontramos pues, por lo pronto, numerosas pala- bras perfectamente españolas : darle a \ino por la caran- toña (23) ; medidor (16); floripondios de papel (17); ven- tanal (5), que todo el mundo usa ; el Mercado de San Miguel de los Octoes (7); voceo (7); entrar en agujas el tren (85); un atardecer apacible (8); la Corte tuvo una avanzada de Aranjuez (65) ; bicornio (65); traje de bolero (59); de carrerilla (53); chispería (50); convoyad. ferrocarril (85) ; £¿e5e.r:¿ío (31), que es inútil sucedájieo de fracaso; escarolera (40); exabrupto (46.), que tra-e con dos palabras el Diccionario ; flamenquería (5i); \2i fran- cesada (51); guardapié (66); guardesa (97); por la mu- jer del guarda ; licitud e ilicitud (82), que están perfec- tamente formados ; inconsutilidad '25) ; las interiorida- des de un sillón {^1) \ jacobita (9); las lejanícis de un

EL VOCABULARIO DE PEDRO DE RÉPIDE 17

paisaje (29); marcar un martinete (25) ; pagar una /«e/z- 5;¿r//¿f/«¿ por la habitación (98); quitar moños {60}; mu- ral (62), por pared ; ser de oficio (46) ; la palomilla de la candileja (22); el bien parecer [9d>); pavero (93), espe- cie de sombrero; pesiatal (10; ; portalón (8-51); rótulo de tienda .35); ser muy señorita 37 ; sopor 88], por adormecimiento; ¡Pobres criaturas!, [también es alma de madres! (48); tai-anta, baile (11); usía (67).

Abundan las palabras del lenguaje vulgar v aun de caló : achararse 55), por avergonzarse; ahuecar (88), irse; ¡no está andóval para el caso! (37); juerga de asaiira (55); si no fuera por mis jayeres (37) ; cante (25); que es algo distinto de canto; mudarla conversa (37); charpes (57), por cuartos ; pasar ducas (58); gachí {2S) ; garrotín (25), cierto baile ; dejar sin una linda (25); lío (97), matrimonio irregular; un chulillo maleta [i2)\ por mor de (19) ; no somos nadie (19) ; ninchi (44, y su feme- nino nincha (85) ; papiro (55), billete de banco, en el que debe notarse la acentuación esdrújula, incorrecta; perra (40), moneda'; dar el te (37) ; torta (37), golpe ; tupi (88), taberna.

Encontramos igualmente muchos adjetivos del len- guaje usual, no incluidos en la Academia : mono atu- fao (13); una familia co/o/z« (71); mirándola muy fija {lo) tener a uno frito (57); cuello a la marinera (26) ; pin- garrona (59); YAqví plantado [o'S) \ voz quejumbrera \20\ que puede coexistir muy bien con quejumbrosa; cuerpo ratonil (54), muy bonito; reguapísimo (53); un gasto relumbrón (16) ; requetebién 53» que es usualisimo.

De carácter más neológico : el título munícipe{8)\ con- vento medievo (96), al que preíiero medieval (que la Academia se ha decidido por fin a incluir en el Diccio- nario, después de habernos impuesto largo tiempo el antiespañol medioeval) ; magia inquietante (25;, que po- día seguir siendo inquietadora; deleble (62), indispen- sable, puesto que tenemos indeleble ; voces canallas (91) tiene un saborcillo francés.

Terminados en dor hallamos ; sabidor (62\ malamente tildado de anticuado en el Diccionario; decididor i24) ; cruzador (30); fantaseador (35), buenos.

En tm ; alcahuete tapujón (98); la corte paseona (7); de vecindona[\.2).

M. «^e Tiro, Los nuei'os deiToteros del idioma, 2

18 EL VOCABULARIO DE PEDRO DE RÉPIDE

En esco : pavero majesco (93); corte pavanesca (65), que no me encanta mucho que digamos; manolesco (29-11).

Eníco ; bondadoso y beatífico (91); fiesta />r/níc<7 (84), muy l)ueno ; soldados napoleónicos [bi)] pantagruélico (5-44); faraónico (11), que son excelentes.

En ano : quintas vesabianas (65); narcisiana linfa (63), poco claro ; vegetariano (16), de uso general.

En¿.s7«, solo hay : naturista (16), irreprochable.

En los verbos tenemos, de carácter familiar : chin- charse (13-88) ; plantarse un verso (68) ; pringarse (88). Buenos son también : abotinarse el pantalón (26) ; en- clavar (84j ; florecer las rosas de su amor (74) ; tornaso- larse de azul (11); enmajar (67).

Locuciones diversas no academizadas aún : lo inglés por arriba y lo inglés por abajo (56); las tantas (55) ; rendirse cuenta de una cosa (46); lo de más allá (41); dar el pego (26); dar el opio (23); entender la flor {23), en sentido distinto del del Diccionario ; dejarlo todo como los chorros del oro (22) ; tener la casa mangas por hombro (22) ; meter el corazón en un puño (21) ; la mar de tierras (19) ; hacer de menos a un hombre (61); levan- tar ronchas a puros azotes (97), que a pesar de todos los puristas me gusta más que a puro azotes, quesería la forma académica.

Voces francesas : papillote (96), seltz (54); ambigú (54), en el sentido usual, diferente del del Diccionario. Voces francesas apenas disfrazadas de españolas : tulipa de luz eléctrica (34), que francamente me gusta mucho más que el tulipán, que con igual objeto nos ha enca- jado la Academia en la última edición de su diccionario; leontina (30) ; y palisandro (65), que merced a su origen gabacho ha conseguido desterrar al verdadero nombre, Jacaranda.

Galicismos de verdad : las frutas de cada sazón (5), por estación; pasar desapercibido (73), por inadvertido; el abate poeta (92); bordear (8-94), por orillar; las mi- radas fundidas (93).

EL VOCABULARIO DE ARTURO REYES

El v^ocabularío de Arturo Reyes es de los más ge- nuinamente españoles que conozco. En sus vigorosas y coloridas descripciones de Andalucía, el autor de El Lagar de la Vi/luela, de Cartucheríta y de La Gole- tera emplea un lenguaje de pura cepa española, esmal- tado naturalmente de andalucismos y de voces de caló, como lo exigen los asuntos que describe. Es su obra un rico venero para nuestra lexicografía.

Preséntanos en La Goletera palabras completamente castizas y que casi todas debieran figurar en los dicciona- rios : rostro atizonado (28) ; un valentón de alternativa (71), voz que a pesar de ser usada a diario por casi todos los españoles no figura en ningún diccionario ; bandurrio de chicuelos (9) ; tocar carceleras y tano-os (35); cazadora (22), sinónimo de americana; coco^de pelo (56); cordaje de guitarra (65); corralón (8í; churre- toso (8) ; embrague {[63); entripado de sillón (28); enfre- nar un tren (169); esjrellado (127); false fas {(k^), termino de música; /?e/e(215 , por resorte ; fogueo (59); guarda- calle (16); gurripato (17); la laureada (197), mallor- quín (9), prenda de vestir; matonismo (27); mazazo (228); mobiliario (11), mejor que el moblaje que nos impone el Diccionario ; moña de guitarra (13) ; dejaren pañales (9) ; pavero (9), sombrero; pelecho (lí); picada, (182), por arrechucho ; pomo de cuchillo i9) ; portalón (9) ; llevar el pulso {^9); ragua de la caña de azúcar (204); renegrido (101); requetebién {25); rizoso (29); jugar al ruedo (85) ; silla de Vitoria {ii); ventanal {i^) ; zama- rrean (189).

Entre los andalucismos merecen citarse : con todas las veritas de mi alma (116), majoma (204); chambeles (91) ; cimbelada (18) ; cañaduz (204) ; cañada (22) ; acansinado {9) ; menoso (10), el elegante malagueño ';

20 EL VOCABULARIO DE ARTURO REYES

goletera, título de la novela; muchachos enciierinos (8) ; escalerilla {123).

Voces de caló : cortado (206) y chato (214), vasos ; sigúelas (18); sacáis (29), los ojos; quinqué (159), por cuidado; postín {[^2), por presunción; pimpi {123) ,pan- tasnia (205); ole con ole {i72) ; Juma (188), por borra- chera ; j^c^rtreó- (180); hondilón (119), por taberna; lia- billela/'{V.V^), por guardar , gachó (20) ; poner los espartí- tos (231); sufrir ducas (161); de chipé (180) ; chingares (32); chanelo (164); pintar la cigüeña (143) ; canóniga (123'l, por borrachera; buchinche (189), por taberna ; barí [2^).

En cuanto a neologismos hay cierto número de ver- bos nuevos : grietearse (116), que me parece tan bueno como el grietarse de la Academia ; reliarse (193), inten- sivo áeliar^Q; porrearse (8), tan bueno como aporrearse; despulmonarse (57) ; desenrizar (15), al que prefiero el desrizar del Diccionario ; acharranarse (195) y acha- bacanarse (193) irreprochables; atersarse 56), bien for- mado ; desenfruncir (212); reaccionar (176), excelente, y fulgir (44), aceptable ya que tenemos fulgente.

Entre los sustantivos : sensacional (131) y pasional (21), eslán bien construidos ; edificación (7), poi* conjunto de edificios parece útil ; videncia (238), por clarividen- cia, lo es menos, /??<'/iíá'e/' (73) es indispensable ; denticina (128), y elasticotina (128), son neologismos de catálogo de comercio.

No abundan los galicismos en L<7 GoZe/<?/'«, felizmente. Únicamente he podido apuntar : rosa de (184), que no traduce bien el francés rose thé^ en que el thé se refiere sólo al color, al paso que rosa de te no lo indica en modo alguno ; cobertura de cama (12); bordear (121) que en este caso pudiera sustituirse por rebosar; brodequín {10)^ más feo que borceguí; seno arrogante (56), que a pesar de la « senomanía » epidémica^actual no llega a gustarme.

EL IDIOMA DE PIÓ BAROJA

Es Pío Baroja uno de los escritores contemporáneos en cuyas obras encuentra el lexicógrafo mayores teso- ros. En sus descripciones pintorescas de la vida del hampa madrileña, vemos admirablemente transcrito el lenguaje rico y lleno de color del pueblo de la capital española.

Pío Baroja, igualmente distante del purismo acadé- mico y de la manía del lenguaje artista, no pierde el tiempo en buscar palabras complicadas, en forjar neolo- gismos enrevesados. Escribe como se habla en torno suyo y sus oliras son un reflejo muy sincero del idioma madrileño contemporáneo.

Ya indiqué en mis Apuntaciones le,ricográficas cierto número de palabras que figuraban en La Busca, de dicho autor y no estaban en el diccionario de la Aca- demia.

En iMala Hierba, segundo tomo del tríptico La Lucha por la Vida, he hallado mayor acopio aún de voces no archivadas en los diccionarios.

Al lenguaje vulgar pertenecen por ejemplo, en La Busca : chirriante (7); granujería (9); cuartucho (9); recazo de candileja (9); coloradota (17); largarse (18); ambulante de correos (21) ; chiscón (35); charlotear (42) ; ganguero (56); descuartizamiento (65) ; divertirse la mar (69) ; qué mas da (74) ; bicharraco {11)\ corte de mangas (78) ; barredera mecánica (79) ; ventanuco (83) ; cogolludo (102); dar morcilla (102); apagavelas (113); sotabarba (148 ; achulapado (151) ; danzón[\.bQ) ; cataplún (178); endomingado (181); pesadote (187); amasadero (193); casquería (242); campanilleo (245); arrebuñado (249); listeza (251) ; camposanto (255) ; polvera (266) ; abomba- miento (279) ; botellín (281); carbonilla (286); capotazo (307) ; mono sabio {307) ;

22 EL IDIOMA DE PÍO BAROJA

En Mala hierba son del mismo género : caer soldado (259); el gordo (257); ensimismamiento (235); teatrucho Í239) ; churrería {2^i)\ ventanuca (212); entrecruzarse (202) ; chillería (201) ; debilidad^ por hambre (160); can- turía (135) ; echárselas de (93) ; zarandeo (99) ; í/e mate- rial (99) ; exabrupto (57) ; policía^ sentido de polizonte (74); positivas de fotografía (35); revirar los ojos (7); enmohecimiento (7) ; escamondar, por limpiar (65) ; arramblar con todo (47) ; novelón (59); tarima de escul- tor (14); media tostada (18) ; localidad en teatros (239); salva de aplausos (293) ; palabra entrecortada (289) ; re- peinado (279) ; granujada (262) ; matonear (llQi) ; ¿¿iZ- concillo (265); pijotero (259), etc.

En cuanto al caló, el acopio de palabras es enorme. Y por más que ¡)retendan algunas personas, estas voces, que pertenecen al habla de la ínfima clase social, son tan importantes como las del lenguaje más culto.

Pueden distinguirse en el caló dos grandes varieda- des de vocablos. Unos pertenecen a la jerga de los cri- minales, y de estos figura notable colección en el Delin-, cuente español de Salillas. Este género de palabras, que en realidad no pertenecen al español, sino a un dia- lecto especial a cierta categoría de individuos, no debe figurar en los diccionarios españoles. Sin embargo mu- chísimas de ellas (todas las que figuran en el famoso Vocabulario de gemianía de Juan Hidalgo) están en el Diccionario de la Academia y en todos los diccionarios que en él se basan.

Otra clase, más importante a nuestro parecer, es la de las palabras del caló popular, que se emplean co- rrientemente en el lenguaje familiar de Madrid y Anda- lucía y que forman parte del vocabulario corriente de muchas personas decentes. Gente del pueblo, aficiona- dos a toros, señoritos achulados, emplean a porrillo esta clase de voces,. que encontramos a diario en periódicos, novelas de costumbres, obras teatrales del género chico, etc. Estas palabras que deben figurar en los diccionarios.

Y la Academia, que hasta ahora les había abierto rara vez sus columnas, no con premeditación, sino sencilla- mente por descuido, por falta de documentación, va

EL IDIOMA DE PIÓ BAROJA 23

mostrándose felizmente cada vez más generosa. Ya figu- raban en las ediciones anteriores muchas voces como najarse, bit'lar, chirona, chopo, cholla, parnés. En la última edición da entrada el diccionario a buscona, golfo, barbián, guindilla^ randa, juerga, carterista, curda, perra chica, perra gorda, tasca, chirlata, etc.

A este género pertenecen, en La Busca: pingo (19); cante (44) ; descuidero (73, 244) ; leñe (75) ; pucherera (78);. chulapo (93) ; choteo (102) ' ; chulé (102) ; manró (104); pistonudo (105) ; chabisque (118); perrilla (126); churumbel (126); machacante (127); boceras (134); chulapón [15 [); achulapado {i5i); patoso {i66) \canguelo (169) ; jinda (171); cheo (171) ; tajada (171); magras (171): ganguero (171); abucJceo i^ili); rediez (203); chipendi (204); cañí (206); barbear {1^^); paripé (246); combi (246); aluspiar (246) ; afano (251); perista (251) ; panoli (303); filar (319).

Del mismo género encontramos en Mala hierba : gol- fería (139) ; golfear (252) ; recuelo (café) (253) ; ponerse mohos (253); lioso (155) ; zorrona (160) ; gandinga (139) ; armar la gorda (112); cogolludo (47) ; rediez (28) ; pen- dona (278); litri (9); cantimpla (89); chirlata (111); hacer la pascua (141); pendejo (161); quisquís (161); asadura (190); pinrel (257) ; lila (257) ; vivo (261) ; pimpi (261); «/«/i«r (261); gachó (269); pupila (263); espa- dista (273); punto (278); ahuecar (307); boceras (322); ful (343) ; filar (343) ; al file (343); aluspiar (343) ;

Pocos neologismos propiamente dichos hallamos en Pío Baroja en estas obras cuya índole por lo demás no los pedía.

En í-« ^Míca pueden citarse : cronométrico {Q); super- hombre (44); asimétrico (83); esquelético {91) ; enarca- dura (108) ; prostíbulo (110), uno de los neologismos peor formados y más antipáticos que conozco ; sugestiona- <ior(114); contorsionista (139), malabarista 139); pan- tomimista (141) y barrista (141) que pertenecen todos a la misma familia ; quintaesenciado (197) ; extrasocial (204) ; luminosidad (222) ; sardana palesco (254) ; canal- lesco {2Q&).

1. Cf. con Chotear, a. Cuba. Poner en ridículo, mofarse de una persona (Acad. 14.)

24 EL IDIOMA DE PIÓ BARCIA

En Mala Hierba : oliváceo (102) ; monotrema (73), que la Academia no se decide a introducir en su dicciona- rio a pesar de la falta que hace, y eso que en la déci- macuarta edición ha consentido en catalogar el ornito- rrinco^ uno de los monotremas, aunque sin llegarle la fuerza a meter el equidna, que es el otro representante de este orden de mamíferos; inquietante (96); euroa- fricano (109) ; dandysmo (146); impresionista (146) ; sha- kespeariano (147) ; dislacerante (147) ; necromania (168) ; normalizar {Y^D ; mímicamente [206] \ intranquilizador (211) ; semiobscuridad (225) ; labradoriego (349) ; espec- tral (298); irreal (198); simiesco (6); versallesco (205); adquisividad (109); amoralidad (105),

El galicismo está en Pió Baroja bastante desarrollado. Citaremos en Mala Hierba : sensacional (293) ; emocio- nado (292-184) y emocionante (45-99) que no valen con- movido y conmovedor ; anuncios monstruos (45); mirada de iluminado (76) ; intrigado (230), por sorprendido ; ' adosado a las paredes (133) que no vale pegado a ellas ; abdomen pronunciado (146), que sustituiríamos muy bien con abultado ; nariz aquilina (146), menos elegante que aguileña ; recubierto (193), que nos parece tan acep- table como relleno; endomingado (311), muy digno de aplauso. Entre los substantivos : una franja de oro (299) ; el resorte de la voluntad (293) ; número de circo (205) ; caracteres bien sostenidos (146; ; un aire de dis- tinción (132) es ya bastante corriente ; aplomo en los movimientos (189) no vale firmeza; volver sobre sus pasos (189) y en la guerra como en la guerra (243) son francés traducido.

Entre los verbos : marcado con rayas (193) me gusta menos que: marcó unas cuantas posturas jacarandosas (304) ; (conste sin embargo que marcar por señalar figura ya en varios artículos del Diccionario) ; detallar (20) ; ejchibirse (293) ; son yabastante usuales ; encuadrar Í279), por rodear, cercar; desenvolver una actividad (19)> por desarrollarla; acentuar la indignación, por crecer, aumentar (163) son galicismos innecesarios y posar (15) es tan feo que prefiero la perífrasis : servir de modelo.

Martingala (75) por suerte, casualidad ; flanco (250),- por costado, cadera, son inútiles ; cupletista (293) y

EL IDIOMA DE PIÓ BAROJA 2.0

atracción de teatro (293) son ya corrientes, lo mismo que serpentina (194).

En La Busca encontramos : virtuoso [13), por artista ; inyectado de sangre 27 , demasiado arraigado ya y difí- (•iímente sustituible ; sugestionador (114) admisible puesto que tenemos sugestionar y aun sugestivo, desde la ultima edición del Diccionario; etiqueta (116, por letrero; debutar {\ ^6), por estrenarse; avalancha de tristeza (197) que no vale enorme tristeza ; í/?¿¿)/e 199), no más feo que el similor académico ; macabro (268) por fúnebre; velutina {281}., no desagradable al oído; glu glu (283), que lo mismo puede ser castellano que francés, ya que las botellas hablan lo mismo en ambos países; flirteo (299) perfectamente admitido ya.

Por último, en ambas obras encontramos gran aco- pio de palabras francesas e inglesas o italianas emplea- das sin alteración ©ligeramente modificadas. Tales son, en La Busca : cognac (44), tic {11)\ macfarlane (92) crt/'- rick (146); kermesse (144); tómbola (150); schotis [íbO)) ambigú (151) en el sentido del francés buffet; clac del teatro (261); cock (284), más simpático que el académico coque; polichinela (275), que la Academia se empeña en que escribamos pulchinela.

Y en Mala hierba : debut (293), por estreno ; bacarrat (266); bisteck (238'; que debiera escribirse o biftec, a la académica, o beefsteak, a la inglesa, pero que los espa- ñoles pronuncian sencillamente bis té, dándole como a café y corsé el plural y el diminutivo vulgares : bisteles, bistelico; chalet (212) ; clauns (205), que me gusta mas en su forma inglesa, cloa'n, o en su forma española payaso; equiyeres (205) que debe escribirse ecuyéres ; rastaquouére (117) ; flirt (113) ; croupier (100) ; cliché{^i) tan bueno como el académico clisé, que me recuerda siempre lo mal que pronuncian los españoles la c/¿ y la ¿afrancesas; v. gr. saqué (de jaquette , petisú de petit chou), Foli Bersé 'de Folies Bergére), etc., chassis (97), que puede ser bastidor o prensa, según los casos; chantageii^b).

Hay como se ve, en Pió Baroja, una tendencia exce- siva al uso de galicismos y de palabras extranjeras. Algunas de estas son aceptables, otras son hasta útiles, pero confieso que, en general, me gustaría más, en los

26 EL IDIOMA DE PIÓ BAROJA

casos en que no tenemos en español palabra que equi- valga exactamente a la francesa, emplear un giro dife- rente. ¿ Hacemos acaso lo mismo con todas las pala- bras del inglés, del alemán, del italiano, del ruso y aun del chino, cuando no les encontramos traducción exacta? Claro que no. ¡En qué guirigay se convertiría el español ! ¿ Por qué pues ese culto sacrosanto al gaba- cho que nos hace considerar como pobrezas del español todos aquellos casos en que a una palabra francesa no corresponda un vocablo español?

¿Acaso se apuran los franceses por no poder vaciar en una palabra ideas que nosotros expresamos con una sola voz, como: soler, mullir, callandito, guiño, meñique, maceta, y hasta el mismisimo bacín, orinal, servicio, escupidera, que estos y otros nombres tiene en nuestra lengua y en francés no posee. ni uno propio?

EL VOCABULARIO DE PARDO RAZAN

El vocabulario de Doña Emilia Pardo Bazán es de los más copiosos y variados que conozco. Es el suyo un idioma naturalísimo, sumamente rico sin necesidad de invenciones estrambóticas. Escribe la autora de Los Pazos de Ulloa muy sencillamente, v encuentra en el vocabulario del español usual harta riqueza para em- belesar a cualquier lexicógrafo por exigente que sea.

He examinado detenidamente para la presenté obra una desús novelas más cortas, Insolación. Seguramente de haberme metido con una desús novelas de costum- bres gallegas hubiera podido sacar gran acopio de provincialismos. En la presente obra, de asunto pura- mente madrileño, estam.os más cerca del lenguaje nor- mal de la península.

Campea en el libro, como lo he dicho, el idioma popular, al que uno de los personajes, Diego Pacheco, agrega de cuando en cuando algunos toques del pinto- resco hablar andaluz.

Pertenecen en la obra al lenguaje usual : poi^ todo lo alto (91); alomarlo de luna (136) ; «^7//'ó« (75), por alfiler de sombrero; bandeja de baúl (145); barrenan (20); becerrear (62), por berrear ; dejar a uno bizco (106) ; biincoteo [iól) \ bronceado (33), que, dicho del cuero es más elegante que el galicismo mordoré o mordorado, que algunos usan; carteo (82); casaquín (33); cataplún (108); cerrar el coche en una cochera (32); cinto de oro (139), que en la Academia es sólo cinto de onzas; claoe- leria (41) ; concha (52), especie de platillo ; coletazo [6b) ; ser una corrida (1 14) ; por estas que son cruces (137) cuartuco (86); cucharear el buque (77); cuña (101), asiento del cochero; chica (95), por criada ; chist (146); chur retazo {50); debilidad (44), por hambre; despreocu- pado (120) ; desencanijarse (84) ; diván cambiado (97) ;

28 EL \ OCA BULA HIO DE PARDO IJAZÁN

ser más fino (jiir cloro il()4); cafés flamencos (23j ; flanienqiieria (23); franchute {iíJiV)., qué f'resquito i^n hermoso corre (108); golpadas ele sangre (164); misas gregorianas {^2) \ grande (16(5), j)or insufrible ; poner el gorro (168); gorriona {i(j^) \ guardapolvo (173), especie de abrigo ; guilladura (181) , pegar la hebra (29;; ¡ huyu- yuy ! {^11)\ insolentón {ii)\) ; llorera [\.?>7))\ lengua devaca (68), navaja; contestar por máquina (92); mamarse el dedo {11) ; muletilla (141 ; las maderas de la ventana, (7); martilleador (157) ; Irajecitos a medio paso (23) ; mi- gajero (160); pintar la mona (134) ; Jiaherse tragado el molinillo (60); de muy padre ij señor mío {12); un palito de albahaca(35);/;rt('o(85), por bochorno \p(i til ludo [Vli) ; paíatin patata n [\\)\ parpadeo {[bi))\ pareja (43), por la de la (luardia civil; tener plantón (102); a cada rato (130); recalienle (132) ; el rehenchido del coche (89); la rejilla del vagón (173) ; repichonear (168) ; repeinado (157); e\ revoluto del equipaje (147); una saturnal ^s- querosa (18; ; secatcm {[C>S), serranada (78); sofoquina (86) ; sopor (73), por modorra ; ventanilla del coche (35) ; ventanuco (72) ; vidrio (34), ñor portezuela del co- che ; carros de violin (68); hecho un zarandillo i ili).

Encuéntranse además gran número de voces toma- dos en acepción algo distinta de la c|ue les da la Acade- mia.

Salir avante en algo (134 ; fallar a una persona ill4); el recalmón de la larde (lOl) ; armar una polémica (16); ir de picos pardos 88); palabrota (117), por palabra sabia o difícil; fuste (Í22), por importancia; un empeca- tado café (63 ; haber olvidado la doctrina (116); despa- chaderas (128), por la acción de despachar; descuajarse la gente (135) ; chula (36) ; un chaparrón de advertencias (142 ; butacas bajas y coquetonas 97); castañetear los dedos (117) ; una taza de tila muy cargada (8) ; caramillo (16), por lio, alboroto (16); belén (156), por lío; lucecillas bailadoras (75); aporrear los oídos (41); apauo (156), por enredo; acostarse el sol (70); alcabala (151', por derechos de consumos; un armadijo de postes (153); sabidora (156), que el diccionario da como anti- cuado.

En otros casos se ha cambiado el carácter gramatical ciertas voces : unas intermitentes (119), sólo adjetivo

EL VOCAHULAHIO 1)K l'AHDO BAZÁN 29

en el Diccionario; suspiro más profundo (10,; andar regular [\.i'^\ acatariar {ii\^), usado como activo; armo- nizarse, usado como reflexivo (98).

En alguna ocasión cambia el régimen corriente :

Se quedó r/e una pieza (95), es mejor que en una pieza , Acad.); se marchó en puntillas (72), en vez de de pun- tillas.

Escribe Doña Emilia : maremagnum, en una palabra (88), mejor que la forma del diccionario; a la cliitaca- llando {VM), en vez de cliiticallando.

Pof|Uísimos galleguismos encontramos en la obra : marusiña {\.'M)\ soleado, por insolacicui (9); marine- diño (23). Y no si lo será también : borde, por vuelta : dar un borde por la calle de Alcalá (21).

Me ha causado satisfacción encontrar : más vale una chula que treinta gringas: \o gringo me apesta 2."|i, y raso lacre {>^\^,, que daban hasta ahora muchos léxicos como americanismos.

Entre las palabras de caló, bastante abundantes en el libro, mere(;en citarse : ajumarse {'25); ¡soniche! inter- jección (27); no faltarle a uno saque (134) ; perrera (50) V peteneras (47, 170), género de peinado chulesco; perdis (54); panoli (135); najencia (57) ; ser más largo que la cuaresma (164); filoxerita (67), por borrachera; enfriar, por matar (134); churumbel (56), por chiquillo; un merendero churri (80); chulapa (151 ; chulapo (3S ; chichi (185); caníe Jondo (23 ; camelador '103); barbia- neria (23); abanico (57), por cárcel modelo.

Numerosos sor; los neologismos propiamente dichos : gaseosa (58), por agua gaseosa; barbarizador (18) y barbarizante (18); generación bizantina y decadente (25); desdibujado (6(5); luz ensoi'i adora (104j; emocional (117); sonrisa estereotipada (88); exteriorización áe\Q.s impresiones (131) ; mundología (82); lin rincón semide- sierto (151); gomosería (14()^ calidad de gomoso, que algunos puristas querrán sustituir por gomosidad, « calidad de gomoso », en la Academia, ya que desde esta ultima edición se puede decir « gomoso » en vez de los antipáticos lechuguino y pisaverde; chulesco (163) y calaveresco (140^ están bien formados; galeotismo (11) y gedeonada (103) son originales Algunos de estos neologismos vienen directamente del francés : traje de

30 EL VOCABULARIO DE PARDO BAZÁN

céfiro gris (39) ; cinta escocesa (33) ; el velito del sombrero (75); velutina (32).

Esmaltan el libro por lo demás multitud de palabras francesas e inglesas, cosa muy natural, 3'a que nuestro idioma está dejándose invadir por esa muchedumbre de voces « gringas », como si no tuviéramos nosotros palabras en nuestra lengua para designar las cosas : un sachet de raso (32j, reslauraal (150); sentarse en un puf {139); polisón (148), por ahuecador; pamela (142), especie de sombrero ; olor de iris (32); fantoche (169) ; antuca, horrenda transcripción del francés en-tout-cas (32); bata de chiné ii^^); champagne [cy^d]', cliché (115); calicó (154); ambigú (58). Entre las voces inglesas : break{89); bulldog (98); clarens (149); shocking {113) ; sherry (25), el fogoso tronco de un milord (88), que figura en el Diccionario, pero qué apunto para observar que según la Academia es tirado por un caballo solo.

De galicismos de veras no hay muchos : gentes que se imponen (80); pretensiones artísticas (97) ; señorones de rango (156) ; destacaba su elegante silueta (107), que figuró en la 12^ edición del Diccionario, desapareció en la 13^ y ha vuelto en la 14^ ; se acentuaban sus facciones (167); solares /??«rc«í/o5 con empalizadas (150); los cafés hacen furor (2.3) ; mero galanteo o flirtación (61).

Guardo para el final tres galicismos vitandos : la pamela de la niña y e\ pajazón (142), en francés « pail- lasson »; como espíritu foleto que obedece a un conjuro (138); los grandes espejos de rigolada, de lunas cónca- vas o convexas (66), detestable adaptación del francés « rigolade ».

Afortunadamente son bastante escasos los « neologis- mos » de esta calaña.

EL VOCABULARIO DE MARTÍNEZ RUIZ

He leído, para preparar este capitulo , Antonio Azortn, pequeño libro en que se habla de La vida de este pere- grino señor. Es un « pequeño libro », pero ¡ vava si tiene miga, desde el punto de vista del idioma!

Recomiendo enérgicamente su lectura a los que se quejan de que el castellano es una lengua pobre v fósil. Sí, el castellano que ellos conocen es pobre, pero gra- cias a Dios está muy lejos de concretarse el idioma al puñado de palabras con que desde su infancia expresaron las diversas necesidades de la vida.

Y Martínez Ruiz, que conoce como nadie los tesoros ocultos del idioma, los derrama a manos llenas. Y como buen artista no tiene empacho en crear una palabra nueva cuando le hace falta, o en modificar el sentido acostumbrado de una voz, o en alterar su aspecto ordi- nario cuando con ello puede conseguir una expresión más verdadera.

Pero, como todo esto no lo hace por ignorancia, sino de propósito, resulta que su idioma, a pesar de ser sumamente neolágico es netamente español.

Tiene Azorín el culto del término propio y castizo, así es que sus descripciones tienen sabor exquisito.

Desde la primera página se siente uno dominado por la riqueza del vocabulario :

« A lo lejos una torrentera rojiza rásgalos montes; la torren- tera se ensancha y forma un barranco: el barranco se abre y forma una amena cañada, (p. 5)... untenue telón zarco cierra el horizonte. A la izquierda se yergue el cabezo árido de Cabreras (p. 6).,. Se oye el traqueteo persistente de un carro ; tintinea a intervalos una esquila... De pronto parpadea a lo lejos una fogata (p. 8]... Apoyadas en la pared yacen la hor- quilla, la escoba y la pala de rabera desmesurada... La puerta del amasador aparece a un lado... La artesa ancha,

32 EL VOCABULARIO DE MAHTINEZ RÜÍZ

larga, con sus dos rcplaiios en los extremos, reposa junio a la pared... Sobre la artesa est.áii los tableros, la raedera, los pintorescos mandiles de lana : unos de anchas viras amari- llas y azules (p. 9);... a la derecha el cantaiero; junto a él una pequeña puerta. Esta puerta cierra un pequeño cuarto donde se guardan los apechusciues de la limpieza ip. 11). Junto a la coclicra está el aljibe, ancho, cuadratlo, con una bóveda que se hincha a ílor de tierra. Las pilas son de pie- dra arenisca, el pozal es de madera... Detras del aljibe hay una balsa pequeña y profunda. La cubre una parra... Sus sarmientos se enroscan y agari-an con los zarcillos al enca- ñado, cuelgan profusos los racimos y los redondos pámpanos forman un toldo de suave color presado sobre las aguas quietas... Hay viejas c;ímaras con puertas cuadradas, con cerraduras chirriantes, con lejas anchas, con armarios tela- rañosos... con largas cañas colgadas del lecho, de las que en otoño penden colgajos de uvas, melones leverendos, gualdos membrillos... Hay graneros obscuros, con largas filas de alhorines hechos de delgadas citaras. Hay un tina- jero para el aceite, con veinte panzudas tinajas... Hay una almazara con su alfarje de mobui cónico, y su ancha zafa y su tolva... (p. 1.3)... Kl río se desliza ahocinado por su hondo cauce... y la carretera a la izquierda, se pierde a lo lejos, en rápido culebreo blanco, poi- la estrecha garganta... (p. 18)... Sobre los tejados negruzcos las chimeneas ponen su trazo blanco, las lumbreras se abren inquietadoras. Y en el fondo, el Seminario, con sus dos cuerpos formidables, trepados por infinitas ventanas, cierra hoscamente la perspectiva (p. 10).

Apañado quedaría el extranjero algo versado en nuestro idioma, que quisiera leer el libro sin más socorro que el léxico de la Academia. Encontraría a porrillo voces de lo más castizo y que ni por soñación saben aiin lo que es un Diccionario : sujetador de una cadena (57) ; rezar los pasos (64) ; monaguillos de cota roja (64); faroles goteados de cera (64); ventanal {Ql) ; jazminero (68); levantar envilo (77) ; columñillas con anchos fraileros (99) ; palangana de collete (100) ; yájitiga (iOo) ; worteruelo (106); rebájele (128); pistaje (127); trotera (127); humadlo (133); modisto (151); borrajeador de papel (154) ; billete caduco (175) ; una negociante (178); zapatas de un capitel (182;; alterón del piso (186^; meseteuo (188); portalada (101) ; \\\x\\di cernida (223); zafa de almazara (13); mandil de

r

EL VOCABULARIO DE MARTÍNEZ RUÍZ 33

anchas (jiras amarillas (10^; piso terrero (9;; replano de artesa (9) \ recazoóe cí\p\ich\ní\ (pO) ;eldébil sol/Yz^e/-£)(7) ; rabera cíe una jpdíla (9j ; alí'arje de molón cónico (13j ; cantarero (11); cernedera (10); cajo de los ojos (20) ; apechiisque (11) ; amasador (9) ; telarañoso (13) ; /tosquedad (218),

Gusta bastante a Martínez Ruiz la terminación en eo, que permite formar multitud palal)ras de corte ente- ramente español : cascabeleo (8) ; farantaneo (174) ; ronroneo (181); rezongaeo (181); mariposeo (118; ; den- íelleo (181) ; culebreo (18) ; campanilleo (201) ; tinti- 7^eo(174).

Numerosos anticuados del Diccionario figuran en el libro, pero, por tener el autor cierta predilección por esa clase de voces no podemos afirmar que su ejemplo baste para quitarles la tilde de anticuadas que llevan en el Diccionario. Tales son : blavo (175) ; brial (178j ; atristado (110); anacalo (127).

Algunas voces calificadas de provinciales en el Dic- cionario figuran en la obra, tales son : /e/Vz, por vasar (13) ; dado como murciano, y bardal (219), dado como asturiano,

En fin ciertas palabras traen en el libro sentido diferente del que leemos en los diccionarios: salía de un ultra /na rinos[22't) ; requilorios arc\mtecl()mcos (212); patacón (211), por moneda de diez céntimos; buche (209), por borrico de cualquier edad ; pezón de pasta de aceitunas (198); tracamundana (192), p'or negocio, lío ; arte para extraer agua (188); tejuelo (184), por letrero de calle; al socaire de las paredes (177); iglesia con ////- granas del Kenacimiento (126 .

Neologismos propiamente dichos apenas los hav entre los substantivos. Pueden clasificarse acaso en esta cate- goría de voces : distingo ,105) ; autoretrato (20) \autoa- nálisis (148); fronda^ por arboleda (18); enarcadura (5); desvinculación (215); ininteligencia (194); modalidad (47) ; membratura (208). Al género científico pertene- cen : árades (23); oruca{21) ; tejenaria (31) ; ieniza (31). Onomatopevas son : trie trac (203) ; ris ras (23^ : tac tac (94^; tic tac {k^).

Entre los calificativos: atristado {ÍXO), anticuado en el Diccionario, no es malo ; patios acolumnalos (213) ;

M. de Toro. Los nuet'os derroteros del idioma S

34 EL VOCABULARIO DE MARTÍNEZ RUIZ

d^vco trilobulado (15); paredes rebozadas con cal (193), son excelentes; ménsulas enlasadas [14)me recuerdan algo los tasseaiix franceses ; vajilla desconchada (194) es irreprochable ; mejor que troncos tormentosos (6) sería atormentados; comida intra'gable (194), ininte- ligente (188\ son buenos; irreductible (199) me gusta más que irreducible, académico; grisáceo (36), desa- prennivo (92), olivarero (196) son de buen corte; anfrac- tuoso (199), mal que le pese a algunos puristas, va teniendo derecho de ciudad, puesto que la última edici(3n del Diccionario da entrada a anfractuosidad, si bien sólo con la acepción de medicina.

Tienen carácter neológico : no hay nadie consagrado (115); difuminado (202), queme gústamenos que eslu- mado : fragmentado (216), diferente de fragmentario, jerarquizado {?>i)\ patinoso marco dorado (19), que no me gusta ; resaltantes cenefas (14), que acaso fueran mejor de realce; redoblante {ill)-, mediano, como en general los en ante\ extraestético (23); antieconómico (214), formados normalmente; xorable (30), contrario de inexorable, es poco feliz; polividente (33) es llojillo ; mimetista [2'i)), es muy inferior a mímico; nietzschano 32) puede pasar, ya que no hay otro medio de decirlo, aunque si fuésemos lógicos diríamos nietzschino^ como cervantino, gongorino, colombino; principesco (38) es en el libro el Vínico representante de la dichosa serie en esco con que tanto nosempalagan algunosescritores. , Entre los verbos nuevos encontramos : embujar ])alabras en las cuartillas (20;; trastocar (122), por trastrocar \ encuadrar (206), que tiene mal sabor francés ; deflorar (116), que se decía ya desflorar; nacionalizar (96), que es bueno ; reptar (123), que me gusta menos que arrastrarse; recomenzaría)^ bastante pasadero; capa^ citarse (48), bien formado : refulgir (8,5), excelente y que cuenta con refulgente por padrino ; difuminar (134), mucho menos simpático que esfumar; tintarse (7),. que no vale teñirse y recuerda demasiado el francés se tein- (lre\ una tenue neblina engasa el horizonte (175); no ^•ale ciertamente empaña; desendormiscar (182) es feíUo.

Hay la mar de verbos terminados por ear, muchos de ellos tienen ya en el Diccionario hermanos en ar.

EL VOCABULAHIO UE MARThNEZ RLIZ 35

Asaborear (26) es bueno; espejearse (6), por reflejarse, retratarse, es inútil y feo; el /'«^crt/- de una escoba (43) ; biitjalear (216j; borboUear (181) que me gusta más que borbollar ; parpadear (202,8) y tintinear (43,8,76), son excelentes; en cambio peregrinear (199) y sobre todo titilear i^O'd)^ no valen ni con mucho peregrinar y titilar. Bravuconear (94) puede pasar; bordear (123,10) por orlares demasiado franchute.

Algunos verbos tienen en el libro sentido distinto del que les da el Diccionario : seis olmos gayan la plazoleta (14); oxeando las moscas (22) nos parece impropiedad, ya que oxear es hacer ¡ox! a las gallinas para que se marchen; una columna de humo surte del tejado '44) es elegante; troquelar un billete de ferro- carril (176) es muy propio ; los huertos que respaldan las casas (123) es bueno ; la puerta que franquea el despacho (99), también.

^'arios verbos se ven usados como reflexivos : las j)almeras se recortan en el azul del cielo (63) es niuy pintoresco; el rostro se distiende como en un sueño (125) es excelente, aunque la Academia no de a distender sino la acepción médica; las abejas se abrevan (12); las cigarras ^-e solapan en la corteza cenicienta (23) es bastante elegante; auparse el pantalón (41), vemos aupados por la multitud a hombres fatuos (136), es muy expresivo ; bueno también es : el cuerpo se remueve en la silla (121). En cambio: la puerta recayente al patio (205), no me gusta, ni tampoco : entre los viñedos des- tacan las manchas amarillentas (6). Me ha llamado tam- bién la atención la forma regular dada a la siguiente acepción de acostar : el camino se acosta a un plantel de olivares (93).

Poca cosa notable encontramos entre los adverbios : el Seminario cierra hoscamente la perspectiva (19), bueno •^fragmentariamente{\.02), en favordelcual aboga fragmentario, admitido en la última edición del diccio- nario.

Escasea en el libro el galicismo, cosa notable en la obra de un escritor que conoce la literatura francesa mejor que muchos de los más acérrimos galicistas.

Pehiche (68), al que prefiero con mucho el español felpa (verdad que éste puede tacharse de alemán, con

36 EL VOCABULARIO DE MARTÍNEZ RUIZ

que no digo nada) ; un sillón de reps verde (21), son voces francesas que están casi naturalizadas en nues- tro idioma. La terraza de un restaurani (133), las cam- panadas del ángelus (54) son aceptables ; gesto (J 02-101), por ademán ; marcar (168), por señalar ; senos (43), por pechos ; confortable (199-33). por cómodo; debutar (70), por estrenarse, son galismos tan arraigados ya que casi es imposible pensar en su desaparición. Lo mismo diré de banda (200), por faja, entrado ya en el diccio- nario de 1914 al mismo tiempo que el agabachado mentón.

Malos de verdad son : el reloj c\\\q suena lasdiez (160); un pozo guateado de blanca seda (31j, que en el actual ejemplo puede sustituirse muy bien por forrado, y en otros casos por acolchado. Plañirse (31), por quejarse, no me gusta aunque el Diccionario traiga plañir; un cráneo casi glabro (110) es francés puro, aunque abusen de él los escritores científicos.

EL VOCABULARIO DE MIGUEL DE UNAMLNO

Es D. Miguel de Unamuno uno de los más valiosos paladines con que cuenta actualmente nuestro lenguaje. Es ciertamente a pesar de sus cincuenta años el rector de la Universidad de Salamanca más « joven » que algunos muchachos, y no deja esto de ser grandí- simo mérito en un país donde, como él mismo lo reconoce, « habrá jóvenes, pero la juventud falta ». donde Cánovas pudo afirmar que « los jóvenes prome- ten algo hasta los treinta años, en que se hacen unos badulaques ».

Su hermoso libro En torno al casticismo me ha cau- sado impresión análoga a la que sentí con la lectura del Camino de Perfección de Diaz Rodríguez o la que me produjeron algunos capítulos de Martínez Ruiz.

Es un libro profundamente español, castizo de veras, en el buen sentido de la palabra « castizo », y que expone el carácter de la raza española con todas sus cualidades y, desgraciadamente, con muchos de sus defectos.

Unamuno, que odia todos los encasillamientos y ordenancismos que han concluido por fosilizar en todos sus aspectos el alma española no podía menos de alzarse contra la tiranía lingüística a que se pretende some- ternos en un país donde apenas existe aún filología, y donde toda la doctrina de los defensores de la « pureza » del idioma consiste en la obediencia ciega a ciertas formas, en acatc:miento de todo lo viejo, aunque sea mediano, y en el rechazo sistemático de todo lo nuevo, aunque sea bueno.

Y sin embargo él es tradicionalista. Pero ¡qué tradi- cionalismo tan fecundo es el guyo !

« Todo cuanto se repita que hay que buscar la tradición eterna en el presente, que esa tradición es intra-histórica

38 EL VOCABULARIO DE MKIUEL UE UXA.MUNO

más bien que histórica, que la historia del pasado sólo sirve en cuanto nos lleva a la revelación del presente, todo ello será poco. Se manifiestan esos tradicionalistas de acuerdo con estas verdades, pero en su corazón las rechazan. Lo que les pasa es que el presente les aturde, les confunde y les marea, porque no está muerto ni en letras de molde, ni se deja agarrar como una osamenta, ni huele a polvo ni lleva a la espalda certificados. »

Ha comprendido él que la lengua no es obra ni pro- piedad del corto número de hombres que meten ruido en la historia con lo que escriben, sino de esos

« millones de hombres sin historia que a todas horas del día y en todos los países del globo se levantan a una orden del sol y van a sus campos a proseguir la oscura y silenciosa labor cotidiana y eterna, esa labor que, como la de las madréporas sui)ooeánicas echa las bases sobre que se alzan los islotes de la historia. Sobre el silencio augusto vive el sonido, sobre la inmensa humanidad silenciosa se levantan los que meten bulla en la historia » (p. 57).

« En este mundo de los silenciosos, en este fondo del mar, debajo de la historia, es donde vive la verdadera tradición, la eterna, en el presente, no en el pasado muerto para siempre y enterrado en cosas muertas. P>n el fondo del pre- sente hay que ir a buscarla tradición eterna, en las entrañas del mar, no en los témpanos del pasado, que al querer darles vida se derriten : revertiendo sus aguas al mar... Y buscar la tradición en el pasado muerto es buscar la eternidad en el pasado, en la muerte, es buscar la eternidad déla muerte » (p. 58).

Más que nunca he comprendido este valor de la tra- dición popular, en materia de lenguaje, en el detenido examen que desde hace tiempo vengo haciendo de diferentes léxicos de americanismos. A cada paso tro- piezo en ellos con formas idénticas a las formas anda- luzas que de boca de mis padres. Los cuentos* con que mi querida madre nos entretenía, las curiosas retahilas con que los chicos acompañan en mi tierra ciertos de sus juegos son aún en Colombia y Venezuela las mismas, salvo alguna que otra palabra modifi- cada, — que las que se usan hoy día en Andalucía'. Durante más de cuatro siglos la tradición se ha mante- nido idénticamente vigorosa en familias oriundas de

EL VOCABULARIO DE MIGUEL DE UNAMUNO 39

un mismo tronco pero arraigadas en países ale jadísimos uno de otro.

Algo habrá podido cambiarse en la lengua de los que viven en el ruido, como dice Unamuno, pero los humildes han conservado intacta la herencia ancestral y a ellos hemos de acudir para bañarnos de nuevo en la fuente del casticismo cuando sentimos en torno nuestro vacilar los fundamentos del idioma.

Y Unamuno acude efectivamente al lenguaje popular para enriquecer el suyo propio.

« Es el caso que un amigo mío me preguntaba de dónde saco ciertos vocablos, sospechando tal vez que los inventase, y le tuve que decir que se los oía a los tíos po^r esos lugare- jos de Dios, y luego los metía en mis escritos. Y le citaba al particular las voces mejer y remejer que he empleado alguna vez. jNíejer, del latín « miscere ■> es voz corriente en buena parte de esta provincia de Salamanca y significa mezclar alguna sustancia en agua, como salvado o goma, V. gr., revolver lentejas en ella, etc.^ batir, en fin. Y nuestro Diccionario de la lengua castellana por la Real Acade- mia española, en su edición última y peor, la decimatercia, de 1899, trae en su página 648 la voz mejido, a, como adjetivo, remitiendo al lector a huevo mejido y yema me- jida « la del huevo batida con azúcar y disuelta en leche o agua caliente, que se usa como medicamento en los catar- ros », sin sospechar siquiera que ese supuesto adjetivo es el participio de un verbo que se usa hoy en el pueblo castel- lano. Y se va luego a mejunje, derivado del verbo mejer y le cuelgan una etimología arábiga no más desatinada que la mayor parte de las etimologías del esperpento lingüístico académico... Hay que repetir con Capmany que lo más del idioma castellano está en su mayor parte enterrado. Está enterrado en el habla campesina y está enterrado en la ter- minología especial de los distintos oficios. A un sombrerero de aldea le hablar de arcar sombreros, y a un oribe o pla- tero de zuñir, y como ni hay sombrereros ni plateros entre nuestros literatos ni estos acostumbran enterarse de la vida y ocupaciones del prójimo, ni nuestros académicos se han cuidado de la técnica de los oficios, me quedé in albis. Y para concluir con esto voy a reproducir aquí la frase que me dijo un montaraz una tarde en que bordeando uivcebadal me detuve a ver como iba el grano y cogí una espiga. « En- todavía no se ha gozado el chocho en el vaso », me dijo. Propongo esto como acertijo a los misinguines de la ciudad

40 EL VOCABULARIO DE MIGUEL DE UNAMUNO

para que den con su sentido, porque el menguado inven- tario de nuestra lengua ignora los sentidos de gozarse, de chocho y de vaso tal cual los usaba el montaraz antetnen- cionado y cual los usa el pueblo que por aquí entiende de lo suyo. » (pp. 29-31).

Reconoce Unamuno también la estupenda ignorancia del pueblo español, aun entre muchos individuos de los que se dedican a escribir.

« Una de las disociaciones más hondas y fatales es la que aquí existe entre la ciencia y el arte y los que respectiva- mente ios cultivan. Carecen de arte, de amenidad y de gracia los hombres de ciencia, solemnes lateros, graves como un corcho y tomando todo en grave, y los literatos viven ayunos de cultura científica seria, cuando no desembuchan, y es lo peor, montón de conceptos de una ciencia mal digerida... Creen muchos... que para ser literato no precisa otra cosa que lo que llaman, por exclusión literatura. » (p. liJO).

En presencia de la invasión europea y mejor dicho francesa en España emite Unamuno un argumento que no carece de solidez :

« Querer enquistar a la patria y que se haga una cultura lo más exclusiva posible, calafateándose y embreándose contra los aires colados de fuera es deseo que parte del error de creer más perfecto al indio que, en su selva, caza su comida y la prepara, fabrica sus armas y construye su cabana, que no al relo jero parisiense que puesto en la selva moriría acaso de frío. Hay muchos que llaman preferir la felicidad a la civilización el buscar el sueño; hay muchos en cuyo corazón resuena grata la voz de la tentación satánica, que dice : « o todo o nada ».

Y como no podemos pretender sacarlo todo de casa, puesto que por diversas causas nos hemos quedaj^o rezagados, paguemos ahora nuestra pasada pereza y procuremos salvar lo que se pueda del desastre.

u. En la literatura aquí es donde la gritería es mayor, aquí es donde los proteccionistas pelean por lo castizo, aquí donde más se quiere poner vallas al campo. Dicen que nos invade la literatura francesa, que languidece y muere el

EL VOCABULARIO DE MIGUEL DE ÜNAMÜNO 41

teatro nacional, etc., etc. Se alzan lamentos sobre la des- castación de nuestra lengua, sobre la invasión del barba- rismo, Y he aquí otra palabra pecadora, corrompida. Al punto de oiría, asociamos el barbarismo al sentido vulgar y corriente de bárbaro, sin querer, inconcientemente, suponemos que hay algo de barbarie, en el barbarismo, que la invasión de éstos lleva "nuestra lengua a la bar- barie, sin recordar, que también esto de puro sabido se olvida, que la invasión de los bárbaros fué el principio de la regeneración de la cultura europea ahogada bajo la sensibilidad del imperio decadente. Del mismo modo, ti una invasión de atroces barbarismos debe nuestra lengua gran parte de sus progresos, a la invasión del bar- barismo krausista, v. gr., que nos trajo aquel movimiento tan civilizador en España. El barbarismo será tal vez lo que preserve a nuestra lengua del « salvajismo », del salva- jismo a que caería en manos de los que nos quieren en la selva donde el salvaje se basta. El barbarismo produce al pronto una fiebre, como la vacuna, pero evita la viruela. Por otra parte, son barbarismos los galicismos y los germa- nismos actuales, y ¿ no lo eran acaso los hebraísmos de Fray Luis de León, los italianismos de Cervantes o el sinnúmero de latinismos de nuestros clásicos ? El mal no está en la invasión del barbarismo, sino en lo poco asimilativo de nuestra lengua, defecto que envanece a muchos. » (pp. 54-55;.

Después de haber escuchado estas opiniones de L'na- muno no ha de sorprendernos encontrar en su obra gran número de palabras nuevas por lo menos desde el punto de vista lexicogyáfico.

Apartemos primero las voces genuinamente espa- ñolas, antiguas y sabrosas, de las que en boca del pue- blo podría recogerse fácilmente con que hacer un Dic- cionario tan grande como el de la Academia. Tales son, entre los substantivos, vaso y chocho (31), acerca de los cuales ya hemos citado un texto de L'namuno ; Iri- guero (83) ; cascabullo de una avellana (27) ; pasteleo (136); la francesada (42) ; valles, hoces y encañadas (87i ; los niisinguines de la ciudad (31) ; hablar de la bicha (31) ; encontronazo (2b) ; memada (27) ; cominería {2S)\ arabes- cos afiligranados en cayuela (189), que es la escayola de la Academia ; vulgachería (191) ; sin más condimentos que ardientes o picantes (95) ; costumbristas (53). Con acepción distinta de la académica : compulsa (61) y

42 EL VOCABULARIO DE MIGUEL DE UNAMUNO

maquila (40). Oribe (30) me satisface más que orive que uació a la vida académica en la 13* edición y aco- modó la cola a la « etimología » de aurifex, icis. Pero )'a de antiguo se decía en español « orebce » y « orise » (V. Terreros) y como nombres propios, ahí están los infinitos Oribes y Uribes que protestan contra seme- jante b de vaca. También son buenos : dentro (.51) ; y mañana (126) usados como substantivos. Entre los compuestos : archipobre (125) y prolomiseria (125) son antiquísimos, y caza gazapos (27) se aplica admirable- mente a los individuos de mi especie. Excelente es : ver las cosas destacarse a cuchillo (116).

Entre los adjetivos hallamos: cuidador {i ^2) \ un papel preso de orín (28) ; una lengua retusa a abrirse a la gracia del decir dialectal (27); valor toruno (26) ; angevino (82). Y en acepciones diferentes de las del Diccionario : huertas mollares (21); dichos decide- ros (28) ; campo graso (90).

Verbos españolísimos son : estrumpir en impreca- ciones (32); bordear un cebadal (31) ; gozarse (31); zuñir (30) ; arcar (31) ; mejer y reiriejer {29) de los que ya apuntamos algo en la pág. 39 ; enfusar una porción de cosas (25) ; yeldarse las ideas (25).

En cuanto a verdaderos neologismos hallamos entre los sustantivos : vagabundez (19); gramaticalero {21) \ agarradero (26), individualidad (43), tomados estos últimos en sentido algo diferente del académico, que son buenos; mesticería (37), menos grato al oído que ramplonería (27) ; sensiblería (128) ; ideofobia (190), bien formado ; pséudo razones (45) ; intra historia (27), buenos compuestos.

Caleidoscopio (102) me gusta más que calidoscopio, académico ; imperativo (118) y universales (115) usados como substantivos están bien ; casuística erótica (129), es buena amplificación de dicha palabra ; en cuanto a hiprudón (72) ; osteólogo (113) ; dolicocefalia y braquice- falia (74) ; hiperestesia (64), sólo puede admirarnos el que no estén en el Diccionario. Campeonato (84) es excelente; detritus i^Q)) es mejor que detrito, acadé- mico, que no se usa ; los críticos de más autoridad y público (41) pudieran acaso decirse de otro modo; los videntes de todo pueblo (59). no me satisfacen aquí,

EL VOCABULARIO DE MIGUEL DE ÜNAMUNO 43

pues no entiendo bien lo que pueden ser esos videntes. En cuanto a repliegue (7G) es excelente, mal que le pese a la mayor parte de los críticos y a la misma Aca- demia que habiéndolo dejado deslizarse en los « re- pliegues » de sus definiciones, en los artículos Frenillo y Válvula^ de la duodécima edición del Diccionario, lo ha hecho desaparecer, quizás involuntariamente, al cambiar las definiciones. Repliegue, aunque exista en francés repli^ es mucho más decente que fuentón, que acaba de llovemos con la 14* edición del Diccionario. Ya lo usó Nuñez de Arce.

Por entre los repliegues de una loma

Hay abundancia de derivados en ción : inquisición (101) en el sentido de indagación, me satisface más, a pesar de la ambigüedad, que enquesta, que algunos neólogos han inventado ; enfocación (100) ; catoliza- ción (82); diferenciación (78); fundamentación (74) ; romanización (76) ; europeización (41) están bien com- puestos. Menos me gustan : movición (33) ; descasta- ción (52) y disculpación {QQt).

Cuanto a derivados en ismo hace Unamuno de ellos un verdadero derroche. F^or lo demás se defienden bien : alumbrismo (148) ; casuismo (142) ; ordenan- cismo (128) ; er gotismo (117) ; sensitivismo (lio) ; colo- rismo {X\-^\ intelectualismo (115); didactismo (108) casticismo, del título de la obra y pseudocasticismo (79) cosmopolitismo (74) ; formulismo (74); romanismo (76) legiiimismo (61); costumbrismo (54); localismo (52) satanismo (51).

Menos me gustan : picarismo (17) ; caballerismo (142) y sobre todo : manchesterismo (142) ; libre arbitrismo ¡118), El sufijo no es malo, pero no hay que abusar de él.

Entre los adjetivos neológicos encontramos las si- guientes terminaciones :

En able : cuadriculable (190).

En izo : intracastizo (125).

En esco : leguleyesco (117) y notariesco (39), poco encomiables.

44 EL VOCABULARIO DE MIGUEL DE UNAMUNO

En ico : ps ico fisiológico (95), bueno, y paisaje mono- teíslico (91) que no entiendo muy bien.

En dor : es^iriivx poLarizador [iiO) y espíritu centra- lizador (80), excelentes.

En al : pseiido-origijtal (59) y noches invernales (88), bien formados.

En oide : latas cientificoides (190; y bohemia román- ticoide (189), a los que preferiría formas en oidco (V. mis Apuntaciones lexicográficas, pp. 49-52).

En ario hallamos: formulario (102); soto-literario (29), intra-literario (29) que están bien formados.

En ista : intelectualista (116) ; simplicista (96) ; libre - arbitrista (118).

En ivo : disociativo (110); ultra-intelectivo (148); archi-sensitivo (148), que son buenos.

Menos me satisfacen los cuatro terminados en iano : lenguas arianas (73), que se dice muy bien lenguas arias; tiempos merovingianos (63) ¿ por qué no mero- vingios ? ; abeliano (21), pudiera pasar; shopenhaue- riano (119) es empalagoso y tiene todas las trazas de un trabalenguas.

En able acaban : irrepresentable (108); encasillable (109) ; infortnulable {\ 13) ; incambiable {120).

En ico : genético (112) ; ginecolátrico (141); dilemá- tico (139) ; caleidoscopico (108) mejor que calidoscópico académico.

En ado, ada rematan : entrecomillado (lllj ; desdi- bujado (116) que tienen aspecto agradable ; enquistado (37) (la Academia no trae enquislar), antemencionado (31); amadamado (141), de saborcillo francés; iletrado (22) que me gusta poco y al que preferiría inculto, gro- sero, si bien confieso por otra parte que me gustan menos aún analfabeto e iliterato.

Entre los participios activos hallamos : excluyente (134); individuante (119) \ palpitante (42); teorizantCy{^2) (la Academia no trae tampoco teorizar).

En ente tenemos : subconciente (85), muy bueno.

Dos adverbios : enderezar anárquicamente entuertos (127) y el caserío recortadamente demarcado (92), este último mal formado.

Éntrelos verbos nuevos hallamos : intensificar {^3) \ polemiquear (95) ; bien construidos. Inhibir (82) ; insu-

EL VOCABULAHIO DE MIGUEL DE UNAMLNO io

fiar (42) ; encalmarse (33) están empleados en sentido diferente del académico. Co n gruir {i'ó2) e irrumpir (101) no están mal trazados.

Con ayuda de prefijos se han formado los siguientes verbos : sobrepasar (40) ; sobrestimar (22) ; reobrar (133) ; recom binar {ii5) ; reinsistir {26); desdibujar (116).

Abundan por último, con la terminación izar : socia- lizar (136) ; escolastizar (131); unlversalizar (85); ori- ginalizarse (60) ; racionalizarse (50) ; sobrenaiuralizar (97).

En cuanto a los galicismos usa Unamuno los que todo el mundo gasta, los que se deslizan hasta en las obras de los que más encarnizadamente atacan al ene- migo francés. Plancha de mosaico (90) puede pasar al lado de las numerosas « planclias » que trae el dic- cionario agazapadas entre sus diversas acepciones; la misión de los españoles (23), será todo lo herética que se quiera, pero análogas « misiones » apunta el P. ^lir en los siguientes autore^s incorrectos : Lista, Severo Catalina, Danvila, ^íarqués de Valmar, Gago, Aparisi, Revilla, Va lera. Cánovas, Navarro y Ledesma, Duque de Rivas. La que creo no tenga éxito es" la « misión » que nos predica el autor del Prontuario. Siempre se -hará ciencia (46), es feo; acentuarse \2k corriente cen- tral (79) es expresivo ; terreno accidentado (87) es ya muy corriente; acusar su individualidad (101), tam- bién ; imponerse la sociedad al individuo (138 , ídem de lienzo (tampoco académico). Jugar papel histórico (134) es inútil, diciéndose ya desempeñar papel.

Como se ve, poco podemos criticar en el neologismo de Unamuno. Sin embargo juega suficientemente con las palabras, no vacila en sacarlas de donde las en- cuentra ni en forjarlas cuando no las halla. Pero con talento muy castizo sus innovaciones no desdicen del resto del idioma. No fabrica en general palabras para sustituir otras existentes, ni toma el rábano por las hojas empleando voces sin sal)pr lo que significan. No vacia estatuas en troqueles, ni hinca sus fauces en las ví(;ti- mas, ni nos habla de palideces cerámicas como algunos neólogos de manicomio.

EL VOCABULARIO DE SALVADOR RUEDA

Salvador Rueda ha sido el iniciador, en España, del mismo movimiento de renovación que encabezó Rubén Darío entre la juventud americana. Ambos han alcan- zado resultados análogos y ambos han remozado consi- dera blemente.la guardarropía poética española.

Pero mientras en Darío, la introducción de elementos nuevos es casi siempre artificial, extranjera, Rueda empieza por utilizar muchas palabras españolas de esas que forman el lenguaje del pueblo y que, por pura desi- dia, no han sido introducidas hasta hoy en el Diccio- nario. Díganlo si no en « En tropel^ velatorio (30) que es para los andaluces loque el « velorio» páralos ame- ricanos; un gitano de faz patilluda (34); cosquilleando (37); tez ¿zceíVime/líz (61) ; fresa aranjueña {66};- gan- chillos para el pelo (61), que son los ganchos de los americanos ; el tin tan de las campanas (82) ; murguista (83); afiligranar (107); polvorón {Yii} \ golpetazo iii^) \ listear de verdes franjas (126) ; harandillaje (127) ; cas- cabeleo (129); el rayo que cabrillea (175), algo, más pin- toresco que el « zigzaguear » con que nos einpalagan algunos; extrañas mecidas de péndulo (161) que nos recuerdan aquella canción de nuestra infancia que te- mina con :

Salga la niña

Del mecedor,

con veinte mecidas

a cual mejor !

Y con qué encanto hallamos en su pluma algunos provincialismos sabrosos : relincho (39), en el sentido en que lo leímos en Pereda ; esfollazas regocijadas (57) ^ jabera (108) ; rizar las fer matas al acabar los quejumbro- sos versos (108) ; el llar (140) ; la traca (128) y el sacorio

EL VOCABULARIO DE SALVADOR RUEDA 47

^134) valencianos ; nos encantan las formas populares ; la Inesa (^82) ; los piezes menuditos (117) que vimos criti- cados en las Apuntaciones de Cuervo ; nos quedan expli- cados americanismos, como : tiene en dos partido el labio, porque es boquina (Glj, que da el origen del boquineto venezolano (Gaicano y Picón Pebres) y del boquinete mejicano (Ramos y Duarte).

En La Cópula nos encontramos asimismo con un rico caudal de voces olvMadas por la Academia : mariposeo (95); tener algo de largo {íll) ; una cama de elegantes /aliados {\.i9) ; culata de un brillante (134), que puede entrar ya que figura en el diccionario el pabellón o parte superior del mismo; ?nimosidades [190) \ arenillero [210]; cuentagotas (203) ; rizaniiento (200) ; en ios patios gor- gotean las fuentes (206) ; engallaniientos gentiles 1 188) ; una mata de pelo espesa, negra, brutal (96) ; porracear (124) ; ahuevado (130) ; fijarse en una cosa (159) ; mal que le pese al P. Mir, quien achaca esta frase a los galiparlistas. ¡ Quizás no sepa francés ¡ Ponerse a la pista de algo (169), es bueno igualmente.

En cuanto a neologismos de verdad no iiay muchos en En Tropel y son cdísi todos de buena clase: lí\ [una. nacárea í 16) ; atirantar (27) ; pletórico de gente ; congestianado 63) ; evolucionar el ritmo (184) que no merece mavor censura que comisionar ; sexticorde {162) ; duendesco (141) ; kaleidoscópico (120) ; que según la Academia de- biera ser calidoscópico ; una ojiva acristalada fl02¡ ; los ¡aliados de un vaso (46) ; tiembla como agónica lámpa- ia (42) ; canto hipnotizante (14), al que preferiría yo hipnotizador; labio membrilloso (136); rutilador cabril- leo (155) para el que la Academia acepta en cambio sólo i-íitilante ¡ Yaya usted a entenderse ! No me gustan : tus cuerdas revibradoras (120), ni sus corruscantes buñue- los (73), cpe ignoro si quieren ser coruscantes es decir brillantes o crujientes (de corrusco).

En La Cópula, en cambio, hay superal)undancia de estos neologismos, si bien repilo que casi siempre es- tán satisfactoriamente construidos : fastuosidad deshnn- bradora (206) ; extrahumano (170) ; pasionalmente (171) ; concretar una cosa (100); clarividencia (106); grandeza sugestiva (112); miríadas desemblantes (205}; e\ par- padeo sideral (98), lo débil, lo aromado (120) ; barbas

48 EL VOCABULA.HIO DE SALVADOR RUEDA

machimas {i20); infaniilidad {i32) ; la lección poliforme y polifónica de todo (150) ; desmedu/ar [i^tl] \ sensibili- dad quintaesenciada (123); dolor inaplacable (114); sensaciones de afrodisíaco (113); reencarnarse (187); chorreante de luces, como un destiladero de flores (203); los repliegues de su alma (201). Abundan los adjetivos neológicos : preestablecido (124); obsesionado i^l47), al que preferiría obsedido^ caso de usar este neologismo ; emocionado (102) es inferior a conmovido; aborbotona- r/o5 impulsos (198) ; espiritualizado {i^l)\ preestablecido (156); diafanizado {132); adiosado entrecejo (159); al que prefiero divino, olímpico, etc.

Con la terminación ador hallamos-: asustador (160); ofuscador {20S); arrollador {U)S) ; éxtasis ensoñadores (106) ; en cuanto a cama policreadora (191) ; diluvios reencai'na dores {2{i); estalladoras imágenes (98); res- quebrajadora compasión (126) ; recaladoras miradas (155) ; no me parecen constituidas para gozar de larga vida.

Entre los derivados en miento celebro : desplega- miento (105), desflecamiento (207) ; prefiero a acumula- mientos de caudales (199), el conocido acumulaciones^ y a goteamiento de luz (212) el sencillísimo goteo que no figura por lo demás en el diccionario.

Abundan los derivados en ante : carmín alarmante (96); hormigueantes calados (203); la idea fija, tala^ drante (147), al que prefiero con mucho « terebrante », ampliando la acepción académica; el torturante hilo social (124) es más feo que « atormentador » ; huesos tremantes (198), anticuado en el diccionario, no es bo- nito.

Naturalmente abundan en Rueda, como en los demás escritores modernos los der'wdiáos en esco : canallesco (178), me satisface ; pero no diré lo mismo de voces cha- rranescas (190); semblante diablesco (204); seres cb^en- deseos (223).

Dejo para lo último, siempre de La Cópula, algunos neologismos demasiado atrevidos, poco claros o ingra- tos al oído, V. gr. : la copa plativerde de un álamo (220); viviendo medio innutrida existencia (120); Rubí rechis- peaba, reía (142) ; cristales agrandatorios (153), que hemos llamado siempre de aumento o amplificadores;

EL VOCABULARIO DE SALVADOR RUEDA 49

abocetar una estatua (164) \transfasionarse Í220), al que prefiero francamente el transfundirse académico ; un gorro de borla ingrávida (106). En cuanto ?i prismatizar ,203) me gusta menos que irisar y por otra parte, si alguna vez fué esta palabra original, estamos ya tan hartos de prismatízaciones usadas a tontas y a locas, que prefiero ver barrer esta voz para siempre.

Pocos galicismos de vocabulario hallamos en Rueda. En Tropel nos ofrece : fulgura?! tintas diversas (17) ; el arco azul de las olas, de plata y nieve bordean (18); el buho acentúa el silencio (161); placa brillante (155), í|we son buenos; senos 67) por pechos, y rango {\2^¡, (|ue son ya casi irremediables; bordoneo, (160), por zumbido, que en nada aventaja a éste ; macabro (78) y niacábrico 30) que son detestables. En Cópula saca- mos : una lancha bordeando la costa, por orillándola ; motivos de dibujo fll9), que pueden aceptarse ; bandas de sol (217) (Véase lo dicho acerca de ellas), mixtificado 124) que es francés puro y no de lo mejor.

En resumen poca cosa. Rueda se ha contentado con los recursos que la lengua le ofrecía para enriquecer su vocabulario.

M. de Toro Los derroteros del idioma.

EL VOCABULARIO DE DÍAZ RODRÍGUEZ

He leído de Manuel Díaz Rodríguez, para el presente estudio, el delicado libro de crítica que titula Camino de Perfección. No quiero dejar, antes de entrar en el estudio de la obra desde el punto de vista lexicográfico, de manifestar gratitud al autor por los encantadores ratos que su lectura me ha proporcionado.

Es un libro profundamente americano y al mismo tiempo intensamente español. Campea por todo él un españolismo profundo, no esa ridicula vanidad de ciertos españoles que se creen que la madre patria es aún el corazón y el cerebro del mundo hispano y que todo lo americano pertenece a un género inferior, sino el orgullo noble del hijo que, después de haber con- quistado honra propia, se ufana con los timbres de gloria de sus antepasados, que sabe recordar las glo- rias tradicionales de la raza y que, si es preciso, reivin- dica frente a los extranjeros la gloria de sus abuelos.

Ojalá todos los americanos comprendieran de este modo el « españolismo ». Ojalá, antes de aceptar a ciegas ciertas opiniones sobre España se tomaran el paciente trabajo de averiguar lo que hay de cierto en ellas.

Aun diré que el libro de Díaz Rodríguez es más español que gran número de obras escritas en la penín- sula sobre asuntos análogos. Con qué maestría reduce a polvo nuestro crítico ciertas teorías corrientes Jíoy entre los extranjeros sobre la historia, la literatura y el arte españoles ¡Cómo desmorona ciertos clisés sobre el fanatismo religioso, sobre la pobreza de la lengua española, sobre la tendencia al absolutismo y hasta sobre la rigidez del arte y la literatura de la península.

Y sin embargo el españolismo de Díaz Rodríguez no es ciego. Comprende muy bien que, lo mismo que

EL VOCABULARIO DE ÜIAZ RODRÍGUEZ 51

« dentro de una misma España hay varias Españas dis- tintas » (p. 205) y que « la España presente en un cerebro de vasco no es la misma que inflama cualquiera imagi- nación andaluza « (p. 205), distintos han de ser, dentro de una misma mentalidad, el iberoamericanismo de un argentino y el de un mejicano. Lo que censura es la opinión que de España se forman, sin conocerla, « los que, por haber nacido en otra latitud, al calor de otro clima y con la ley de otro régimen, se acogen a la impo- sible quimera de imaginarse por siempre desarraigados de la vieja casta española. » (p. 206).

El españolismo profundo de Díaz Rodríguez, su conocimiento perfecto de las bellezas con que se enga- lana la historia literaria española, le permiten, sin dejar de ser enteramente americano, escribir en un idioma que puede competir ventajosamente con el de los más atildados escritores modernos de la península, mal que le pese a ciertos críticos, como el Don Perfecto, que tan cruelmente satir'za el autor en su obra.

Páginas hay en la obra que me recuerdan algunas de las más encantadoras del sabio manejador de nuestro idioma Martínez Ruiz. He aquí un ejemplo entre mil :

« Las palabras... son individuos organizados, diminutos, leves y harmoniosos... Don Perfecto no las ve así : él, si las ve, es alo sumo como sardinitas exánimes, inmóviles, cogi- das por sorpresa en las implacables redes del diccionario. El tiene su punto de vista : Las palabras, en verdad, son la invención y el instrumento del vulgo, y él, don Perfecto, se halla muy por encima del vulgo. Cuanto al diccionario, ya es diferente, porque el diccionario es al mismo tiempo su padre, su hijo y su novia, sobre todo su novia... Por tanto, a menos de empequeñecerse y humillarse, él no asigna a las palabras otro valor fuera de aquel que su diccionario les atribuye. Para él están muertas, o no les concede más alma y vida que a sardinitas enredadas en la malla pescadora. Tal vez le gustaría que les viniesen aun más ajustados y estrechos los hilos de la malla a esas breves criaturas indó- ciles que, en su desesperada aspiración al aire y a la luz, brincan, danzan y se escabullen más fácilmente que los peces, porque no están hechas como los peces de carne gofa, sino de sutileza y harmonía. »

Y ¡ qué riqueza de vocabulario campea por la obra I

52 EL VOCABLLARIO DE DÍAZ KODRÍGUEZ

Palabras de rancio aspecto y sabrosa expresión, que por desgracia van olvidándose, jjero que siempre leemos con encanto y reconocemos como genuinamente nues- tras ; horrura, paiiidainenlo^ bienandanza, sucedunibre, atañedero, buey picón, señero, pergeñar, perspicuo, ilor tempranera, cunar, alquitara, ínsito, justedad, soterraño, mañera destreza, navideño, campanil, obso- leto, vino doncel, burlería... Otras anticuadas y que cuando las vemos reaparecer nos hacen pensar en gali- cismos que pusieran a Baralt los pelos de punta : pucela, f aceda, apartamientos.. .

He aquí un exquisito paralelo entre tres árboles :

« llallaiilo (su estilo), y con divina ingenuidad lo expresan al hallarlo, el bucare, el mango y la palmera : y supongo que el bucare, porque con su estilo no ha de creerse mejor o peor que los otros, ni tampoco ninguno de los otros debe de creerse mejor o peor que el bucare. Cada uno da su expresión y su estilo sin importársele nada de los demás : la palmera su euritmia y su esbeltez, que la hacen paradigma y blasón de arquitectura; el mango su follaje, sus hojas nuevecitasde leonado terciopelo, y su carga de frutos en que son claros nuncios de la miel todos los matices del verde, el gualda y el rosa; y por último, el bucare, auncjue de cuerpo lleno de feos verrugones, irregular, inharmónico y desgarbado, no es menos que la palmera, y aunque no críe fruto, no es menos que el mango, ni tampoco es más que ellos, porque vida al café y el café nos la a nosotros, ni porque sus flores de púrpura lo vistan con rico paludamento como a un imperator cercado de sus legiones cuando se alza en el centro del cafetal, o abandonado más bien de las mismas cuando surge, arrogante y solitario en el centro del barbecho. » (29).

Aunque pertenezco yo a la familia de Don Perfecto, va que mi principal preocupación es el diccionario, no soy, ni de lejos, tan intransigente como él. Así es que no me doy por aludido por ciertas acusaciones de, Díaz Piodríguez.

« No acepta (Don Perfecto) que se a una palabra, si el diccionario no se la atribuye, la acepción que guarda su equivalente francesa y que un tiempo fué de entrambas, cuando las dos florecieron con una sola flor en el viejo tronco latino (58) ».

« En esta vía, don Perfecto es implacable. Su deber más

EL VOCABULARIO DE DÍAZ RODRÍGUEZ 53

rudimentario de guardián de la lengua se lo exige. Si no, como oponerse a los diablos modernistas que están convii- tiendo el castellano en pura algarabía y jerigonza? Cómo oponerse a las desmedidas presunciones de esos pobres dia- blos? ¿No pretenden haber devuelto al habla que estaba según ellos en chochez y estagnación, como vieja doncella paralítica, la libertad, el ritmo y la gracia del movimiento?

Estoy de acuerdo con el autor en lo que toca a lo absurdo de querer hacer encajar una cosa tan prodi- giosamente rica como la lengua española en las hojas de un Diccionario por perfecto que sea, y ya sabemos cuan lejos está aún de la perfección el Diccionario español.

Tengo asimismo la manga mucho más ancha que la de la mayor parte de los antigalicistas y comprendo muy bien que existe una corriente poderosísima de ideas, que viene de Francia a los países de lengua española y deja fatalmente un sedimento de voces y giros nuevos contra cuya intrusión es imposible luchar. Comprendo también que la lengua no es un organismo inmóvil, que en su vida perpetua hay formas que van desapareciendo poco a poco y otras que van haciendo su aparición, que las palabras tienen, como los seres, su nacimiento, su edad madura, su vejez y su muerte, y sobre todo que la lengua la hace el vulgo, lo mismo el vulgo inculto que el vulgo instruido, el vulgo que escribe.

Pero, considero que, lo mismo que está admitido que el modo de hablar y escribir del vulgo iliterato es cen- surable V que las personas cultas no deben decir ni escribir « haiga », ni « destornillarse de risa », ni « almario », ni « arquilar » ni « sordao », en lugar de «haya», « desternillarse », « armario », « alquilar», « soldado )\ a pesar de ser corrientes estas malas pro- nunciaciones, puede también someterse el lenguaje literario a la misma disciplina y no permitirrse que ciertos gansos, so pretexto que escriben, hagan mangas y capirotes con el idioma.

Santo y bueno que se enriquezca el idioma con voces nuevas, pero cuídese siempre de que estas voces estén bien formadas y, en lo posible, no hagan doble empleo con otras voces tan buenas o mejores y no des- terradas detinitivamente del idioma. Muy admisible es

54 EL VOCABULARIO DE DÍAZ RODRIGUEZ

que se adopten de los idiomas extranjeros ciertas voces, que se extienda el significado de otras palabras espa- ñolas con arreglo a su desarrollo semántico en francés o en inglés, pero que no nos inunden de galicismos mal pergeñados para sustituir voces castizas.

¡ Ah ! si todos los escritores enemigos de los Don Per- fectos, supieran su idioma como Díaz Rodríguez, poco tendría yo que decir, pero de sobra sabe él que no todo lo que brilla en las letras hispanoamericanas es oro, ni mucho menos, y que, por cada innovación feliz, tropieza uno en libros y periódicos con tres o cuatro verdaderos rebuznos.

No son pues del todo inútiles los Don Perfectos. Claro que algunos de estos celadores del idioma son demasiado severos, pero en este género de crítica vale más pecar por carta de más que por carta de menos. Al artista. cabe el entresacar de sus críticas lo que ha de aceptarse y lo que puede dejarse.

Y ahora pasemos la pluma a Don Perfecto y estudie- mos el vocabulario que campea en la gallarda obra de Díaz Rodríguez.

Ya he citado el gran número de palabras muy castizas que esmaltan la obra. Otras hay que, aunqu-e no figuran en el Diccionario, merecerían verse archivadas en él, por ser de pura cepa española : desgarramiento (160); el abandono del 3/0 (159); juegos malabares (9); el cavo áe las rocas (241); verrugones í29V, hibridez (11); medialuna (240).

Algunas voces están empleadas con otro sentido que el que tienen en el Diccionario : teutón (172) ; una avanzada de luz (179); aquel gran mitrado íll); clisé histórico (183); tópico (11), y cosquilla (102), usados en singular; el arte de los Pi'imiiivos (121); cosechas de flor (212); voz de surgente [i2'?>)\ acceso de romanticismo (265) ; café cantante (199) ; estagnación (59), que mejor fuera estancamiento.

Entre las voces de carácter científico : substrato (268); ecolalia {iO^) ; pseudosíntoma (105); sobrehombre (139- 258), al que prefiero superhombre; proferir una insania (80); psiquiatra (74), que debe ser psiquiatro ; sindroma (103), que etimológicamente debiera ser síndromo, como pródromo (Acad.), y matoide (108).

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Entre lasvocesneológicasderivadasde otras palabras, tenemos :

Terminadas en cic^n : reafirmación (237), discrimina- ciones (8), que son por cierto más elegantes que dis- crímenes.

Terminados en ica : la técnica sabia (260) ; la orquéstica griega (162").

En iencia : subconciencia (28), que es bueno, y pro- veniencia (225), doblete inútil de procedencia.

En idad : relatividad ( 178) ; complejidad ( 1 85) ; moda- lidad (187 .

En ismo : estilismo (60); naturalismo (122) y natu- rismo (122), que son cosas muy diferentes; prerafae- lismo (121); cientificismo (135), que no me gusta y al que prefiero cienti'fismo (como pacifismo^ de pacífico, filosofismo, de filosófico).

Si pasamos ahora a los calificativos encontramos también palabras interesantes; piso terrero (68) ; cáfila hampona de lacayos (203), usados en sentido algo dife- rente del académico; cvccne gofa (17); estridulo violon- cito (30); madrigalizador (187); fallo inconcuso (91), pueblos mediterráneos [228) \ luz e jótrate rrena (240); un momento histórico requerido [186); previsivo (256), al que prefiero previsor; temores milenarios (119); nubes glaucas y verdes (71), adjetivos mal asociados, puesto que son algo sinónimos.

Terminados en ano : nietscheano (8); tainiano (158); verlainiano (158), que es algo feo. Por otra parte los derivados de Nietsche y Verlaine o Taine, debieran tenerigual forma. Rabelaisiano [2ól) no es desagradable, si bien debiérase evitar en lo posible esta especie de adjetivos, de los que no existen muchos modelos deri- vados de nombres propios españoles.

Terminan en al .-jardín señorial (143); intertropical (152); fuente ancestral (104); semitropical (130); con- vental (71), inútil, habiendo ya conventual; y lilial (127), al que no echo en cara sino el que la correspondencia exacta del lilial francés sería todo lo más : azucenal. Pero ¡qué le vamos a hacer! los Uses y aun los lirios van convirtiéndose poco a poco en azucenas.

En e/ío, encontramos solo : velazqueño (264), que se me resiste. Es imposible empeñarse en sacar de, todo

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nombre propio un adjectivo. Calderón, Moratín dan perfectamente calderoniano, moratiniano; Cervantes nos ha dado cervantino y Góngora, gongorino (Velás-

fuez debiera dar velazquino). Pero (tcónio hacer el erivado de Lope? ¿y el de Tirso de Molina.' De Zor- rilla y Hermosiila salen a pedir de boca : zori'illesco, Jiermosillesco^ pero no se olvide que estas formas son despectivas.

En anie concluye : paralizante (216); y en ente : sub- consciente (83 , que son buenos, e iridescente (241) que es más agradable que el iridiscente académico.

En esco tenemos los inevitables : herniosillesco (72); rafaelesco (120; versallesco (187); que figuran en casi todas los obras de crítica moderna; donjuanesco (144); bufonesco (208); caricaturesco [2"^'^).

En ico : iilt/'anu'stico (201); semiológico (79); absin- tico (102); patognomónico [102-260) ; pseudoclásico (120); prerafaélico (120); orgiástico (126); psiquiátrico [150); anatomo-fisiológico (188), imaginación oceánica (245), que están todos bien formados.

En ista figuran : sionista (73); prerafaelista (259-109) y preciosista [Cyi].

En ado hallamos varios adjectivos-participios : reli- gión <:/eí'«7?2/;rt/'«f/rt por los fíeles (57); yanquizado (76); fulminado de maravilla (163), poco elegante; el término de la raza es el más allanado a errores (184); anquilo' sado (186); régimen político avanzado (217); prefor- mado (280). Casi todos ellos son de buen corte.

Como se vé, poco puede agarrar la crítica en el voca- bulario de Díaz Rodríguez, que usa el neologismo ampliamente, pero con perfecto criterio.

No sacamos gran cosecha de verbos nuevos de Camino de perfección^ pero todos ellos sonde excelente forma : diademar i211'; bastardeamnesXYd, cultura (238); frag- mentar {222)\ teorizar {i2)\ platonizar (208); relativizar (179); sobrepasar (165); reafirmarse (73). Algunos verbos hay usados en sentido diferente del que les conocíamos : el misticismo que pudiéramos apellidar platónico (140), al que prefiero el sencillo llamar; la^ carabelas... aproaron las costas de España (136). Enjoyarse (245) y magnificarse (160), usados como re- flexivos son excelentes.

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Algo podría criticarse en lo referente a los extranje- rismos y particularmente los galicismos. Nótase por de pronto cierta cantidad de voces extranjeras : fralicelli ¡42); surmenage\ 105); vaudeville (199); savoirfaire (260): gens de lettres (2^7}; kermesse {212); nirvana (160). Nada podemos censurarles pues están empleadas con acierto. Sin embargo es la índola de nuestra lengua tan dife- rente del francés y suenan tan estrafalariamente ciertas palajjras extranjeras pronunciadas por bocas españolas, que siempre me producen cierto disgusto. Surmenage^ sin la u y la g francesas es muy feo. VdudevíLle, con- vertido en bodebil, como suelen hacerlo los hispano- americanos, me recuerda ciertos francesismos atroces leídos en escaparates de tiendas españolas o en anuncios de comerciantes americanos. No hace mucho vi en el anuncio de una pastelería española unos, Briois [brioches] que me hicieron pegar un sallo, y la semana pasada, en un número del Diario del Salvador, anunciaba otro comerciante poligloto unos « boulevans de mantequilla », que muy probablemente han de ser « vol-au-vents ». Los franceses no incurren en este defecto porque su idioma se adapta mucho más fácilmente a la pronunciación de las voces extranjeras. Nosotros, en sacándonos del ita- liano, estamos perdidos. Con el inglés hacemos bar- baridades, díganlo si no los sports, meetings, etc.

Entre las voces latinas citaremos : imperalor (29) ; disdngo {89), que prefiero con mucho a distinguo '230), por ser más fácil de pronunciar; y decoruní ¡63), que ha de ser sencillamente decoro.

Entre los galicismos propiamente dichos, señala- remos : marcar (20-27), que tan corriente es ya que figura en varios artículos del mismo diccionario ; arri- bismo{25), v arribista (25), que tienen el defecto de que si en francés arriver implica la idea de llegar, en es- pañol hacen pensar más bien en arriba, siendo por lo tanto los arribistas, la gente de arriba; encuadrar (11) trae la idea de cuadra; camino bordado con jalones (2) tiene en su contra la acepción corriente de bordado; aquí sentaría mejor : simétricamente jalonado ; claro de luna (30) adolece del mismo defecto, por la signifi- cación que damos a claro, v. gr. : un claro de cielo azul; bandeleta (37) es buen diminutivo de banda que por

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arte de la Real Academia es « castiza » desde la última edición ; desuetud (57) ; prestancia (72), son voces latinas que lo mismo pueden usarse en nuestra lengua que en francés; \o?^ subsuelos del castillo (72) serían mejor los sótanos, reservándose subsuelo para la lengua cientí- fica; reposorio (73), por descanso, no me encanta ; o^/á- ciar (109) es inferior a helero y, si en francés viene de glace^ hielo, en nuestra lengua no viene sino del fran- chute; gesto (192), gesticulante (153); rango (155) son ya tan comunes que me parece inútil criticarlos; concurren- ciVí (93), por competencia, venía amparado hasta la déci- matercera edición de su Diccionario por la misma Acade- mia. Hoy ha desaparecido. En paz descanse, hü. pretendida disposición (235), no aventaja en nada la supuesta dispo- sición; hacerse culpables (183) me gusta menos que vol- verse culpables; macabro (203) está ya también muy agar- rado, a pesar de su fealdad. Hay que tener la afición de los españoles hacia lo extranjero para aceptar una palabra de consonancia tan estrafalaria. ¿Cuándo veremos aparecer los derivados de este nuevo « enriquecimiento » de la lengua ? ¿ Cuándo leeremos, macabrería, macabrón, etc., etc. ? No diré lo mismo de ma/-ioneia{lSl), que no es gro- tesco, aunque con títere hubiéramos podido arreglarnos; ya que los franceses traducen títere por marionefte, hu- biéramos nosotros debido contentarnos con hacer lo contrario. Los candidos lirios (275) tienen en su apoyo el ser usados por todos los « neógrafos » y, en su contra, el que siendo los lirios morados, mal puede tratárselos de candidos. (V. p. 64.) Grasa risa (207) y vivir grasa- mente (3) tienen un saborcillo a pringue que empalaga. Desvelar un secreto (270) será en castellano quitarle el sueño. ¿Porqué no decir revelar, descubrir ».?

Algunos americanismos : descachado (72); enrostrar (197), por echar en cara ; enfrentar (95); que no es malo; darla en suponer (17), tan aceptable como el castellano dar en; curiosear las estrellas (4), por escudriñarlas; urgir a uno un deseo (4), por impulsarle, apremiarle; pajojial (5), excelente; debe haber una azotea para otear desde «Ai (4), en castellano diríamos en este caso allí; con falsea\3i), por con tal que sea; un algo del fragante secreto (233), que en castellano se construye sin el uñ; en medio a (4), que en castellano es en medio de.

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No implica esta observación acerca de ciertos ameri- canismos la menor censura. Tan correcto y tan español es decir : un algo que algo, o en medio a que en medio de, ahí que allí. En España y en Francia misma varían los giros más usuales de una provincia a otra. Lo que importa es que unifiquemos la lengua literaria en cuanto sea posible y para ello creo que lo más práctico es adap- tarse para las cuestiones de sintaxis, especialmente, a la lengua de Castilla, lo mismo que en Francia, conser- vándose muy vivos ciertos giros en la lengua familiar, todo el mundo se adapta, al escribir, al lenguaje de París. En el ^Mediodía de Francia, por ejemplo, se emplean como en español muchos verbos con forma reflexiva : se peidre une chose, se tomber un objet; se usa, también como en español, el régimen a con los com- plementos directos de persona. Sin embargo, estas formas, que usan varios millones de personas, aun en las clases muy cultas, en la conversación familiar, desa- parecen cuando escriben. Es el lenguaje un convencio- nalismo. Como hablamos para que nos entiendan los que nos oyen, debemos hablar, en lo posible, del mismo modo que los que conversan con nosotros (dejando a un lado, naturalmente, ciertas formas bárbaras que forman la valla reconocida entre la gente culta y la plebe^ Cuando escribimos, como es nuestra intención el que puedan leernos todas las personas que entienden nuestra lengua, nuestro conA-encionalismo verbal ha de ser más amplio y hemos de unificar en lo posible nuestro voca- bulario y nuestra sintaxis. ¿Y unificarlo con arreglo a cuáles? A ios del agrupamiento étnico más numeroso, que viene a ser en el caso nuestro la tierra donde nació nuestro idioma, de donde proceden nuestros antepa- sados, los fundadores de nuestra raza y de nuestra civi- lización. Y lo mismo que los escritores de la Penín- sula adaptan su lenguaje al de Madrid, por ser este el más difundido en lo escrito, los americanos han de adaptar el suyo a la misma norma. Siempre les será más fácil, ya que es precisa la unificación, adoptar ciertas formas de Castilla que a los mejicanos seguir las formas argentinas o a los argentinos doblarse a los giros más usuales en Venezuela o en Méjico, por ejemplo.

EL VOCABULARIO DE RUBÉN DARÍO

Es en general el ilustre autor de AziU y de Prosas profanas bastante parco en el uso del neologismo. Con palabras de vieja cepa castellana, sabiamente combi- nadas sabe realizar mágicas combinaciones de colores V delicados conciertos donde rara vez una nota extraña llega a sorprender un oído peninsular.

Su lengua, sin embargo, está bastante lejos del Dic- cionario y de la Gramática de la Academia, sobre todo de aquél, pues desde el punto de vista déla sintaxis no parece que le hayan estorbado mucho esas trabas del viejo idioma momificado que tanto molestan a ciertos escritores insipientes.

Descartamos naturalmente, al estudiar el neologismo en Rubén Darío, la multitud de voces que, aunque no figuren en el diccionario son hace tiempo del dominio común de todos los hispanoamericanos.

Encontramos en Azul, por ejemplo : el fino angora blanco (207); he roto el arpa adulona (37); maceteros de zafir (95); las lindas campánulas (H'i); actrizuela (121); en Prosas profanas : el albo carrara (106); el miSíCio pentélico (127); boscosos senderos (148); en La Caravana Pasa : cuentista (158); atrida (179).

^^erdaderos neologismos, aunque perfectamente for- mados, de imprescindible necisidad y más o menos admi- tidos ya por todo el mundo son los siguientes : En Azul : columnas de alabastro y esmaragdina (34) ; e.rotista{ib6) ; el abejeo de la tarde (143); mil átomos de sol ahejean en los jardines 'lOi:; centifolia (95); erecto (54); efebo {^). En Prosas pro fanas : politono [109] ;policrofnia iiOS); el culto fálico (132); hindú. (59), que la confusión con el « indio » americano hace absolutamente indispensable; histeria (81) que sustituye ventajosamente el feísimo histerismo del diccionario; hetaira (56); lampadario

EL VOCABULARIO DE RUBÉN DARÍO 61

[i2\.)\ p anida (121), apolonida (148), ixionida (91) deri- vados respectivamente de Pan, Apolo e ¡xión; heracleo i^90), venusino (127), sacados de Heracles y de Venus; lauros milenarios, en sentido distinto del del diccio- nario; liróforo (121); olifante (107); muequear (70); piruetear (61). En La Caravana pasa : romantizar (166); portalira (176); antisemita (179j; ultrapatriótico (179); carácter tesonero [\.'^^)\ mentalidad {162); grupos pen- santes (160); rozar la treintena (159); objetivarse (164); abnegado (170), tan usual hoy día. Entre las voces regis- tradas en otras acepciones por el diccionario : explotar un globo (185); suficiencia estereotipada (177); anar- quista en el fondo de sus voliciones (165); gústanme también dos voces, calificadas de anticuadas por el diccionario : su poema especular (166), la superbia\\Y\caL (173). Recomenzar (188) me parece irreprochable y desearía que tomase en el Diccionario el puesto que mal ocupa el feísimo « redutal)Ie ». Ese que es gali- cismo, y de ordago.

En Azul leemos : cuernos de jjronce que llenaban el vtento con sus fanfarrias {33) ; lossatinados brazosi 125) ; piedras de las que deslavan y pulen los torrentes i 138^; piedras delavadas i^í)^ parece ser errata; desesperanza tachado de viejo por la Academia está preciosamente empleado en la p. 168.

Son generalmente de buena laya ciertos derivados neológicos v. gr., en Azul : blanca y levemente a?na- polada (123); chapoteaba musicalmente (127); boca cleopatrina (128); critica hermosillesca (35); fiesta tu- nantesca (64); creación murillesca (123), madrigalizar (59). En Prosas profanas hallamos : faunesa (151), que también figura en Azuf p. 57; satiresa (151) nada tienen que envidiar a deesa y diablesa que campean en el Diccionario. A la terminación esca pertenecen carnavalesco (76) y funambulesco (71), tan aceptables como dantesco, rufianesco y otros de la Academia. A otro tipo pertenecen fe/'Ze/uV/720 (137) y, en La Cai'avana pasa^ volteriano (179), que tienen por abuelos a grego- riano, virgiliano, elzeviriano del diccionario (v. p. 55), y naturista (167).

En cambio, encontramos cierto número de neolo- gismos que huelgan a mi parecer por existir ya otras

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voces no menos elegantes y de idéntico sentido. En Azul leemos : la estrella acarminada de sus patas (126) ; dientes brillantes y ainarfilados (162); un maelstrom atray en te {106); letra echada y gruesa (111); músicas embriagantes (^105); los tupidos arbolares (58); chispas purpuradas (61); que bien se sustituyen con : car- míneo, marfileño, atractivo, tendida embriagadora, arboleda, purpúrea. Un tinte violeta (147) pertenece quizás a la misma categoría, sin embargo, su correspon- diente, violado, va perdiendo terreno cada día. ¿Quién dice hoy al hablar de la luz rayos utraviolados? Vio- lado desaparecerá probablemente, como va quedando arrinconado su sinónimo, morado. En Prosas pro/anas diremos lo mismo de : bordoneo de abeja (109), por zumbido, que tiene además un airecillo francés ; de ritmo que muerde y acaricia, mata y enflora (109), que significa lo mismo que florea, sin ser más bello. En La Caravana pasa notamos : triunfo del mundanismo (168j ; ímpetus flagelantes (158); el fatigante Quo Yadis (167), que no valen mas que mundanalidad, flagelador, can- sado o pesado.

Algunos neologismos por último me parecen poco necesarios y además poco gratos el oído. Citaré entre ellos en Azul : japonerías y chinerías (156); himnica pompa lírica (213); los curvos epicantus de sus ojos (159); canta de los oarystis (errata por las oaristj^s) el delicioso instante (210). Es un fastidio tener que recurrir a un diccionario latino o griego para entender ciertos versos. Y ni aun con tal recurso he podido enterarme de lo que es cierto insecto, el hipsipilo [Azul, p, 91) o hipsipila (Prosas profanas p. 62) para el que la única forma correcta sería Hipsípile, que leemos en Sánchez de Yiana :

Ulises navegó con la victoria ,

A la tierra de Hipsípile y Toante

Trad. Metamorfosis, 1. XIV.

En Prosas profanas me parecen igualmente inútiles :. icónico (117); tritónico (93), y aun bulbul (135), que prefiero dejar para las traducciones de las Mil y una

EL VOCABULARIO DE RUBÉN DARÍO 63

noches. Acepto el que hayan pasado a la guardarropía del idioma las luciiias y filomelas, pero el bulbul es demasiado feo.

En La Caravana pasa : hamlético (164), jjrometeano (178) no son de mayor utilidad.

Si en materia de neologismos es Azul más rico que Prosas profanas^ no ocurre lo propio al tratarse de los galicismos (entendiéndose naturalmente esta palabra sin el menor sentido despectivo). En Azul encontramos apenas : palisandro (79); la azucena y las volúbiles 187), que no valen nuestras enredaderas; la triste melopea (140), que no tiene motivo para perder su y (v. p. 14) senos (46) por petíhos; a plafón, por techo (144), no se le puede criticar más que una diferencia de sentido con el plafón o paflón no menos galicado del Diccionario de la Academia. El buen Dios (115), y cojín cojeando (francés : clopin-clopant) (61) no me gustan mucho que digamos.

En Prosas pro fanas , como decía, es mayor la influen- cia del francés. Manos liliales (136) hacen juego con los Uses albos en campo de azur (64). ¿Hemos de criti- carlo? La invasión de lirios franceses es ya tan conside- rable que apenas si queda ya una azucena para un remedio por esos versos de Dios. Además la misma Aca- demia ha tenido ya que aflojar. Llama ya lirios blancos a las azucenas y « flor de lis» a una amarilídea de Amé- rica. En cuanto al lirio castellano legítimo, que se fas- tidie y se llame iris, como en francés. El tenía en cas- tellano otros nombrecillos, como efémero e íride, pero ¿quién aguanta estos nombres? Si el día de mañana edita de nuevo Salvador Rueda En Tropel, tendrá que cambiar aquellos versos donde dice :

En los ovillos suaves Fulguran tintas diversas Desde el azul de los lirios Al rojo de las cerezas.

[Las Xanas).

64 EL VOCABULARIO DE RUBÉN DAHÍO

cosas banales (61) por vulgaridades, pequeneces; fan- farrias macabras (124;; bizayro (70), con sentido lan diverso del que tiene en castellano esta voz, han de desecharse. Toisón diamantino (64); ckwo de luna (57), son bastante gratos al oído. Lo mismo diré, en La Ca- ravana pasa, de : la misma suficiencia helada (177); guardar ciertas conveniencias (170); cuestión de raza (169); pero criticaré : virtuoso en la ejecución del verso (160) por resultar en castellano una anfibología que no existe con el francés virtuose; tela de un cuadro (182) por lienzo, siendo así que nuestra tela no corresponde al francés /o¿/e, sino a etoff'e : gentes de letras 166 que no porque en francés sea poco corrientes en singular nos hemos de condenar a usar en plural.

Pocos galicismos de sintaxis pueden señalarse, como lo he dicho, on Darío. Los únicos notables que he apun- tado son los siguientes : nos besamos la boca, todos trémulos {Azul, 129 1, y he roto el arpa contra las copas de Bohemia [Azul, 37). Ambos me gustan bastante.

En caml)io criticaré el abuso de palabras francesas o apenas disfrazadas. En ylz.íí/ saqué : peluche (153), por felpa; en La Caravana pasa : bandelettes (159), por vendas; preu.v (168), por caballero; décor (160), por escenario; métier (160), por técnica; rubrique (166), por seccióny, a mal venir, el americano epígrafe. Claroque, cuando se trata de cosas puramente extranjeras, con- viene dejarles su nombre, y nada he de decir de Char- treuse [Azul, 53); baccarat iProsas, 81); gobelinos {Prosas, 75); frufrú [Azul, 123); rastacueros [Azul, 92); Moiré [Azul, 81 ), me gusta ciertamente más que el cho- cante muaré de nuestro Diccionario.

Lo mismo han de aceptarse las voces italianas o in- glesas que no tienen traducción castellana : primadona [Azul, 92), staccati [Azul, 52); spleen [Prosas, 70). Iba a criticar clown {Prosas, 70), pero al ir a propQuer como equivalente castellano payaso, pensé que no hacía sino sustituir un italianismoa un anglicismo. Y estando ahora de moda los clowns ingleses sería lástima tra- tarlos de payasos, pallasos o pallazos, que de todos estos modos puede decirse según el Diccionario.

De sport {Prosas, 65) y sportivoman [Prosas, 65) ¿qué decir? Prefiero deporte. Es español de pacotilla, pero

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por lo menos lo pueden pronunciar los españoles, mientras que el verso de Rubén Darío :

Mira pasar la Gloria, la Banca y el eSport,

con esa e de añadidura, me parece casi ridículo. Cuando oigo a un español deci'r que es hombre de esport pienso involuntariamente en un mo/.o de cordel con una espuerta al hombro.

M. de Toro. Los nuevos derroteros del idioma.

EL VOCABULARIO DE GÓMEZ CARRILLO

Es Gómez Carrillo artista refinado que conoce harto bien los recursos propios de nuestro idioma para no entregarse a ninguna innovación de mal gusto. Pero es al mismo tiempo un espíritu casi más parisiense que americano y no sabe resistir muchas veces al capricho de esmaltar su frase no sólo con voces y giros tomados del francés, sino con las propias palabras francesas.

Poquísimo pudiera criticar en sus neologismos. Como hice al hablar de Rubén Darío, descarto desde luego todas las voces que a pesar de ser muy españolas no entran en los diccionarios. En Sensaciones de arte : diletantismo (17) ; naturalismo (18) ; impresionismo (34) ; impresionista (37); impersonalidad (31), y especial- mente la infeliz silueta (53), que tuvo la desdichada suerte de hacer una breve aparición en la duodécima edición de la Academia y que no por qué fatalidad ha sido arrojada del regazo académico ^ En Momerías figuran por ejemplo gran número de voces de origen extranjero, exigidas por la localización del relato : turcopoliero (21) ; Joven turco (95); feces rojos (57); un imdn fanático (64) ; un magnífico pappas armenio ('83) ; forma más agradable que el papaz académico ; narghile (83); felá (110), que me gusta más que la forma inglesa fellah que usan algunos, una señorita sefardí i99). La mayor parte de estas voces debieran ya figurar en los diccionarios. Indispensables son, de la misma obra : una escalera 6'e/)o/'¿rtZ (7), que expresa idea muy dife- rente de señoril; marina rodiense (14), preferible a : tierra rodiana (12).

Entre lo que pudiéramos considerar como verdaderos neologismos encuentro, en Sensaciones de arte^ modi- ficaciones al significado de palabras admitidas por el.

(1) Al que acaba de volver con la 14» edición del Diccionario.

EL VOCABULAHIO DE GÓMEZ CARRILLO 67

Diccionario. Ya he dicho que Gómez Carrillo no inventa sin necesidad, pero sabe estirar hasta donde alcanza el sentido de las voces existentes. Buenos ejemplos de ello son : el mundo de los viejos analistas ( 28) ; flores /i/e/'rt'/íCí'/í de ensueño (20i; sus figuras de mujer tienen algo del andrógino fabuloso (21) ; esas elegiacas lascivas (24); la inconsciencia dulce de Cristo (54); una de las personalidades más queridas por el mundo inteli- gente (57) ; actitud socrática [Ib); coloraciones satina- das (60) ; es indiscutible como pintor (58) ; esa doble complexión de compositor y colorista (57); en ambas hay mucho de homérico (5d\.

Entre los neologismos propiamente dichos : montañas abracadabrantes (43) es ya bastante conocido para ser aceptado en los léxicos; la suave /««/íV/e^ de la carne (60), tiene exquisito sabor; un marco menos estrecho para encuadrar mi doctrina (28), y un abandono lleno de ternura (55) son galicismos, si se quiere, pero harto frecuentes; rega7.o maternal {55} apóyase en la autoridad de paternal, que está en el diccionario; cebreado por sombras cromáticas (61i es bueno, aunque el léxico traiga sólo cebrado, ya que nos da listado y listeado. Encanecerse H^), me parece inútil, habiendo el neutro encanecer. Baudelairiano (JO), saturniano i^O), pierro- tesco [75), están cortados igualmente por buenos patro- nes, como lo dije al hablar de voces análogas en Darío.

En Romerías son los neologismos más abundantes, y siempre del más perfecto corte: occidentalismo (81, ; e/e¿>c)5 coronados de jazmines (13); gobiernos futuristas (20); no tienen sol para reconfortarse (108); orientales europeizados (85). Son buenos adverbios : abnegada- mente (28), tan necesario como el abnegado que celebro en Darío; fanfarronamente (83). Nótase una tendencia a sustituir el adjetivo con el participio activo : labios gorjeantes ; silencio impresionante (45); tristeza congo- jante (40). De emocionante (6) y emocionar (15), con- fieso ser poco partidario. Me gustan más conmover y conmovedor; no me satisfacen estos verbos formados ya con un derivado verbal. Son buenas modificaciones a acepciones del diccionario : monasterio milenario (35) ; techos de tejas mecánicas (81).

Si nada tengo que criticar y tengo por lo contrario

68 EL VOCABULARIO DE GÓMEZ CARRILLO

mucho que celebrar en el neologismo de Gómez Ca- rrillo, no haré lo propio con su afrancesamiento. Pero, aun a pesar de esto, he de confesar que no echo en cara al demasiado parisiense escritor el corromper el idioma introduciendo en él nuevos galicismos ; sino el acoger, a sabiendas, a muchos de ellos, harto corrientes, ampa- rándolos con la autoridad de su pluma, y el usar adrede a cada momento palabras francesas que tienen en caste- llano hermanas muy acej)tables.

En Sensaciones de arte encuentro por ejemplo : la fecha ma /cada por el autor (25), dormir entre los senos de la madre (56); verdad es que uno y otro galicismos son ya casi imposibles de desarraigar; /e/«, por lienzo, (57) que critico ya en Rubén Darío; su intelecto se na doblado de una sensibilidad fina (37), es discutible por la anfibología que produce en castellano el verbo doblar; piezas de antología (23:, no me parece superior al corriente trozos. Tampoco me gusta : su cabellera está tallada por detras como la de cualquier empleado (42), aunque traiga el diccionario a tallar como sinónimo anticuado de cortar.

En Romerías encontramos los galicismos que pudiera mos llamar consagrados : gestos felinos (85);.gente recelosa y gesticuladora 91/; miraje (36), al que prefiero con mucho nuestro espejismo; macabro (37) ; maneras majestuosas (85), que no son más elegantes que nues- tros modales; el vecinaje de inmensos cafés (89) no es más claro que la vecindad, la proximidad; un plan de lechugas (49), en francés plant^ no vale el usual tabla. A un cortejo real (45), prefiero con mucho un séquito. Iba a criticar melopea (90), como lo hice al tratar de Darío pero observo que nadie dice ya « melopeya » y que, habiéndonos gratificado la Academia con « farma- copea », en vez de « farmacopeya », bien podemos reci- bir a « melopea », Alzar los hombros (102), por enco- gerse de hombros va siendo ya corriente, lo he encon- trado también en Blasco Ibáñez. En vez de : pasar malos cuartos de hora (95) prefiero sencillamente malos ratos, y en vez de frotarse los ojos, estregárselos. Por xúúmo^ di maestranza (6), comandería {2Z)y sudan (29); preferiría las formas ya admitidas de maestrazgo, enco- mienda y soldán.

EL VOCABULARIO DE GÓMEZ CARRILLO 69

Como ya lo digo poco antes, esmaltan los libros de Carrillo palabras extranjeras no siempre indispensables, pues muchas tienen exacto. equivalente en castellano. En Sensaciones de arte : una frase nalve (79), un cabaret de París (83); su insouciance en materia de interés; los portraitistes (59); mejor artista que théoricien (46); sus pía f'ojids del Hotelde Ville ('52); jefe de los estiletes de la Gran Bretaña (46); con esa cuidadosa /enrede los ingleses (42) ; su cabellera se reparte en bandeaux (42) ; las extravagancias de \dí pose (lli ; hace soñaren Barbey d'Aurevilly me jorque en los dandis de su patria (63). Fuera de bandeaux^ tenue y dandy las demás palabras se sustituyen exactamente por : candoroso, taberna^ despreocupación^ retratistas^ teórico^ techos^ estetas.

En /?o/??e/7¿z5 encontramos igualmente : aquí no se ve sino la élite (61); la souplesse con la cual han sabido hacerse una cultura tan exquisita (61 ; en el mismo tono de las causeries francesas (61) ; prepara la revan- che (73); su virtud más antigua es la sagesse (74) ; con jaquettes desteñidas (90); triple entente [\00)\ palaces hoteles; bares ingleses (82 V, leyendo los leaders (95); los s/tatiiigs con sus pórticos marmóreos (97).

Acepto en rigor élite, por no decir la flor y nata, pero prefiero charla dicauserie, desquite a revanche, pruden- cia a sagesse. Entre Ja quette, chaquet y saqué no a cual dar la preferencia, son las tres palabras a cual más fea y las dos últimas no hacen sino patentizar el horro- roso modo como pronuncian lay francesa los españoles. En cuanto a las voces inglesas no hay mas remedio que tragarlas, están de moda.

EL VOCABULARIO DE VARGAS VI LA

Es Vargas Mía uno ile los más vigorosos escritores americanos, uno ele los más imitados por gran parte de la juventud hispanoamericana, habiendo llegado tal imilación a constituir el fenómeno que acertadamente llama José Fabio (iarnier, en sus Perfumes de Belleza^ la enfermedad vargasvilesca.

Al mismo tiempo es quizás el escritor americano que haya dado a su estilo un carácter más personal, lo cual no implica siempre un elogio, ni mucho menos.

La prosa de N'argas Vila, cortada a cada momento por extemporáneas comas y puntos aparte, realzada por mayúsculas que no se sabe a qué vienen, salpicada de neologismos atrevidos, de transgresiones a la sintaxis habitual, es sumamente sabrosa y se comprende fácil- mente que haya seducido a algunos de esos mozalbetes imberbes y melenudos que antes de cumplirlos veinte años se figuran ya llamados a revolucionar el lenguaje. Leen con avidez la prosa extraña del potente escritor colombiano y encantados ante el cúmulo de voces nunca oídas que en él descubren, se apresuran a imitarlo, y suelen desbarrar a mas y mejor.

Y ¿por qué no confesarlo? me figuro que el mismo Vargas Vila, al emplear algunas de las voces raras que salpican sus obras no debe estar muy enterado de lo que significan. Por lo menos, él afirma en el prefacio de Ibis que :

« El hombre de genio no da se la pena de violar leyes ficticias de lenguaje. Las olvida, eso es todo. » Hablando de los gramáticos dice :

« Los gramáticos hirsutos tenían el don de divertirlo. La aparición de estos eunucos, guardadores del serra- llo léxico, le inspiraba el placer de exasperarlos... tenía por ellos un desprecio compasivo y les dejaba ser

EL VOCABULARIO DE VARGAS VILA 71

testigos de sus licencias gramaticales, como el sultán no se cuida de los ojos del eunuco en sus licencias carnales. V gozaba en violar la lengua madre en su presencia. »

En otra parte de la misma obra dice, hablando de sus libros, que « hay que poner entre ellos y el Éxito el medio siglo que Stendhal puso entre los suyos y su gloria, toda una etapa de la civilización. »

Pues me figuro que exagera el Sr. Vargas Vila la inlluencia que pueda tener el tiempo sobre la gloria de sus libros. Si no le basta que le rompan casi el incen- sario en las narices los numerosos turiferarios que tiene ya, no lo que necesita. Y en cuanto a conquistar el sufragio de la posteridad es cosa que no es dado sino a las obras de belleza perfecta. Y no lo son las de Vargas Vila, pues como hombre de genio, ha olvidado demasiado las « leyes ficticias del lenguaje. »

Ni crea tampoco que todos los gramáticos se exas- peran cuando le ven violar la gramática en su presencia. Por mi parte le aseguro que antes bien he soltado el trapo a la risa al encontrarme en el Camino del triunfo algunas de sus violaciones, como « ojos garzos, de ámbar » (9), « colinas blondas de zafir » '227 , una « pali- dez cerámica » (9), « un adolescente blondo, hecho de blancuras cereales » 289 , la « palidez cerúlea de su rostro 243 , « formaron un triduo de amigas » ii83l, « hora de sol bochornosa y álgida » (94). Si él ha gozado al escribir adrede estas bellezas, yo he gozado más aún leyéndolas.

Como también me ha hecho sonreír el encontrarme en Ibis citas de Shelley, de Aristófanes, de Meleagro en versos franceses y de Hipócrates, en latín,

Pero dejemos esta digresión en la que no hubiera entrado sin el prólogo agresivo de Ibis. Otras muchas impropiedades hay en los libros de Vargas Vila, como en los de otros autores que hoy escriben en lengua española. De todas estas improjiiedades he de hablar más extensamente, aunque sin citar a sus autores, siendo mi deseo no el de reir con mis lectores un rato a costa de tal o cual libro, sino el de enderezar, en lo posible, algunos de los innumera])les disparates que, merced al amparo de escritores a veces ilustres, están tomando derecho de ciudad en el idioma.

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Fuera de esto no puede negarse que Vargas Vila ha realizado una labor fuerte y útil en el idioma. Ha inno- vado mucho, pero menos en la gramática, como él se lo figura, que en el léxico. Y seguramente algunas 4 de sus creaciones habrán de conservarse.

Veamos pues lo que es el neologismo en Vargas Vila.

Advierto ante todo que solo he leído detenidamente El Cíimino del triunfo y declaro que no lo he hecho por preferencia personal hacia dicha obra, sino por ser de las últimas de este escritor. Aseguro, por otra parte, que he necesitado buena dosis de paciencia para leer hasta el cabo la sarta de obscenidades medianísima- mente descritas que atribuye el autor a sus personajes sacerdotales.

Pero necesitaba examinar una parte suficiente de la obra de Vargas Vila para juzgar lo que le corresponde en la actual evolución del vocabulario.

Encuéntranse en El Camino del triunfo pocas pala- bras del caudal antiguo del idioma, de esas que se en- cuentran a docenas en los buenos escritores peninsula- res, y en algunos americanos. Pueden citarse en esta categoría : una indiada enfurecida (134) ; ¿glicina i 132) ; ¡ chit ! alguien viene (310) ; crudez viciosa 1 70 ; que puede coexistir con crudeza, como lo hacen ya altivez y alti- veza ; ante el mortecino de aquella vieja (117) ; tenía espejeos de acero (94) ; bajo el sombrío de los sicómoros (153). Brusquedad inesperada ( 141 , aunque derivado de una acepción de brusco considerada por algunos como galicismo, es muy aceptable; ámbar con venazoiies de oro (286) es elegante.

Mas realmente neológicas son las voces : efebo (4) ; insustituible ; histeria (59), que desterrará a histerismo ; una estatua de faunesa (96) ; canallería populachera (21 ); un encanallamiento de su raza (27); un largo internado (43) ; citolegia (34) ; tan popular hoy como, catón ; las estridencias áe. la vida (215); una mortal desesperanza (8), dado de anticuado por la Academia sin gran mo- tivo, pues añade cierto matiz a desesperación ; tener una fnisión que cumplir (244) ; que tanto censuró Baralt, pero que es excelente ; la amable e.i quisitez. Xo entiendo lo que significan : como una rosa caída en una basca

EL VOCABULARIO DE VARGAS VILA 73

tranquila (146j ; ni gozándose en aquel cuerpo víctima ya de la videncia brutal de la lujuria 73 ; ni me gusta tampoco el neologismo, hoy bastante común, prostí- bulo iTOi, formado contra todas las leyes de la deriva- ción etimológica. Poco defendibles son : los estagiarios del Amor (157); idiotia (276), en vez de idiotez; mor- bus apostólico (79).

Entre las voces compuestas son excelentes : idiopatía (34;; hiperestesia (56i; morbología (143. Menos útil me parece preaptitud al ensueño (32); que, quizás por errata, tiene la iorma preactitud en el libro. Semiobscu- ridad 312 , es preferible a seminoche 206} ; laicofobia (135) tiene poca utilidad, lo mismo que una sonrisa áecretiiioide 131 . Paréceme helenismo bastante pedan- tesco decir : en esa aorasia en que su alma había vi- vido (55); por no decir tinieblas. Tampoco entiendo: las hesicdstecas armonías de ciertos versos '35 , que en otra parte escribe el autor, con más acierto, acordes hesicásticos 290 . Eso significa, en castellano sencillo : calmante, apaciguador.

Abundan los substantivos en ción^ derivados de otras palabras. Unos son buenos, como : descalificación 'Ti ; reabsorción (33); claustración (225); nacido del gali- cismo claustrar \ exlrahumanas /«/o?¿/r/f/o/ze.9 63; ; po- der de ideación 55 . No me gustan: una conmloación de promesas 156), por comunión; contemplar con de- leitación !l54i, que se dice bien deleite; la perfilación espiritual de sus grandes gestos (35), no mejor que perfil ; la supliciación de su alma (16), por el suplicio, el tormento ; sumirlo en soñaciones '55', que no vale ensueños. No entiendo : mi espíritu había tomado las más altas modelaciones : 189 , ni me satisface mucho por lo demasiado francés: la mistificación de mi primera con- fesión (254), que puede decirse de mil modos. Y en cuanto a entretención :i27i, es americanismo malo.

Alo-o menos numerosos son los derivados en idad, como scntinieníalidad 173 , irrealidad 217 , teatrali- dad (210), morbosidad pasional (i i extrañas modalida- des (32') especificidad (274i. Criticables son : la multifor- midad monótona de sus fenómenos ^32-, donde por lo demás rabian de verse acopladas dos palabras como multiforme y monótono; azulidades transparentes (4),

74 EL VOCABULARIO DE VARGAS VILA

suena bien, pero no significa absolutamente nada, y lo mismo ocurre con : una//or«¿íV/firí/deastroslejanos(240), y con : su inmensa silenciosidad (45). Puestos ya en este empeño, podríamos llegar a fabricar hasta puchera- lidad.

Nada puede echarse en cara a los derivados en ¿smo, que actualmente nacen a diario tanto en francés como en español : liermelismo (156) ; preciosismo (148); homo- sexualismo (255) ; unisexaalismo (1H2) ; convenciona- lismo (161/. Es elegante: un misticismo panteísta que bien podría llamarse un asisismo ¡32).

Derivados en miento encontramos sólo : ondeamiento de deseos (167), y 7na/'avillamiento impreciso (5), que son buenos

Abundan los adjetivos nuevos en el Camino del triunfo. Unos son, como algunos substantivos antes citados, voces que debieran figurar ya en los dicciona- rios, como : vírgenes sienesas : el texto trae sieneses) ^176); erecto (173); rolliza y caderona (131) ; impreciso (33) ; esmeraldino (14) ; arcangélico (24^) ; paisajes psí- quicos (103), que me figuro ausente del diccionario solo por un descuido ; ternura imploralriz (121). No me parece que una mcon/eóY/f/r/ sensación (191), sea mejor que no confesada. Vicio ascoso (70), está como anti- cuado en el diccionario y hace tiempo que ha cedido el puesto a asqueroso. Meditativo (71), por meditabundo, no es necesario. En cambio a tardecido por retrasado, rezagado (18) me gusta, lo mismo que i/imisericorde (130) ; pero muchachos enviciados y rezanderos (162j, no me parece preferible a rezadores.

Les adjetivos compuestos son generalmente buenos: exlraliumano (63) ; suprahumano (75) ; supraandino (5) ; semidesnudo (75); indios semiletrados (22). En el em- pleo de esta clase de palabras, rara vez elegantes, el buen gusto ha de ser único juez.

Algunos adjetivos no son felices: presencia omni- presente (64) no significa nada ; estado comático (334), está mal usado por comatoso ; insincero (292) es cacofó- nico ; una persistencia verdaderamente arácnida (317), tampoco es bueno, no siendo la persistencia una cualidad propia de las arañas ; zagales geórgicos (216) serán zagales de Georgia, pero no semejantes a los de las

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Geórgicas ; manos erráticas (21.1) ; peña atldntida (185); cielos nacidos (6) ; noches Jerolimíticas (242), tampoco son felices innovaciones. Crespón verddceo (266), es peor que verdoso, y candidez paradojal (187) no hace falta habiendo ya paradójica. Dejémoslo a los franceses que no tienen parado viqíic.

Abundan los derivados en ado : casa blanca y aso- leada (105), espíritu desorbitado i56i, aureolado (67), que son muy aceptables; latinista ameritado (245), que no me parece más expresivo que de mérito; alma em- brumada (7), persona musculada (96), a los que pre- fiero brumosa y musculosa; voz emocionada (249), que se dice mejor conmovida ; cielos algodonados (1) vale menos que algodonosos ; azul lacteado de la noche, (213) es inferior a lechoso o lácteo. Tampoco me seduce pa- roxistado (238).

Entre los adjetivos formados con el prefijo in : irre- velado í lór)), ine.rpresado í73), incomprendido 69¡,ina- divinado (54), indescifrado (42), son aceptables ; gestos inacentuados (^45), es galicado e inferior a impreciso (no Académico tampoco). Fuerzas innombradas (207) es cacofónico.

De los derivados en ar : manos tenf aculares (105), tranquilidad lagunar Í3^) están bien formados ; caudillo ambicioso y espectacular (24) no es tolerable.

Entre los derivados en ario : visiones fragmentarias (103), es bueno ; alma rudimentaria (108) ha de acabar por sustituir a rudimental de la Academia; grandeza suntuaria [230 , n^anos torcioiiarias {[06), pueden acep- taí.'se, pero calma medusaria (18) nada significa.

De la terminación oso hallamos -.'correntoso {\o3) (\\xe no vale caudaloso o impetuoso; labios bulbosos (180), que es impropio ; penumbi'oso (38), que está bien for- mado.

Terminados en ista, espíritu convencionalista (27) es mucho más aceptable que libros politemisías (77).

En able : inabarcable (190), inapaciguable (261) son buenos; una fuerza innombrable (236) suena de modo poco grato al oído.

Terminados en ible, cosas inasibles (183) puede pasar, lo mismo que formas presensibles (33) ; pero líneas ultraí'isibles de las lejanas costas del misterio (49), no

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me parecen expresar la idea del autor : ultravisible significa muy visil)le.

Terminados en ico : bosques indostánicos (189) es aceptable, aunque el epíteto está mal empleado; mor- bosidad paLognomónica (3j y paisajes (iiutbiósicos (4) son pedantes; cuma cosmordniicc/ (ly parece ser calma de cosmorama y no me figuro que la tranquilidad sea una de las características de los cosmoramas; verde (ligativo (^i83( me parece excesivo y deja abierta la la puerta para verde ciruclátivo y verde pepinítico.

Pocos terminados en esco : munos j)/-ificipescas (141), de buen corte, y rostro serafinesco i^l^l)^ mucho más feo que angelical.

Pocos también en iano, de corte francés, pero acep- tables : volteriano (50); dantoniano (140); lamarti- niano (i81j; calma uraniand '213).

A un grupo análogo pertenece garibíddino (27).

La terminación di da origen a muchos neologismos : unos son muy buenos como : irreal (18), pasional -(l)^ amoral; |1()3), antinatural (177), espectral (245', seño- rial [VQ)^ mejor que señoril, académico, en este sentido ; anticlerical (27). No entiendo : algo extraño y aijLroral (75) ; una voz insexual (288j ; melopeas (sio connubiales de música y misterio (55) ; un gris firmaniental (140). Gasa cural (105) no vale tanto como casa del cura.

Entre los derivados en ador^ iniciador (71) es bueno, perfeccionador (137), también; mendigador (247), sol- lozador [iSV), cautivador i 1^2 ., antes eran: mendigante, sollozante, cautivante, y era suficiente; sugestionador (53) no vale lo que sugestivo.

Hay por último acopio grande de participios activos, construidos a imitación de la lengua francesa. Implo- rante (8; \ pensante (184) ; murientei 184;; exultante {2iQ) ; reverberante (99), son buenos; disgustante (111), es aceptable, lo mismo que hiriente (31), muy usado hoy día. Flavescentes (221) y evanescentes ¡'212) tienen bonito corte.

No entiendo lo que son las costas espectantes de un país de ensueño (60), ni manos ideizantes y fecundas (63); no me entusiasman : dulzura embelleciente (39),' mentira infiltrante (275), horadante labor (37) labor cretinizante (260), atmósfera idiotizante [257). En cuanto

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obsesionante (121) hubiera preferido dar a la palabra la forma obsedente, mucho más lógica.

Algunos neologismos de esta clase son inútiles : engrandeciente (267) puede sustituirse por creciente ; magnifícente (185) no es mejor que magnífico; flores- cente (286) se dice mejor floreciente; terrificante (120) no vale terrífico; asordante (240) es mas feo que ensor- decedor; ceceante (245), tenía ya la forma ceceoso; embriagante (227) ; fanatizante (142 i e inquietante (160), existían ya con la l'orma : embriagador, fanatizador e inquietador.

Pocos adverbios en mente^ y poco necesarios todos ellos : niveamente candidas (14), yW\r panorámicamente (38), inexplicablemente desterrado (4).

Pocos verbos nuevos. Hay algunos buenos, como enclaustrar (127); distender (2); intensificar (178); aureolar (183). Polvear (209) puede competir con espol- vorear, pero obsesionar íio me gusta, ¿ por qué no decir obseder? Azularse il) y redoblarse (169) no necesita- ban la forma reflexiva.

Martillear (111) me satisface más que el martillar académico. También me agrada ver renovar anticuados como liberar (155), expandir [d>h). Evolucionar (259), me gustaría más con la forma evoluir; aspergear (127) me parece inútil, por rociar, así como supliciar (164), por atormentar.

Hay bastante verbos en izar^ bien formados, como inmovilizar (121) ; inmaterializar (177) ; sinfonizar (41) ; novelizar (56) y quimerizar (56), que pueden tener en su apoyo el poetizar académico. El que me disgusta sobremanera es : prismatizar los cabellos como en una feria lunar (11), del que abusan no solo Vargas Vila, sino otros muchos escritores, que nos están hartando de prismas.

Y en el mismo grupo haremos entrar los derivados : exteriorización (228), bueno; humanización (195), ere- tinización (250) y prismatización [32) inútiles; hipnoti- zado (55) ; estilizado (275) ; immaterializado (10) ; exteriorizable (40), contra los qué nada podemos decir.

Gomo puede verse el vocabulario de Vargas Vila es excesivamente rico en neologismos. Si hay muchos

78 EL VOCABULARIO DE VARGAS VILA

inútiles, y algunos criticables, hay otros que merecen ser acogidos en el seno del idioma.

En cuanto a los galicismos, no son tan abundantes como pudiera esperarse. Ya he hablado al estudiar otros autores de melopea (55), que ha de acabar por susti- tuir a melopeya, y de abracddabrante (124), muy acep- table. Aquellas ^en/<?.y (112); facciones acentuadas {\^0)\ cabellera peinada en bandas (9/; líneas marcadas en el rostro (10); macizos de tuberosas (181) ; continencia áe maneras (43), son ya tan vulgares que casi se me qui- tan las ganas de censurarlos. Ya he dicho en otras oca- siones que banda^ marcar, acentuado^ otros galicismos análogos figuran en varios artículos del diccionario de la Academia. Armoriado (5), por blasonado, me parece inútil; Jugaría, comedia (290) es mas feo que represen- tarla, y en cuanto a hacer política (105) hay que dejarlo a los franceses que, por hacer, llegan hasta a hacer caballo.

Franchutismos innecesarios son : hombre de esprit (149); teatro de guignoles (124); tete-a-téte (140); persi- flage (148); agrafes (164) ; clavecín (177); ¡ tableau \ (304); sur mena ge (55). Todas esas palabras serán muy expre- sivas para los que saben francés y no conocen el cas- tellano, pero no supongo que ilustren mucho a los que sólo medio conocen la lengua de Cervantes, Fuera quizás de surmenage que puede aceptarse como neolo- gismo en obras de medicina, todos los demás son ente- ramente inútiles.

Intolerables galicismos son : las abejas bordoneaban (95), por zumbaban ; banalidad (303!; ciborio (287) por copón; feérico (206); ojos cernidos de un halo azul (243), por ojerosos ; la revancha de la ventura ajena (264) ; lianas salvajes (18), por bejucos ; mirajes interiores (2), que en nada aventajan a nuestros espejismos; escenas revoUantes (162) que ganarían bastante con ser senci- llamente escandalosas o irritantes, o cualquier cosa\

EL VOCABULARIO DE ARMANDO ALVARO VASSEUR

Es bastante curiosa desde el punto de vista de la evolución del vocabulario español la obra de este escri- tor, uruguayo, si no me equivoco. El libro suyo que he leído y apuntado para este trabajo, El Memorial, cons- tituye un esfuerzo notabilísimo en favor de la regene- ración del idioma. No todo en él es digno de alabanza, hay inventos infelices entre la infinidad de cosas nuevas que nos presenta Vasseur ; hay sobre todo un abuso del francesismo reinante, y cierta manía algo infantil de exhibir frases raramente ataviadas. Pero, suprimiendo estos excesos, quedaría una lengua sumamente nueva, colorida y expresiva, que merece muy serio estudio.

Antes de emprender el análisis del neologismo en Vasseur, vamos a escuchar algunas de las teorías sobre el arte literario que expone en su libro.

« La palabra es la llor y el fruto de un arte tan sagrado como la más religiosa de las iniciaciones... Hace, de quien en alto grado la posee, un dios fulgurante, capaz de todos los heroísmos y de todas las maravillas, creador de nuevos cielos y nuevos mundos, de nuevas faunas y de nuevas floras, eternamente joven, abrasado en el fuego de sus crisoles, mago de otra vida más bella que esta vida (p. 34-35).

Desgraciadamente para el progreso real de los intelectos, la casi totalidad de los publicistas, incluyendo entre ellos a los más significados de nuestro tiempo, carecen de sentido crítico y de cultura filológica. Raros son los que se preocu- pan de analizar los diversos sentidos sucesivos, asumidos por los vocablos que manejan, sometiéndolos a una rigu- rosa fdtración... ignoran la alteza de la concentración del estilo : repiten las fórmulas sintáxicas vulgares, los giros fósiles y los chirriantes clichés, reverdeciendo los anticua- dos más míticos... Evidencian de esta suerte que el tipo

80 EL VOCABULARIO DE ARMANDO ALVARO VASSEUR

literario es el descendiente inmediato del tipo sacerdotal (p. 38-39).

La plebe intelectual de ambos mundos paladea la jeri- gonza multimilenaria con una fruición inefable, sólo admi- sible en razas embebidas en las más frenéticas idolatrías verbales (p. 40).

Recurrir a los lenguajes primordiales en procura de una certidumbre moral, intelectual o física, que no se ha hallado en los idiomas actuales, es como querer hallar en la isla de Robinsón los refinamientos de París o pedir a la honda del salvaje, la precisión y la potencia destructiva de una ametralladora (p. 41).

¿Cuándo dejarán de embaucarnos las sirenas que arrullan en lo íntimo délas sílabas melódicas, irremediables, efíme- ras... ? El sentido divino de ciertas palabras es como el dere- cho divino que se atribuyen los reyes. ¿ Cuándo nos librare- mos de fijarles un sentido definitivo, ni de suponer que existen algunas cuya esencia sea irremediable y única?... ¿Jamás se unlversalizará el conocimiento del eterno trans- formarse del Verbo, del infinito y perpetuo íluir de las generaciones de vocablos y de ideas tan corruptibles y pere- cederas como los organismos o los mundos? (p. 48).

: No llegaremos a intercambiar las palabras, como inter- cambiamos las mercancías y sus equivalentes monetarios, sin que su valor intrínseco aumente o disminuya, desde que no creemos en las efigies regias o en las alegorías institu- cionales grabadas en sus anversos o reversos? (p. 49).

Hay algo exacto en medio de estas paradojas.

Es necesario en efecto, no considerar las palabras como cosas definitivas, intangibles, que, porque en determinada época significaron tal o cual cosa no han de poder modificar su significación ulteriormente. Pero no es este fenómeno de la semántica propiedad exclu- siva de los « augures finiseculares » cuyo « numen aurisolar » entona « canciones ultraterrenas », para adoptar los elegantes términos con que una señora alaba al autor en las primeras páginas del libro. No, no, hace ya la mar de tiempo que el propio vulgo ha sabido dilatar el sentido de las palabras dándoles un significado, muy diferente del primitivo que tuvieron, aunque siem- pre relacionado con él. Díganlo si no las etimologías de las palabras más usuales. La tibia latina, que era una flauta, ha pasado a significar un hueso de la pierna; la

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rótula o ruedecilla de los romanos, ha llegado a conver- tirse en nuestra rodilla; el estilo o punzón de los escri- bas antiguos ha pasado a significar el modo de escribir y hasta el carácter especial de una obra de arte. Y más cerca de nosotros, no faltan ejemplos de estas adapta- ciones hechas naturalmente, sin ninguna pretensión al arte : torpedo, que de pez pasa a significar una máquina explosiva ; bocina, concha, mas larde instrumento músico, y hoy pabellón del fonógrafo; horquilla, que es ahora una parte de la bicicleta, etc.

Y esto es cosa que hace el vulgo automáticamente, sin saber siquiera lo que es la semántica. Pero, como no es el vulgo el que hace el diccionario, nada puede sorprenderelquelos diccionarios no retraten el aspecto actual del idioma.

Lo que debe condenarse con energía es la teoría de los « sacerdotes del idioma » que, creídos en que no hay salvación fuera del Diccionario y los autores del siglo de oro, hacen aspavientos cada vez que tropiezan con una palabra no usada en el siglo XVll y censuran como galicistas a todos los escritores que tienen la osadía de escribir en la lengua que se habla en torno suvo.

Pero el lenguaje, lo mismo que todas las cosas del mundo, evoluciona lentamente, y con arreglo a ciertas leyes inmutables. Lo absurdo es crear monstruosidades que no tienen lazo alguno de unión con las creaciones lingüísticas existentes; lo ridículo es seguir las leves fonéticas del francés, por ejemplo, al derivar una voz nueva de un término latino o griego.

Y, sobre todo, lo tonto es crear un neologismo sin necesidad, cuando existe una palabra que pinta igualo mejor la idea que se quiere expresar.

Xo si el Sr. ^'asseur se refiere al español antiguo al hablar de lenguajes primordiales y de idiomas actua- les. En realidad ambos nombres designan una misma cosa en dos períodos de su desarrollo. El paso de uno a otro se ha hecho durante largo tiempo casi insensible- ment,ysi en los actuales momentos parece precipitarse la evolución y adoptar un carácter algo revolucionario débese a que, durante toda la primera parte del siglo diecinueve, España y los países de lengua española se quedaron algo aislados del movimiento literario, artístico

M. de Toro. Loa nuevos derroteros del idioma. 6

82 EL VOCABULARIO DE ARMANDO ALVARO VASSEUR

y científico europeo, y que, a última hora, han tenido que ganar el tiempo perdido.

Y en cuanto ai intercambio de palabras me parece que de sobra existe desde hace tiempo, pues acompaña regularmente el intercambio de ideas y de objetos. Sólo que diclio intercambio no debe hacerse a tontas y a locas, sino con moderación, no aceptando sino aquello que es necesario y dando a todo lo nuevo un aspecto que no desdiga de lo que ya poseemos. La cosa es bastante fácil.

Dejando ahora a un lado esta digresión, examinemos el montón de papeletas que he sacado del MenioriaL

Pocos vocablos encuentro de lo que puede llamarse « fondo » del idioma : novelón (84); saco (111), por americana o cazadora, es medio americano y medio cas- tellano, de todos modos que se usa en Canarias; espeluzno (80) es excelente, lo mismo que e.ríV/'/co (96;; ventolina ta (135 j no agrega nada al conocido ventoliaa ; trocatintas (53); cuacareo (42), no son malos; lampa- dario (47) está bien tomado del francés. Entre los com- puestos de carácter científico, superhombre (lO); epife- nómeno Í191j; liróforo (179); preconcepto ¡(ÁQ •, acracia (14); megalomanía (94); polifonía (54 1, son irrepi-ocha- bles; minerálogo (96) está tan bien íormado y aun mejor que mineralogista, que está en el Diccionario ; psi- quiatra ¡39) es malo : viniento del gr. iat/'os, ha de dar psiquiatro. El diccionario de Salvat trae : psiquia- tro, liipiatro, pero se equivoca en quimiati'a \ Zerolo trAB hipiatra y quimiatrüy malos ¡ no todos los helenis- mos han de terminar en a ! ; idiograma f32 , es errata por ideograma, que está bien formado; hunamíinculo (102) parece una pulla contra el rector de la universidad de Salamanca, pero le sobra la h para tener gracia. Terminología [oS]-, desdoblamiento (^k), no tienen pero; deshojamiento (26) me gusta mucho más que desjboje y deshojadura que están sin embargo en el diccionario. Subconciencia (46); virulencia fll4¡; inelegancia (lOi, están bien formados; sugerencia (58) es doblete perfec- tamente inútil de sugestión, y es además feo.

Terminados en ismo hay : humorismo (75; subjeti- vismo (52); ocultismo (43); erotismo (41); experimen- talismo (40) ; verbalismo (37-41), que son de buen corte

EL VOCABULARIO DE ARMANDO ALVARO VASSEUR 83

y reportisino (117), que está mal pergeñado. Reporte- rismo sería mejor si el repórter no íuera tan antipático.

En idad : modalidad (84); mentalidad (li4j; solida- ridad (80), en sentido más extenso que el académico, son excelentes ; filialidad [2S) está traído por los cabe- llos, lo mismo que milagrosidad {37). ¿ Por qué no sacar también substantivos con todas las palabras en oso? Tendríamos así : her/nosidad, maraviUosidad, latosidad, etc., etc. ; virtuosidad artística (55) no puede ser otra cosa que la cualidad del que se dedica al arte con objeto piadoso, pues eso de llamar virtuoso a cual- quier violinista es duro de tragar. Los franceses han podido hacerlo porque han tomado la palabra italiana, muy diferente de la i'rancesa, pero si hubieran tenido que decir « le vertueux Sarasate », creo que primero se dejan ahorcar que meter la pata de ese modo.

Hay algunos derivados en ción : prestidigitacióii (90) es perfecto ; ideación (81), también ; experimentación (49) es mejor que incomprensión (54) que sin embargo puede pasar; intelección {^i) no vale intelecto, y nove- lación (36) es sumamente feo. Novelar viene ya de novela ¿ a qué sacarle otro substantivo? ¿Y por qué no continuar y sacar ahora novelacionar? Se dice acaso guer reación o guerreo porque haya el verbo guerrear?

Algunas palabras están usadas con un sentido algo diferente del que en el diccionario tienen : despojar los vocablos de su ganga (38); los estadios más simples de la idealidad (41); ficha (47), por papeleta; los lumi- nares eléctricos 81); ojos verdes, con radiosas estrías (80) ; la secular nevera de las almas (76), son muy bue- nos; decidor (34), que no es sino el francés diseur, no me hace muy feliz; en cuanto a : \?i fineza de sus tobi- llos (99) es puro francés inútil, pues se puede decir la cosa de otras mil maneras.

Siento no ser bastante « finisecular » para entender el sentido de las siguientes palabras : Algunos son como capofonos multicolores cuyas resonancias imitan las armonías de las esferas (46); las voluptuosidades del lemís (186). He sospechado que sea esto acaso alusión a la princesa de La Tour Lemís a quien está dedicado el libro, pero ni aun con esas lo entiendo. Por último en la siguiente frase : a semejanza de las antiguas

EL VOCABLLARIO DE ARMANDO ALVARO VASSEÜR

caloblepas^ se devoran a mismos (191), me quedo también en ayunas. Los caloblepas erun, según algunos escritores antiguos, una especie de antílopes, pero no devoraban a nadie, y sobre todo eran masculinos.

Hay en el libro verdadero derroche de adjelivos : novedoso (54) no es muy bonito; hindú 40) es preferible a indio, pues evita la anfiljología; impreciso (Gl) es excelente; red nctiüle (^6) es^ como ya lo he dicho en olra parle, preferilde a reduciide; inexpresable (161), desempeña bien su papel; aguachento {106) no es supe- rior a aguanoso.

Los terminados en ado no son en general muy íeli- ces : el í'c^'/y/í/o filósofo (184) es inútil; insurreccionada (144), también, pudiéndose decir sublevada ; los fulanos más significados del país (93) es malo; un sabio docu- mentado (89) no agrega nada a la jíalabra erudito; interrogaciones estrelladas de anécdotas (32) nada añade a salpicadas; afiebrado {/(>) es muy inferior a febril.

Acabados en dor hallamos : unificador (82), bueno ; evocador (88), excelente; expresador (58), más que mediano; ensoñador (159), inútil habiendo ya soña- dor.

En ario : la poesía milenaria de la raza (24j, en exten- sión muy aceptable del sentido académico de la voz; la jerigonza multimilenaria (40) me parece menos acep- table. No creo en efecto que nos quede gran cosa de la jerigonza que hablaron Noé y su familia.

Entre las terminaciones en ico, anoto: anlropofágico (9i); anímico (59-116), que son muy buenos; abúlico (55); nemotécníco (47), también irreprochables; el áe?,- nudo psíq u ico ( 1 1 4 ; ; dogm dt ico y polém ico sin q u e r e rio (114), buenas extensiones del sentido primitivo de estas voces ; excéntrico, (59,, por extravagante, que tengo por muy bien usado; mediúmnico (43) y faunálico (80), que están mal cortados y suenan atrozmente,

Apunto sólo como curiosidad : numen aurisolar (13); aurisolar inteligencia (177); augur finisecular (en el proemio escrito por una admiradora del autor), estas palabras tienen aspecto demasiado extraño y no signi- fican nada.

Su estro jeremiaco y medioeval (126), es bastante

EL VOCABULARIO DE ARMANDO ALVAPO VASSEUR 85

discutible; sequedad hugonote {Í2()) sería mejor hugc- nota ; nivosa gata (79) me gusta más que nivea y nevosa, del diccionario.

Raros son los acabados eniano : parisiano (99) no agrega nada ai conocido parisiense (verdad es que la Academia que muestra una debilidad excesiva respecto de la jerga de los tipógrafos ha metido en la última edición del léxico '.parisiana, tipo de letra, que no veo por qué no ha de llamarse parisiense. Pero; nada! los impresorestienen derecho a que hasta sus rebuznosseau castizos. ¡ Como que ellos tienen por el mango la sar- tén lexicográfica ! Perfil hoticelliano (103) tiene una / de sobra o una ¿ de menos; aparte de que sería mejor botticellino\ lo mismo diré de : un sabor tan stirne- riano (118).

En esco : asociAción fiinaní bu lesea *61 es bueno; algo pluscuanídaníesco (10.5) está traído por los cabellos.

Los acabados en iva son en general aceptables en castellano : democracia selectiva (173); imaginación constructiva (60); efectos evocativos (59); ejercicio ¿750- cíativo {h2)\ accidentes degenerativos (51).

Más cuidado debemos tener con los terminados en ante Y ente. Envolvente {pbi}, clarividente (71); decadente (55) en el sentido literario, son buenos; emocionante (162) es inferior a conmovedor; subyugante (35) es inútil sustituto de subyugador: desmayante 56) y prescindente 6.3) no son muy elegantes que digamos ; lo mismo diré de difluente (59); tintinahulantes de cascabeles (158) está muy lejos de valer el sencillo : cascabeleantes. Los franceses tienen que decir : tintin- nabuler porque en su idioma grelotter significa cosa muy distinta, pero ¿a qué los hemos de imitar?

Epítetos en ista : prerrafaelistas (59) ; simplista (57), en sentido diferente del del diccionario; impresionista (55), son excelentes; alcoholista (191), por borracho o por lo menos alcohólico, es inútil ; sobrenaturalista (37) es malo, como en general todos los adjetivos derivados de voces compuestas.

Encontramos por último verdadero abuso de adjetivos en al. Algunos son buenos : exilazo fenom ena I (96) ; belle- zas mundiales' 173) ; eíeclossensac¿onales{3S) ; escalofrío pasional [SO), medios sensoriales (51). Otros son menos

86 EL VOCABULARIO DE ARMANDO ALVARO VASSEUR

felices: poeta m«c/i/«¿ (10) ; motivos floréales (80) que mejor son florales; luciérnaga vesperal (65), que debe ser: vespertina; educacional {i)9)^ interior a educativo; emocional (56); varón consciente y siiblimal {\%'6) ¿"^ot qué no sencillamente sublime?; viejos cultos concep^ tuales i/ti); plazuelas p radia les délas aldeas (28), que no entiendo ; los augúrales, que renuevan los lenguajes poéticos (55) fpero que a veces suelen irse por los cerros de Úbeda).

Con tiento hay que andar al inventar adverbios en mente. Son palabras la mar de largas y han de ser muy buenas para no chocar al oído. Expresar rítmica e imaginativamente (oA) es aceptable; triunfar internado^ Raímente (115) es más durillo de tragar; glorificar campeadoramente {10) es detestable; aprender libresca- mente (10) es malo. Puede decirse erudición libresca, pero la manera de aprender no tiene nada de libresca.

Abundan los verbos nuevos en el Memorial : reencen- der {i76)\ vegetar {ii7); intercambiar {Wj \ entrechocar (60); embanderarse (06), no son malos; supliciar (25) se dice, según los casos : atormentar o ajusticiar; el tremular de sus notas (27), podría pasar, lo mismo que irrumpir (158); intuir (53), por percibir, resulta poco elegante en los tiempos con ^, como intuye; auspiciar (55) es sumamente feo }' no vale proteger, amparar, favorecer. Emocionar (51), por conmover; tipificar (53), por caracterizar; esfuminar (59), por esfumar (usado por lo demás en la página 89) son inútiles ; leitmoticar (78), algo atrevido, es aceptable, pero : los intervalos de mi sonambular {[19) dehe rechazarse.

Entre los verbos en izar hallamos ; corporizar (37), mundanizar (94); babelizar (50), que pueden pasar; calamizar (191), por escribir, es inútil ; unlversalizar (48) y antropomorfiz'ur (37) son demasiado largos. Conviene en efecto inventar palabras que ahorren un giro largo o inelegante, pero cuando la palabra creada es fea e impronunciable, el neologismo es malo.

Algunos verbos se emplean en la obra con sentido algo distinto del que les da el diccionario : estrofas que iban emergiendo de lo inefable (76); encajes ondu- lados por una mano experta (56) ; luces que cabrillea- ban en las ondas (81); hurgar (16), por registrar, que

EL VOCABULARIO DE ARMANDO ALVARO VASSEUR 87

es más bien un argentinismo ; arrullar, usado como neutro (48), así como abrevar (194), y debatirse (^52) empleado como reflexivo, son buenas innovaciones.

Abundan los extranjerismos, sobre todo los gali- cismos, en el Memorial. Y aun se nota en la obra un prurito desagradable por la exhibición de lo franchute.

He aquí algunas muestras : de masacre en masacre (159) ; un Ecce homo de bric a brac; noblesse oblige (108); el frufrú de las sedas (56); con champagne, ver- dad ? (86); cliché (38); serré (15); muezzines (179), para el que podía escoger el autor entre las tres formas cas- tellanas : muecín, almuecín y almuédano ; un personaje disfrazado de Me fisto (71) ; trabajar s\x\ pose (95, que para mayor ignominia trae dos ss en el texto ; un resquemor humorístico que solo serenaba tomando a nuestro hombre para la menipea (144). Por qué no decir sencillamente la sátira? Xi en francés se emplea la palabra Ménippée por sátira. La voz no es usual en Francia ¿cómo quererla convertir en española ?

Del italiano encontramos : riíornello (26), que no es feo; bambino 56), perfectamente inútil; terracota (179), que hasta ahora era sencillamente barro o barro cocido. En francés las ollas y las estatuas son ambas de Ierre cuite, en italiano son de térra cotta. ¿Por qué empe- ñarnos nosotros en que sólo los pucheros sean de barro cocido y las estatuas de « térra cota » ? ¡ No seamos majaderos y no desvalijemos la cocina de los extran- jeros para adornar nuestra sala !

Al inglés pertenecen : bar (103) y dandy (105), que pueden pasar. Al portugués, otrora (31), que puede abandonarse por tratarse de lengua que no es de moda.

Semifranchutismos apenas disfrazados son -.pasantes por transeúntes ; bandos de pelo (103) ; banalidad (100) ; mixtificación (93); apercibir {11)\ eclosión (95); miraje (16); bizarro y audacioso (10); glaciar (16 ; macabro (120); sabo2/ardo{26); claros de luna (22) ; sufrir insom- nios (51) ; confeccionar (82), que por estar ya harto criticados en todas las obras relativas a galicismos no creo necesario traducir al castellano.

Zigzaguear (125), es excelente ; notación literaria (53); capilla (55), en el sentido de grupo literario, también. Varios verbos están empleados en forma refleja, a la

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francesa -.juzgarse racionalista (39); han aprendido a no ignorarse {01} ; te sabrás mensajera de vida (62); hízose un silencio (63j, No es esto muy recomendable que digamos.

Entre otras palabras exóticas hallamos : los carros triunfales de los imperatores (159), paredes forradas de Gobelinos {6o)\ el humo de los nai'gliilés (oO), que se llaman sencillamente narguiles, sin acento y sin h, en la Academia; los insomnios de Salambó por el zainif déla diosa (51) ; hetaira (107); tramonlos bizantinos (128) que es italiano.

Por último son americanismos criticables en una obra de este género : flecharse (i05j ; bolear (por volear) una pierna sobre otra (105); aziilosas cordilleras (17); noche a noche (79). Confesaré sin embargo que son muy esca- sos estos argentinismos.

En resumen la obra del Sr. ^'asseur es útilísima desde el punto de vista del estudio del vocabulario actual. Es dicho escritor un artista que comprende per- fectamente los recursos inmensos que tiene el idioma, que sabe paladear las delicadezas más sutiles de la lengua francesa y que, con sumo acierto, ha sabido traducir a nuestra lengua algunas de ellas. Sólo que, con celo de neófito se muestra a veces un poco icono- clasta y bastante atrevido en sus creaciones. Descon- tando ciertos excesos, quedará su obra como una valiosa contribución al desarrollo del idioma.

EL VOCABULARIO DE ENRIQUE RODO

El autor (le Ariel es uno de los escritores que mayor iníluencia tienen sobre la actual juventud literaria his- panoamericana. Hemos creído pues conveniente exa- minar cuáles son los componentes de su estilo. La falta de tiempo nos ha impedido estudiar éste en alguna de sus obras principales y nos hemos contentado con apro- vechar las notas tomadas en una lectura del prólogo que escribió para la edición de Prosas profanas de Darío.

Como se trata de un fragmento bastante importante, más de cuarenta páginas, en el que el autor pone de manifiesto muchos de las caracteres peculiares de su estilo, creemos que ello bastará para el intento que nos proponemos.

Una observación haremos ante todo y es que nos dis- gusta sobremanera el culto idolátrico que muchos escri- tores americanos profesan a Francia y a lo francés. Diríase que la mayor parle de ellos no conciben más literatura que la francesa y que creen que la lengua española no ha de servir más que para seguir como fiel esclava la estela de las letras francesas. Nunca he notado este síntoma con tanta intensidad como en el trozo que estudio aquí. Está salpicado de palabras francesas nada usuales en castellano, de citas de per- sonajes y obras, poco conocidos en Francia, fuera de una reducida corte de « iniciados » y que, traspasados a una obra española, parecen adquirir para el lector americano una importancia que ni merecen ni tuvieron en Francia.

Para entender el estudio, por lo demás excelente que de la obra de Darío hace Rodó, hay que estar al co- rriente de la historia y la literatura francesas y sobre

90 EL VOCABULARIO DE ENRIQUE RODÓ

todo de cierta literatura que, lo repito, no es general- mente conocida en Francia. Leemos en unas cuarenta páginas nada menos que los nombres de Mathurin Regnier, Gautier, Taine, Beranger, Renán, Daudet, Scherer, Víctor Hugo, Baudelaire, Gyp, Mendés, Bar- bey d'Aurevilly, Verlaine, Leconte de Lisie, Saint-Pol- Roux, Mallarmé, Marivaux, Goncourt, Nerval, Merimée, Loti, Regnier, Banville, Brizeux, Aurelien Scholl, Halevy, Berlin, Dorat, Maurras, Rimbaud, Anatole France, Cbenier, Moreas, Maurice du Plessys, Maurice de Guerin, Marguerite Gautier, Henri Mariot, Michel de Kapian, Gustavo Kahn, el pobre Lelián, Remy de Gourmont. Sin contar los artistas franceses, Le Notre, Watteau, Boucher, Clodion... y los escritores de otros países, Walt Witman, Buckle, Heine, Poe, Guido Reni, etc.

Hace falta también para entender la mayor parle de las apreciaciones de Rodó sobre Rubén Darío, conocer a fondo la literatura francesa, saber lo que significan nombres como Mademoíselle de Maiipin^ Migiion, Regencia, Trianón, Sijlvia, Araniinta, Angélica, Hor- tensia, Eulalia, Fiestas galantes, Flores delnial^ Falsas confidencias. Juegos del amor y del azar, El Lago, las Noches, Pierrot^ el poeta de Los Esmaltes^ Romances sans paroles, Aymerillot, El Ciego, Le Sangde la coupe, les Cariátides, Sijmphonie, Sagesse, Les Voi.v^ Crimen amoris. Orientales, Palais nómades, Monsieur Jowdain, Roger Bontemps, Debureau...

Francamente me parece exigir hoy día mucha erudi- ción extranjera la inteligencia de un poeta español. Y si la musa de Darío « sabe de Grecia por las Arcad ias de aquel tiempo » (traducidas al francés, naturalmente), « de Alemania por Gerard de Nerval y de Oriente por Loti », me parece un disparate que no « sepa de España » más que por Merimée (p. 21).

No es lo mejor que han hecho los escritores america- nos modernos el empeñarse en ser franchutes. Con su manía de vestirse a la francesa, resultarán muy pari- sienses, muy modernos, muy todo lo que se quiera, en su tierra, pero aquí en Francia no pasan de « rastacue- ros » .

Mucho me ha alegrado oir recientemente un grito de

EL VOCABULARIO DE ENRIQUE RODÓ 91

protesta lanzado precisamente por un escritor cfue hasta entonces se había mostrado acérrimo admirador de la adaptación de la literatura francesa a la nuestra. En un prólogo escrito recientemente para una antología de poetas americanos, publicada por Santos González, escribe Blanco Fombona :

« El crimen capital, repítase, de la literatura americana moderna ha sido la extranjería. En último análisis, nadie se libra de ni de su ambiente. Esa literatura nuestra prueba que nos hemos cieado un ambiente literario artiíicial de París, de iMadrid, de Grecia, y una familia de sombras... La principal deficiencia del modernismo en América, el germen ponzoñoso que iba a darle temprana muerte ha sido el exo- tismo. ¡Abajo el exotismo!... El enemigo es París. ¡Muera París !... El rubendarismo, en resumen, que no ha sido sino una rama del modernismo, adolece de vacuidad, peca de extranjería, vive de préstamos y va de capa caída »...

Contra esta virulenta crítica álzase un español de la nueva escuela, Andrés González Blanco, en la Revista de América (septiembre de 1913):

« ¿Por qué renegar de la cultura francesa, si al fin es la cultura francesa la que ha formado vuestro espíritu, la que os ha hecho tan ágil de entendimiento y de palabra y tan sutil y agudo de crítica como lo sois? ¡Muera París! Pero esto es un non sens o un quid pro quo. Tanto valdría decir: Muera la Atenas de Pericles o el Londres de Isabel o la Roma de Augusto o el Madrid de los Felipes... ¡Muera París ! y París nos ha nutrido a todos espiritualmente y París nos ha enseñado a todos, y París ha sido nuestra ver- dadera alma mater, la Oxford o la Salamanca de los autodi- dactos. »

Razón tienen los dos autores. Blanco Fombona hace bien al renegar de la manía de imitar a lo francés a todo trance y de creer que sólo en lo gabacho está nuestra salvación literaria. Pero no se equivoca González Blanco al reconocer lo mucho que debemos a París, a la cul- tura francesa.

Sólo que, si debemos seguir tomando a los franceses su método, si es loable que aprovechemos los adelantos de su cultura para desarrollar la nuestra de un modo

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paralelo, es absurdo que nos empeñemos en imitarlos. No hay nada tan pernicioso como la imilación. El mismo Darío, en un estilo alga hierático, nos lo dice en las palabras liminares de sus Prosas pro/anas :

« Yo no lengoHteratura inía, como lo ha manifestado una magistral autoridad, para marcar el rumbo de los demás : mi literatura es mía en mí: quien siga servilmente mis huellas perderá su tesoro personal y, paje o esclavo, no podrá ocultar sello o librea. Wagner a Augusta Holmes, su discípula, dijo un día : « lo primero, no imitar a nadie, y sobre todo a ». Gran decir. »

Lástima que Rubén Darío que tan claramente veía el peligro en la imitación ajena, no comprendiese que tampoco era bueno para él remedar a los poetas de Francia.

Empecemos por imitar de los franceses una cosa muy importante, antes de meternos a renovar moldes y tro- queles poéticos. ,; Los franceses saben hablar su lengua ? pues aprendamos nosotros a hablar la nuestra. Porque para desarrollar la literatura y aun las ciencias espa- ñolas, hace falta tener un idioma, y lástima es decirlo, como hace tanto tiempo r[ue no hacemos nada, no tenemos ya ni modo de haljlar.

Pero volvamos al estilo de Rodó que fué asunto ini- cial de este artículo.

Encontramos en la obra bastantes neologismos de excelente forma : oficiante ''44); mosaísta (24); hiniiió- grafo 24); llamado (22), anticuado en la Academia, y buen argentinismo, que puede y dej^e conservarse; eusoñación (23) es inferior a ensueño; las postrimerías de este siglo (45) es buena extensión del sentido ordi- nario de la palabra .

Formaciones en miento : ensimismamiento (23); tamizamiento (23); empequeñecimiento (13), son exce- lentes. Lo mismo diremos de : exquisitez (20,9); artifi- cialidad (18) y modalidad 9).

En ismo hallamos : bizantinismo (39); orientalismo (31;; neo-yorkismo (24); parnasianismo (15); utilita- rismo (10), que no tienen pero.

Entre los adjetivos tenemos : seleccionado (24), que

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muy l)ien pudiera decirse seacillainente seleclo, esco- gido; antiainericano (24) ; espontaneidad inconsulta (9) anticuado en el Diccionario, pero muy bueno; estrófico (42) y ultraespiritual (26), hien lormados ; estrofa valsante (29; que pudiera pasar, si no estuviera rara- mente escrita en el libro « balzante ». Indisipable (38) e inasible (25), son de buena formación; sugeridor (31); enervador (25) ; excitador (24; son buenos; ofertador (25) lo es menos, a no ser que lo consideremos como deri- vado del americanismo ofertar, por ofrecer; evanes- cente (17) es elegante y bien formado ; morbosa delecta- ción (13) es buena extensión del sentido coTriente ; ejemplo extremoso (16) no me encanta, ni tampoco sau- (loso ensimiámamienlo (23), que nada tiene de español.

En la serie en iano hallamos los eternos : parnasiano (35); /lugoniano (29), feo; laniartiniano (21); verle- niano (L7j; ivagneriano {\.o)\ daiinunziano{i^)(\uQÚe\\e el gran defecto de que en español no llevamos siempre arrastrando ante los nomln-es el majadero de que los franchutes meten por doquiera, para que no se les pierda la noJjleza a los (|ue poseen tal ])reposición. Harto me revienta, cuando doy a encuadernar un libro español a un encuadernador de París que le coloque en el tejuelo : de Alarcón, de Cervantes o alguna estupidez análoga. Ahora que, como el Annunzio es italiano y no suele leerse sino en francés, tendrá derecho a más miramiento. Kn cuanto a poeniano [31) es atroz al oído, y su facha trae inevitablemente a la imaginación la idea de Gartago.

En esco tropezamos también con los inevitables : madrigalesco (26;; carnavalesco (23) y principesco (13 , sin contar el inevitabilísimo hermosillesco (29) que encontramos en todos los libros de crítica moderna. ¡Qué crimen habrá cometido el infeliz Hermosilla para que no perdonen a sus cenizas ! Hay en todo español una intransigencia atroz y en materia de crítica no hay medio de tomar la pluma como no sea para el elogio burdo sin que el criticado considere la cosa como un insulto personal. ¡Qué demonios! el que trabaja para el público se expone a gustar o a no gustar, y el que un escritor tenga talento no quita para que se equi- voque en ciertos casos.

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En ista encontramos : romanista (35) ; prerafaelista (40), que cito cada vez que estudio un crítico moderno, con la única diferencia de que unos dicen así y otros prerafaelita^ y madrigalista (íí)¡ por cuyo corte pudie- ran sacarse toda clase de adjetivos ])onitos, liasta mala- gueñista y petenerista.

Son buenos adverbios : lapidariamente (33) y hercú' leamente (27) ; menos bueno es : paradojalmente (39), al: que prefiero paradójicamente.

Pocos verbos nuevos : ronronear (25), sacado del francés, pero muy sabroso ; obseder [i^)^ bien formado y útil ; todas las ^eXei'ciones importan una l¡m¡tación(13), que, anticuado en España se usa muy bien en América ; el gro rezonga su voluptuosidad (18 , elegante exten- sión del sentido académico.

Y ahora pasemos a lo mejor.

He dicho que, para entender el prólogo de Rodó, hacía falta conocer la literatura francesa. Diré más aún, hace falta conocer bastante francés, pues el estudio en cuestión está esmaltado de infinitas palabras y frases francesas que de seguro muchos lectores contemplarán como jeroglíficos.

Tales son : pendant (38) ; boudoir{2^) ; parisién (24) ; panier{l9); berceiise (2i)\ avalar {20); trianón {il)\ rococó (17) ; champagne (17) ; esquisse (16) ; baccarat (13) ; sens des nuances (9) ; école buissonniére (10) ; le rare est bon (11); voulu (12); béte [i^] \ ceci tuera cela (21); garconniére (24); gourmand (25); bonbons et pommes verts (sic) (25) ; va sans diré (26) ; romances sans paroles (26) ; enfantillages amorphes (27) ; baigneuse (33) ;. nal- veté (34) ; rien de plus cher que la chanson grise (37) ; parvenue (42) \vers librisme (43) ; malgré eux (44). Fran- camente mucho gabacho me parece, y casi todas las palabras apuntadas hubieran podido decirse de otro modo en nuestra lengua.

Sin contar con que hace falta también saber su poq.uito de italiano : mandolinata (21); corso (24); non curan- za (13) ; corso e_ ricorso (15), que tampoco son muy españoles que diganios.

Hasta prefiero a estos embutidos extranjeros los mis- mos galicismos, de los que a decir verdad hay muy pocos en Rodó : gárrulas lianas (9; pueden pasar, ya que los

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bejucos están definitivamente abandonados por los poe- tas ; su bizarra piel de animal feroz (16) me disgusta lo indecible. ¡ Qué lástima que significara ya otra cosa bizarro en castellano ! Hubiéramos podido pescar a los francesas esa « bizarra » palabra más bonita que « raro^ extraño ». Gesticulación (19) significa en el texto algo diferente de lo que dice el diccionario, pero creo que gesto\\2i de destronar definitivamente a ademán y ha de perder su antiguo sentido castellano. ¡ Mva la Francia !, Los desvanes y los subsuelos del arte (29) significan también en castellano otra cosa. Aquí cabía decir los sótanos. Por último, galicismos son también : Cántico^ (20) por Cantar de los Cantares ; Canto de gesta (29), por Cantar de gesta.

Dejo para el final la crítica de algunos nombres pro- pios citados en el prólogo. A decir verdad esta crítica^ para muchas voces, se dirige más bien a Rubén Darío, de quien las toma Rodó.

El Tíbur (8) no necesita artículo ; Halagabal por cual- quier lado que se le agarre, es malo, ha de ser acen- tuado en la tercera a y no hay motivo para terminarlo por /; Scheherazada pudiera seguir siendo la bonita Jerezarda que nos encantó cuando de niños leíamos las Mil y una noches. Cillaris no puede ser sino Cílaro, como lo escribía Sánchez de Viana; Astapho y Ligeia (36) deben ser, según las reglas de la ortografía espa- ñola : Astafo y Ligeya ; Stella (37) ha de ser : Estela y en cuanto a Hécube (46) es en español y en latín Hécuba, sólo en fj-ancés puede ser Hécube. Por último Scopas (33) es impronunciable. En todos los nombres que traen s líquida, necesitamos agregar nosotros una e initial. Y el verso del Palimpsesto de Darío (132) :

Que a golpes mágicos Scopas haría,

es de lo más cacofónico que imaginarse puede.

En resumen, si descartamos un derroche de voces francesas que se comprenden por tratarse de la crítica de un libro medio francés, quedan de Rodó no pocos materiales buenos, neologismos bien formados, epítetos nuevos y pintorescos y algunos verbos felices.

EL VOCAnULARlO ÜE BLANCO FOMBONA

Es Rufino Blanco Fombona uno de los más nobles paladines del idioma actual americano. Caballero andante de la Verdad y cortesano de la Belleza, como él mismo se titula en la bella introducción a sus Letras y Letrados de Hisj)anoamérica, sus ideas respecto del lenguaje se ven regidas, como sus teorías en materia de crítica literaria, por la regla única de la Verdad y la Belleza. Tolera toda idea con tal que sea sincera y acepta toda forma con tal que sea bella. Y es esta una cualidad inapreciable en un crítico literario.

Americanista en la más bella extensión de la palabra, siente Blanco Fombona la intensa fraternidad espiritual que une todas las naciones latino americanas, a pesar de su relativo aislamiento geográfico y manifiesta entusias- mado agradecimiento a esa unidad de lengua que ha causado el prodigio fabuloso de crear en aquel nuevo continente una nacionalidad inmensa, una raza poderosa, a la que no falta para igualar y aventajar a la norteame- ricana sino un esfuerzo de voluntad para cumplir la alianza en que soñó el gran Bolívar y que llevaría a la raza sajona, descendiente de los bárbaros, la ventaja de haber heredado el profundo sentimiento artístico de los pueblos latinos. ¿ Cuál no sería el porvenir artístico y literario de la América hispana, si los americanos con- taran con la cohesión y la riqueza de sus vecinos los vankees; Lástima da, al ver lo mucho que vale hoy el pensamiento americano, imaginar lo que hubiera podido ser si dislrutaran los hijos de esa raza de las condiciones materiales necesarias para un verdadero desarrollo intelectual.

Gracias mil debemos dar a esos hombres que como Fombona, Rubén Darío, Díaz Romero, Fabio Garnier, Manuel Tgarte, Gómez Carrillo, Ricardo Rojas y otros

EL VOCABULARIO DE BLANCO FOMBONA 97

muchos escritores han comprendido la fuerza pro- digiosa del lazo que hermana todas las naciones ameri- canas y ponen por encima del patriotismo lugareño, el patriotismo de raza y de idioma. Su labor incansable, presagio de una íutiira unión más íntima entre esos países, habrá conseguido por lo menos un resultado feliz, el de la unificación del idioma, la fijación de los rumbos que ha de seguir en su evolución. La lengua de los nuevos campeones del arte literario empieza a fijarse, no se distingue a primera vista el lenguaje del escritor costarricense del lenguaje del escritor uruguayo.

Y lo que acaso debe admirarnos más es que la misma tendencia haya arrastrado a toda una pléyade de escrito- res de la península, que han abandonado decididamente los viejos moldes del castellano para enriquecer nuestro idioma con todos los recursos del arte moderno.

Una de las cualidades que más encantan en Blanco Fombona es la honda sinceridad con que reconoce no sólo la importancia del elemento español en la composi- ción de la raza americana, sino también el valor real de la literatura española actual, en la que sabe admirar algunos nombres notables, como Pérez Galdós, Menén- dez y Pelayo o Jacinto Benavente. Una frase de la Introducción : « hoy, entre América y España, en punto a letras, las influencias son recíprocas » es de lo más exacto que he leído hasta ahora sobre este asunto.

Blanco Fombona no es pues de la escuela de los que se empeñan en abrir un foso infran(jueable entre la lite- ratura iljérica de ambos continentes, pero su america- nismo inteligente le hace rechazar al mismo tiempo todo vasallaje de la literatura americana respecto de la espa- ñola. Han pasado los tiempos en que Valera y Clarín pudieron hacer mangas y capirotes con los primeros ensayos de la literatura americana. Hoy día aquellos tímidos ensayos que pudieron hacer sonreír a los pontí- fices de una forma ya anticuada, se han cambiado en monumentos de un arte nuevo consciente de su valor y de su fuerza.

Escuchemos ahora algunas de las teorías que expone Fombona respecto del idioma español y de su evolución :

« El idioma de Francia ha sido trabajado por grandes

M. ''.e Toro, Los nuei>os derroteros del idioma. 7

98 EL VOCABULARIO L)E BLANCO FOMBONA

artistas que le dieron la flexibilidad que hoy posee. Nuestra lengua no. Es la ruda lengua del Cid, la lengua heroica del Romancero. Somos nosotros, americanos, los que la hemos puesto en el yunque, los que a fuerza de paciencia hemos torcido y pulido esta lengua de hierro, los que por una alquimia menos misteriosa que consciente hemos cambiado el bronce en oro » (p. l-2j.

Tiene alguna razón Blanco Fombona al exponer esto. Sin embargo no olvidemos que en realidad la renovación a que se refiere es bastante relativa. La lengua española que ha servido de instrumento para esta translormación estaba muy lejos de ser la del Poema del Cid y la del Homancero. No era ya siquiera el español clásico de Quintana, de JuanNicasio Gallego, Lista y Javier de Bu jos. Era ya el español romántico y afrancesado de Espro iceda, de Larra, Zorrilla, García Gutiérrez, Núñez de Arce, Bécquer, para no citar sino a los nombres más notables.

Y en realidad el único mérito que tuvieron los román- ticos españoles fué el de imitar a los románticos fran- ceses así como éstos no hicieron sino imitar el movi- miento análogo iniciado en Alemania e Inglaterra.

Igualmente el uuico mérito de los renovadores ame- ricanos, fué, como lo confiesa^ involuntariamente Blanco Fombona en su introducción (p. IX y siguientes), el de lanzarse primero que los peninsulares a la imitación de los modernos europeos. Rubén Darío, iniciador del gran movimiento, « calcó a^ los poetas de París. Pri- mero a los románticos y a los parnasianos. Luego a los simbolistas, que acababan de imponer en Francia su estética libérrima. » (ibid. p. X).

De no haberlo hecho por entonces Rubén Darío, no cabe duda que otro lo hubiera intentado. Debemos dar- nos por felicísimos de que le tocara a tan excelso poeta, a tan consumado artista, el lanzar la poesía española por el nuevo rumbo donde ha recorrido tan gloriosa carrera.

Pero lo repito, no olvidemos que el gran mérito de la cosa pertenece... a los franceses a quienes, mal que nos pese, venimos imitando cuando clásicos, cuando ro- mánticos y cuando modernos.

Felizmente aparece siempre tras una imitación algo

EL VOCABULARIO DE BLA^'CO FOMBONA 99

servil la reacción del espíritu nacional. Es lo que pasa hoy día en América y en España.

En resumidas cuentas conviene apreciar la evolución del español en lo que es. No se trata de una evolución americana, con antecedentes puramente americanos, se trata de una adaptación hecha a imitación de una evolución francesa y de la que sólo corresponde a los americanos el mérito de haberla iniciado. Por eso el término de « neo-español », inventado en mala hora por Remy de Gourmont para designar la lengua literaria creada dentro de la antigua lengua por algunos escri- tores modernos, que fueron en un principio americanos en su mayoría, es absolutamente falsa. Ese « neo-español » de los americanos de las dos últimas décadas del siglo XIX no tiene sus raíces en el español de los america- nos de 1870. Por otra parte análogo lenguaje usan hoy muchos escritores peninsulares. Tan neo-español es el idioma de Salvador Rueda o de Valle Inclán como elde Rubén Darío.

La misma razón habría para llamar « neo-francés » al idioma de Verlaine, de Moréas, de Mallarmé porque no se parece al lenguaje de Bossuet, de Corneille, ni más cerca de nosotros, al de Daudet o Maiipassant.

No pueden pues dejarse pasar sin protestar, afirma- ciones como la siguiente de Blanco Fombona :

« Cuanto al lenguaje, la mayor gloria de un escritor pe- ninsular consiste en escribir como escribieron Cervantes, Quevedo, Calderón y otros hombres de ideas y tiempos idos. En América, por el contrario, se cultiva una lengua flexible, apta para interpretar el alma moderna; lengua alada, pin- toresca, sutil, muy diferente de la lengua ankilosada y esté- ril de que gustan en España » (p. 47).

Es esta una afirmación juvenil, que seguramente re- chazará el mismo autor al cabo de algún tiempo, sobre todo después de haber vivido un poco en España en medio de una juventud contemporánea de la juventud americana y que gracias a Dios no está ya cristalizada en la contemplación de nuestros clásicos.

No constituyen el español ni ciertos autores ya viejos, nutridos con otros ideales, ni ciertos críticos literarios.

100 EL VOCABULARIO DE BLANCO FO.MBONA

En la misma América existen infinidad de grandes es- píritus que, en presencia de algunos atrevimientos de la nueva escuela literaria « les tengan ojeriza, los tilden de afrancesados, de snobs y de corruptores de la vene- rable lengua española ». Eso es sencillamente cuestión de temperamento y de educación, pero no debe acha- carse a una especie de divorcio literario. No, tan raros han de resultar ciertos imitadores del decadentismo francés a los españoles chapados a la antigua que a los americanos educados en el culto de Bello, Caro, Olmedo, Arboleda, Echeverría, Milanos y otros « fósiles ».

Lo (|ue pasa es que en América se da mucha más importancia a todas las manifestaciones del arte que en Euroj)a. En P'rancia las innovaciones quedan confinadas a reducidos cenáculos. Los « raros » de Rubén Darío y los « raros » de hoy no son conocidos del gran público. Sus lucubraciones no pasan nunca el umbral de las grandes revistas literarias y menos aún el de los gran- des diarios. El público literario por lo general, no les hace caso hasta que alguna obra poderosa los señala a su atención. En América cualquier poeta incipiente inunda los papeles periódicos con las más discutibles producciones de su numen ; porotra parle las innumera- bles sociedades de «bombos mutuos » difunden por todo el continente el nombre de dichos vatezuelos, con sus retratos imberbes. Cualquier chisgarabís que se suicida porque una novia le dio calabazas adquiere de- recho a que le consagren números especiales en los pe- riódicos. Las Antologías están llenas de nombres de mozalbetes que sólo han publicado alguna que otra poesía de álbum en revistas literarias y que sólo cons- tituyen una vaga esperanza de las letras.

Confiesa ingenuamente Blanco Fombona, cuyo espí- ritu crítico es de lo másamplio que he observado hasta ahora entre los que se dedican a esta clase de estudios en América que, si el pecado nacional de España es el misoneísmo, el de los americanos en cambio es el esnobismo.

Seducidos por la nueva « escritura » se han creído muchos individuos que para ser escritor moderno era preciso adoptar ese idioma cuajado de neologismos no siempre necesarios. Y si este idioma neológico puede

EL VOCABULARli) DE BLANCO FOMBONA 101

concebirse necesario para la expresión de ciertos estados de alma en la poesía y en la prosa elevada, resulta completamente inútil para traducir impre- siones corrientes, ideas del dominio público. Y ahí está el error, en que hasta en obras de crítica, de historia, de sociología, y aun de medicina se creen obligados a hablar al revés de como se hablaba hace treinta años, únicamente para llamar la atención. Hasta las crónicas de « vida social » salen hoy en ciertos pe- riódicos escritas en una especie de jerga neológica.

Muy bien está que en poesía se usen todas las inno- vaciones si comunican belleza a la frase o intensidad a la idea ; muy bueno es que en la prosa de arte se innove hasta donde sea posible en los límites del buen gusto, pero en toda la demás literatura, en lo que se escribe no ya para los iniciados, sino para el público, dejémo- nos de ringorrangos ridículos.

Existe éntrelos americanos un prejuicio que quisiera ver atenuarse, y es el de que en España se ha atacado el modernismo nacido en América por el despecho de ver desvanecerse la ilusoria tutela que creían ejercer sobre América los literatos españoles.

He aquí algunas frases de Blanco Fombona que ilustran esta aseveración ;

« A pesar de su penetración, el querido maestro Juan Valera no se ha dado cuenta de que lo repugnante a sus ojos, y a los ojos de la crítica española en general, no es nuestro espíritu afrancesado o cosmopolizado, como se quiera, sino la manumisión de nuestra alma y la forma de verter nuestro pensamiento, el español nuevo que estamos creando, el neo español, como lo llama el crítico más sagaz que hoy cuenta, entre los jóvenes, el país de Francia. » (p. 259).

Los américo-españoles no encontrando en castellano casi nada fuera de los clásicos, se dieron a estudiar idiomas y literaturas extranjeras. De ahí que, al contacto del pensa- miento universal se haya abierto y florecido el pensamiento universal con ese tinte de cosmopolitismo de que tanto se le acusa en la Península. » (p. 258).

No creo que sea del todo cierta esta opinión. Lo que ha podido chocar atrozmente a los oídos españoles es precisamente la exageración del galicismo en algunos de los jóvenes que iniciaron el nuevo lenguaje. Por el

102 EL VOCABULARIO DE BLANCO FOMBONA

estudio que hago del idioma de algunos de ellos en este libro puede verse en efecto el abuso de palabras y giros afrancesados. Los modernistas, no encontrando en castellano casi nada que les gustase, ni aun los clásicos, pues conozco a algunos de los maestros de la nueva forma que confiesan no haber leído a Cervantes, prefirieronnutrirsecon la literatura moderna extranjera, de más fácil digestión. Y su imitación de los franceses, hecha sin la sólida base de un estudio del castellano clásico, les hizo incurrir en infinidad de deslices lin- güísticos, capaces de sublevar a ciertos espíritus penin- sulares de alta c^ultura literaria.

Quien tiene la culj)a de ello es la enseñanza del idioma, absolutamente deficiente en España y más aún en América.

En Francia nadie se mete a escribir sin haber tenido una seria iniciación clásica francesa. Ya han pasado de moda Corneille, Racine, Bossuet, Pascal, Madame de Sevigné, Fenelón y todos los escritores franceses del siglo de oro, con excepción acaso de Moliere. Sin embargo esos escritores y sólo ésos, son la base de la segunda enseñanza. Apenas se estudian escritores del siglo XVllI y menos aún del siglo XIX. Estos se reservan para después de las aulas. Y durante cuatro o cinco años,, el adolescente francés no conoce más belleza literaria que la del gran siglo, y llega a cobrar verdadera admiración por autores y obras que segura- mente no pensaría más tarde en hojear si no los hu- biera estudiado por fuerza durante sus años de colegio.

En cuanto a la enseñanza del idioma, puede decirse que se verifica en Francia con una intensidad envidia- ble. Estudio diario de la gramática y sobre todo de la ortografía, base en Francia de la primera enseñanza ; ejercicios de redacción sobre asuntos literarios, análisis de obras, paralelos, disertaciones filosóficas, hacen qye al abandonar las aulas, el bachiller sabe escribir en francés purísimo y no incurre ya por ignorancia en ningún barbarismo ni solecismo. El estudio constante deldiccionario, los ejercicios repetidos sobre las raíces, las familias de palabras, los sinónimos, los homónimos, le acostumbran a no emplear un término sin saber a ciencia exacta lo que significa.

EL VOCABULARIO DE BLANCO FO-MBONA 103

Después de esta enseñanza intensiva del francés queda libre para entregarse a todas las innovaciones que le seduzcan. Podrá más tarde crear neologismos, pero éstos no serán inutilidades, y sobre todo no incurrirá en ese desbordamiento de impropiedades, de barbarismos, que ridiculizan el idioma de algunos encopetados maestros, cuj-as indiscutibles ci.alidades se ven afeadas por defectos en que no debiera caer un chiquillo.

Así se comprende que tan útiles sean en América (y tanta o más falta harían en España) obras como las admirables « Apuntaciones » de Cuervo, destinadas en gran parte a enseñar personas cultas que debieran ya tener concluida su instrucción con respecto al idioma.

Algo de esto he querido hacer con los ejercicios de mi Curso de gramática y corrección de estilo -o y pienso desarrollar esta parte de mi libro en unos nuevos «Ejercicios de corrección de estilo », pues esta purifi- cación del idioma ha de hacerse en la escuela misma y no más tarde.

' Y ahora veamos en qué consiste el neologismo en Letras y Letrados,

Poco encontramos perteneciente al fondo del idioma : generalote (54) ; republiqueta ('54) ; sargentón (49) ; juegos malabares (80); son palabras españolas y por consi- guiente indiscutibles. Lo mismo diré de los america- nismos : pico de plata (81) ; chorotega (49) ; y agrumo (84) ; cotoperis (84) ; y de las palabras de carácter científico : psicosis (75); nosólogo (6) y neurólogo (6). Radium (30) debe sustituirse por radio, lo mismo que existen ya potasio, sodio etc., etc.

Más interés presentan los siguientes neologismos : desbarre (i09), tan bueno como desbarro, académico; estagnación (41), que hubiera podido seguir siendo estancación o estancamiento, pues no expresa mejoría idea ; libidineces homosexuales (7), son preferibles a las libídines latinas con que nos brinda la Academia, y que son tan antiespañolas como la pudicicia, que en el Dic- cionario rabia de que a su contraria, la impudicia, le hayan cortado la cola ; transhu?nancia (30) es preferible a trashumacién ; con prescindencia de (281) no vale pres- cindiendo de ; notícula (1) y folículas (I) son buenos diminutivos; intercambio (VI), grafómano (III, 63);

104 EL VOCABULARIO DE HLANCO FOMBONA

homérida {30) y portalira {9), son buenos compuestos; comediador (VIH) no me es más antipático que novela- dor, que es ya académico; letrado, por literato, que íio-ura en el título de la obra es neologismo excelente, a pesar de cierta ambigüedad ; honduras del corazón (XIII) es bueno; tristura psicológica (XVII) lo es mucho menos, pues intenta desterrar sin razón a tristeza ; credo (XN'I) en el sentido de creencia, es bueno ; un dis- tinguo (78) estaría mejor españolizado, sin u; la cosa es de valer (82j me satisface también.

Algunas palabras están usadas en sentido algo dife- rente del que ostentan en los diccionarios : quemar orobias de entusiasmo (81*), es bueno; también lo son ; los armadores del Lohengrín (261) y beber en las cr/í- ¿«/írt5 bárbaras (i7j; excelente también : el alud nór- dico (37). E\ pórtico de su primer libro (81) me recuerda que Fray Candil llama « zaguán » a una de sus introduc- ciones, cansado de la porticomanía ; vale más evitarlo por lo sobado. Arribados a la treintena (42) es gali- cismo que ha de evitarse.

Particular afecto manitiesta Blanco Fombona por los derivados en ismo : criollismo (61) ; exotismo (62) ; deca- dentismo [62) ', parnasianismo (21); americanismo (7); imperialismo {X\X) : humanismo {Í9) son muy buenos; reporterismo (268) es tolerable, aunque preferiría usar periodismo siempre que fuese posible. Preciosismo (81) es inútil habiendo preciosidad; e/7¿í/¿7í5/»o (12) habiendo erudición; artificialismo {XWl) es tolerable; didas- calismo (255) no es elegante, como tampoco coiíservan- tismo (2.36) que guarda desagradable consonancia con cervantismo ; religiosismo (42) no hace falta diciéndose ya religiosidad ; rastacuerismo (246) ha de aceptarse, pues tan en gracia ha caído ese insulto gratuito que nos dirigen los franchutes; mallarmismo (20) es feísimo, sobre todo pronunciando la II a la española; grieguismo {bl) es feo y compite desventajosamente con helenismo (por otra parte el texto tra.e griegismo ¿errata? y en otra parte encuentro hugiano, por hiigui a no [31]).

A los terminados en ismo corresponden los derivados en ista, abundantes aun entre los substantivos : che- . bista (114) ; aguafuertista (6) ; elegista (XVI) ; america- nista (IV); lakista (XVI). Todos'ellos son aceptables.

EL VOCABULARIO DE BLANCO FOMBONA lOo

Terminados en eo hallamos : flameo (42) ; fantaseo {TI) ; rumoreo (9), que son excelentes, como en general los terminados de esta suerte, y aleo (12) al que prefiero aleteo.

En idad terminan : meiilalidad (32) ; epidermicidad (98) ; modalidad (78), todos ellos muy buenos.

En jniento: despellejamienio (12) no es malo ; /;><7recí- miento (11) es inútil habiendo y aparecido. Cambiamento (70) por cambiamiento, debe desecharse.

En cuanto a los epítetos tenemos : inconfundible (XVII); nacionalicida (69); politiquero (50); impre- ciso (46), que son irreprochables ; montmartrense (92), que puede pasar como exotismo. Neo español (19) ; amé- rico-la lino (7) ; posl-heleno (12), américo-español (258), son buenos compuestos.

Con la terminación esco hallamos : hermosillesco (28) ; quintanesco{XY) ;zorrillesco (XIII) \ funambulesco (261- XI), banvillesco (XIV) que son aceptables, no olvidando que esta terminación tiene algo despectivo; castellano petronesco (62) es difícil de entender.

En ista concluyen : criollista (62) ; degista {51) ; sim- bolista (16) ; e.rhibicionista. (246), que son buenos; alma renanista (56), que desdice de la generalidad de los derivados de nombres propios, que rematan en ano^ generalmente; colonista (14), poco aceptable; yoísta (XYII y 24) que es excelente.

En ivo sólo he notado : reivindicativo (107) ; impul- sivo (87), ambos de excelente cuño.

En al concluyen : agilidad verbal (14), que es bueno ; homosexual (7), irreprochable ; policial (70), que hasta ahora decíase policíaco, siendo pues neologismo inútil; y virreyal (107), que sería mucho mejor virreinal (tam- poco académico).

Terminados en oso : ripioso (XIII) y pizarroso (XIV), que son excelentísimos, yy6/'e/»/o.90 (24), que no es malo y en todo caso harto mejor que jeremiaco que no dónde he leído.

En ico encontramos considerable número de neolo- gismos : nórdico (XIX-37) expresa algo distinto de septentrional, conviene aceptarlo ; historiográfico (88) ; orgiástico (97) ; vampirico (16) ; hamlético (59) ; iliádico (24) ; no tienen pero; húnnico (37) me gusta ; neurósico

106 EL VOCABULARIO DE BLANCO FOMBONA

(253) no aventaja al usual neurótico (como de clorosis sacamos clorótico) ; penlélico (241) es igualmente indis- pensable. Otros adjetivos de esta terminación tienen en este libro sentido distinto del académico : influencias climatéricas y sociológicas {\U); himnos/>(7'/2¿co.9(XVIII) ; la teoría heliocéntrica de Copérnico (30) ; todas estas acepciones son buenas.

En ario terminan :

Y aquí tengo que callar, pues las tres palabras que iba a apuntar : fragmentario (1) ; igualitario (XI) y ru- dimentario (VI), figuran ya en la última edición del diccionario académico. No quiere esto decir que no sean va neologismos, pero como me he ceñido ano citar sino las voces neologicas que no están en el Léxico oficial, he puesto a un lado las tres papeletas, como me ha ocurrido ya con infinidad de otras redactadas en vista de la edición del Diccionario de 1899. Sírvanos esto de lección para convencernos de lo inútil que es ir contra ciertas corrientes de renovación del lenguaje.

En ado acaban varias voces, participios muchas veces de verbos existentes : entelarañado (XIII), me gusta menos que telarañoso ; constelado (62) ; ankílo- sado (47), que prefiero escrito con q ; malhallado (275), son buenos ; obsesionado (253) no me gusta ; preferiríaíe obsedido, formado del neologismo obseder, más lógico que obsesionar ; amillonado (275), por enriquecido, es pintoresco; contorciouado ((iO), me gustaría más con 5, a pesar de que la Academia nos presenta un feísimo contorción, como remisión a contorsión; distanciado (XI ly no me encanta, prefiérole alejado o rezagado, se- gún los casos. Nuevas acepciones tienen : uno de los pensadores más eminentes y acondicionados (75) que, para regularidad de la frase debieran ser : mas eminen- tes y mejoi" acondicionados, y que por su aspecto comer- cial no me entusiasma ; los trópicos latinizados (33), excelente.

En ano concluyen nombres geográficos : centroame- ricano (ÍX) ; iberoamericano (IV) ; suramericano (253) ; latino-americano (3), que no cómo no figuran aunen la Academia ; armoricano (240). En cambio hallamos :. lituanio (XX), en vez de lituano. Derivados de nombres propios tenemos : herediano (18) ; lombrosiano (61) ;

EL VOCABULARIO DE BLANCO FOMBONA 107

dantoniano (67) ; huguiano {31) que está escrito hugiano en el texto y que de ningún modo resulta eufónico ¿